Próxima estación, Frantalia: el eje franco-italiano que puede realinear el poder en la Unión Europea
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Tratado del Quirinal

Próxima estación, Frantalia: el eje franco-italiano que puede realinear el poder en la Unión Europea

El acuerdo, cuyo objetivo es reforzar la cooperación entre los dos países, será firmado este viernes

Foto: El presidente francés, Emmanuel Macron, junto al primer ministro italiano, Mario Draghi. (Reuters/Gonzalo Fuentes)
El presidente francés, Emmanuel Macron, junto al primer ministro italiano, Mario Draghi. (Reuters/Gonzalo Fuentes)

Los ejes de influencia de la Unión Europea están a punto de crujir cuando, este viernes, el presidente francés, Emmanuel Macron, viaje a Roma para encontrarse con su homólogo italiano, Mario Draghi, para firmar el llamado Tratado del Quirinal. Un acuerdo de "cooperación privilegiada" de alta carga simbólica, pero visto con desconfianza dentro de una Unión Europea que todavía está reajustando sus equilibrios de poder tras la dramática salida británica del bloque y en pleno fin de la era Merkel en Alemania. Bienvenidos a Frantalia.

“Entiendo la preocupación de España, yo también estaría preocupado", sostiene Gianni Puoti, jurista de la Universidad Niccolò Cusano de Roma, a El Confidencial. "Pero en un momento clave de la recuperación económica y de transición en Alemania, este nuevo tratado franco-italiano es más un intento de Francia e Italia de cobrar fuerza ante los llamados países frugales [pequeños países del norte de Europa, partidarios de un gasto comunitario bajo]”, agrega este exsubsecretario de Estado italiano.

El contenido del acuerdo todavía no es público (se conocerán más detalles a lo largo del viernes), pero su mero anuncio esta semana ha acaparado las conversaciones de la diplomacia europea y los análisis de la prensa continental. Más allá de los detalles, el pacto muestra una creciente sintonía entre Roma y París “que no se veía desde los años cincuenta” del siglo pasado, subraya Puoti. Un claro desafío a la prevalencia del eje franco-alemán en la ecuación europea.

“Es evidente que ahora la componente italiana pesa más [en Europa], y ese mensaje está dirigido también a Alemania", sostiene el historiador francés y experto en relaciones ítalo-francesas Marc Lazar. "También creo probable que España y Portugal sean incluidos de alguna forma en el futuro. No es intención ni de Francia ni de Italia ofender a los españoles", añade el también catedrático de la Universidad Sciences Po de París.

De hecho, España también ha estado buscando un acercamiento a Roma en las esferas europeas, exhibiendo en los últimos años una relación cada vez más simbiótica. Pero la buena sintonía personal de Macron y Draghi ha hecho que se acabe materializando una idea que lleva en el panorama bilateral varios años. "Otro aspecto es que, a diferencia de la relación con España, que es muy buena, la de Italia con Francia ha tenido grandes momentos de fuertes tensiones en los últimos años, y se quiere que todo esto quede atrás”, explica. Especialmente ahora que “Draghi mira mucho hacia el norte”.

Una Frantalia complicada

Sin duda, la relación franco-italiana ha estado lejos de ser idílica en la última década. El principal contencioso ha sido sobre Libia, la excolonia italiana en la que París ha intentado expandir sus negocios de hidrocarburos, creando también fisuras en la UE, que carece de una estrategia común en el país norteafricano. Tanto es así que ambos países socios han apoyado a líderes enemigos en Libia: Roma más cercana a las autoridades en Trípoli y al (ya suspendido) Gobierno de Acuerdo Nacional liderado por Fayez Serraj, mientras que Francia se inclinó por el general Jalifa Hafter, líder militar en el este del país.

Foto: La eurodiputada francesa Nathalie Loiseau (EFE)

Otro frente de batalla fue por el control del astillero STX France que París nacionalizó en 2017 de forma temporal para impedir que Fincantieri, propiedad del Estado italiano, se hiciera con esta importante industria. Pero el desencuentro alcanzó su apogeo durante la crisis de los chalecos amarillos en Francia en 2019, cuando los dos vicepresidentes del Gobierno de Giuseppe Conte, Luigi Di Maio (líder del antisistema Movimiento Cinco Estrellas) y Matteo Salvini (de la ultraderechista Liga), expresaron su apoyo a las protestas callejeras. En aquella ocasión, París llegó a llamar a consultas al embajador italiano, una decisión sin precedentes desde 1945.

La crisis se enconó aún más ese año cuando París hizo una reforma que reducía el número de profesores italianos en el país. Fue entonces cuando cientos de académicos y artistas de ambos países firmaron el manifiesto 'Frantalia', escrito por iniciativa del abogado italiano Enrico Castaldi, y que venía a subrayar los nexos entre ambos países. "Una cooperación sólida y continua, basada en el diálogo y el intercambio, en proyectos compartidos y en el enriquecimiento mutuo. Cooperación que ha producido a lo largo del tiempo una densa red de relaciones que hoy constituye la verdadera realidad del mundo compartido por Frantalia", aseguraba la misiva.

Ahora, ese concepto romántico acuñado para resaltar la hermandad entre franceses e italianos podría tomar cuerpo geopolítico.

Salto hacia adelante

Todo cambió con la llegada del exjefe del Banco Central Europeo al Palazzo Chigi. París tomó la iniciativa de reactivar la propuesta de un tratado con Roma —hecha inicialmente en 2017, pero que quedó en papel mojado por la destitución del entonces primer ministro, Paolo Gentiloni— y tuvo una buena acogida en Italia. Esto, en un momento en que falta poco más de un mes para que Francia asuma la presidencia de turno de la Unión Europea.

De ahí también que fuentes italianas hayan subrayado la relevancia del acuerdo para Roma, un país fundador de la UE que lleva tiempo buscando su identidad en un escenario europeo dominado por el eje franco-alemán. Piero Fassino, presidente de la comisión interparlamentaria Italia-Francia del Congreso italiano y quien este año participó en la redacción del nuevo tratado, lo explicaba esta semana. “Desde el punto de vista de los contenidos (…) se trata de un pacto que compromete los dos gobiernos y las recíprocas instituciones a actuar conjuntamente sobre los principales dosieres” en ámbito europeo, internacional y mediterráneo, “a través de mecanismos de consulta mutuos”, subrayó.

Foto: Macron y Merkel durante la celebración del centenario del armisticio de la IGM. (Reuters)

Se trata de un “salto de calidad” en la relación franco-italiana. El acuerdo, según lo filtrado, abarcará varios sectores, desde política exterior, economía, educación e investigación hasta defensa y migración. “Italia tiene de nuevo ambiciones en la UE, ha llevado adelante una excelente presidencia del G-20, ha hecho escuchar su voz, y para nosotros esta es una muy buena noticia”, ha hecho saber, por su parte, el Elíseo.

De puntillas con Alemania

Aun así, Roma también ha tratado en estos días de no irritar excesivamente al aliado alemán, que es su principal socio comercial en la UE (le sigue Francia). Lo ponían en evidencia las palabras de Armando Varricchio, el jefe de la embajada italiana en Berlín. “Ni bien se instale el nuevo Gobierno alemán, tendremos que mantener un profundo coloquio para preparar con la máxima atención una cumbre intergubernamental en la primera mitad de 2022”, adelantó.

"Italia tiene de nuevo ambiciones en la Unión Europea, ha hecho escuchar su voz"

El objetivo es “estructurar aún más la cooperación con Alemania, (…) para transformar la que hoy es una excelente relación bilateral en una verdadera alianza estratégica que sea de interés para Italia, Alemania y Europa”, añadió Varricchio, asegurando que se trata de la “firme voluntad” de Draghi. “Necesitamos un acuerdo trilateral con Berlín”, ha sido la respuesta de Martin Schulz, expresidente del Parlamento Europeo y del Partido Socialdemócrata de Alemania, en declaraciones al diario 'La Repubblica'.

Foto: Olaf Scholz, como ministro de Finanzas, charla con la canciller alemana Angela Merkel. (Reuters) Opinión

Sandro Gozi, exsubsecretario italiano, eurodiputado de la familia política europea Renew Europe, gracias a la lista francesa Renaissance promovida por Macron, y uno de los mayores impulsores del Tratado del Quirinal, ha intentado apagar estas polémicas. Según él, la iniciativa franco-italiana no quiere copiar el tratado promovido por Charles De Gaulle con Alemania en 1963 (actualizado en Aquisgrán en 2019), que dio inicio al llamado eje franco-alemán. Tampoco imitar esa relación, producto de un contexto histórico y político distinto al de hoy. “La historia de las relaciones entre París y Berlín no es la de entre Roma y París”, ha subrayado Gozi, en declaraciones recogidas por la agencia italiana Adnkronos. El nuevo acuerdo franco-italiano busca que Italia y Francia “usen mejor sus recursos”, ha añadido.

Tal ha sido la euforia italiana, que el acuerdo ha suscitado, como suele ocurrir, las protestas de la oposición de ultraderecha del partido Hermanos de Italia. Pero incluso esas quejas han sido tibias. “Es escandaloso que no se haya informado al Parlamento sobre el contenido del acuerdo”, ha lamentado la jefa de esta formación, Giorgia Meloni, aunque al mismo tiempo ha reconocido que se trata de un “pacto importante”. La verdadera incógnita, para gran parte de los expertos, es otra. Como dice el jurista Puoti: “Lo que habrá que entender es si lo que ha sido pactado se aplicará de verdad”.

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