LA GRAN PROMESA DEL BREXIT

Los "inhumanos" planes de UK para solicitantes de asilo en la era post Brexit

La ministra del interior Priti Patel, en aras de reducir ahora la inmigración, baraja planes criticados por su propio equipo para enviar a los solicitantes de asilo lo más lejos posible

Foto: Priti Patel, ministra del Interior británica. (Reuters)
Priti Patel, ministra del Interior británica. (Reuters)

Sushil y Anjana Patel, inmigrantes hindúes, se mudaron primero de India a Uganda. Poco antes de que el presidente Idí Amín anunciara la expulsión y persecución de los asiáticos en el país, hicieron de nuevo las maletas y viajaron hasta el Reino Unido. Llegaron en la década de los 60 sin absolutamente “nada” y se establecieron en Hertfordshire, donde crearon una exitosa cadena de quioscos en Londres y el sureste de Inglaterra. En la capital británica, nació su hija Priti. Su “pequeña” es hoy la ministra de Interior del Gobierno de Boris Johnson. Representa al ala más radical del Partido Conservador y, en aras de reducir ahora la inmigración, baraja planes de lo más “rocambolescos” e “inhumanos” -según su propio equipo- para enviar a los solicitantes de asilo lo más lejos posible del Reino Unido.

Entre otros, ha estudiado la posibilidad de construir un centro de detención en las islas de Ascensión y en Santa Elena, territorios de ultramar británicos, en medio del océano Atlántico. Ha valorado el uso de barcos que generaran olas con el fin de forzar a que las embarcaciones que cruzan el Canal de la Mancha vuelvan a las aguas francesas. Esta idea ha sido finalmente desechada por el riesgo de que estas volcasen, pero sí se está debatiendo la opción de llevar a los migrantes a plataformas petrolíferas desmanteladas del mar del Norte.

La pandemia y las amenazas del 'premier' de violar el Acuerdo de Retirada del Brexit, en caso de que finalmente no se cierre un pacto comercial con la UE, protagonizan desde hace tiempo los titulares. Pero, en la sombra, Patel avanza cada día con sus planes para cambiar completamente el sistema de inmigración una vez el país salga ya a efectos prácticos del bloque el 31 de diciembre.

Tras días de continuas filtraciones a la prensa, la responsable de Interior ha protagonizado un discurso este domingo en el congreso anual del Partido Conservador (que se está celebrando de manera 'online', a causa del covid), donde ha confirmado que va a “reorganizar” un sistema de asilo que, en su opinión, está completamente “roto”.

Sin entrar en detalles, ha recalcado que el nuevo programa será “justo y compasivo con aquellos que necesitan nuestra ayuda” y ha criticado a los que “sermonean al Gobierno” con “sus grandes teorías sobre los derechos humanos”.

Una "villana" para sus empleados

“Crearemos un nuevo sistema que será justo porque acogerá a las personas que lleguen por rutas seguras y legales. Pero firme porque detendremos a aquellos que vienen aquí ilegalmente haciendo interminables reclamos para permanecer en nuestro país a expensas del pueblo británico”, añadió. “Aquellos que defienden el sistema roto, los traficantes, los bienhechores, los abogados de izquierda, el Partido Laborista, están defendiendo lo indefendible”, matizó.

Prácticamente desde su nombramiento, Patel ha sido un quebradero de cabeza para Johnson. No por sus pensamientos, sino por la polémica que siempre la ha rodeado por un carácter extremadamente difícil. En los corrillos de Westminster dicen que sus subordinados hacen concursos para encontrar el mejor apodo, comparándola con las grandes villanas. Sobre ella penden diversas acusaciones de “bullying”, objeto de una investigación cuyos resultados Johnson se niega a publicar. Los documentos, no obstante, saldrán a la luz cuando llegue a juicio la demanda presentada por Philip Rutman, su secretario permanente, que dejó su cargo tras más de tres décadas trabajando en el cuerpo de funcionariado por no soportar más el supuesto acoso.

Priti Patel junto a Boris Johnson y un policía. (EFE)
Priti Patel junto a Boris Johnson y un policía. (EFE)

Vapuleado en las encuestas por la gestión ante la pandemia y con diferentes amenazas de rebelión en sus filas por su estrategia negociadora con la UE, Johnson no puede permitirse ahora el lujo de cambiar de titular de Interior en medio de la crisis. Y es por esta razón por la que Patel -de la que dicen no ser “especialmente brillante intelectualmente”, pero sí “trabajadora”- resiste en su puesto.

Ahora bien, no es menos cierto que a Johnson le viene bien mantenerla. Primero porque la presencia de mujeres y minorías étnicas en el Gabinete siempre da buena imagen. Segundo, porque su ideología “brexitera radical” permite ahora al primer ministro valerse de ella para modificar por completo el sistema migratorio. Esta fue, al fin y al cabo, la cuestión fundamental que protagonizó el debate del referéndum del Brexit en 2016.

En este sentido, las filtraciones realizadas a la prensa estos días (quizá por subordinados poco contentos con su jefa) no tienen desperdicio y reflejan además los choques que se están produciendo entre los distintos ministerios.

A principios de septiembre, la Foreign Office (Exteriores) desaconsejó a Downing Street la opción de enviar a los migrantes a centros de detención en el extranjero. Con todo, el Número 10 se ha marcado como modelo el sistema australiano, que procesa a los solicitantes de asilo en centros localizados en las islas del Pacífico. Aparte del elevado coste (alrededor de 8 millones de euros al año), el programa australiano ha recibido críticas de grupos de derechos humanos, las Naciones Unidas e incluso de representantes del propio Gobierno británico, quienes ahora muestran en privado su “preocupación”.

Según los documentos a los que han tenido acceso estos días los distintos rotativos locales, Patel pidió a los funcionarios que consideraran procesar a los solicitantes de asilo en Ascension y Santa Helena, que son territorios británicos de ultramar. El “civil service” que trabaja en Interior ha mostrado su recelo ante los planes. Estos destinos, por tanto, se habrían descartado. Pero aún se están barajando otros lugares como Moldavia, Marruecos y Papúa Nueva Guinea. El asesoramiento sobre las opciones de centros de detención en países terceros provino, según filtraciones, del propio primer ministro.

Migrantes en ferris viejos

Por otra parte, el Gobierno también contempla instalar a los migrantes que llegan al Reino Unido en ferris en desuso. Una embarcación de este tipo de 40 años de antigüedad, con capacidad para 1.400 personas en 141 cabinas, se puede comprar en Italia por 6,5 millones de euros. En su momento, se llegó a debatir también la opción de llevar a los migrantes a plataformas petrolíferas desmanteladas del mar del Norte, pero finalmente esta opción se ha descartado.

“Recuperar el control de las fronteras” fue el mantra que acabó garantizando la victoria de los euroescépticos. Pero los cientos de miles de británicos que abarrotaban este verano las playas del Reino Unido fueron testigos de la llegada masiva de afganos, africanos, iraquíes e iraníes hacinados en botes.

En lo que va de año, más de 6.000 personas han llegado al Reino Unido cruzando de manera ilegal el Canal de la Mancha en pequeñas embarcaciones, lo que supone más del doble del total registrado en 2019. En el último año, solo el 6% fueron deportados. La mayoría son hombres jóvenes, pero también hay mujeres (incluidas embarazadas) y niños pequeños, muchos de ellos sin acompañantes. Arriesgan sus vidas en un viaje en el que han pagado todo sus ahorros a mafias y el goteo se ha intensificado en los últimos meses para garantizarse la llegada antes de diciembre, cuando el Reino Unido saldrá a efectos prácticos de la UE.

Europa
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
18 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios