las fraternidades femeninas de LOS CHALECOS

"Crío yo sola a tres hijos con 1.300 euros. Macron debería probar a vivir mi vida"

Las mujeres se organizan en fraternidades femeninas de chalecos amarillos para reivindicar un cambio radical en el sistema. Su mensaje: se puede hacer la revolución con diálogo y sin violencia

Foto: Ingrid, integrante de la fraternidad femenina de los chalecos amarillos, en Pérouges. (Foto: Luis Carballo)
Ingrid, integrante de la fraternidad femenina de los chalecos amarillos, en Pérouges. (Foto: Luis Carballo)

Marieke nos cita en Pérouges un domingo. El grupo de amigas con el que suele salir a manifestarse desde hace semanas ha elegido ese pequeño pueblo medieval a 50 kilómetros de Lyon por la fuerza de los símbolos. En su plaza principal se levanta un árbol centenario, un tilo plantado en 1789 -durante la Revolución Francesa- por la Libertad. “Este es el tercer árbol plantado en Francia durante la revolución”, explica Pikachu, ama de casa y empleada a tiempo parcial en una fábrica. Pikachu es su "nom de guerre". Casi todas llevan uno escrito en sus chalecos.

Se pasea con una bolsa blanca en la mano y está muy cabreada. ¿Qué hay en la bolsa? Una cabellera. La suya. “ Me he tenido que cortar la melena esta mañana por culpa de los gases lacrimógenos que lanzó ayer la policía en Lyon. Tenía el pelo enmarañado, imposible peinarlo, así que he tenido que cortármelo. No sé que ponen en los gases, pero es preocupante. Habría que investigarlo. Yo creo que han cambiado la composición, cada vez son más potentes”.

Lo de tener que raparse la melena ha sido un golpe, pero otras cosas le preocupan mucho más. Por ejemplo: que la protesta en Francia termine como el Maidán en Ucrania. Por ahora no hay muertos como resultado directo de los enfrentamientos, aunque los chalecos amarillos culpan al Gobierno de la decena de personas fallecidas en accidentes relacionados con las manifestaciones desde noviembre.

La hermandad amarilla de unas 30 mujeres rodea el tilo centenario- que se convierte esa mañana en una especie de Árbol de Guernica - y comienza a cantar primero la Marsellesa, seguida después de una canción de infancia. Su mensaje es que se puede hacer la revolución con ternura, diálogo y sin violencia.

Pikachu, ama de casa y empleada a tiempo parcial en una fábrica. (L. Carballo)
Pikachu, ama de casa y empleada a tiempo parcial en una fábrica. (L. Carballo)

“Macron, vive mi vida”

Marieke, secretaria, es hiperactiva. A la fuerza. Madre soltera, cría sola a tres hijos con menos del SMIC, el salario mínimo en Francia, que no llega a los 1.300 euros mensuales. Resume en tres frases el motivo por el que lleva dos meses enfrascada en una movilización que le ha cambiado la vida: “Macron nos está hundiendo para sacar adelante sus reformas. No digo que algunas, quizás, no sean necesarias, pero no de esta manera, no a costa de destruir a la gente. Somos humanos, no máquinas”.

En las protestas de los chalecos amarillos la lista de reivindicaciones es larga, pero también las propuestas para solucionar los problemas, como la que contó Marieke a este periodista la primera vez que coincidieron en una protesta en Lyon: “Mire, la solución es bastante simple. Yo lanzo una invitación personal al presidente Emmanuel Macron, al primer ministro, Édouard Philippe, y al ministro de Interior, Christophe Castaner, para que vengan a pasar un mes a mi casa. Les doy mi sueldo de menos de 1.300 euros y entonces entenderán muchas cosas”.

Inscripciones de su chaleco: "Manu, vive mi vida". "Madre soltera, 3 hijos, 39 horas semanales". "Libertad e Igualdad (ya no existen), solo nos queda la Fraternidad".

Marieke en la escuela de rugby. (L. Carballo)
Marieke en la escuela de rugby. (L. Carballo)

“¿Por qué Amazon no paga impuestos?"

Pikachu, ama de casa y empleada a tiempo parcial en una fábrica, va directa al grano: “Somos el país de los Derechos Humanos y aún tenemos a muchos franceses viviendo en la miseria. Es inadmisible. Ha habido otros presidentes que nos han mentido, pero Macron, además, nos trata con desprecio. Habla de democracia todo el tiempo, pero nos la está arrancando. Es el presidente de los ricos. En Francia hay de todo: ricos, pobres y los de en medio, pero él solo gobierna para los ricos”.

Añade varias quejas más, como el hecho de que se “sangre con impuestos y cargas” a las pequeñas empresas y que las grandes multinacionales, como Amazon o Google, no paguen prácticamente impuestos en Francia “con la de miles de millones que ganan. No es normal”.

"¿Para qué hacer venir a gente de otros países si no podemos tratarlos correctamente?"

Sobre la inmigración, asegura que no es racista y que no tiene nada contra los extranjeros, pero “¿para qué hacer venir a gente de otros países si no podemos tratarlos correctamente? ¿Para que acaben viviendo como ratas en la calle? No merece la pena”.

“Con tres trabajos tendré 700 euros de pensión”

Dominique, pluriempleada, es una mujer tranquila y afable, siempre sonriente. Mientras el grupo se dirige al estadio de rugby de Meximieux, cerca de Pérouges, para buscar un entrenador que les enseñe cómo hacer placajes y melés -con la idea de poder defenderse mejor de las cargas policiales- cuenta sus motivaciones. “Me uní al movimiento desde el principio, el 17 de noviembre, porque tras algunos problemas familiares me costó enormemente volver al mercado laboral. Tengo tres jefes, acumulo tres trabajos a tiempo parcial. Estoy cerca de la jubilación y ya sé que tendré una pensión de 700 euros. 700 euros netos tras haber criado a tres hijos. También me manifiesto por mis nietos, para que puedan encontrar un trabajo digno el día de mañana”.

Dominique no tiene dudas de que los chalecos amarillos seguirán en la calle hasta que el Gobierno ceda: “ La gente está con nosotros, nos animan a seguir y esa es nuestra fuerza. Ahora, lo que tenemos que conseguir es que esas personas que piensan como nosotros, pero que no vienen a manifestarse, salgan de sus casas. ¿Por qué parar ahora habiendo llegado tan lejos?”

Inscripciones en su chaleco: "Macron, dimisión" y "RIC (Referéndum de Iniciativa Ciudadana)".

Dominique, pluriempleada, posa para un retrato. (L. Carballo)
Dominique, pluriempleada, posa para un retrato. (L. Carballo)

“En Francia no vivimos, sobrevivimos”

Empieza a anochecer y el grupo se dirige hacia un terreno cerca de un peaje donde algunos chalecos amarillos organizaban un piquete desde el 17 de noviembre. El prefecto ha ordenado la evacuación y están quemando las últimas paletas de madera antes de abandonar el lugar. “Seguiremos en otro sitio, la protesta va a continuar, no vamos a ceder”, dice Sandrine, trabajadora temporal, acercando las manos a la hoguera para calmar un poco el frío del invierno.

“En Francia no vivimos, sobrevivimos. Cada vez hay más pobreza. Los políticos son todos iguales, una banda de corruptos desconectados de la realidad. Nos prometen todo en periodo de elecciones y luego se olvidan. Ya estamos hartos de mentiras”, argumenta.

Lamenta también que las conquistas sociales, que ha costado tanto tiempo conseguir, se estén esfumando a la velocidad de la luz por culpa de políticas ultraliberales: “En el trabajo cada vez te piden más, van añadiendo tareas y el sueldo es siempre el mismo o incluso menos. Antes, con Sarkozy, nos decían que había que trabajar más para ganar más. No era verdad, pero es que ahora lo que hacemos es trabajar más para ganar menos. Esto se tiene que acabar”.

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