La (mala) memoria histórica de Orbán: "No es una reivindicación, es una estrategia"
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La (mala) memoria histórica de Orbán: "No es una reivindicación, es una estrategia"

Orbán utiliza los fragmentos de la Historia húngara que se amoldan a sus intereses políticos. Detrás de estos malabares históricos hay una afinada estrategia electoral

placeholder Foto: El museo Casa del Terror en Budapest. (Reuters)
El museo Casa del Terror en Budapest. (Reuters)

En el número 60 de la avenida Andrássy, principal vía de Budapest, tiene su sede la 'Terror Háza', literalmente la Casa del Terror de las Dictaduras. Un museo de la Memoria Histórica de Hungría que arranca con la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial y finaliza con la caída de la dictadura comunista en 1991. Su estructura sigue la de las clásicas casas del terror de ferias y parques de atracciones. Al ritmo de una música tétrica sacada de las diferentes épocas históricas, el visitante se sumerge en sucesivos espacios terroríficos: la sala de interrogatorios, el tren del gulag, la granja colectiva, los calabozos.

Para este último caso, no hace falta mucho 'atrezzo'. Andrássy. 60 fue la sede de la Gestapo durante la ocupación alemana y de la policía política comunista entre 1948 y 1991. Las celdas que hoy se visitan fueron ocupadas por presos políticos ejecutados por ambas dictaduras. “El objetivo del Terror Háza es explicar a los jóvenes que no lo vivieron las experiencias bajo las que se criaron sus abuelos y padres”, explican desde el 'Terror Háza' a El Confidencial vía correo electrónico.

El museo se planificó e inauguró entre 1998 y 2002, durante el primer mandato de Viktor Orbán como primer ministro, quien entonces tenía un discurso menos nacionalista y más socialdemócrata. Sus responsables niegan cualquier enfoque político centrado en la actualidad y, aunque subrayan el papel del mandatario en su inauguración, lamentan “que se haya utilizado así a veces en el debate parlamentario”.

Catarsis sentimental

“El museo tiene también una función terapéutica” -añaden en el correo, redactado en perfecto castellano- “el objetivo (es) provocar en los visitantes reacciones sentimentales y catarsis, ser partícipes de lo visto y llegar hasta su corazón. Pensamos que esta vivencia emocional conduce a la verdadera franqueza intelectual, la vivencia promueve la recepción y a continuar despertando el interés”.

Foto: Manifestación en Hungría en 2016. (EFE)

Pero hay un lapsus cronológico que no ha pasado desapercibido: el museo arranca justo el 19 de marzo de 1944, con la instauración del Partido de la Cruz Flechada, un régimen de corte fascista impuesto por los tanques alemanes que apenas duraría un año. ¿Qué pasó antes? Pues que durante una década, Hungría fue aliada de la Alemania nazi y participó en el frente este bajo el liderazgo del almirante Miklós Horthy, jefe estado húngaro entre 1920 y 1944. Y Horthy es un poderoso símbolo nacionalista e imán para el disputado electorado conservador húngaro.

En la actualidad, el museo es el perfecto ejemplo de cómo la Memoria Histórica al otro lado del antiguo Telón de Acero es un complicado laberinto en el que se alternan dictaduras de un color y otro, y que los políticos no han dudado en convertir en un arma política. El debate sigue vivo en un país que todavía no ha sabido dirimir la responsabilidad de sus propios ciudadanos en el Holocausto o en la dictadura socialista. Y no hace falta entrar en un museo o escuchar una sesión parlamentaria. Los restos de este puzzle se puede ver en las calles de la capital.

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Estatua de Reagan en Budapest. (EFE)

Una plaza con nazis, soviéticos... y Reagan

Caminando hasta uno de los extremos de la avenida Andrássy, a pocos metros del Parlamento húngaro, está la Plaza de la Libertad. Allí sobrevive uno de los más polémicos homenajes a Horthy: un busto del fallecido militar, quien vivió sus últimos años exiliado en Portugal –en Estoril, para más señas–. Es además el lugar donde se alza un monumento de los años 50 que recuerda a los soldados soviéticos que liberaron Budapest en 1945. Ningún gobierno húngaro lo ha tocado, pero es el único que no está iluminado por focos durante la noche. Para completar la estampa, una estatua tamaño natural de Ronald Reagan, como agradecimiento por su contribución a la democracia en Europa.

Y justo en esta plaza, Orbán decidió en 2014 inaugurar un memorial sobre la ocupación alemana. El conjunto escultórico representa a un Arcángel Gabriel -Hungría- siendo atacado por un águila imperial similar a la presente en la simbología nazi. Las críticas sobre presentar a Hungría como mera víctima de la Alemania nazi y omitir la colaboración de parte de la dirigencia húngara con el nacionalsocialismo muestran cómo el Gobierno no parece dispuesto a hacer memoria. Solo ha utilizarla como arma política.

Foto: Ayuda china en un aeropuerto de la República Checa. (Reuters)

Intentan falsear y borrar la Historia de Hungría y su complicidad en el Holocausto”. Gábor Sebo atiende a las preguntas de El Confidencial mientras reparte información contra el controvertido memorial. Es el portavoz de la Asociación por la Plaza de la Libertad y uno de los que vigilan por turnos el ‘contra-memorial’ -una instalación de fotografías y paneles explicativos- que desde hace seis años mantienen frente a la escultura del ángel con un manifiesto traducido hasta a 15 idiomas en el que piden la retirada del monumento oficial.

“Es un engaño. El águila es la malvada Alemania y Hungría un ángel. Es absurdo. Horthy fue aliado de Hitler toda la guerra y las primeras deportaciones son con él como jefe de Estado”, protesta Sebo. “No es Memoria Histórica si borra la responsabilidad de una parte de la sociedad húngara”.

¿Convicción o estrategia?

Orbán no ha dudado en utilizar todos los símbolos a su alcance para alimentar su agenda nacionalista, que esgrime tanto en Bruselas durante la negociación del fondo de recuperación del covid-19, como para acallar a la oposición y sus críticas a la gestión de la pandemia. En última instancia, es una estrategia electoral por el voto de los sectores conservadores que reivindican el papel del almirante Horthy y la recuperación de la ‘Gran Hungría’, que a principios del siglo pasado abarcaba partes de las actuales Eslovaquia, Croacia, Serbia y Rumanía.

“No creemos que Orbán quiera realmente reivindicar a Horthy, sino que ha visto que es una estrategia que le funciona para ganar votos”, opina Sebo. “En 2014 inaugura este monumento así para presentar a Hungría como una víctima justo antes de las elecciones y lo usa para atacar a Bruselas veladamente. Le da igual lo que hiciese Horthy. Pero sigue siendo ofensivo para las víctimas del Holocausto”.

La controvertida figura del almirante es disputada por dos partidos que compiten con Orbán por el voto nacionalista y ultraconservador. Uno es Jobbik (Movimiento por una Hungría Mejor), actualmente segunda fuerza parlamentaria y que ha intentado moderar su imagen hasta el punto de llegar a aliarse con la oposición de izquierdas en alguna ocasión. El otro es Mi Hazank (Nuestra Patria), escisión del anterior. Ambos son cercanos a la llamada Iglesia Reformada Húngara, rama del cristianismo protestante exclusivamente magiar muy ligada a ideologías ultraconservadoras.

placeholder Viktor Orbán. (Reuters)
Viktor Orbán. (Reuters)

Víctimas y victimarios

A 20 minutos de la protesta de Sebo, en la Casa del Terror, los visitantes terminan su paseo por el siglo XX húngaro por una sala terrible e inesperada: la de los victimarios. Las fotos de varios cientos de colaboradores de las dictaduras de la Cruz Flechada y la posterior comunista, con nombres y fechas para sus papeles como policías o funcionarios del régimen del terror. Es la penúltima sala, a la que sigue otra con sonidos e imágenes de las revoluciones de 1989 y las primeras elecciones libres.

“Si existen víctimas, pues deben existir también autores de los crímenes", explican desde el museo la decisión de incluir este ‘catálogo de torturadores’. "(Su) presentación en los marcos de esta exposición significa una cierta administración de justicia, aunque no en el sentido jurídico de la palabra”.

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