vuelven los contagios

Empieza la caza de brujas: Italia se lanza a por los culpables de los rebrotes del virus

Turistas que han ido al extranjero, inmigrantes ilegales y jóvenes, señalados entre los culpables

Foto: Test de coronavirus en Turín, Italia. (Reuters)
Test de coronavirus en Turín, Italia. (Reuters)

El martes 18 de agosto, Marta y Roberto, una pareja de Roma, salen a cenar fuera de casa. Desde inicios de marzo, no lo hacían. La madre de ella está gravemente enferma desde hace años y ambos, que la cuidan, han mantenido un retiro preventivo que por primera vez rompen esa noche. Han reservado mesa en una pizzería, PummaRe, encima del mercado Trionfale, en el barrio de Prati, donde se han asegurado que las mesas guarden distancia de más de un metro. En Italia, como parece que en muchos otros países, algunas normas de seguridad se han ido convirtiendo con el paso del tiempo en 'opcionales' para los propietarios de restaurantes, tiendas, clubes de playa…

Marta tiene la mascarilla puesta hasta que llega la comida. Luego, cuando no come o habla, se la sube inmediatamente. Todo ese esfuerzo, sin embargo, podría no haber valido de nada si, como parece, empiezan a subir los contagios, se vuelve a restringir el movimiento y, sobre todo, regresa el miedo a una pandemia que hace que muchos vivan agazapados. “Estamos hasta las pelotas de ver que los contagios han vuelto por culpa de los que se tenían que ir de vacaciones al extranjero y han regresado contaminados, los inmigrantes ilegales y los jóvenes y su movida. 'Vaffanculo' con tanto desgraciado”, dice él.

Es un comentario muy común. Ahora se buscan culpables. Italia tiene una cierta tendencia a mirar hacia fuera en estos casos. Los dos líderes de la oposición, el líder de la Lega, Matteo Salvini, y la líder de Fratelli d’Italia, Giorgia Meloni, señalan a los inmigrantes. “Un Gobierno que cierra locales y discotecas, pero abre las puertas a decenas de miles de clandestinos que portan caos y virus, es un Gobierno de incapaces”, ha comentado Salvini. “¿Con qué cara han multado a los comerciantes italianos a los que han seguido con drones para después permitir a miles de clandestinos de desembarcar y violar la cuarentena?”, ha preguntado Meloni.

¿Turistas irresponsables?

Pero no solo los inmigrantes ilegales son censurados. En el punto de mira están también los italianos que han decidido hacer sus vacaciones en el extranjero. Hay quién ve con malos ojos que alguien haya decidido practicar turismo fuera de sus fronteras pese a estar permitido. “No hay palabras para censurar el comportamiento de increíble superficialidad que son la base de los nuevos contagios causados por las personas que regresan de sus vacaciones en el extranjero, en particular en Malta, Grecia, Ucrania, Croacia y España”, ha declarado el siempre agitado gobernador de Campania, Vincenzo de Luca. “Un joven de un pueblo de Casertano ha resultado positivo después de un viaje a Grecia y lo ha indicado solo después de algunos días a los otros amigos de la comitiva. El resultado es 15 positivos. Después de un viaje a España tenemos una familia de cinco personas contagiada y estamos haciendo pruebas en su entorno”, ha señalado el gobernador.

Indicar que ahora los que han decidido viajar fuera son unos irresponsables, llevaría a una pregunta: ¿había que reabrir o no? ¿Está bien que los turistas vengan a Italia pero está mal que los italianos salgan fuera? Las peticiones para que viniera turismo extranjero en Italia han sido constantes ante el tsunami económico que se avecina. Han venido a cuentagotas, los datos de finales de julio hablan de una disminución del 91% de turistas extranjeros en hoteles de alta gama y de pérdidas solo en restauración de más de 3.000 millones de euros, pero los que lo han hecho desde luego no han encontrado un país donde se han tomado medidas excepcionales para contener el virus.

Podríamos hacer un resumen de tres meses de apertura: en muchos lugares el uso de las mascarillas era inexistente, las aglomeraciones en playas o plazas han sido constantes y las medidas de prevención se han adoptado a gusto del propietario del local. Hay restaurantes, playas o tiendas donde se ha sido muy pulcro en observar las normas y lugares donde de facto no ha cambiado nada. ¿Por qué Italia tiene muchos menos contagios que otros países del entorno? La respuesta desde luego no está en una mejor o mayor aplicación de las normas.

Una cola en un aeropuerto de Milán. (EFE)
Una cola en un aeropuerto de Milán. (EFE)

“Hemos entrado sin pasar ningún control. Nos hicieron rellenar una página con datos en el avión pero nadie nos la ha recogido al llegar al aeropuerto”, explicaban Juancho y Nacho, dos españoles que viajaron de Madrid a Roma a finales de julio. (Yo mismo viajé a Madrid cuatro días y al regreso, el 12 de agosto, entré sin pasar ningún control ni dar ningún dato).

El turismo interior

Cuando empezó el verano, las ofertas y reclamos par traer turismo nacional de las regiones, especialmente en las zonas de playa, fueron constantes. El caso de la isla de Cerdeña es hoy el más llamativo. Ha pasado de ser una isla sin covid al inicio de las vacaciones a estar en este momento en riesgo de ponerse en cuarentena. Dos han sido los principales focos de contagio: una fiesta en la discoteca Costa Esmeralda y un hotel de vacaciones en la isla de Santo Stefano.

El caso de la discoteca es una fiesta en la zona 'cool' de la isla, donde se acumulan discotecas y restaurantes de alto nivel, en el que se ven fotos de grupos de jóvenes sin mascarilla y bailando en grupos. En el hotel, donde hubo hasta este jueves 467 personas metidas en cuarentena, el ambiente era también igual de relajado. Lo curioso es la respuesta de las autoridades sardas que señalan, como siempre, al de fuera, aunque sean italianos que viven al otro lado del mar: “Ningún caso en Cerdeña es autóctono, todos vienen de fuera”, han dicho las autoridades sanitarias de la isla escurriendo el bulto. ¿Por qué permitieron que hubiera fiestas? ¿Se vigiló que bares, hoteles y restaurantes cumplieran las normas?

¿Por qué permitieron fiestas? ¿Se vigiló que bares, hoteles y restaurantes cumplieran las normas?

Lo mismo hacen en la región de Lazio, Roma, donde se toman ahora medidas de prevención con los numerosos ferris que hacen el trayecto desde Civitavecchia a la isla. Varios jóvenes llegados estos días de Cerdeña han dado positivo al retornar a casa y se señala a la isla como “culpable”.

Ese será uno de los escenarios previsibles del otoño, un montón de autoridades señalando a otros con el dedo y diciendo que los “otros” han sido unos irresponsables. Será tarde, previsiblemente tarde; el momento de actuar era durante los meses de junio a agosto en el que todo el país ha vivido bajo una fiesta consentida de playas, terrazas y bares en el que todos han mirado para otro lado para levantar la castigada economía. Hay argumentos de todo tipo sobre si esto era o no era lo idóneo, pero se permitió y se incentivó por parte de autoridades y la gran mayoría de ciudadanos ese turismo y ahora las consecuencias deben asumirse en primera persona.

Acaba el verano y emergen los controles

El 13 de agosto, el Gobierno italiano decidió que los viajeros que llegaran de España, Malta o Croacia debían pasar un test que en principio iba a realizarse en el propio aeropuerto. Primero se lanza la norma, que en realidad es un deseo, y luego la realidad lo cambia todo. Muchos aeropuertos no tenían entonces capacidad para hacer los test rápidos y lo que se decidió es que los viajeros llegados de esos países debían pasar el test en las siguientes 72 horas en sus lugares de residencia.

“Desde ayer ha venido mucha más gente a hacerse el test”, explicaba la sanitaria responsable de hacer las pruebas en Labaro, uno de los tres únicos puestos públicos destinados en Roma para detectar contagios. Era el viernes 14 de agosto y la sensación, ante el absoluto caos reinante, era que se habían tirado a la basura meses de tregua para organizar bien estas actuaciones.

“Yo vengo de Croacia y estoy desesperada. Llevo horas aquí”, explicaba una joven que llevaba más de dos horas de espera metida en su vehículo. La prueba se hacía en los propios coches, sin nadie que organizara la fila que estaba colapsando la zona por la que no pasaban ni los autobuses municipales, y con esperas superiores a las tres horas. Realizando las pruebas, en una doble carpa de plástico, había una persona haciendo el test y una ayudante, bajo un sol de 40 grados. Los resultados, eso sí, se entregan muy rápido y se ven por internet en menos de 12 horas. En clínicas privadas, también hay test cuyos resultados se anuncian en menos de 24 horas por 25 euros.

¿Quién es el culpable?

El rebrote de otoño no se verá igual que el inicio de esta pandemia donde la mayoría de la sociedad fue culpable de un delito sin dolo. Hubo imprudencia entonces, ahora ya se ha actuado con conocimiento de los riesgos. Los datos del miércoles 19 de agosto, sin embargo, son decepcionantes en cuanto a la frágil memoria que parece tener la población.

Ha habido 642 contagios y SIETE muertos en Italia, números parecidos a los de mediados de mayo, pero el dato llamativo es dónde se están produciendo los nuevos casos. Si alguno pensaba que donde el virus ha golpeado con fuerza es donde ahora habría más precauciones por haber gente más concienciada por ver tanta muerte alrededor, por ahora se equivoca. Los datos confirman que este virus no nos iba a hacer mejores, ni quizá peores, sino a dejar todo en su sitio con unos cuantos miles de muertos más y una mascarilla en la boca. Lombardía fue de nuevo el martes la región con más nuevos casos, 91, seguida de Emilia-Romaña, Véneto y Piamonte.

La lista de los cuatro primeras regiones con nuevos contagios curiosamente replica la de las regiones donde ha habido más muertos por el covid-19 en Italia. ¿La razón? Puede ser que esas son con diferencia las regiones donde más test se hacen, pero eso pasaba en marzo y abril y los resultados finales fueron que allí se acumularon la mayor parte de decesos como apuntaban los contagios. “En Puglia, es muy complicado. Llevo días tratando de hacerme el test y me he metido yo misma en cuarentena”, dice Laura, una italiana que ha regresado de Malta, otro de los de pronto puntos negros europeos del covid.

No parece por tanto, si se mantiene este tendencia, que el desastre de los meses anteriores haya cambiado la percepción de miedo y gravedad entre la población. Salvo la de Marta y Roberto, los que viven con cuarentena y sin cuarentena de todas formas encerrados en su casa, los que no van a Croacia, ni a Cerdeña, ni apenas salen de casa.

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