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Claves para leer las elecciones de Portugal: "Costa se ha pasado de frenada"
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Vuelco en las encuestas

Claves para leer las elecciones de Portugal: "Costa se ha pasado de frenada"

El sueño de una mayoría absoluta se le escapa al socialista António Costa entre los dedos con las últimas encuestas, que sellan un sorprendente ascenso del candidato conservador

Foto: El actual primer ministro y secretario general del Partido Socialista portugués, António Costa (EFE/Miguel A. Lopes)
El actual primer ministro y secretario general del Partido Socialista portugués, António Costa (EFE/Miguel A. Lopes)

Los portugueses se están acostumbrando, a la fuerza, a celebrar elecciones en plena pandemia. El país celebra este domingo elecciones -las terceras desde 2019 tras las presidenciales de 2021 y las municipales de hace apenas unos meses- después de un adelanto electoral a mitad de legislatura que pilló por sorpresa a los ciudadanos. La repetición, sin embargo, no le ha restado interés a la campaña. Agitada por uno de los peores picos de contagio que ha vivido el país -quinto con más nuevos casos de covid-19 por millón de habitantes en el mundo-, Portugal ha entrado en una vorágine electoral con más de una treintena de debates televisados y todos los escenarios abiertos.

"Demasiado pronto, los políticos convocan elecciones demasiadas veces, y encima con la pandemia", lamenta Salvador, camarero de mediana edad en un restaurante de una céntrica calle en Lisboa, un comentario que se repite. Sin embargo, se responde a sí mismo: "Aunque también es cierto que la situación en Portugal estaba ya muy difícil de gobernar".

Tras una campaña marcada por el vuelco en las últimas semanas de los sondeos electorales, este domingo 30 de enero los portugueses tendrán tres opciones: renovar su voto de confianza al primer ministro socialista António Costa, que abandera la 'gobernabilidad y estabilidad' tras la crisis provocada por el 'no' a sus presupuestos de sus propios aliados políticos de izquierda; reeditar una 'geringonça' (coalición) de izquierda o derecha; o apostar por la sorprendente resurrección del candidato conservador Rui Rio. Nada está cerrado a falta de cinco días para la votación, y estas son las claves.

Foto: El primer ministro portugués, Antonio Costa. (EFE)

1. Alergia a la 'geringonça'

Costa no tiene miedo a las movimientos arriesgados. En esta campaña, ha apostado el todo a la lucha por la mayoría absoluta que lleva escapándosele en todas sus legislaturas. El mensaje de campaña ha sido transparente desde el inicio: o mayoría absoluta o inestabilidad. "Sin una mayoría estable, vamos de crisis en crisis, la mejor solución es tener mayoría absoluta. Prometo devolver la tranquilidad al país", afirmaba hace apenas una semana, rechazando de plano reeditar una 'geringonça' ante el estupor de los analistas.

"Costa se ha pasado de frenada en su intento de obtener una mayoría absoluta", apunta David Veloso, investigador de la Universidad de Lisboa, a El Confidencial.

Las encuestas de hace apenas dos semanas, aunque nunca le llegaron a dar la mayoría absoluta, sí que lo colocaban cómodamente en cabeza, con hasta 10 puntos de ventaja con la formación conservadora PSD. Pero ese afán por la mayoría absoluta y alergia a formar una nueva coalición ha sido rechazada por los portugueses con un sorprendente vuelco en los sondeos totalmente inimaginable a principios de mes. El resultado ha sido la resurreción de la candidatura del conservador Rio. "El famoso exconstructor de puentes se ha transmutado en destructor de puentes", firmaba la editora jefa y columnista, Ana Sa Lopes, en el diario Publico.

Las últimas encuestas han resultado un jarro de agua fría para los sueños de Costa: publicadas a principio de semana, anuncian un empate técnico entre el PS de Costa y el PSD de Río en el 33-34%, con algunas empresas demoscópicas dando una ligerísima ventaja (de apenas un punto) al conservador.

"[Costa] se encuentra atrapado entre un deseo imposible (la mayoría absoluta) y una realidad insoportable (ganar por pocos)", ha sostenido en sus columnas el comentarista político conservador João Miguel Tavares.

Pero si hay algo que describe a Costa como político es su carácter práctico y su capacidad de supervivencia política -ha sido llamado incluso 'el político Duracell', y si reedita gobierno, será el más largo desde la Revolución de los Claveles-. En los últimos dos días, y ante el susto de las encuestas, la campaña de Costa ha tendido por primera vez la mano a la opción de una nueva 'geringonça', incluso -aunque a regañadientes- con sus viejos aliados del Bloco de Esquerda y la conjunción del Partido Comunista. "Parece que a los portugueses no les gusta la mayoría absoluta", ha admitido Costa en una entrevista este martes en la cadena de televisión Antena 1.

2. Votar... ¿y repetir?

Efectivamente, quizá Portugal tiene 'estrés postraumático' de sus mayorías absolutas, que históricamente no acabaron bien. Salvo sorpresas, de estos comicios saldrá un Parlamento tan fragmentado e inestable como el disuelto el pasado noviembre. Una sensación permanente en las calles de Lisboa. "Convocaron unas elecciones que no eran necesarias, y ahora será más difícil formar nuevo Gobierno...", apunta poco esperanzada Maria, de cuarenta años.

El hándicap ahora es que tanto el Bloco Esquerda como el Partido Comunista, que dieron su apoyo en las anteriores investiduras de Costa, ya no están en el mismo punto que en 2015 y 2019. Costa salió reforzado de esas 'jeringonças', pero no tanto sus aliados, según han demostrado los resultados de las últimas elecciones municipales, en las que el Bloco se quedó sin representación en varios municipios en los que entró cuatro años antes, y los comunistas perdieron alcaldías en las que gobernaban desde 1974. Tanto el PCP como el Bloco tienen que reivindicarse ante su electorado como elementos relevantes tras seis años en que han respaldado a Costa sin sentir nunca que sus peticiones fueran completamente atendidas. Ese 'enfado' de sus aliados de izquierdas fue lo que forzó el adelanto electoral, cuando Bloco y comunistas se plantaron en la primera votación de los presupuestos para 2022 del gobierno de Costa.

Foto: El primer ministro portugués, António Costa. (Getty)

Con los auspicios de las encuestas en la mano, Costa deberá reconciliarse con unas formaciones de izquierda más 'duras' en sus reivindicaciones, o forzar un milagro en la matemática de otras formaciones como los liberales o animalistas. En el escenario más inestable, se podría producir incluso un empate porcentual entre las fuerzas de derecha y las de izquierda.

3. 'Efecto Ayuso' en Lisboa y la resurrección del PSD

Una de las grandes sorpresas de las elecciones municipales del pasado septiembre fue la pérdida de la alcaldía de Lisboa de manos socialistas con el inesperado ascenso -las encuestas previas daban una amplísima ventaja al candidato del PS-. La pérdida de la capital en favor de Carlos Moedas del PSD (siglas de Partido Social Democrata, conservador de derecha) fue un duro golpe para el Partido Socialista de Costa, en lo que algunos medios llegaron a denominar 'efecto Ayuso' y que se vio como un primer signo que apuntaba a un posible fin del ciclo socialista. “Lo que pasó en las elecciones en Lisboa fue un primer aviso al partido socialista”, admite Veloso.

placeholder El líder del PSD, Rui Rio, en un evento en Coimbra (Portugal). (EFE/Tiago Petinga)
El líder del PSD, Rui Rio, en un evento en Coimbra (Portugal). (EFE/Tiago Petinga)

Pero lo cierto es que la victoria en Lisboa ha sido solo el primer espaldarazo a la sorprendente subida del PSD en las encuestas, que antes de la convocatoria de los comicios se encontraba en una situación política muy crítica e incluso con el liderazgo de Rui Rio muy cuestionado internamente. En esta campaña electoral, mientras Costa insistía en la mayoría absoluta y rascaba algunos votos de la izquierda, el PSD ha logrado movilizar a su electorado de derechas y votantes de centro, dibujándose de nuevo como un partido con opciones. Y las opciones atraen a unos portugueses poco amigos de la incertidumbre electoral. "Un factor determinante es que, en estas elecciones [a diferencia de las de 2019] el electorado de derecha sí ha visto que el PSD tiene capacidad de gobernar y de obtener un buen resultado o alcanzar acuerdos para una opción de Gobierno" a la derecha", apunta Veloso.

Pese al empate técnico de las últimas encuestas entre el conservador PSD y el PS de Costa, Rio se ve con opciones. "Los socialistas se empiezan a poner nerviosos", bromeó el pasado 21 de enero en un evento de campaña.

4. La afianzación pero 'pinchazo' de la ultraderecha

En las elecciones de 2019 Portugal rompía la última 'excepción' política que quedaba en Europa con la entrada en el parlamento de la formación de ultraderecha Chega. En estos comicios, todas las encuestas apuntan a que la formación afianzará su posición (con el 6% en intención de voto) llegando incluso a convertirse en tercera fuerza política en la Cámara legislativa portuguesa. Pero no todo son tan buenas noticias para los 'cheguistas': aunque en las municipales de septiembre no cosecharon grandes éxitos (por la falta de implementación local y las diferentes dinámicas de campaña), algunos sondeos previos a la convocatoria de elecciones los señalaban como el partido con mayores perspectivas de crecimiento en Portugal, apuntando incluso al 10%. Un 6% -sobre todo si se traduce en ser tercera fuerza- es un porcentaje nada desdeñable, pero un 'pinchazo' de su líder, André Ventura, en las expectativas.

placeholder El líder de Chega, André Ventura, en un evento en Viana Do Castelo (Portugal). EFE/Armenio Belo
El líder de Chega, André Ventura, en un evento en Viana Do Castelo (Portugal). EFE/Armenio Belo

En esta campaña electoral, fuertemente centrada en el componente económico (con Costa defendiendo que, antes de la pandemia, el país había regresado a la senda de crecimiento truncada por los recortes, y con el PSD centrándose en que el crecimiento económico portugués es de los de menor ritmo de la Unión Europea), el discurso de Chega, más centrado en la inseguridad, el antigitanismo y antiimigración, se ha visto apartado y no ha conseguido pescar tanta intención de voto. "En otros países europeos entran en el debate elementos más culturales que pueden ser favorables a partidos radicales, como en Francia, donde la inmigración es un elemento central. En España, por ejemplo, está el clivaje nacional y en el caso de Vox, la inmigración o los menores no acompañados", apunta Veloso.

Por el momento el conservador Rui Rio no ha descartado sin embragues la opción de un acuerdo de Gobierno con Chega, que tras un experimento de apoyo-pero sin ser parte del gobierno en Azores que no se le ha traducido en rédito electoral quieren ahora formar sí o sí parte del Gobierno, pero sí lo han rechazado ya de pleno el resto de partidos en una hipotética 'jeringonça' de derechas, como Iniciativa Liberal y el clásico conservador cristiano CDS.

Foto: André Ventura, miembro del partido de ultraderecha Chega (Basta en portugués).

Portugal entra estos días en los últimos días de la campaña electoral intentando convencer a los últimos indecisos (un 14% del electorado) en medio del teatro pandémico. Se estima que medio millón de personas estarán confinadas durante la jornada electoral, por lo que el Gobierno ha potenciado el "voto anticipado", que se celebró el pasado domingo. Al menos 315.000 portugueses se inscribieron para votar anticipadamente, aunque todavía no hay cifras de cuántos finalmente ejercieron su derecho. Una de ellas es Ana, que votó el domingo en la localidad de Elvas, cerca de la frontera con Badajoz: "Ni siquiera sé si voy a estar contagiada el 30", explica. Con unas cifras récord de contagios, el Gobierno ya ha estudiado esa posibilidad, facilitando que los confinados rompan el aislamiento y voten entre a última hora del cierre de colegios.

Los portugueses se están acostumbrando, a la fuerza, a celebrar elecciones en plena pandemia. El país celebra este domingo elecciones -las terceras desde 2019 tras las presidenciales de 2021 y las municipales de hace apenas unos meses- después de un adelanto electoral a mitad de legislatura que pilló por sorpresa a los ciudadanos. La repetición, sin embargo, no le ha restado interés a la campaña. Agitada por uno de los peores picos de contagio que ha vivido el país -quinto con más nuevos casos de covid-19 por millón de habitantes en el mundo-, Portugal ha entrado en una vorágine electoral con más de una treintena de debates televisados y todos los escenarios abiertos.

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