Un cadáver en el baño de un hospital, el peor rostro de la llegada del virus al sur de Italia
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Fuerte segunda ola

Un cadáver en el baño de un hospital, el peor rostro de la llegada del virus al sur de Italia

"El paciente encontrado muerto en el baño del hospital Cardarelli es el más crudo de los numerosos testimonios que me llegan todos los días desde los hospitales de Campania, en el sur"

Foto: Una calle en Nápoles. (EFE)
Una calle en Nápoles. (EFE)

La crudeza de la imagen alteró conciencias, tertulias, redes sociales… Italia, aquí como el resto de países, necesita una bofetada de muerte práctica, que la teórica no agita nada, para entender el grado de desafío que enfrenta. El video de un cuerpo encogido y muerto en el suelo del baño del hospital Cardarelli de Nápoles describe mejor que veinte informes Excel la grave situación para enfrentar la pandemia que hay en algunas regiones y centros sanitarios del país. El muerto es una anécdota triste y cruel, no mueren rutinariamente pacientes abandonados en los baños de los hospitales de Italia, pero lo que no es una anécdota es la imagen del video que sigue al descubrimiento del cadáver que enseña una sala atiborrada de enfermos de covid con cuidados muy precarios.

A mediados de marzo pasado las autoridades comprendieron que el desafío del covid-19 no era tanto su mayor mortalidad respecto a otros virus como su capacidad infecciosa que colapsaba las estructuras sanitarias. A finales de octubre Italia está al borde del colapso sanitario en algunos lugares porque la situación se ha repetido con la cadencia de un péndulo. Durante meses se advirtió de que el virus no debía bajar al sur del país, menos preparado en estas infraestructuras, y ha bajado, ya está allí.

“El paciente encontrado muerto tirado en el baño del hospital Cardarelli es el más crudo y violento de los numerosos testimonios que me llegan todos los días desde los hospitales de Campania: personas atendidas en sus autos en los estacionamientos, otros que mueren en ambulancias a quienes no se les asigna el destino; otros que ni siquiera son recogidos de casa a pesar de las constantes llamadas", ha dicho Luigi Di Maio, ministro de Asuntos Exteriores y uno de los líderes del Movimiento 5 Estrellas.

"La vida y el derecho a la salud de cada ciudadano son prioridades que deben protegerse por encima de todo. Si las autoridades locales no pueden hacerlo, el estado debe hacerlo. He guardado silencio hasta ahora por respeto a todas las instituciones implicadas. Pero ahora debemos intervenir de inmediato y debemos hacerlo especialmente en el sur, que corre el riesgo de explotar. Creo que nuestro gobierno no debe perder el tiempo y debe responder, como siempre lo ha hecho. Estamos aquí para decidir, dejamos los 'talk shows' y las bromas a otros. Los italianos quieren vernos decididos y decididos”, continúa el mandatario.

Escenario aterrador

El escenario que describe Di Maio es aterrador, pero ¿hacía falta un video de un cadáver en un baño para enfrentar esa realidad? ¿Habla a los demás o se habla a sí mismo como miembro destacado del Ejecutivo con las responsabilidades máximas en esta pandemia? ¿Su crudo comunicado es un espejo de la realidad o un intento de no quemarse en la hoguera que prende en la sociedad cuando le enseñan la muerte demasiado cerca? ¿Cuándo y por qué se ha producido esa situación de emergencia?

El 20 de octubre pasado el alcalde de Nápoles, Luigi de Magistris, lanzaba una alarma ya desesperada: “En Nápoles se llegará al confinamiento, sólo quedan 15 puestos libres de cuidados intensivos”. El pasado 11 de noviembre, el doctor Walter Ricciardi, uno de los destacados asesores del Gobierno en esta pandemia, decía que “en Nápoles las camas libres en terapia intensiva y los ambulatorios de emergencias están al límite de su capacidad. Hay pacientes que están en las ambulancias por horas y se les da allí mismo el oxígeno”. Su receta para enfrentar esa crisis en la ciudad era clara: “Hace dos semanas que digo que en Nápoles había que declarar la zona roja”.

Foto: El vertiginoso descenso a los infiernos de Italia en la segunda ola: 16 M confinados

En el resto de la región, Campania, donde las autoridades temen que el virus se extienda y se convierta en esta segunda ola en una nueva Lombardía agravada por la peor estructura sanitaria y la más frágil composición social, la situación es algo mejor: “Terapia intensiva ocupada a un 27%”, anunciaba la unidad de crisis sobre la región el 11 de noviembre con los datos del 2 al 8 del mismo mes. En todo caso, el Gobierno central ha decidido que la región entera pasa a ser zona roja en un mapa que se va coloreando como una mancha de aceite. En este momento, según el último decreto del Gobierno central, sólo Lazio (Roma), Molise, Cerdeña, Trento y Véneto son consideradas zonas amarillas (menor nivel de alarma), mientras que el resto del país es zona naranja (semi confinamiento) o zona roja, confinamiento severo. En este último escenario están las regiones sureñas de Campania y Calabria, junto a la céntrica Toscana y las nórdicas Lombardía, Piamonte, Valle de Aosta y Bolzano.

¿Están los hospitales italianos al límite?

Regionalmente los datos señalan que no se ha llegado como en marzo a escenarios de sobrepasar el 100%, pero sí hay muchas regiones en una situación crítica sino se detienen ya los contagios, señalan los médicos. En UCI, la región que presenta en este momento un peor cuadro es Umbria, con un 54% de sus camas de terapia intensiva ocupadas, seguida de Bolzano y Lombardía con un 53 y 52% de ocupación. En total, a fecha 15 de noviembre, las UCI están ocupadas en un 34% en la media de toda Italia.

Los cuidados intensivos son un indicador clave para comprender la gravedad de la pandemia en sus casos más extremos, pero preocupa también el colapso de camas “normales” en los hospitales, que está haciendo que pacientes con otras dolencias no puedan ser tratados. Se retrasan y hasta suspenden muchas intervenciones quirúrgicas y tratamientos por simple protocolo: “Mi padre ha visto como su operación se retrasa dos días porque ha habido un caso de contagio en su clínica y por protocolo hay que desinfectar todo y hacer nuevos tampones”, explica Mario, en Roma.

Un belén en Nápoles, con mascarillas. (Reuters)
Un belén en Nápoles, con mascarillas. (Reuters)

Hay regiones que en ingresos hospitalarios sí han llegado casi al máximo de su capacidad. Bolzano está al 97%, Piamonte (Torino) al 90% y Valle de Aosta al 79%. En Italia hay 518 hospitales públicos que ofrecen 151.646 camas y 482 hospitales privados que ofrecen 40.458 camas. En total, 3,2 camas por cada 100.000 habitantes, según datos del Ministerio de Salud.

El primer ministro Giuseppe Conte dijo al anunciar en octubre las primeras restricciones que “estamos preparados para enviar 1600 equipos de cuidados intensivos a las regiones”. El decreto Rilancio (relanzar) del Gobierno preveía en realidad la fabricación de 3.500 puestos UCI para alcanzar los 14 por cada 100.000 habitantes. El periódico La Repubblica anunciaba a finales de octubre que sólo se habían realizado 1.279 de las 3.500 unidades previstas.

“Gestión sanitaria criminal”

En medio de este panorama complicado, algunos médicos como Pierino Di Silverio, dirigente del hospital Colli Monaldi de Nápoles y responsable de la Asociación médica Anaao-Assomed, hablan de “gestión sanitaria criminal” y pronostica que “el panorama es dramático. Se siguen restando lugares a la hospitalización y la atención ordinaria para asignarlos a pacientes covid. Experimentaremos una segunda pandemia, quizás incluso más grave que la actual, que será la pandemia post covid”.

Con más de 30.000 casos diarios, y con el número de muertos cercano a marzo, aunque haya vacuna habrá que tomar medidas para bajar los contagios

Matteo Bassetti, director de la clínica de enfermedades infecciosas del hospital San Martino de Génova, muestra también preocupación por el escenario: “Las predicciones, incluso las que hice yo, resultaron ser incorrectas. Una gran ola de esta infección ha regresado y ha encontrado a médicos y sistemas de salud ya cansados ​​en muchas situaciones por los efectos de la primera ola”. “Sobre la posibilidad de que el Gobierno evite el confinamiento no apostaría un centavo. Con más de 30.000 casos diarios, y con el número de muertos cercano a marzo, en algún momento, aunque haya vacuna, habrá que tomar medidas para bajar los contagios”, ha dicho el reconocido virólogo italiano Andrea Crisanti.

El fantasma de la navidad

Mientras, empieza a crecer una polémica futura sobre el fantasma de la navidad. Por un lado, hosteleros y comerciantes intentan salvar sus economías en cuidados intensivos con una apertura que les permita hacer una indispensable caja con la que terminar este terrorífico 2020: “Lo hemos apostatado todo a la navidad, si cierran nos arruinamos”, ejemplifica Walter Lucenti, vendedor del mercado navideño de Nápoles. Esa misma voz se repite por la gran mayoría de las ciudades donde dueños de restaurantes, hoteles y tiendas tiemblan ante la posibilidad de que un confinamiento total les termine de arruinar del todo.

El Gobierno italiano trabaja en varios escenarios. El más optimista es que las medidas tomadas hasta ahora mantengan la tendencia que parece apuntarse en los últimos días de un menor crecimiento de contagios y se permitan aperturas controladas en las fiestas. Los expertos en control de riesgos y los médicos avisan ante esta opción: “En Navidad o en Nochevieja una cena en un restaurante o en casa es un suicidio”, dice Pierluigi Contucci, director del Instituto de Alta Matemática de la Universidad de Boloña. “En Navidad, ninguna movida desenfrenada o vendrá una tercera ola”, advierte el virólogo Fabrizio Pregliasco.

La decisión final será del Gobierno de un Conte que ya ha explicado en diversas ocasiones que las opiniones de los médicos son muy importantes, pero que a los políticos les toca poner en la balanza también otros temas como el social y el económico para luego decidir. El escenario apunta a que habrá que escoger entre lo muy malo y lo peor.

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