su último discurso como presidente del BCE

Por qué Macron y Merkel despiden a Draghi con honores de jefe de Estado

El presidente del BCE se despide de su puesto con un gran acto que refleja la importancia de su figura, que ha ido más allá de la política monetaria y su actuación resuena fuera del mundo económico

Foto: Christine Lagarde y Mario Draghi. (Reuters)
Christine Lagarde y Mario Draghi. (Reuters)

A alguien le puede chocar que el presidente del Banco Central Europeo, cuyo mandato está forjado en su independencia respecto a la política, sea despedido con honores y con la presidencia de la canciller alemana, Angela Merkel, el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron y el presidente de la república italiana, Sergio Mattarella. Pero la figura de Mario Draghi (Roma, 1947) ha ido más allá de la política monetaria y su actuación tiene resonancia fuera del mundo económico.

Draghi ha dado este lunes su último discurso como presidente del BCE tras escuchar los halagos de los líderes de Alemania, Francia e Italia, las tres principales potencias de la Eurozona que él salvó muchas veces sin la cooperación leal de algunas de las capitales, y sabiendo que, aunque las palabras hayan sido dulces, ni Berlín, ni París, ni Roma terminan de escuchar sus advertencias. Draghi lleva mucho tiempo avisando de la necesidad de reformas en los países con altos niveles de deuda (como Italia), de la utilización del espacio fiscal en aquellos países que cuentan con ella (como Alemania) de la necesidad de una capacidad fiscal muy controvertida para muchos países.

Las advertencias del italiano quedan en el aire. Ahora, con el traspaso de poderes a su sucesora, la francesa Christine Lagarde, se abre una nueva era para Draghi, y también para el euro. Previsiblemente el italiano volverá a su ciudad natal, a poder ver desde el palco los partidos de su Roma sin la necesidad de subirse a un avión de bajo coste para volver a Frankfurt a salvar la Eurozona. Algunos en la capital italiana creen que a Draghi todavía le queda partido, que ha servido muy bien a Europa pero que, en algún momento no muy lejano, le deberá tocar servir a su país.

Por lo pronto la despedida del presidente del BCE ha llegado con gran pompa y con la presencia de la plana mayor de la UE. ¿Por qué un cargo tan técnico recibe tantos focos políticos?

Un personaje europeo

Tiempos extraordinarios requieren hombres extraordinarios, y aunque solo los años demostrarán si Draghi fue de verdad el salvador de la Eurozona o solo mantuvo vivo durante un poco más el sueño, lo cierto este es que este lunes Europa despide, según ha asegurado durante su discurso Macron, a un hombre que se une al panteón de los padres fundadores del proyecto europeo. “Eres el digno heredero de los padres fundadores de Europa, has salvado Europa del hundimiento”.

Es una comparación que no llega hoy por primera vez, y que no será la última. Ya Olivier Blanchard, antiguo economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI) y uno de los nombres que sonó para sustituir a Draghi, escribió hace unos días. “Sospecho que será situado en el mismo panteón que los padres fundadores de Europa, no por crearla, pero por salvarla, que es igualmente importante”.

“Sospecho que será situado en el mismo panteón que los padres fundadores de Europa"

Macron ha recordado que hace unos días el presidente del BCE señaló durante un discurso en Roma las tres características que conforman a un servidor público: “Conocimiento, coraje y humildad. Querido Maro, honras y encarnas las tres”. Durante los últimos años Draghi ha sido, de largo, el hombre más poderoso de Europa. En sus manos, y en sus palabras, estaba el destino de la Eurozona. Los mercados medían sus pulsaciones. Y la conclusión es que, dentro de lo que cabe, con sus posibles errores, con las revisiones que se harán en el futuro sobre sus acciones, la UE ha tenido suerte de que fuera él quien estaba a los mandos del BCE.

El hombre del ‘Whatever it takes’

Cuando Christine Lagarde, la sucesora de Draghi, ha tomado la palabra, la francesa ha tenido que aclarar que no repetirá las tres palabras que han subrayado una y otra vez Merkel, Macron y Mattarella: “Whatever it takes” (“lo que sea necesario”). En julio de 2012, durante un discurso en Londres, Draghi pronunció las cacareadas palabras desde entonces que salvaron a la Eurozona de romperse en diecinueve pedazos: “El BCE hará todo lo que sea necesario para salvar al euro. Y, créanme, será suficiente”.

Aquello fue el inicio de una serie de acciones por parte del Consejo de Gobierno del eurobanco que llevaron al BCE por aguas inexploradas, las de las políticas monetarias no convencionales como el programa de compra masiva de bonos, tremendamente criticados por algunos sectores y parte de la opinión pública, pero que sin los cuales el euro seguramente no estaría hoy en pie.

Este lunes Merkel, de cuyas filas y de cuyo país han llegado los ataques más feroces a Draghi, ha repetido en la sede del BCE aquellas palabras del presidente: “Whatever it takes”. Eso sí, ha justificado que, obviamente, el tribunal constitucional alemán rápidamente pasó la lupa sobre esas palabras, sobre las acciones que vinieron después. Y hoy los fantasmas se han despejado: Draghi siempre se movió dentro de su mandato.

Pero el trabajo del italiano no ha sido fácil en ningún momento, algo que han reconocido los líderes reunidos este lunes en Fráncfort. El presidente del BCE, durante casi una década, no sabe lo que es subir los tipos de interés, y, aunque algunos esperaban que esa subida llegara tras el verano, justo antes de su despedida, lo cierto es que eso no ha pasado: Draghi ha reactivado la compra de activos, lo que ha sido un pistoletazo de salida para una guerra civil dentro del BCE que ahora heredará Lagarde.

Merkel, Macron y Mattarella han destacado que aquel día de julio de 2012 Draghi garantizó la “irreversibilidad de Europa”. Que no hay forma de deshacer el camino andado hasta ahora. Su acción hizo al personaje que hoy despiden, y que deja un legado importante. La despedida de Mattarella ha sido especialmente sentida, mezclando aquellas palabras con el carácter político y trascendente de la figura del presidente del BCE: “Todo lo que se necesario y hasta que sea necesario, por el bien de las próximas generaciones. Profesor Draghi, querido Mario, como ciudadano europeo quiero decirte: gracias”.

El legado del italiano

La realidad es que el hombre, sus palabras y sus acciones han hecho que la Eurozona que hoy deja Draghi sea mucho más fuerte y robusta que esa que recibió de su antecesor, Jean-Claude Trichet, a cuya despedida, por cierto, acudieron solo el expresidente de la república francesa Giscard d’Estaing y el antiguo canciller alemán Helmut Schmidt.

Una de las cualidades destacadas por Lagarde ha sido lo que ha denominado como “aproximación Mario”: expresar una reflexión que deja en el ambiente una extraña mezcolanza de preocupación y silencio. Y su último día en el BCE no iba a ser distinto. Este, su adiós en la que ha sido su casa durante los últimos ocho años, es “un día de reflexión, no de celebración”. Porque así es Draghi: serio, casi inexpresivo, calmado.

En un discurso vacío de emoción pero lleno de tecnicismos y algunos avisos, el presidente del BCE ha dicho adiós como a él le gusta: dando una clase, siendo el profesor Draghi. Lo importante sobre él ya lo han dicho los demás.

El eurobanco que deja Draghi está profundamente dividido y con muchos problemas de cara al futuro, pero lo cierto es que el italiano ha puesto sobre la mesa una caja de herramientas que ya nunca se podrá volver a guardar en un cajón. En contra de la voluntad de algunos, estirando el mandato con el que contaba, Draghi ha logrado ampliar el campo de acción del BCE y ha modernizado el banco para que pueda hacer frente a los nuevos tiempos en los que los bancos centrales ya no son aburridos, algo que siempre ha sido una mala señal para la economía.

El hecho de que el presidente del BCE se despida reclamando ese presupuesto es la demostración de que ya se está recorriendo ese nuevo camino

El italiano ha querido insistir en su mensaje central durante los últimos tiempos: la necesidad de una herramienta fiscal para la Eurozona, de un presupuesto al que tanto se han opuesto los más ortodoxos de la zona euro. “El camino hacia una capacidad fiscal será seguramente uno largo”, ha augurado el presidente del BCE, que ha asegurado que solo hay una forma de avanzar: trabajando juntos. Y eso, en el futuro, significará un presupuesto común.

Si los líderes de la UE dedicaran tanto tiempo a escuchar y reflexionar seriamente sobre las palabras de Draghi como en loar su trabajo en los últimos años, quizás Europa estaría ahora encaminando a un nuevo paradigma. Y, quizás, en cierto modo, el hecho de que el presidente del BCE se despida reclamando ese presupuesto es la demostración de que ya se está recorriendo ese nuevo camino.

Europa

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
6 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios