una radiografía perfecta del fenómeno social

Claves en primera persona desde un peaje ocupado para entender qué pasa en Francia

La peor crisis política desde Mayo del 68. Un peaje ocupado desde el 17 de noviembre es una perfecta radiografía del fenómeno social que están viviendo los franceses: los chalecos amarillos

Foto: Michel, 63 años, camionero ya jubilado en el peaje del TEO de Caluire. (Koldo Byka)
Michel, 63 años, camionero ya jubilado en el peaje del TEO de Caluire. (Koldo Byka)

No hay violencia. Ni gases lacrimógenos, ni pelotas de goma. Ni hordas de vándalos destrozándolo todo a su paso. El único ruido que se escucha en el peaje del TEO de Caluire es el de los automovilistas que celebran a bocinazos no tener que pagar los dos euros preceptivos que cuesta normalmente franquear la barrera. Bueno, también se escuchan de fondo canciones en un altavoz que alguien ha instalado en el campamento en el que se ha convertido ese peaje en una de las salidas de Lyon hacia Grenoble. Y los gritos de uno de los chalecos amarillos que avisan de que las salchichas ya están a punto en la barbacoa que han improvisado en medio de la calzada. Así desde hace tres semanas.

Se dan el relevo para mantener abierta la barrera, día y noche, todos los días de la semana. El peaje es propiedad del Estado, no lo explota ninguna empresa concesionaria. La "operación peaje gratis" ya se cifra en más de 100.000 euros en pérdidas.

Este peaje es una radiografía perfecta de lo que está viviendo Francia, una protesta horizontal en la que se ven reflejados la mayoría de los franceses

Al principio eran un puñado y comunicaban por Facebook, el arma letal de esta revuelta. Ahora consiguen juntarse hasta 200 en ocasiones y el peaje se convierte en una fiesta donde hombres y mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, debaten del futuro de Francia. En casi todas las quinielas, no figura Macron. Pero el resto de políticos no salen mejor parados: "En París no tienen ni idea de cómo es el día a día de los franceses. Se han instalado en su poltrona y viven de espaldas al pueblo", dice uno de los concentrados.

Otro interviene en la conversación: "Yo viví Mayo del 68", dice Michel, 63 años, camionero ya jubilado. "Entonces el General De Gaulle tuvo que irse porque el pueblo así se lo pidió, pero se fue con la cabeza alta. Macron, como siga así, va a salir esposado. El Ejército debería detenerlo por haber traicionado a los franceses. Prometió que no tocaría las pensiones y ¿qué ha hecho? Hasta ahora, los jóvenes pagaban las jubilaciones de los mayores, ¿ahora nos cargan de impuestos a los pensionistas para crear trabajo para los jóvenes? Es una locura".

Michel, como la mayor parte de los movilizados con el símbolo del malestar en el que se ha convertido el famoso chaleco fosforescente, rechaza la violencia. "Aquí no hemos roto nada desde que lanzamos la operación. La policía hasta viene a tomar café con nosotros, cuando se les acaba el suyo en el camión que tienen ahí aparcado. No pueden manifestarse a nuestro lado, pero sabemos que en el fondo están con nosotros, porque son trabajadores como nosotros y tienen los mismos problemas. Somos gente pacífica, pero determinada. No nos moveremos hasta que el Gobierno ceda. Macron se está comportando como un dictador. No Gobierna para el pueblo, vive en otro mundo".

Una mujer se pasea en silla de ruedas por los carriles del peaje con una bandera tricolor que ondea cada vez que un automovilista saluda con la bocina como signo de aprobación. "Entiendo que haya que pagar impuestos porque hay que mantener muchos servicios en Francia, pero hay muchas tasas que no están justificadas. Y son demasiadas. La gente está harta de tantos impuestos".

(K. Byka)
(K. Byka)

Esta antigua conductora de ambulancias de 45 años tiene una invalidez permanente por un percance que la dejó en silla de ruedas. Acepta hablar conmigo porque soy español y no escribo para un medio francés. "Así, sí. Si trabajaras para un medio francés no conversaría contigo porque le dan la vuelta a todo lo que decimos o hacemos. En la televisión solo sacan a los vándalos que se pegan con la policía y rompen cosas, pero este movimiento no es eso. Es otra cosa".

Se moviliza por los derechos de los inválidos, pero no exclusivamente. También sintoniza con la protesta por una cuestión de unidad, dice. A su lado, un joven que trabaja de cocinero asiente con la cabeza y comenta entre risas: "lo único que ha hecho bien Macron es unir a los franceses. Unirnos contra él, claro".

Para ella la solución no pasa por la dimisión presidencial, no porque no lo merezca —precisa— sino porque "no hay ninguna alternativa. ¿Quién va a ocupar su puesto? No hay nadie".

Este peaje es una radiografía perfecta de lo que está viviendo Francia, una protesta horizontal en la que, por unas razones o por otras, se ven reflejados la mayoría de los franceses. Y ya no se trata solo de bajar impuestos o congelar reformas. Es una crítica al sistema. El movimiento no tiene cabezas visibles, aparte de algunos animadores en las redes sociales que canalizan el diluvio de comentarios cada día, pero ya comienzan a hablar de crear comités regionales y designar a algún tipo de "portavoces" para introducir una representación popular permanente en el Parlamento. El establecimiento de referendos es otra de las reivindicaciones más escuchadas en la larga lista de los Chalecos amarillos.

El grupo de chalecos amarillos en el peaje del TEO de Caluire. (K. Byka)
El grupo de chalecos amarillos en el peaje del TEO de Caluire. (K. Byka)

Guillaume, 26 años, es electromecánico de profesión. Confiesa que sus finales de mes no son dramáticos —a diferencia de muchos otros franceses— porque vive todavía con sus padres y no tiene hijos que mantener. "Yo no me puedo quejar, pero el problema es que si no viviera en casa de mis padres con mi sueldo no podría mudarme a un apartamento e independizarme. En Francia, los jóvenes deberíamos poder vivir de nuestro trabajo". Guillaume asiente cuando uno de sus compañeros afirma que la única solución posible ahora para cerrar la crisis es utilizar el artículo 68, inscrito en la Constitución de la Quinta República y que desde 2014 permite la destitución del presidente, en caso de haber incumplido sus deberes.

Guillaume cita el modelo islandés después de la crisis financiera de 2008. "Allí sí que han sabido montárselo bien y ese modelo sería un buen ejemplo a seguir. Aunque, es cierto que Francia no es Islandia. Allí son unos pocos millones de habitantes y aquí somos 70 millones".

Entre acordes de rap, olor a 'merguez' (chorizo fresco rojo y picante originario del Magreb) y alguna canción de Renaud (conocido cantante francés), de vez en cuando alguien se arranca a cantar la Marsellesa y el resto sigue con orgullo patrio el himno nacional. Así es esta protesta que tiene desconcertadas (y bastante asustadas) a las élites de París. Y ya hay muchos peajes como este por todo el país.

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