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Conozcan a Yair Lapid, el príncipe de… perdón, primer ministro de Israel
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El hombre de negro

Conozcan a Yair Lapid, el príncipe de… perdón, primer ministro de Israel

El nuevo primer ministro israelí gobernará el país hasta las próximas elecciones, en que intentará revalidar un asalto al poder con el que lleva años obsesionado

Foto: Yair Lapid. (Reuters/Gil Cohen-Magen)
Yair Lapid. (Reuters/Gil Cohen-Magen)

El nuevo primer ministro israelí, destinado a cubrir el interregno tras la disolución del Knesset (parlamento) por parte de Naftali Bennett y hasta las próximas elecciones generales en el país, es una figura sorprendente. Quien no vive en Israel podría pensar que este atractivo exboxeador, periodista, novelista, actor y compositor de temas musicales de éxito ha llegado a dirigir el Gobierno en una colorista carambola vital. Sin embargo, muchos de sus allegados aseguran que nada de lo que hace es por azar.

Yair Lapid nació en noviembre de 1963 con un destino sugerido, si no marcado, por la elección de su nombre. Yair quiere decir en hebreo “iluminará” y Lapid, “antorcha". Su madre es la prolífica novelista Shulamit Lapid, nacida Guiladi en Tel Aviv. Su padre, un periodista convertido en político y superviviente del Holocausto, era Yosef “Tommy” Lapid, nacido Tomislav Lampel en la ex Yugoslavia y actual Serbia.

Foto: Reunión del gabinete de Gobierno de Israel a finales de mayo. (Reuters/Gil Cohen-Magen)

Sus cercanos dicen que era un padre muy dominante. “Sufrió lo que no te puedes imaginar durante el Holocausto”, explica en entrevista con El Confidencial el colega y amigo de Yair, Henrique Cymerman. “Tommy estuvo encerrado en un armario durante un año, escondido. Ahí le traían la comida, luego desarrolló una bulimia. Sufrió mucho y seguramente no era fácil para nadie. Puso en Yair todas las esperanzas y la convicción de que lograría llevar a Israel a buen puerto”. El niño creció en el seno de una familia en la que convergían el periodismo, la literatura y la política —de derecha “light”— en unas viviendas subsidiadas en el sur de Tel Aviv. Tenía dos hermanas, una de ellas fallecería en accidente de coche.

Casi siempre famoso

No le fue bien en el colegio, por rebeldía, dificultad en el aprendizaje o ambas cosas, y no terminó la secundaria, algo en lo que sus adversarios se cebaron cuando decidió entrar en política. También incidieron en algo más grave para el ethos israelí: no fue combatiente en el Ejército.

Lapid ha ofrecido historias diferentes sobre por qué fue dispensado de combate. En ocasiones se ha referido a que fue exento de una brigada mecanizada y en otras del Ejército del aire, por asma provocado por una granada de humo o por polvo. Lo que sí es seguro es que pasó la mayor parte de su servicio militar como reportero de la revista de las Fuerzas de Defensa de Israel, 'Bamajané' ("En el campamento", en hebreo) cubriendo la primera guerra del Líbano, entre 1982 y 1984.

"Tiene don de gentes, la cámara lo quiere y el negro le sienta estupendamente"

Una vez licenciado del Ejército, continuó escribiendo en el diario más popular de entonces, 'Maariv', donde su padre era un respetado periodista y su abuelo materno uno de los fundadores. Tenía una columna semanal que comenzó a escribir a los veintipocos años y que duró 30 más, primero en aquel emblemático y familiar medio y más adelante, en su competencia, que según un colega de profesión coetáneo de Lapid, Yedioth Aharonot, además de tener mayor influencia pagaba mucho mejor. Su columna se tituló en los últimos años “¿Dónde está el dinero?”, en alusión a la corrupción y alto coste de la vida que él denunciaba y que, años más tarde, se convirtió en su eslogan político.

"Yair Lapid siempre ha sido famoso. Yo crecí viéndolo y leyéndolo", cuenta Elinor Klein, una programadora de 42 años de Tel Aviv. “En pelis, en algún anuncio de la tele, también alguna vez por la noche en algún garito. Me gustaban especialmente sus columnas, que hablaban de nuestras vidas aquí en Israel. En su 'late show' entrevistó a un montón de gente importante y creo que lo hacía muy bien. Tiene don de gentes, la cámara lo quiere y el negro le sienta estupendamente”, relata.

Foto: Reuters/Dado Ruvic

En sus apariciones televisivas semanales vestía camisa y pantalones negros. Los primeros años como conductor fueron en el ente público, donde su padre también había jugado un papel relevante. Hizo algunas incursiones en canales comerciales con formatos ligeros hasta que, en 2008, dio el salto al programa insignia de actualidad política de un canal privado, 'Ulpan Shishi' ("Estudio del viernes", en hebreo). Probablemente consciente de la imagen pública que proyectaba, —según Cymerman “de niño bonito y mimado", abrió su primer programa diciendo: “Hola, soy Yair Lapid y tengo una corbata”.

El Israel de Tel Aviv

En sus columnas, más de dos mil, escribió a lo largo de los años sobre su país. Según la descripción del periodista Anshel Pfeffer, se trataba del “Israel de Tel Aviv: laico, relajado, optimista y seguro de sí mismo”. El Israel de Jerusalén, de Nazaret o de Haifa no se parece al de Tel Aviv. Lapid transmitía en sus columnas una visión de país no acaparada ni por la derecha ni por la izquierda. Un israelismo paradigmático.

Se trata de algo que hoy en día sigue siendo un hilo conductor en su ideología política, sionismo "ni pacá ni pallá", según sus detractores, o un hombre verdaderamente de centro, según sus acólitos. Cuando en 2012 anunció su retirada del programa 'Ulpan Shishi' y de su columna semanal para presentarse a las elecciones parlamentarias parecía una consecuencia natural de sus años de actividad pública. Había creado ya un partido político llamado 'Yesh Atid' ("Hay un futuro", en hebreo, que, por coincidencia o no, rima con su apellido) y había dado profusión de charlas y seminarios por el país.

Hablaba alto y claro sobre la necesidad de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, lo que pasaba por combatir la corrupción y por incorporar a los ultraortodoxos a la activad productiva y al Ejército. Estos judíos están exentos del servicio militar obligatorio para hombres y mujeres y los varones se dedican en su mayor parte al estudio de los libros sagrados mientras las esposas trabajan. Los índices de pobreza en esa comunidad son muy altos. El legado político que dejó su padre fue su postura furibundamente anti ultraortordoxa desde el partido 'Shinui' (que en hebreo significa “Cambio”).

Foto: Uno de cada tres habitantes de Jerusalén es ultraortodoxo. (Abir Sultan / EFE)


“En cuanto Yair se presentó como candidato me dije 'a este sí que lo voto'”, cuenta Shlomi Cohen, diseñador gráfico de la ciudad de Hedera. “Lo conocía de siempre, de canciones, de la tele, del periódico. No era un militar, lo cual me parece refrescante, y hablaba de economía y sociedad, de cosas de mi día a día, y menos de seguridad y palestinos”, agrega.

El programa de 'Yesh Atid' acepta la solución de los dos Estados, pero las negociaciones con los palestinos ocupan poco espacio en la declaración de intenciones del partido. Lapid ha hablado en público, en asentamientos judíos en Cisjordania concretamente, de la necesidad de divorciarse de los palestinos, no de casarse con ellos (en crítica a la izquierda radical que propone un Estado con dos pueblos) bajo un acuerdo de separación con el que ambos puedan vivir. “Lapid apela a la clase media judía y laica”, explica el sociólogo Jerome Bourdon, “y lo hace desde su imagen agradable y conciliadora de conductor televisivo que manejaba con amabilidad su programa”.

En las elecciones de enero de 2013, Lapid salió triunfante. Su partido ganó mas de medio millón de votos lo que se tradujo en 19 escaños (en un parlamento de 120) y 'Yesh Atid' se convirtió en el segundo partido más grande tras el veterano Likud de Netanyahu. Para el público morboso, en YouTube se pueden ver los triunfos y las miserias del Lapis: desde un joven de pelo oscuro en un combate de boxeo recibiendo una soberana paliza en los años 80 hasta un extático canoso tocando la guitarra eléctrica la noche de su victoria electoral de 2013 y asegurándole a un periodista que las próximas elecciones sería el primer ministro.

Pero no lo fue. En ninguna de las cinco convocatorias de elecciones que hubo desde 2013.

El sello anticorrupción

Cuando tuvo la oportunidad en ese año de 2013 de hacer alianzas contra Netanyahu, no pactó ni con los árabes ni con los judíos ultraortodoxos, sino con el líder de otro partido nuevo, Naftali Bennett, de 'Habait Hayehudi' ("El hogar judío", en hebreo). Lo llamaron “el pacto de los hermanos” y con él obligaron a Netanyahu a meterlos a ambos en su coalición de Gobierno, desplazando a sus socios tradicionales y favoritos, los ultraortodoxos.

Foto: Carteles electorales en Bnei Brak, Israel. (Reuters: Ammar Awad)

Lapid fue nombrado ministro de Finanzas en el Gobierno de su enemigo político, algo que muchos observadores explican que probablemente sucedió por la arrogancia y hasta inocencia del primero y las ganas de perjudicarle del segundo. En uno de los ministerios más complejos de Ejecutiva y sin experiencia de gestión, Lapid duró 22 meses en el cargo y de malas maneras. No logró bajar los precios de la vivienda por oposición de su propio ministerio; subió los impuestos, aunque había dicho que no lo haría, y luego canceló la subida; hizo recortes y, al final, tampoco sus políticas laicas antiortodoxas prosperaron al no obtener el apoyo de Netanyahu. Al concluir 2014 fue despedido por su jefe, quien alegaba que Lapid y otros ministros de su partido trataron de dar un golpe desde dentro del Gobierno.

El insistente político se presentó a las elecciones de 2015 habiendo perdido un tercio de sus votantes y la oposición a Netanyahu se desmembró, permitiéndole al primer ministro ganar otra convocatoria. Por aquel entonces, parecía que Lapid trataba de congraciarse con los religiosos. Un popular programa satírico de televisión lo parodiaba con su camiseta negra usual y con kipá (gorro que usan los judíos) y tirabuzones ultraortodoxos.

Cuando el ex jefe del Ejército Benny Gantz hizo su aparición política en 2018, le disputó a Lapid los votos del centro. Se unieron en el partido Azul y Blanco en el que Lapid pasó de ser el número dos de Gantz a, tal vez, ser el número cuatro cuando el alto ex general incluyó a otros dos ex jefes del Ejército. En una de esas vueltas políticas a las que acostumbra Israel, el militar rompió su alianza con el periodista y aceptó servir en un Gobierno de Netanyahu. El partido de Lapid se mantuvo unido y organizado mientras que Azul y Blanco se desguazaba.

Foto: Reuters/Dado Ruvic

'Yesh Atid' ha sido criticado por su falta de democraci. Durante años no tuvo primarias y, cuando al fin se convocaron, nadie le hizo competencia a Lapid, quien lo gobierna en solitario. Escuchando a todo el mundo, según dicen, pero tomando solo las decisiones. Entre ellas, deshacerse muy rápidamente de cualquiera que esté tocado con alguna sospecha de corrupción. 'Mister Limpio', lo han llamado.

En la última ronda electoral de 2020 el “pacto de los hermanos” con Bennett lo llevó a orquestar la coalición política más ecléctica de la historia del país (una unión de fuerzas de ocho partidos) que desbancó a Netanyahu y lo sentó en la oposición. “Y parece que es mérito de Lapid y su habilidad mediadora el haber logrado que la extrema derecha se sentase a gobernar con la izquierda, los islamistas y el centro”, indica Bourdon.

¿Dónde está la ideología?

En el documental “Asunto: Lapid” de Eran Ben Shabat, de 2018, se escuchan voces de colaboradores y excolaboradores del primer ministro. Yoram Bauman, director de campaña de 'Yesh Atid' en 2013, dice: “Yair es centro derecha”. Shlomi Lajiani, exalcalde la ciudad de Bat Yam, afirma por su parte: “Yair es centro izquierda, más o menos”.

Con respecto al estatus de Jerusalén, Eli Moyal, exalcalde de Sderot y uno de los fundadores de 'Yesh Atid' despedido por Lapid cuando se insinuó que estaba implicado en una trama de corrupción, dice que el actual primer ministro está a favor de que Jerusalén sea completamente judía. Shai Piron, exministro de Educación de ese partido, dice que depende de qué se entienda por Jerusalén. Shlomi Lajiani, también expulsado, asegura que el político está a favor de una Jerusalén mitad israelí mitad palestina. ¿En qué quedamos?

Foto: Funeral del coronel Sayad Jhodai en Teherán. (Reuters/Majid Asgaripour)

Ronen Tsor, asesor estratégico, analiza su ideología del siguiente modo: “Yair intenta adaptarse a mí en lugar de guiarme hacia el lugar donde él considera que está el mejor futuro para el país”. Un menos benévolo Carmi Gillon, exdirector del Shin Bet (servicio de inteligencia israelí), opina que “Yair Lapid no es derecha ni centro derecha, Yair Lapid es Yair Lapid y su tendencia se mueve dependiendo de lo que le conviene en cada momento”.

“Yo creo que es la versión israelí de lo que podría ser un príncipe”, describe Cymerman. “Por todo su ser, por cómo le han ido las cosas, porque desde pequeño estuvo nominado para esto", agrega. En los próximos meses, el príncipe se presentará, desde el puesto de primer ministro, a unas nuevas elecciones, las quintas en menos de cuatro años.

El nuevo primer ministro israelí, destinado a cubrir el interregno tras la disolución del Knesset (parlamento) por parte de Naftali Bennett y hasta las próximas elecciones generales en el país, es una figura sorprendente. Quien no vive en Israel podría pensar que este atractivo exboxeador, periodista, novelista, actor y compositor de temas musicales de éxito ha llegado a dirigir el Gobierno en una colorista carambola vital. Sin embargo, muchos de sus allegados aseguran que nada de lo que hace es por azar.

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