La mortalidad se dispara en Italia con más de un centenar de muertos en un día
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La mortalidad se dispara en Italia con más de un centenar de muertos en un día

Las autoridades remarcan que la mayoría superan los 80 años y sufren dolencias previas. Llamada a la calma para no colapsar el sistema sanitario, en este momento la gran batalla

placeholder Foto: Un carabinieri bloquea una carretera en Casalpusterlengo, en el norte de Italia. (EFE)
Un carabinieri bloquea una carretera en Casalpusterlengo, en el norte de Italia. (EFE)

A media hora de esta tarde, en la rueda de prensa que cada día ofrece Protección Civil para informar sobre el Covid-19 en Italia, han saltado las alarmas. Según las autoridades, las personas muertas por el virus son 366, lo que supone que en 24 horas habrían fallecido 133 personas por esta dolencia. Eso implica un salto cuantitativo y cualitativo de la mortalidad de la enfermedad, ayer había 233 víctimas, y desde luego no ayuda a rebajar el pesimismo que se ha instalado en el país. Hasta ahora nunca había habido más de 100 fallecidos en un día por el coronavirus.

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Sn embargo, el presidente del Instituto Superior de Sanidad, Silvio Brusaferro, ha querido matizar estos datos y explicar cuál es el tipo medio de paciente al afecta el virus de manera más grave: “Hablamos siempre de pacientes muy ancianos. El 60% superan los 80 años y tienen otro tipo de patologías crónicas. En todo caso, la mortalidad es más baja en Italia que en China respecto a las mismas franjas de edad”, ha explicado el doctor encargado de evaluar la afección.

Italia vive otra jornada, por tanto, con noticias negativas como la del sábado. Las horas previas y posteriores al decreto que decidió cerrar, salvo en caso de urgencia, un territorio del norte de Italia que afecta a 16 millones de ciudadanos han sido un caos. Que se filtrara el borrador antes de que se implementara la medida es una monumental chapuza que generó una huida masiva de ciudadanos a los que se advirtió de que se les iba a “encerrar” en cuarentena durante casi un mes.

El primer ministro, Giuseppe Conte ha calificado de “inaceptable” esta “fuga” mediática que ahora se critica desde varias regiones. Incluso, los presidentes de las meridionales regiones de Puglia y Calabria ha pedido a las personas que huyeron del norte que den marcha atrás para no expandir el contagio. “He firmado la ordenanza para obligar a la cuarentena al que llega a Puglia desde Lombardía y las 11 provincias del norte. Os hablo como si fuérais mis hijos, hermanos o nietos: parad y regresad atrás”, ha pedido el presidente de la región, Michele Emiliano. Otros presidentes regionales como el del Véneto, Luca Zaia, se ha quejado del cierre de algunas de sus provincias: “Es una medida exagerada e inoportuna. No nos han consultado sobre ella antes de aplicarla”.

El coronavirus aisla a dieciséis millones de personas en el norte de Italia.

En todo caso, esa posible expansión del virus con la huida precipitada de muchos ciudadanos ya es pasado; más en una epidemia que se mueve muy rápido. El país ha amanecido consternado por un inesperado portazo. Y en las últimas horas se ha empezado a entender más un mensaje que está detrás de la drástica medida y que no se ha terminado de explicar bien. “Hay necesidad de camas libres en todo su dramatismo. Una tras otra las salas del hospital que se quedan libres se reocupan a un ritmo impresionante. Las tablas con los nombres de los pacientes con diferentes colores según la unidad en la que estaban ingresados son ahora todos rojos, y en lugar de la intervención cirujana hay un diagnóstico que se repite: pulmonía intersticial bilateral”, explica desesperado el doctor Daniele Macchini del hospital Humanitas Gavazzeni de Bérgamo en entrevista a la cadena 'Sky'. “He visto a enfermeros con lágrimas en los ojos porque no conseguimos salvar a todos. Estamos exhaustos y haciendo horas extraordinarias. Hay una solidaridad total entre nosotros. Veo médicos que mueven camas, que suministran medicamentos a los pacientes. No hay turnos ni horarios, no tenemos vida social”, concluía el doctor.

“Necesitamos camas del sur del país. Lombardía está poniendo todos los lugares de terapia intensiva a disposición, pero los presidentes de las regiones del norte deben saber que todo el sur está a su disposición si lo necesitan”, anuncia Francesco Boccia, ministro de Asuntos Regionales.

Lo límite hoy es, como no se para de escuchar ahora por todas partes, el estado y situación en la que están trabajando tras dos semanas de crisis los profesionales sanitarios: “Si uno tiene diez intubadores y hay que intubar a quince personas no podemos hacer nada”, explica Paolo, médico del Véneto. El problema no es sencillo de solucionar ni recolocando pacientes en el sur, una medida que parece difícilmente viable. ¿Hay medios suficientes para trasladar a personas con el virus u otras enfermedades a otras partes de la Península Itálica? “No hay medios, eso es casi inviable. Trasladar a muchas personas entre hospitales solo generaría mayor colapso”, opinan desde el colectivo de médicos de Milán. La lucha está debajo de casa, cerca, y la propia región de Lombardía ha pedido al Gobierno central que se vuelva a “llamar a filas” a los doctores jubilados. Faltan manos. “El sistema sanitario es sólido, pero estamos ante un momento de gran tensión”, resume Giulio Gallera, asesor de asuntos sanitarios de la región.

El reto está ahí. Para los infectados con coronavirus y para todos los pacientes que deben tratarse en ocasiones de dolencias mucho más graves que el virus y no tienen espacio o recursos. El Covid-19 no ha detenido, aunque no se hable de otra cosa en todo el planeta, las operaciones de corazón, los tratamientos de cáncer, los trasplantes. “No es una broma, el sistema sanitario está al borde del colapso”, manifiesta Stefano Benussi, director de cardiocirugía de los hospitales públicos de la ciudad de Brescia, una de las urbes afectadas por la obligada cuarentena. Por eso conviene ser precavido en el uso de la Sanidad Pública, entender los síntomas, dejar de comprar medicinas en farmacias y comida en supermercados que lo único que generan es confusión y desabastecimiento a personas que lo necesitan. ¿Qué compra o come un ciudadano recluido en su casa si el resto de vecinos sanos han vaciado las estanterías del supermercado? “Estamos hartos. La gente es boba”, resumían en la Farmacia Marcheti de Prati, en Roma, ante la avalancha de compras de mascarillas que sufren desde hace semanas.

“En toda mi vida nunca me habría imaginado encontrarme con algo parecido a esto. En términos de velocidad de transmisión el coronavirus es como el sarampión. El sistema sanitario público trata de adecuarse, hasta ahora con éxito, pero no está preparado a un esfuerzo de este género. La epidemia crecerá y necesitamos tiempo para poder tratar todos los casos”, explica Giovanni Di Perri, responsable de enfermedades infecciosas del hospital Amadeo de Saboya de Turín. Por eso el cierre, por detener y contener el virus antes de que colapse todo. No se trata de muertos por la infección, que también, se trata de no hacer caer la economía, la sanidad y la sociedad de un país entero. Y para eso se requiere un plan de choque.

La falta de información es en todo caso crónica y sí está generando hoy confusión entre los habitantes de las zonas afectadas por el cierre

Ahora lo que hay es un segundo foco también complicado. Los afectados sufren una total desinformación que cubren los medios de comunicación o el boca a boca. “Nadie me ha venido a explicar nada. No sabemos bien lo que tenemos que hacer”, dice Maria Bianchin, de 92 años y residente en Treviso. María es una enfermera jubilada que vivió los bombardeos con crudeza de la Segunda Guerra Mundial, las epidemias de gripe. Y mantiene la calma: “Siempre ha habido gripe y siempre he visto morir gente por ello”.

La falta de información es en todo caso crónica y sí está generando hoy confusión entre los habitantes de las zonas afectadas por el cierre. “Nadie nos dice nada, ni nos han informado de nada. Yo no sé si mañana puedo ir al trabajo o me debo quedar en casa”, señala Anna, ciudadana de Treviso.

El mapa de la enfermedad, mientras tanto, se expande. No se detendrá en el norte. Los mapas de contagios enseñan puntos rojos por todas partes. “Debemos evitar el flujo de pacientes que sobrecargue las estructuras hospitalarias. Hay pacientes con otras patologías a los que el sistema de salud debe dar respuesta. El sur está preparado. Se trata de una epidemia que afecta a todo el país. Estamos listos”, señala Silvio Brusaferro, presidente del Instituto Superior de Sanidad. Casi nadie en el país duda de que los contagios alcancen las zonas meridionales. Lo que se pretende es que el impacto no sea demoledor para los enfermos y para el sistema que, incluso, parece ahora más frágil.

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