El Gobierno de unidad nacional en Israel o el optimista juego de las sillas
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la amalgama de la coalición, el antibibismo

El Gobierno de unidad nacional en Israel o el optimista juego de las sillas

Será el Gobierno más ecléctico de la historia del país, con nueve de los 28 ministerios ocupados por mujeres. Además, por primera vez, un partido árabe forma parte de una coalición

placeholder Foto: Celebraciones en Tel Aviv por el nuevo Gobierno. (Reuters)
Celebraciones en Tel Aviv por el nuevo Gobierno. (Reuters)

Dos meses después de las elecciones generales del 23 de marzo de 2021 en Israel —las cuartas elecciones generales del país en cuatro años—, Yair Lapid, líder del partido Yesh Atid ('Hay un futuro', en hebreo), anunció que, efectivamente, parece que hay futuro después de 12 años de Gobierno de Benjamin Netanyahu.

El nuevo Gobierno Bennett-Lapid ganó este domingo el voto de confianza de la Knéset (el Parlamento israelí) con 60 votos a favor, 59 en contra y una abstención.

La coalición que Lapid ha logrado formar tiene el apoyo de ocho de los 13 partidos que lograron escaños en la Knéset número 24. Este será el Gobierno más ecléctico de la historia del país, con 28 ministerios, nueve de los cuales los ocuparán mujeres, lo cual constituye otro récord. Además, hay otro tercer elemento que lo hace único: por primera vez, un partido árabe forma parte de una coalición.

Foto: Foto de archivo del primer ministro israelí en funciones, Benjamín Netanyahu (Reuters)

Lapid será el ministro de Exteriores en los dos primeros años de Gobierno, mientras que el líder de Azul y Blanco, Benny Gantz, continuará como ministro de Defensa; el Ministerio de Economía será dirigido por Avigdor Liberman, del partido nacionalista laico Hogar Judío; el líder de Nueva Esperanza, exprotegido de Netanyahu, Guideon Sa’ar, será ministro de Justicia; Ayelet Shaked, de Yamina, será ministra del Interior; la líder del partido Laborista, Merav Michaeli, será ministra de Transporte, y su colega de partido, Omer Barlev, será el ministro de Seguridad Pública. El líder del partido pacifista de izquierda Meretz, Nitzan Horowitz, será nombrado ministro de Sanidad, y su colega de partido, Tamar Zandberg, será ministra de Medio Ambiente.

Con esta distribución de carteras, Yesh Atid tendrá cuatro ministerios, Yamina con tres, las formaciones de Nueva Esperanza y Azul y Blanco contarán con cuatro cada uno, mientras que Israel Nuestro Hogar, Laboristas y Meretz tendrán tres cada uno. El partido islamista Ra’am obtendrá un puesto en el viceministerio en la oficina del primer ministro, una presidencia en el comité del Interior del Parlamento, una vicepresidencia del Parlamento y una presidencia en el comité de Asuntos Árabes en la Knéset.

Primer ministro con solideo

Y toda esa mezcolanza será comandada durante los dos primeros años de Gobierno por el primer ministro religioso con solideo quien, además, es el primero en ocupar el cargo como líder de la menor formación de la coalición, con solo uno de sus siete escaños votando en contra del nuevo Gobierno.

Bennet, de 49 años, es el segundo mandatario del país más joven: el anterior fue Netanyahu, quien accedió al cargo en 1996 con 46 años.

placeholder Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Al pasar junto a su exvalido, el ahora ex primer ministro le dio la mano en un gesto de pacífica transición, pocos minutos después de que Netanyahu increpara a Bennett desde el podio parlamentario llamándolo “fraude” y acusándole de ser incapaz de gobernar, y después de que el banco del Likud (el partido de Netanyahu) interrumpiera en innumerables ocasiones el discurso del nuevo primer ministro cuando intentaba describir los planes de su Ejecutivo.

Balcones y ventanas de Tel Aviv y otras ciudades del país lucen desde hace meses carteles en los que se leía el ánimo de muchos israelíes: 'Crime minister', 'suéltalo', 'vete' y otras variantes. Y los jóvenes que este año se incorporan al Ejército o, como se considera en Israel, dejan de ser menores de edad, nunca han experimentado un país en el que el primer ministro no fuera Netanyahu.

“Es muy raro. He crecido con la coletilla de ‘primer ministro Netanyahu’ y me cuesta pensar que el título pueda acabar con otro nombre”, dijo Noga Shaul, de 18 años, quien se acercó a la plaza Rabin de Tel Aviv para celebrar junto a sus padres y hermanos el destronamiento del conocido también como Rey Bibi (apelativo de Netanyahu).

Foto: El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. (EFE)

El Gobierno autodesignado como “del cambio” pretende llevar a cabo una reforma electoral y no permitir que un primer ministro ocupe el cargo más de ocho años o dos términos (si bien las legislaturas de cuatro años en Israel sobreviven un promedio de dos años y medio). Pretende aprobar un prepuesto del Estado rápidamente, tras dos años de estancamiento político, aumentar la construcción en Jerusalén, aumentar considerablemente los fondos para las comunidades árabes, avanzar en reformas judiciales y evitar que Bennett se enroque en el Gobierno.

"Nos enfrentamos a un desafío interno, la brecha que está desgarrando a nuestra gente, que podemos ver aquí ahora mismo”, dijo Bennett en su discurso frente a los parlamentarios antes de la votación, mientras legisladores y legisladoras de la derecha, principalmente del Likud y los ultraderechistas de Sionismo Religioso, lo llamaban “criminal” y “roba votos”.

"Nos enfrentamos a un desafío interno, la brecha que está desgarrando a nuestra gente"

“Esta brecha nos ha llevado a un torbellino de odio y disputas intestinas”, agregó. "Hemos perdido nuestro hogar nacional dos veces en nuestra historia: la destrucción del primer y segundo templo, exactamente porque los líderes de aquellas generaciones no pudieron sentarse juntos y ceder", dijo Bennett, gritando para ser escuchado por los abucheos de la coalición de Netanyahu.

El acuerdo del Ejecutivo busca también como objetivo detener la violencia en las comunidades árabes, mejorar sustancialmente el transporte público en esas áreas, reconocer a las comunidades beduinas del sur que ningún Gobierno israelí ha reconocido hasta ahora, reformar el sistema educativo para que los alumnos estudien materias troncales obligatorias, como matemáticas e inglés (expreso deseo de Liberman), y regular que los jóvenes ultraortodoxos también vayan al Ejército, como el resto de la población (también intención de Liberman).

Según el acuerdo de coalición, ningún otro partido podrá unirse a la coalición sin que tanto Bennett como Lapid estén de acuerdo.

El verdadero arquitecto del nuevo Gobierno: Bibi

El elemento que amalgama las diversas voces del nuevo Gobierno es Benjamin Netanyahu, o, más bien, el antibibismo y, en opinión del profesor de Relaciones Internacionales, Arieh Kacowicz, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, “si Netanyahu va a seguir como jefe de la oposición, ese será el pegamento que los mantenga unidos, porque su razón de ser es estar en su contra. Y, si Netanyahu se hace a un lado, imagino que habría menos motivación para continuar en la lucha por parte de Bennett y Sa’ar”, explicó a El Confidencial.

Kacowicz no acaba de creerse que vaya a haber un Gobierno sin los ultraortodoxos, históricamente aliados tanto de gobiernos de derechas como de izquierdas, y considera que la coalición tiene suficientes “ganas de tener éxito y se llevan razonablemente bien como para que esto sobreviva”.

Menos optimista es Alberto Spectorovsky, politólogo de la Universidad de Tel Aviv: “No creo que aguante mucho, por ahora tienen un interés común que es dejar a Netanyahu atrás, pero van a empezar los problemas inmediatamente”, dijo a El Confidencial.

Foto: El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. (Reuters)

“Casi todos son muy buena gente y quieren trabajar juntos, y Lapid se ha comportado como un verdadero líder, generoso. Pero los problemas que enfrentan son complicados”, añadió.

Spectorovsky diagnosticó que, “ante cualquier conflicto, los votantes de Bennett van a reaccionar mal y la presión de los votantes puede ser dura”. Principalmente para una persona como Bennett, quien algunos analistas señalan que lo que le pierde es el desear ser estimado, por encima de todo.

El temor es que el Gobierno, para tener éxito, deba ser un Ejecutivo inmovilista y que no emprenda nada verdaderamente arriesgado. Por ejemplo, no mencionar demasiado a los palestinos. Sin embargo, los partidos de derecha acusan al nuevo Gobierno de ser de izquierda y los de izquierda que no han votado a favor, como la Lista Árabe, lo acusan de ser de derechas.

Signo de normalidad, tras muchos escollos

“El cambio de gobierno en un país es algo normal, pero algo que no se estaba ejerciendo en este país hacía tiempo”, dijo Yoray Lahav Hertzanu, parlamentario de Yesh Atid a El Confidencial, y al ser preguntado sobre cómo creía que podría convivir con ideologías tan dispares en esta legislatura respondió que, en su opinión, “la mayoría de los israelíes están de acuerdo en el 80% de las cosas, sobre el cambio climático, la economía, la salud, la educación”.

Al igual que el ministro de Defensa de Netanyahu y del nuevo Gobierno, Benny Gantz, Hertzanu señaló que el nuevo talante político será “discreto, no de amores y de odios, de enemigos o amigos, como el Gobierno anterior. Nosotros salimos a esta aventura con la vista puesta en lo que nos une, no lo que nos distingue”, agregó.

Lapid, descrito por Kacowicz, “ha demostrado ser el adulto responsable en toda esta jugada política, organizando el cambio y no imponiéndose, es un boxeador (lo fue durante un tiempo), pero ha demostrado ser un corredor de fondo también”.

Durante la carrera a contrarreloj de acuerdos, desacuerdos, idas y venidas entre los negociadores antes de que culminara con la votación parlamentaria, el discurso periodístico y en redes contra la formación en ciernes llegó a límites de violencia tal que el servicio de seguridad interior tuvo que advertir que “alguien podría salir dañado si no se detenía en seco”.

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Foto: Reuters.

Uno de los hijos de Netanyahu, Yair, conocido por sus exabruptos en redes sociales, fue censurado temporalmente de todas las redes, mientras parlamentarios y parlamentarias recibían amenazas por escrito, pero también físicas.

Guideon Sa’ar, ministro de Justicia y exprotegido de Netanyahu, fue el quinto parlamentario en recibir seguridad extra. Los otros cuatro son del partido Yamina: el propio Bennett, Ayele Shaked, Idit Silman y Nir Orbach. Todos ellos amenazados por partidarios de Netanyahu.

También Tamar Zandberg recibió amenazas, contra ella misma y su bebé, y tuvo que salir de su casa corriendo cuando varios manifestantes se reunieron en su portal, en Tel Aviv.

La noche de la ratificación de la Knéset en Jerusalén se reunieron cientos de personas a rezar frente al Muro de las Lamentaciones para que no se aprobase el nuevo Gobierno, mientras que en Tel Aviv miles cantaban y bailaban en la plaza Rabin, con el edificio del ayuntamiento encendido con los colores y la estrella de David de la bandera israelí. “Si el nuevo Gobierno funcionase, sería una buena cosa, pero siento que es demasiado bueno para ser cierto”, aseguraba Spectorovsky.

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