¿A qué sabe la frustración? Un raro helado para digerir las terceras elecciones de Israel
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Ben&Jerry's busca un sabor electoral

¿A qué sabe la frustración? Un raro helado para digerir las terceras elecciones de Israel

Cuando dos israelíes se encuentran dos veces seguidas de manera casual, uno de ellos suele exclamar: “La tercera vez, ¡helado!”. Algo similar ocurre con las elecciones de marzo en Israel

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¿A qué sabe la frustración? Un raro helado para digerir las terceras elecciones de Israel

El próximo lunes, los israelíes acudirán por tercera vez a las urnas en menos de un año. Y nada refleja mejor el hastío ciudadano por el bloqueo político -tras dos fallidos intentos por formar gobierno desde abril de 2019- que la insólita iniciativa de la compañía de helados Ben&Jerry’s para encontrar un sabor hecho a la medida de las elecciones generales del 2 de marzo. Con una foto de un bote de helado silueteado en sombra, la empresa lanzó este desafío en sus redes sociales: “Con motivo de las próximas elecciones vamos a crear un nuevo sabor llamado ‘La tercera vez, helado’, pero no acabamos de decidir qué poner en él, ¿ideas?”.

Esta atracción publicitaria tiene su explicación. Cuando los israelíes se encuentran dos veces seguidas de manera casual, uno de ellos suele exclamar: “La tercera vez, ¡helado!”, cuyo significado es: ‘¡que me compres un helado la próxima vez que nos encontremos!’. De ahí el inexportable nombre que llevará el dulce.

Cientos de personas respondieron al llamado de la compañía. Las peticiones van desde buscar un sabor que refleje la identidad nacional a tratar de ponerle gusto a los sentimientos encontrados que vive el país, atrapado en un ciclo electoral que parece no tener fin. Los más identitarios prefieren un helado de 'zaatar', una mezcla de especias muy popular en Oriente Medio, generalmente compuesta de hisopo, zumaque, semillas de sésamo y sal. Algunos proponen sabor a 'bamba', que es la golosina salada más popular del país hecha de cacahuete, y bastantes apuestan por la vainilla con arándanos imitando los colores de la bandera israelí.

Otros fueron más directos a la hora de imaginar sabores metáfora que dejen claro su hartazgo por el estancamiento político. “A ver si pueden encontrarle sabor a la desesperación y a la frustración” o tiene que ser algo que deje un sabor amargo al final”, eran algunas de las sugerencias. Esta última era un dardo envenenado hacia el primer ministro, Benjamin Netanyahu, acusado en noviembre de cohecho, fraude y abuso de confianza y quien no ha logrado formar gobierno en dos ocasiones. Ahora está a la espera de juicio y es el primer mandatario a concurrir a unas elecciones con un procedimiento judicial en marcha.

Polvo y piedras

Algunos incluso fueron más allá y recomiendan sabores que incluyan polvo y piedras, mientras que otros aconsejan un helado con gusto a champán coronado con chocolatinas en forma de pequeños puros, en referencia a una de las acusaciones contra Netanyahu; la de haber hecho favores a magnates a cambio de regalos por valor de miles de euros en forma de puros y champán rosa, el favorito de su esposa Sara.

“Yo escribí que me gustaría que fuera un helado con sabor a café, para mantenernos despiertos y actuar rápido para formar la coalición”, explica la analista política Rachel Leghziel. Y agrega: “Con dulce de leche para negociar desde la dulzura y la buena voluntad y no usando el discurso del odio. También le pondría vainilla, que me sabe a neutralidad, a ceder de mi ideología para dar lugar a los intereses de los otros y por encima colocaría unos duces de colores, para entender la diversidad de este país y la necesidad tratar de representar a todo el mundo".

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Leghziel confesó que su aportación a la consulta popular de Ben&Jerry’s era más bien un consejo biempensante para contrarrestar lo del polvo y las piedras ante el comprensible cansancio del público israelí. “Yo decidí no darle sabor a una emoción ni de buscar un sabor auténticamente israelí, sino de intentar darle un punto práctico y no hablar de la podredumbre ni del estancamiento”, apuntó. Éstos dos últimos parecen ser los adjetivos que los comentaristas políticos han convertido en los más auténticamente israelíes en estos momentos.

Pragmatismo contra podredumbre

Las últimas encuestas de intención de voto ofrecen los mismos resultados de las pasadas elecciones, un casi empate técnico entre el Likud, partido del actual primer ministro, y Azul y Blanco, encabezado por el exjefe del Ejército Benny Gantz, de centro. Más de centro derecha que de izquierda, pero con reputación de centro izquierda.

“Solo habrá un cambio radical si Bibi (como se conoce popularmente a Netanyahu) sale de la contienda”, asegura la analista. Y, por ahora, nada apunta a que lo vaya a hacer. Los procedimientos legales contra él podrán tomar varios años hasta resolverse.

En estas circunstancias Avigdor Liberman, líder del partido nacionalista Israel Nuestro Hogar, sigue siendo la clave de la gobernabilidad, así como fue la clave del desgobierno cuando abandonó la coalición por no apoyar la tradicional política israelí de eximir a los ultraortodoxos del servicio militar obligatorio.

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En opinión de muchos, Liberman está jugando un papel de obstrucción. Tal vez porque sea un purista y su ideología le impide ser flexible. El político ha reiterado que nunca se sentará en un Ejecutivo con ultraortodoxos ni con los árabes israelíes de la Lista Unida, que en esta ocasión puede que alcancen el número sin precedentes de 15 escaños y vuelvan a ser la tercera fuerza- o tal vez porque su personalidad le empuja a querer ser el custodio del consenso.

Sea por el motivo que fuera, la analista critica su falta de pragmatismo: “Sabemos que en Israel sin pragmatismo no funcionan las cosas. Todos los primeros ministros han sido prácticos para poder avanzar; Beguin, de la derecha, devolvió el Sinai, Ben Gurión, de la izquierda, pactaba con los ultraortodoxos. Este es un país demasiado diverso como para no ser pragmático”, opinó Legzhiel.

Tal vez en la sucursal israelí de Ben&Jerry’s deban afanarse ahora en buscarle un sabor al pragmatismo político, ese que supedita las decisiones políticas e ideológicas a sus efectos prácticos. Es decir, “lo bueno es lo que funciona”. ¿Será un simple helado de vainilla?

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