Cuando las elecciones ya no son cuestión de ideología: bucle electoral infinito en Israel
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Cuartas elecciones en dos años

Cuando las elecciones ya no son cuestión de ideología: bucle electoral infinito en Israel

Por cuarta vez en dos años los israelíes van a votar en un caso agudo de hiperdemocracia, dicen unos, o de ausencia de ideología y prevalencia del interés personal, según otros

placeholder Foto: Carteles electorales en Bnei Brak, Israel. (Reuters: Ammar Awad)
Carteles electorales en Bnei Brak, Israel. (Reuters: Ammar Awad)

"Parece que Bibi puede ganar de nuevo, y es seguro que la coalición, que sin duda necesitará, se hunda y se pasen semanas histéricos intentando llegar a acuerdos, y de nuevo tengamos elecciones generales. ¡Estamos metidos en un bucle infinito!", lamenta Liron Giora, una profesora de yoga de Tel Aviv. Es el sentir general de Israel, que se enfrenta a sus cuartos comicios en menos de dos años sin esperar una solución al embrollo político, con el actual primer ministro, Benjamín Netanyahu, en el centro del debate tras haber sido encausado por corrupción.

Foto: El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, recibe una vacuna. (EFE)

Las tres últimas convocatorias electorales acabaron de manera no concluyente, porque ningún candidato consiguió la mayoría parlamentaria necesaria para formar gobierno. El estancamiento permitió a Netanyahu, líder del partido conservador Likud, pactar con su oponente Benny Gantz, del centrista Azul y Blanco, tras los últimos comicios, y formar por fin una incómoda coalición, que apenas sobrevivió siete meses.

Aunque de no haberse producido el país habría estado abocado de nuevo a elecciones por cuarta vez, este pacto provocó una importante decepción entre gran parte de los votantes de Azul y Blanco (llamado también "partido de los generales", ya que tres de sus líderes son exmilitares): después de todo, la promesa que alzó al partido, dirigido por un grupo con poca o nula experiencia política y de todos los colores y sabores del espectro político, era la de sacar a Netanyahu del poder. "Sucede que en Israel se crean partidos políticos con fines puntuales y pragmáticos", explica la politóloga Rajel Leghziel. “De hecho, Israel dejó de votar ideológicamente desde que Bibi (apelativo de Netanyahu) está en el poder, hace once años. Él se encargó de que eso sucediera”.

Partidos exprés

Ejemplo de pragmatismo de partido fue Kadima, creado por Ariel Sharon en 2005, primer ministro en aquel entonces y miembro veterano del Likud, para que el parlamento aprobase la desconexión unilateral de Gaza (el desalojo de los asentamientos judíos en territorio palestino).

La disolución ideológica permite esta flexibilidad política y que los votantes fluctúen de un partido a otro según las circunstancias, y los gráficos que presentan los telediarios y periódicos todos los días de esta campaña electoral con dos bloques el "pro-Bibi" y el "anti-Bibi", es un ejemplo exacerbado de esa tendencia.

Foto: Merav Michaeli. (Cedida)

“Aunque es un modo muy superficial de exponerlo”, señala el profesor Arieh Kacowicz, del departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Hebrea de Jerusalén. “No es solo el voto a Bibi, como culto a su personalidad, sino a lo él que representa, y lo que representa él es el fin de Israel como Estado de derecho. Lo que se va a votar esta vez es a favor de la democracia liberal o a favor de la democracia populista que va hacia el autoritarismo”, sostiene.

Política de la identidad

La diversa demografía israelí también es un factor en las elecciones, y los juegos de politica de identidad cobran fuerza: por ejemplo, el partido ultraortodoxo se dividió en el pasado, y de ser portavoz exclusivo de los judíos más ortodoxos de origen de Europa central y oriental, askenazíes, se ha creado otro partido para representar en exclusiva a los ultraortodoxos sefardíes y mizrajíes, judíos de países árabes.

“Yo voto a la Lista Árabe Unida por motivos evidentes”, dice Abdul Ayube, árabe israelí (palestino cuyos padres se quedaron dentro de las fronteras de Israel tras la guerra de independencia de 1948). “No estoy de acuerdo con todo lo que hacen, porque al fin y al cabo son una coalición de partidos árabes de diferente tendencia, pero me representan como árabe israelí”.

Foto: Mapa de la "solución" de dos Estados en el Plan de Paz de Trump. (Casa Blanca)

El concepto de “política de la identidad”, como actividad o teoría política de quienes comparten experiencias de injusticia, no se organiza solo alrededor de sistemas de creencias o programas políticos, sino que aspira a asegurar la libertad política de una porción de la población que está marginada.

“Voto a Merav Michaeli en estas elecciones”, cuenta Rivka N., abogada ultraorodoxa. “No había votado antes a los socialistas, pero no puedo no votar a la primera política que se refiere a mí, a mis hijas y a mis hermanas, porque tanto ella como nosotras pertenecemos al mismo grupo: mujeres”. Leghziel diagnosticó que, en Israel, pero no solo aquí, la política está viviendo un cambio importante: “La gente vota por la persona, por la cara del político, no por su ideología. Si Trump ganó en Estados Unidos, es que todo es posible con 'marketing' y 'branding'”, señaló.

¿Qué programa?

En un contexto desideologizado y en el que manda la política identitaria y emocional, en el que se han efectuado tres elecciones generales millonarias (ahora viene la cuarta) en una época de crisis sanitaria y económica, no es sorprendente que concurran, por ejemplo, tres partidos de derechas que abogan por lo mismo: Likud, Yamina y Nueva Esperanza. “Quieren lo mismo, dicen lo mismo políticamente, pero no se ponen de acuerdo, por una cuestión de personalidad según entiendo yo, de egos”, señala la politóloga.

Leghziel no habla de programas políticos a propósito: “Hace tiempo que no hay programas, hablan de ‘proyectos’. Los ministros piden presupuestos y prometen que harán algo con ellos”, en un deje muy israelí de ‘todo irá bien, dejádmelo a mí’ y sin dar demasiadas explicaciones.

Foto: El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en un asentamiento israelí en Cisjordania. (Reuters)

En realidad, partidos con ideología, según la analista, son solo Meretz, pacifista de izquierdas, y Hatsionut Hadatit (sionismo religioso, en hebreo), sionista y ultraortodoxo, “pero ambos son marginales”, señaló.

Y según Kacowicz, el conflicto entre derecha e izquierda no tiene sentido en estas elecciones. La izquierda israelí ha sufrido tal declive que, desde hace una década, en cada convocatoria electoral los partidos tienen a sus votantes en vilo con la duda de si pasarán o no pasarán el umbral electoral (un 3,25% de los votos emitidos).

Supervivencia política

Para Netanyahu, de nuevo se trata de una lucha por su supervivencia política; está encausado por soborno, fraude y ruptura de confianza, cargos que él niega, y muchos analistas apuntan que el cálculo legal y político del mandatario es que será más fácil plantar cara a su caso en los tribunales desde la oficina de primer ministro que desde cualquier otro lugar.

Por eso la apreciación generalizada de que el bucle formación de gobierno de coalición / ruptura de coalición / elecciones anticipadas, puede ser infinito, si es, como parece, “que Netanyahu está decidido a llevar al país a una elección tras otra para permanecer en el puesto”, en palabras de Arieh Kacowicz.

Propaganda electoral del partido Azul y Blanco.

Sin embargo, las audiencias judiciales por su caso por corrupción están previstas para el 5 de abril, y es una incógnita el efecto mediático que tendrán y el impacto en su electorado.

Mientras tanto, los palestinos han desaparecido de la política, así como la ideología, “y hasta que no llegue un presidente de Estados Unidos y nos recuerde las negociaciones de paz, no se hará nada”, ironiza Leghziel.

Sin embargo, el profesor Kacowic, pragmático y optimista, propone su receta para la salida del circuito cerrado: “Si se repite el punto muerto tras las elecciones debería formarse una coalición paradójica, con todos los partidos, Bennett (Yamina, derecha), Saar (ex Likud líder de nuevo partido Nueva Esperanza), los árabes, Lapid (del centrista Yesh Atid), Liberman (nacionalista de Israel Nuestro Hogar)… todos, sentarse como cardenales y llegar a un acuerdo. Es difícil pero no imposible. Tomar decisiones económicas y devolver al país a la normalidad”.

Benjamin Netanyahu