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Los hermanos que encarnan la división en Polonia: la guerra mediática de los Kurski
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Los hermanos que encarnan la división en Polonia: la guerra mediática de los Kurski

Jacek Kurski es el director de la televisión pública vinculada al Partido Ley y Justicia (PiS). Su hermano Jaroslaw es redactor jefe del diario Gazeta Wyborcza y un crítico furibundo del Gobierno

Foto: Los hermanos Kurski, Jacek (i) y Jaroslaw (d), periodistas en extremos opuestos de la trinchera política (Reuters/Wikimedia Commons)
Los hermanos Kurski, Jacek (i) y Jaroslaw (d), periodistas en extremos opuestos de la trinchera política (Reuters/Wikimedia Commons)

El día en que le iban a matar, Pawel Adamowicz se levantó temprano para participar en un acto benéfico enormemente popular en Polonia, la llamada “Wielka Orkiestra”. El alcalde de Gdansk, un hombre extraordinariamente querido en su ciudad y reelegido seis veces consecutivas, había sufrido durante años acoso, amenazas, difamaciones e insultos no solo de grupos ultras, sino también desde la televisión pública y medios afines al gobierno. Su trágica muerte, en vez de promover la unidad contra la violencia, ha puesto al descubierto el clima de enfrentamiento que se ha instalado en la sociedad polaca en los últimos años.

La situación actual, donde se ha brutalizado el lenguaje, la información se sustituye por propaganda y ni siquiera una situación de duelo nacional es capaz de contener las muestras de odio, expone la degeneración del debate político y por extensión de la democracia en Polonia. Un ejemplo de la enconada división que amenaza con infectar a la sociedad polaca es la historia de dos hermanos, los Kurski.

Jaroslaw Kurski (55) es el redactor jefe de Gazeta Wyborcza, el principal periódico del país. Su orientación política le ha llevado a criticar constantemente al PiS (partido en el poder), llegando a publicar portadas en negro como luto por la Constitución “asesinada” por el gobierno. En un editorial reciente, afirmaba que el asesinato de Adamowicz era un crimen político. Jacek Kurski (52) es el director de la TVP, la televisión nacional de Polonia. En los últimos doce meses, los programas de esta cadena han llamado a Adamowicz ladrón, anti polaco, fascista, comunista. La TVP también emitió una caricatura del fundador de la Wielka Orkiestra metiendo fajos de billetes en un saco y hace poco un prominente periodista que estuvo trabajando en la TVP describía el clima de manipulación y terror a la ira de Kurski que reina en la redacción.

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Las veces que los hermanos Kurski han coincidido en algún acto público se convierten en confrontaciones. Jacek ha bromeado a veces diciendo que Jaroslaw nunca superó el dejar de ser hijo único y asegura que reza junto a su madre por el alma del hermano mayor. Por su parte, Jaroslaw no ceja en sus ataques a la televisión pública y la baja credibilidad de sus informativos.

Más allá de lo anecdótico, que dos de los hombres con más poder mediático del país sostengan posiciones enconadamente opuestas y se dediquen a avivar el fuego del enfrentamiento desde sus respectivas trincheras ejemplifica el abismo que separa a las dos facciones sociales polacas. En las últimas elecciones municipales, el ultraconservador PiS no logró hacerse con ninguna de las grandes ciudades, pero arrasó en casi todas las pequeñas poblaciones y ciudades de medio tamaño. Con matices, se puede hablar de una polarización casi cultural de la sociedad polaca y que trasciende la ideología política.

placeholder Jaroslaw Kaczynski, líder del Partido Ley y Justicia, asiste a una sesión parlamentaria el 12 de diciembre de 2018. (Reuters)
Jaroslaw Kaczynski, líder del Partido Ley y Justicia, asiste a una sesión parlamentaria el 12 de diciembre de 2018. (Reuters)

Un país partido en dos

El gobierno de Ley y Justicia (PiS en polaco), un partido dirigido por Jaroslaw Kaczynski, ha sido acusado repetidamente de alentar y cultivar la formación de un ambiente malsano en la vida pública, permitiendo la brutalización del lenguaje y creando un contexto en el que se considera normal recurrir a la violencia para hacer política. Poco antes de ser asesinado, Adamowicz informó a la policía de que un grupo ultra había impreso y repartido esquelas con su nombre, entre otros políticos de la oposición, pero el fiscal lo consideró una mera opinión y no una amenaza. Un año antes, un grupo de encapuchados instalaba una docena de patíbulos en una plaza de Katowice, colocando la foto de diputados de la oposición a los pies de las horcas. Y pocas horas después de que el alcalde falleciese en el quirófano por las heridas del ataque, una televisión cercana al gobierno entrevistaba a un líder nacionalista que lamentaba “que por desgracia [Adamowicz] ya nunca será juzgado por sus crímenes, era un traidor a la nación”.

La televisión dirigida con mano de hierro por Jacek Kurski ha sido acusada de manipular la información relativa al ataque, como por ejemplo ocultar que el asesino justificó su crimen como venganza contra el principal partido de la oposición. En los últimos días, la cadena dirigida por Jacek Kurski, protegido personal de Kaczynski, ha continuado haciendo un uso deplorable de la información, con montajes que muestran a Donald Tusk y otros políticos contrarios al gobierno mientras la voz de un obispo ataca a “quienes quieren enriquecerse y hacer carrera por medio del odio”. Un presentador de informativos tuvo que disculparse tras referirse al caso Adamowicz con la frase “si vives de esa manera, mueres de esa manera”. La coalición PO, principal partido de la oposición, ha anunciado que sus miembros boicotearán a la TVP “por convertirse en un instrumento de propaganda”. En los kioscos, los diarios y revistas polacos parecen competir por ver quién va más lejos a la hora de provocar con sus portadas. Burdos montajes fotográficos de personalidades con uniformes nazis, calles en llamas, Donald Tusk con perros rabiosos, sacerdotes encapuchados, puños cerrados, armas, sangre y explosiones… La información queda sepultada en alguna parte de las páginas interiores, asfixiada por una cubierta macabra y columnas de opinión incendiarias.

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La batalla ideológica no solo se libra en los medios o en la arena política. Las instituciones y las figuras más prominentes del país también parecen arrastradas por una espiral de confrontación que deslegitima su papel. El primer mensaje del Presidente Duda al saber del ataque a Adamowicz comenzaba subrayando “las diferencias de criterio a la hora de dirigir los asuntos polacos” que les separaban. El día anterior de la función benéfica, las escuelas públicas de todo el país organizaban colectas parecidas para boicotear el éxito de la Wielka Orkiestra, cuyo fundador es anti PiS. El propio jefe de ese partido, Jaroslaw Kaczynski, se ausentaba del minuto de silencio mantenido en el parlamento en memoria del alcalde y decidió no asistir al funeral. En la ceremonia, Primer Ministro y Presidente tuvieron que sentarse en la quinta fila por decisión del ayuntamiento de Gdansk y de la viuda de Adamowicz, dolidos por el papel del gobierno antes y después del suceso.

Aunque desde un primer momento quedó claro que el crimen cometido por el tal Stefan, de 27 años, no tuvo una clara motivación política -en su declaración dijo, entre otras cosas, que había viajado en una nave espacial-, las reacciones, declaraciones, actos y omisiones de muchos políticos y personalidades del país han expuesto cuán profundo es el precipicio que se abre entre las dos mitades de la sociedad polaca. En una encuesta reciente, el 90% de los ciudadanos admitía un “clima de odio” en la política nacional. Las redes sociales, una tribuna propicia a la grandilocuencia, han mostrado lo mejor y lo peor de una sociedad todavía conmocionada. El director de un museo de Varsovia publicaba en Twitter la silueta de un cuchillo como el que usó el asesino de Adamowicz, contra el cual se recortaba un rostro reconocible como el de Kaczynski. Al mismo tiempo, una joven conseguía recoger en Facebook casi un millón de euros para continuar con la labor benéfica con la que colaboró el alcalde.

Polonia celebrará este año elecciones legislativas y presidenciales. También se cumplirán 15 años de su entrada en la Unión Europea, 20 de su adhesión a la OTAN, hará 30 años desde que se celebraron las primeras elecciones democráticas en 1989 y será el 80ª aniversario del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Aún resuenan los fastos que conmemoraron el año pasado sus 100 años de independencia. Pocos países han tenido una historia tan accidentada y dramática en el siglo XX. Ahora, el gran reto al que se enfrenta este país consiste en recuperar el espíritu de concordia y unidad nacional que le llevó a conquistar la democracia y dar un ejemplo al mundo en los años en que Solidaridad y Gdansk, la ciudad de Adamowicz, demostraron que los polacos son capaces de entenderse. Aunque sean dos hermanos con ideas diferentes.

El día en que le iban a matar, Pawel Adamowicz se levantó temprano para participar en un acto benéfico enormemente popular en Polonia, la llamada “Wielka Orkiestra”. El alcalde de Gdansk, un hombre extraordinariamente querido en su ciudad y reelegido seis veces consecutivas, había sufrido durante años acoso, amenazas, difamaciones e insultos no solo de grupos ultras, sino también desde la televisión pública y medios afines al gobierno. Su trágica muerte, en vez de promover la unidad contra la violencia, ha puesto al descubierto el clima de enfrentamiento que se ha instalado en la sociedad polaca en los últimos años.

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