En Egipto, los 'ultras' ayudaron a acabar con el régimen. El Gobierno se lo ha hecho pagar
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Fútbol sin público y 'ultras' desmantelados

En Egipto, los 'ultras' ayudaron a acabar con el régimen. El Gobierno se lo ha hecho pagar

Los 'ultras' de los dos principales clubes de fútbol de El Cairo, el Al Ahly y el Zamalek, participaron en la revolución de Tahrir que derrocó a Mubarak. El Gobierno de Al Sisi los ha perseguido

placeholder Foto: Los 'ultras' del Al Ahly protestan frente al Ministerio de Interior tras la sentencia de la masacre de Port Said. (Reuters)
Los 'ultras' del Al Ahly protestan frente al Ministerio de Interior tras la sentencia de la masacre de Port Said. (Reuters)

"Al-Dakhla baltagiya, los del Ministerio del Interior son unos matones. Escribe esto en las paredes de prisión: ¡Abajo, abajo con el Gobierno militar!". En 2011, los 'ultras' de los dos principales clubes de fútbol de El Cairo se ganaron el apodo de 'los custodios de la revolución' que incendió las calles de Egipto y terminó derrocando al autócrata Hosni Mubarak. Los jóvenes miembros de los Ultras Al Ahly y los Ultras White Knights del Zamalek FC ya tenían experiencia en sus luchas callejeras y choques violentos contra el omnipresente estado policial egipcio. Sus cánticos y su estética, sus tácticas y sus gritos fueron claves en la revolución de la plaza Tahrir. Pero tras la caída de Mubarak, el gobierno había tomado nota, y los 'ultras' se convirtieron en uno de los colectivos más perseguidos por el aparato de seguridad egipcio. Acosados en las calles, con centenares de detenidos, demonizados en los medios, con su espacio público en los estadios clausurado y bajo la sombra de dos masacres de sus partidarios, poco queda ya de esa rabia juvenil y visceral que saltó de los estadios a la calle en pro de la revolución.

Después de la revolución, los 'ultras' quedaron atrapados en una permanente contienda con el Estado egipcio y las fuerzas de seguridad que ha terminado provocando su disolución en 2018. En 2015, un tribunal los consideró como "grupos terroristas". Desde 2012 se les prohibió el acceso a los estadios. Miles han sido detenidos -en 2018 se estimaban en unos 300 que permanecían en prisión, y muchos han sido juzgados en tribunales militares, no civiles- y su cúpula completamente desmantelada en arrestos muchas veces arbitrarios.

"El Estado egipcio los veía como una amenaza, y fueron unos de los primeros colectivos afectados por la represión", explica Ronnie Close, profesor de la Universidad Americana de El Cairo (AUC) y autor del libro 'Ultras de El Cairo: resistencia y revolución en la cultura egipcia del fútbol', publicado este noviembre. El libro explora "la corta historia de los 'ultras' de El Cairo como un movimiento colectivo que se convirtió en parte de la trascendental política en las calles que derrocó a un líder autocrático", sostiene en entrevista telefónica con El Confidencial.

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Hoy día, la cultura de los 'ultra' ha casi desaparecido. En 2018, tanto los Ultras Al Ahly como los 'UWK' fueron desmantelados, en lo que desde el Al Ahly defendieron como un "gesto de buena voluntad" hacia el Gobierno de Al Sisi, con la esperanza de que éste respondiera "con el perdón de miembros ya condenados o de aquellos todavía esperando juicio". La desaparición de ambos grupos ponía punto y final a la corta historia -apenas 11 años- de los 'ultras'.

Los 'ultras' como colectivo oficial no se constituyeron hasta 2007, pese a la enorme popularidad del fútbol en Egipto, cuna de futbolistas como Mohamed Salah que levantan pasiones en el país de las pirámides. Pronto, "el atractivo" de los 'ultras' concentró a un variado conjunto de la población egipcia. Aunque es difícil hacer el perfil concreto del 'ultra', -"eran tan variados como la sociedad egipcia", sostiene Close-, la mayoría eran hombres, jóvenes y desencantados.

"A pesar de la propia retórica de los 'ultras', en la que defienden que son solo 'fans siendo fans' del fútbol, la mayoría de sus miembros se fueron haciendo cada vez más antagonistas con el régimen de Mubarak", asevera Close. Los continuos rifirrafes con la seguridad egipcia terminaron colocando juntos a miembros de los 'ultras' de ambos clubes en la "primera línea de combate" en la plaza Tahrir de El Cairo y en la conocida como La Batalla de los camellos (2 de enero de 2011), cuando cientos de partidarios de Mubarak, empujados por figuras del propio régimen, se enfrentaron a los manifestantes a lomos de camellos y caballos, atacándolos con cuchillos y palos.

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Su papel fue reconocido incluso por activistas prominentes de la revolución de Tahrir. "Los 'ultras' jugaron un papel más significativo en la revolución egipcia que cualquier otro partido político en el terreno", llegó a afirmar el renombrado activista y rostro de la 'primavera árabe' en Egipto Alaa Abd Al-Fattah en una entrevista.

Un momento definitorio fue la masacre de Port Said, en 2012, apenas un año después de la caída del autócrata Hosni Mubarak. En la ciudad costera de Port Said (en el Canal de Suez), más de 70 ultras y aficionados del equipo de fútbol Al Ahly murieron en una avalancha a la salida del estadio. Muchos acusaron de negligencia e inoperancia a las fuerzas de seguridad (cerca de 3.000 agentes velaban por la seguridad de los aficionados), que mantuvieron puertas cerradas mientras los 'ultras' morían asfixiados o aplastados, mientras que los medios de comunicación achacaban una vez más el problema al espíritu violento de los 'ultras'.

placeholder 'Ultras' Al Ahly junto a un cartel en recuerdo de las 72 víctimas de la masacre de Port Said. (Reuters)
'Ultras' Al Ahly junto a un cartel en recuerdo de las 72 víctimas de la masacre de Port Said. (Reuters)

Tras la masacre, las autoridades egipcias cancelaron la liga y cerraron los estadios al público durante casi seis años. Los partidos se jugaban con las gradas vacías, una prohibición que no se levantó sino en contadas ocasiones y siempre a instancias de organizaciones internacionales como la CAF (Confederación Africana de Fútbol).

El cierre de estadios fue un ejemplo más de la clausura del espacio público en Egipto que, especialmente durante el gobierno de Abdelfatah Al Sisi ha llegado a su máxima expresión con el cierre de salas de conciertos, centros culturales y una campaña de criminalización de las manifestaciones públicas o detenciones generalizadas.

Sin esa válvula de distensión y sin su espacio por antonomasia como son los estadios, los 'ultras' solo podían volcarse en las calles. Entre 2012 y 2013 se les llamó "custodios de la revolución" por esa manera de mantener "el espíritu" en las plazas de El Cairo. Pero, al mismo tiempo, explica Close, sin el ritual del fútbol y los partidos, el fuelle que alimentaba al colectivo se fue perdiendo.

Foto: Port Said, relato de una ciudad maldita
Port Said, relato de una ciudad maldita
Ismael Monzón. Port Said (Egipto)

En 2015, la tragedia tocó a los 'ultras' del Zamalek, los Ultras White Knights, en uno de los pocos ejemplos de partidos a los que se les permitió volver a acceder al público en general. Al menos 22 'UWK' murieron en choques con la Policía. Un ejemplo más, según las autoridades egipcias, de que había que acabar con el fenómeno. Entonces ya gobernaba el exmariscal Abdelfatah Al Sisi. El fallo judicial fue publicado en 2017, y el fiscal general acusó tanto a los Hermanos Musulmanes como a los UWK de la tragedia, asegurando que los 'ultras' habían instigado la violencia como una forma de "esparcir el caos".

En 2013 y tras una asonada militar, había llegado al poder Abdelfatah Al Sisi, que continúa en la presidencia egipcia tras revalidar su mandato en dos elecciones (2014 y 2018) sin oposición seria. "Los 'ultras' siempre habían tenido una relación antagonista con el Estado, pero desde 2014, el conflicto con el Estado se amplificó", relata Close, quien ha seguido de cerca a estos grupos de futboleros en Egipto desde 2012.

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Una de las razones que les "hizo parecer sospechosos" ante el aparato de seguridad egipcio fue que, en una sociedad con muy poca interacción entre clases o fieles de una religión u otra, los 'ultras' permeaban y funcionaban a través de todas las barreras sociales, ofrece como explicación de esa persecución Close.

Oficialmente desde la cúpula de ambas organizaciones han repetido una y otra vez que son apolíticos, que sólo les interesa el fútbol. Eso no les ha salvado de la represión generalizada del Gobierno actual de Abdelfatah Al Sisi.

Llegado al poder tras destituir al islamista Mohamed Morsi de la presidencia, y entre protestas de sus partidarios, el Gobierno ejecutó una campaña de erradicación de cualquier rescoldo de los Hermanos Musulmanes, organización a la que se catalogó como "terrorista". En ese contexto, muchos jóvenes detenidos -islamistas o no- eran acusados de pertenencia a la Hermandad. En el caso de los 'ultras', eran frecuentes los arrestos preventivos de centenares de sus miembros en vísperas de aniversarios -como el de Port Said- o los días antes de la celebración de partidos importantes. Y muchos fueron juzgados por permanencia a grupo ilegal o terrorista, en referencia a los Hermanos Musulmanes. En 2015, una corte cairota los declaró grupos ilegales y pasaron a la clandestinidad.

"Ambos grupos de 'ultras' cairotas han sido acosados y reprimidos por el régimen de Abdel Fatah Al Sisi, que ha utilizado la legislación del 'estado de emergencia' contra ellos", asevera Close. Finalmente, los 'ultras' de Al Ahly y Zamalek han cedido y en mayo de 2018 se disolvieron definitivamente, poniendo lo que parece un punto y final a su corta historia.

En Egipto, nueve años ya desde su conocida como 'primavera árabe' el 'momentum revolucionario' ha pasado, y los 'ultras' del fútbol han sido una de sus inesperadas víctimas.

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