Críticas por su gestión del covid

Boris ya no es lo que era: acorralado por los rebeldes 'tories' y el Parlamento

Hace apenas un año, Boris se imponía en las elecciones con una mayoría absoluta de 80 diputados. Hoy, se enfrenta a la rebelión en sus propias filas de Westminster

Foto: El primer ministro británico, Boris Johnson. (EFE)
El primer ministro británico, Boris Johnson. (EFE)

Las portadas de 'Private Eye', el satírico por excelencia en el Reino Unido, siempre son reveladoras. La de esta semana contrapone dos fotografías de Boris Johnson en la puerta de Downing Street. En la imagen que especifica "primera ola [del covid-19]", se muestra al excéntrico político diciendo "Hola". En la que pone "segunda ola", el líder 'tory' sale diciendo "adiós". ¿Tiene Johnson los días contados como primer ministro?

El caos no ha llegado aún a tal extremo. Pero lo que es un hecho es que la pandemia está mermando a pasos agigantados su popularidad, tanto fuera como dentro de sus filas. Y nadie mejor que él -que hizo la vida imposible a Theresa May- sabe lo que es tener "rebeldes" en su propia casa política y cuál es el rumbo que pueden tomar las cosas si estos cada vez van tomando más peso.

Este miércoles, los parlamentarios tenían que votar si renovaban o no los poderes extraordinarios que le fueron otorgados al Ejecutivo en marzo, para poder hacer frente a un segundo pico de un virus que se ha cobrado ya más de 42.000 vidas en el Reino Unido. Tanto el martes como miércoles se ha alcanzado un peligroso récord de más de 7.000 contagios diarios.

Johnson ha conseguido finalmente su propósito: 330 votos a favor frente a 24 en contra. Sin embargo, el camino no ha sido fácil. Desde luego, no el que uno podría esperar para un primer ministro que hace tan sólo nueve meses entraba victorioso en el Número 10 tras conseguir una aplastante mayoría absoluta de 80 diputados.

Casi un centenar de "rebeldes"

Los ánimos en el Partido Conservador distan mucho de los que había en marzo, cuando se decretó el primer “confinamiento” (que nada tuvo que ver con las estrictas medidas impuestas en España). Los 'tories' son ahora menos indulgentes con el Gobierno, se muestran más escépticos con los consejos de los científicos y están más preocupados por la economía.

En este sentido, un grupo de entre 80 y 100 diputados amenazaban con rebelión porque quieren que Westminster tenga más voz y voto en la toma de decisiones. El Ejecutivo ha estado negociando con ellos hasta el último minuto (literalmente) y finalmente ha accedido a sus demandas para evitar un episodio que habría mermado aún más la imagen del primer ministro.

El primer ministro británico, Boris Johnson, en el Parlamento. (Reuters)
El primer ministro británico, Boris Johnson, en el Parlamento. (Reuters)

En el intenso debate previo a la votación, el responsable de Sanidad, Matt Hancock, anunciaba que “para medidas nacionales significativas, con efecto en toda Inglaterra o en todo el Reino Unido, consultaremos al Parlamento”. “Siempre que sea posible, realizaremos votaciones antes de que tales reglamentos entren en vigor”, señaló. “Pero, por supuesto, responder al virus significa que el Gobierno debe actuar con rapidez cuando sea necesario y no podemos retrasar las regulaciones urgentes que son necesarias para controlar el virus y salvar vidas. Estoy seguro de que ningún miembro de esta Cámara querría limitar la capacidad del Gobierno para tomar medidas de emergencia en aras del interés nacional”, añadió.

Johnson sólo tiene competencias sanitarias para Inglaterra (donde vive el 84% de los ciudadanos del Reino Unido). Para el confinamiento de marzo, los responsables del resto de naciones que configuran el país participaron en las reuniones del Comité de Emergencia Cobra para coordinar las medidas. Aunque posteriormente, Gales, Escocia e Irlanda del Norte aplicaron su propio ritmo a la desescalada. Las competencias están cedidas. Pero, a nivel internacional, cuando se habla de que el Reino Unido acumula la cifra más elevada de muertos de Europa, las responsabilidades recaen sobre el primer ministro. Y este se encuentra ahora en una situación extremadamente delicada.

Los rebeldes que le han salido no son unos rebeldes cualquiera. El cabecilla es nada más y nada menos que Graham Brady, presidente del llamado Comité 1922, que reúne a los 'tories' sin cartera, en definitiva el grueso de las filas. Está apoyado además por figuras de peso, como el que fuera líder de la formación, Ian Duncan Smith, el exministro del Brexit David Davies o Steve Baker, responsable del influyente grupo ERC de los 'tories' más euroescépticos.

"Desprecio" al Parlamento

Brady había preparado una enmienda para el debate. Finalmente, presidente de la Cámara de los Comunes, sir Linday Hoyle, no la admitió a trámite aunque mandó un duro mensaje al primer ministro, al que acusó de tratar al Parlamento con “desprecio”. Hoyle lanzó una fuerte reprimenda a los ministros del gabinete de Johnson por usar poderes de emergencia de una manera “totalmente insatisfactoria” y por no dar a los diputados el tiempo suficiente para el escrutinio de las medidas.

“Con demasiada frecuencia, se han publicado importantes instrumentos estatutarios en cuestión de horas antes de que entren en vigor. Algunas explicaciones de por qué han entrado en vigor medidas importantes antes de que puedan presentarse ante esta Cámara no han sido convincentes y muestran un total desprecio por el Parlamento”, ha recalcado, en lo que se ha interpretado como la intervención más dura de un 'Mr. Speaker' en las últimas tres décadas.

Una calle en Croydon, sur de Londres, esta semana. (Reuters)
Una calle en Croydon, sur de Londres, esta semana. (Reuters)

Aparte de poner en duda los valores democráticos, los rebeldes consideran que las nuevas restricciones sociales impuestas en el noreste de Inglaterra -donde se registra el mayor número de rebrotes- son confusas. Y el propio Johnson vino a darles la razón. El martes, en el que posiblemente fue el episodio más bochornoso de su carrera política, el líder 'tory' no atinó a explicar las medidas cuando le preguntaron sobre ellas en rueda de prensa.

“Según lo entiendo, se pueden reunir hasta seis personas en una casa o en un bar, pero no en la calle”, explicó un tanto perdido. Pero la realidad es otra. Aparte de la regla general que limita en todo el país a seis personas las reuniones en interiores o exteriores, en el noreste de Inglaterra se prohíbe además reuniones de distintos núcleos familiares, tanto en domicilios como en pubs, y las multas pueden llegar a los 7.000 euros. A Johnson no le quedó más remedio que explicar a través de su cuenta de Twitter que se había equivocado.

Por otra parte, siguiendo el nuevo toque de queda, los pubs y restaurantes cerraban el pasado fin de semana sus puertas a las 22 horas. Pero la fiesta seguía en las casas o incluso en los supermercados, donde los jóvenes se han aglutinado para comprar bebidas.

“Si el propio Gobierno no entiende las medidas, ¿cómo pretende luego que los ciudadanos las cumplan?”, preguntaba el líder de la oposición laborista Keir Starmer, quien no ha dudado en acusar al 'premier' de “incompetente”.

En cualquier caso, Starmer -cuya popularidad asciende a la misma velocidad que disminuye la de su rival- ha dicho que apoyará las restricciones respaldadas por los científicos para hacer frente a la pandemia.

En este sentido, por tanto, el Gobierno no va a encontrar confrontación. Pero Johnson tampoco querría encontrarse en un escenario en el que tenga que depender de la oposición mientras la disciplina de su propia formación se desmorona. Llegados a este punto, el primer ministro se enfrentaría a elecciones muy incómodas, ya que podría verse en la vicisitud de seguir los consejos de los médicos y virólogos o mantener unido a su partido.

Flanqueado por el asesor científico del Gobierno, Patrick Vallance, y el asesor médico, Chris Whitty, Johnson ofreció tras el debate en Westminster una rueda de prensa en Downing Street en la que señaló que “nadie quiere volver a imponer un nuevo confinamiento”, pero que el Ejecutivo está preparado para endurecer aún más las medidas si la situación empeora. “La gente debe tener paciencia, demostrar sentido común y estar preparada para realizar sacrificios”, matizó.

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