Arruinados, radicales y aburridos: así quiebran los disturbios la 'pax covid' en Italia
  1. Mundo
  2. Europa
Protestas en Italia, España...

Arruinados, radicales y aburridos: así quiebran los disturbios la 'pax covid' en Italia

Italia parece condenada a ser siempre la primera en esta crisis. En febrero y marzo exportó tos, fiebre y música en los balcones, ahora, contendores en llamas que arden por muchas ciudades

placeholder Foto: Una protesta contra las medidas de confinamiento en Bolonia. (EFE)
Una protesta contra las medidas de confinamiento en Bolonia. (EFE)

La 'pax covid' de primavera ha desaparecido en Italia y en Europa. El virus de las revueltas se extiende por todo el país y, como pasara en marzo con el virus médico, se ha ido extendiendo luego por todo el continente. Italia parece condenada a ser siempre la primera en esta crisis. En febrero y marzo exportó tos, fiebre y música en los balcones, ahora, contendores en llamas que arden por muchas ciudades del Viejo Continente.

Comenzó en Nápoles, la noche del 23 de octubre, cuando cientos de personas, la mayoría jóvenes, pusieron la ciudad patas arriba para protestar por el cierre decretado por las autoridades. En una semana, las revueltas se habían extendido a Milán, Turín y Roma. Las autoridades inmediatamente fueron a buscar a los responsables en los lugares comunes, grupos ultra de equipos de fútbol, radicales de extrema derecha y extrema izquierda, y grupos mafiosos. Los lugares comunes tienen la virtud en este tipo de ocasiones de no errar el tiro y, efectivamente, son estos grupos los que están detrás de los altercados. “De Lucca [gobernador de Campania], obligado a retirar el confinamiento. El pueblo napolitano ha vencido por ellos y por Italia. Vencen también las ideas de quienes, como Forza Nuova, luchan desde hace meses contra el régimen, el terrorismo mediático y la dictadura sanitaria de la OMS”, declaró Roberto Fiore, líder de Forza Nuova, partido fascista que se ha puesto al frente de las revueltas.

Foto: Foto: Reuters.

En Turín, sin embargo, parece que al cóctel de ultras de los equipos de fútbol de la Juventus y el Torino se añaden anarquistas de extrema izquierda. La noche del 26 de octubre los enfrentamientos entre policías y manifestantes dejaban una decena de agentes heridos y varios detenidos porque en el 'totum revolutum' al protestar porque se cierran locales, los 'libertarios' del virus decidieron que mejor abrirlos a la fuerza y, ya de paso, saquearlos. Tiendas de lujo como Louis Vuitton y Gucci fueron rapiñadas. “La policía estaba preparada, había muchos agentes, pero han llegado grupos organizados con la sola idea de crear daño económico”, explicaba la alcaldesa, Chiara Appendino.

El daño económico se tradujo básicamente en robos al propio colectivo de comerciantes que había organizado la protesta y que vio cómo su manifestación contra las nuevas leyes del decreto del Gobierno anticovid era soterrada por los botes de humo que volaban por la plaza. “El coronavirus no existe, despertad”, aseguraban los radicales. “Son comportamientos vergonzosos que hay que condenar sin dudarlo y que han dañado y afectado las categorías comerciales, pero las instituciones deben asumir el gran descontento empresarial”, decía Giancarlo Banchiere, presidente de la asociación empresarial Confesercenti Torino, intentando que no se enterraran sus peticiones bajo el manto de una ciudad en llamas.

placeholder Protesta contra las medidas para el coronavirus en Brescia, este domingo. (EFE)
Protesta contra las medidas para el coronavirus en Brescia, este domingo. (EFE)

La sensación en Italia es que los grupos radicales, especialmente de extrema derecha, quieren copar con acciones bien organizadas de efectivo calado mediático el enorme desencanto social ante la crisis económica que vive el país. “Las quedadas para protagonizar disturbios se están haciendo por mensaje en los teléfonos móviles”, explicaban las autoridades de Roma, donde los grupos ultra de extrema derecha tienen una importante impronta sobre el terreno. Y a la quedada, que generalmente va de la mano de una protesta de comerciantes, se añaden desencantados en paro, niñatos aburridos, negacionistas, ultras de equipos que los dejaron desde hace meses sin su diversión de pegarse los domingos y demás fauna que se apunta a apedrear escaparates por el covid o porque han ganado o perdido un campeonato.

“Certificamos que en las manifestaciones participaron grupos violentos atribuibles a esferas diversas y diferenciadas, que van desde movimientos de extrema derecha y centros sociales [extrema izquierda], unidos por el tema de la negación del virus”, ha explicado la ministra del interior, Luciana Lamorgese, que apuntaba un dato preocupante: “En la manifestación de Milán del 26 de octubre, de las 28 personas denunciadas por violencia pública, 13 son menores”.

Da igual, el virus violento avanza rápido, y sirva como ejemplo el de un joven de 19 años, ultra del grupo Sconvolts, del equipo de fútbol del Cagliari, al que la policía ha detenido por incitación a la violencia. El joven decía en un chat del grupo de 'tiffosi' del equipo: “Lo han hecho los napolitanos, nosotros podemos hacerlo mejor”.

Foto: Una mujer limpia una cinta de correr en Milán. (EFE)

No más 'andrà tutto bene'

Hoy no se canta en Italia en los balcones, ni los portales y ventanas se llenan de dibujos de niños que dicen que 'andrà tutto bene' (todo ira bien). Ahora la gente está encabronada, extrañamente, en una sociedad que, como casi todas las occidentales, nunca se siente responsable de nada, ni siquiera de un virus que ha sobrevivido entre brindis y abrazos.

“La culpa es del Gobierno, que desmanteló la sanidad pública para que las clínicas privadas se enriquecieran. Encima mienten, hablan de más contagios de los reales porque les interesa”. ¿Y por qué les interesa? “Porque quieren tenernos callados, someternos, meter miedo a la gente”. ¿Cree que el virus existe y mata o piensa que es mentira que los hospitales se están ya desbordando de contagiados? “Sí, mata a las personas ancianas y a los enfermos, que los metan a ellos en cuarentena”. Y en todo esto que está pasando ahora de aumentos de casos, ¿no tiene ninguna responsabilidad una sociedad que ha vivido el verano como una fiesta y ha incumplido un montón de normas y recomendaciones de las autoridades? “Sí, también, pero el Gobierno no multaba a nadie. Han dejado hacer a la gente lo que quería porque entonces les interesaba”. ¿Quizá si la gente hubiera cumplido más las recomendaciones los pasados meses no haría falta ahora cerrar nada? “A mí, si me cierran la pescadería, me mandan a la ruina”. La conversación es con Tony, el dueño de una pescadería de productos congelados junto al mercado Trionfale en Roma. Sirva como ejemplo de un argumento que repiten muchos. “Algunos hemos cumplido rigurosamente las indicaciones, hemos gastado dinero en adecuarnos y nos cierran igual que los que han hecho lo que les daba la gana”, explica Antonella, una fisioterapeuta romana. Apunta a la falta de rigor por parte de las autoridades en el cumplimiento de la norma, algo que ha sido tan generalizado como la fiesta en plazas y playas.

placeholder Una protesta en Roma organizada por dueños de locales de restauración. (EFE)
Una protesta en Roma organizada por dueños de locales de restauración. (EFE)

Estos son dos ejemplos de la Italia que no destroza escaparates, pero que pacíficamente clama por todo el país contra el cierre y la falta de ayudas. Ciudades tan tranquilas como Treviso, Trieste, Forli… han visto cómo sus plazas se llenaban de personas que se quejaban por las medidas adoptadas sin tirar un papel al suelo.

Ese descontento social en el inicio de la segunda ola es preocupante para un primer ministro, Giuseppe Conte, que debe mandar a 60 millones de personas a encerrarse en sus casas de nuevo. Italia está ya casi al borde de un cierre definitivo que se da —salvo milagro— por descontado y la popularidad del mandatario empieza a descender drásticamente. Algunas encuestas hablan de una pérdida de popularidad de 15 puntos, mientras otras señalan una bajada menor y todavía un apoyo mayoritario a sus medidas, pese al enorme ruido. Ya saben, se escucha más a 100 manifestantes que gritan que a 1.000 personas que se quedan en sus casas. El invierno acaba de empezar, la segunda ola también, y un empeoramiento del escenario de protestas preocupa en Italia y en todos los países europeos.

Europa, en llamas

La facilidad con que hoy una mecha de protesta se enciende en un rincón del mundo y rápido la bomba explota por todas partes empieza a ser preocupante. Italia fue la primera en ver cómo ultras se lanzaban a quemar contenedores en contra de las cuarentenas, pero España, Francia, Alemania, Reino Unido... se han apuntado a la 'fiesta' rápidamente. La simbología de los que protestan es parecida: radicales, con apoyo general de colectivos antisistema y del negacionismo de extrema derecha que tiene una extraña corriente de pensamiento universal. ¿Es una figura como la de Trump la que marca el camino de estos grupos a nivel global o es una extraña simbiosis por la que un ciudadano de Arkansas, Nápoles, Sao Paulo o París ante ciertos problemas cree en las mismas soluciones?

Sea como fuere, en Berlín, tras anunciar Angela Merkel las primeras medidas restrictivas, se produjo una manifestación de la extrema derecha a la que acudieron 20.000 personas y acabó siendo disuelta por la policía. “Estoy muy preocupado por las manifestaciones de extremistas de derecha en toda Europa”, manifestó el ministro del Interior alemán, Andreas Geisel.

Foto: Colas del hambre en Roma. La asociación de okupas en Forte Prenestino entrega alimentos a los vecinos. (Javier Brandoli)

En París, ciudad que parece condenada a estar en llamas perennes, en un país sacudido también por los asesinatos de islamistas radicales, miles de personas se lanzaron a las calles y se produjeron destrozos y cargas policiales en la manifestación contra la clausura anunciada por el Gobierno.

En Londres, las protestas han ido 'in crescendo'. El pasado mes de septiembre, cientos de manifestantes tomaban Trafalgar Square para protestar contra las primeras restricciones. Los choques entre policías y manifestantes dejaron entonces 16 detenidos cuando los agentes disolvieron la concentración por exceso de gente y riesgo para la salud pública. Hoy, las protestas se multiplican por diversas ciudades, con negacionistas que piden en las concentraciones que la gente se quite las máscaras y aseguran que el covid es un engaño. Entre los arrestados el pasado sábado en una protesta anti 'lockdown', estaba Pier Corbyn, hermano del exlíder laborista Jeremy Corbyn.

Estos son solo algunos ejemplos, las protestas son generalizadas en países como Polonia, República Checa, Bélgica… La primera ola del covid despertó una oleada de solidaridad en todo el continente, la segunda apunta a despertar una oleada de rabia. Al menos hasta que lleguen, si es que ocurre otra vez, los miles de muertos. Entonces vendrá de nuevo el miedo y ante el miedo las reacciones parecen hoy imprevisibles.

La 'pax covid' de primavera ha desaparecido en Italia y en Europa. El virus de las revueltas se extiende por todo el país y, como pasara en marzo con el virus médico, se ha ido extendiendo luego por todo el continente. Italia parece condenada a ser siempre la primera en esta crisis. En febrero y marzo exportó tos, fiebre y música en los balcones, ahora, contendores en llamas que arden por muchas ciudades del Viejo Continente.

Señor con maletín

Detrás de toda gran historia hay otra que merece ser contada

Conoce en profundidad las 20 exclusivas que han convertido a El Confidencial en el periódico más influyente.
Saber más
Coronavirus
El redactor recomienda