Sánchez ya en Nueva York a la caza del "sector privado americano" para "recuperar la economía"
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Una visita estrictamente económica

Sánchez ya en Nueva York a la caza del "sector privado americano" para "recuperar la economía"

Con el paseo de 29 segundos con Biden todavía en la memoria, Sánchez ha iniciado este miércoles una visita de tres días a EEUU sin ningún encuentro político

placeholder Foto: Joe Biden y Pedro Sánchez, durante su breve encuentro en la reciente cumbre de la OTAN. (Mediaset)
Joe Biden y Pedro Sánchez, durante su breve encuentro en la reciente cumbre de la OTAN. (Mediaset)

Una vez conocí a Pedro Sánchez en Nueva York. Fue poco antes de la moción de censura. Una amiga que estudiaba en la universidad NYU me dijo que el líder del PSOE venía a dar una charla sobre la inmigración en la Unión Europea. Creí que mis colegas corresponsales estarían ahí blandiendo sus grabadoras como si fueran tizones al rojo vivo. Pero no. Sánchez había venido de incógnito. El líder que salía a diario en las portadas españolas, inspirando todo tipo de análisis y emociones, no tenía ni un asesor, ni un amigo que lo acompañase. Solo una mochila negra donde seguramente llevaba una o dos mudas mal dobladas. Cuando acabó de leer su Power Point, en un aula pequeña, nos vio cara de ibéricos y nos vino a hablar de la situación en Cataluña.

Esta anécdota no va de Pedro Sánchez, sino de Nueva York. En esta pecera hay muchos peces, lo cual hace que todos parezcan pequeños. No queda otra. Las grandes fortunas y personalidades son tan numerosas que se compensan entre sí, generando una especie de humildad general, de rebaja de quilates de la fama.

Con los viajes oficiales a Estados Unidos ocurre un poco lo mismo. Hay muchos peces en esa pecera. La atención del César es el bien más preciado del mundo y la cola para almorzar con él o sacarse una foto en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca es muy larga. La competición es feroz. Y ninguna de las grandes prioridades de Joe Biden, empezando por Asia-Pacífico y Oriente Medio, pasa cerca de España.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), junto al mandatario de Estados Unidos, Joe Biden. (EFE) Opinión

Así que, con el paseo de 29 segundos en el que Sánchez se arrimó a Biden durante un inciso de la cumbre del G20 todavía titilando en las retinas españolas, fuentes de Moncloa han destacado la naturaleza estrictamente económica del viaje del presidente del Gobierno a Estados Unidos. Ni siquiera han intentado cerrar, han dicho, ningún encuentro político, ni Sánchez visitará Washington DC.

"Estamos definiendo nuestra hoja de ruta para recuperar la economía y necesitamos tener al sector privado americano a bordo, y por eso estamos aquí", ha afirmado Sánchez en la primera parada de su jornada neoyorquina -la primera de tres días de gira económica por EEUU-, una entrevista en directo en el programa 'Morning Joe' en el canal MSNBC. "En España y en Europa estamos viviendo un momentum después de la pandemia. Tenemos los fondos europeos y las inversiones públicas para hacer más verde nuestra economía, digitalizarla, modernizar el sistema educativo, y por eso buscamos aumentar las inversiones privadas en España", ha añadido.

placeholder Pedro Sánchez y Biden, en el famoso paseo en la OTAN. (EFE)
Pedro Sánchez y Biden, en el famoso paseo en la OTAN. (EFE)

Según Moncloa, el acento económico del periplo el presidente por Nueva York, Los Ángeles y San Francisco obedece a la coyuntura actual de España. El Ecofin acaba de aprobar la primera remesa del plan de recuperación del Gobierno de Sánchez, que recibirá un anticipo de 9.000 millones de euros para empezar a reflotar y modernizar la economía española después del batacazo causado por el covid. El objetivo del socialista en este viaje es abrir puertas a las empresas españolas y convencer a las corporaciones estadounidenses de que inviertan en distintos sectores de nuestro país. Unos sectores a punto de ser regados con esos 72.000 millones de euros europeos.

A lo largo de la jornada del miércoles se reunirá con representantes de 12 bancos y fondos de inversión, incluidos JP Morgan, Goldman Sachs, Bridgewater y Soros Fund Management, almorzará con el magnate y exalcalde de la ciudad, Michael Bloomberg, y visitará al CEO de BlackRock, Larry Fink, en sus oficinas. Por la tarde acudirá a un coloquio organizado por la agencia Reuters en la sede del Instituto Cervantes y terminará el día inaugurando la nueva sede de la Oficina Económica y Comercial de España, en el edificio Chrysler.

El presidente volará después a Los Ángeles, donde mañana jueves visitará el Jet Propulsion Laboratory, de la NASA, y se reunirá con los consejeros delegados de Netflix, HBO, Disney, Warner y Activision. Su agenda, que terminará con un evento en los estudios NBC Universal, incluye un discurso sobre el español en EEUU, en la universidad UCLA, y la inauguración del Instituto Cervantes de Los Ángeles.

El mundo audiovisual es una de las apuestas del presidente en este viaje. En abril, Netflix anunció que duplicaría la capacidad de su centro de producción en Tres Cantos, en Madrid. La empresa californiana pasará de tener 5 a 10 platós y ampliará también las oficinas de post-producción. Una manera de demostrar, según el vicepresidente de contenidos de Netflix España, Diego Ábalos, el “compromiso con la ficción española”. No está claro, por otra parte, si Pedro Sánchez recriminará a Netflix, como hizo en 2019, que pague bajos impuestos en España.

El tercer y último día de la gira, el viernes, Sánchez estará en San Francisco, donde visitará a la inexpugnable sede de Apple, en Cupertino, y se reunirá con su CEO, Tim Cook, a quien ya había recibido hace tres años en la Moncloa. Luego almorzará con los consejeros delegados de Intel, Qualcomm, PayPal, Levi's y Microsoft, entre otras firmas, dará una entrevista a Bloomberg, se reunirá con emprendedores españoles en el campus de HP y participará en un acto organizado por AmCham Spain.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con el CEO de Apple, Tim Cook, en su visita a España en 2018. (EFE)

La agenda puede ser parte de un golpe de mano del Gobierno español, interesado en dejar atrás los recios ánimos de los meses de pandemia y su controvertida decisión de indultar a los presos del independentismo catalán. Un cambio de relato o de perspectiva, al que también pertenecería su reciente remodelación del gabinete, hacia los terrenos más verdes de la economía. Hay en el aire de este viaje un convencimiento de que la aparente superación del covid, al menos en los países ricos, está abriendo una etapa nueva en la que conviene posicionarse rápido.

El presidente estará acompañado de los responsables de cinco startups españolas consolidadas y de la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, que llegó unos días antes para allanar el terreno y ocuparse de otras prioridades de España. El lunes, Maroto se reunió en Pittsburgh con ejecutivos de la alumínica Alcoa, que tiene una planta en la provincia de Lugo, y el martes con la secretaria de Comercio estadounidense, Gina Raimondo, y la representante comercial, Katherine Chi Tai. Entre otros asuntos, la española trasladó a la necesidad de que EEUU actúe con “reciprocidad” y permita viajar desde la UE sin restricciones a los vacunados.

Hay en el aire de este viaje un convencimiento de que la aparente superación del covid, al menos en los países ricos, está abriendo una etapa nueva en la que conviene posicionarse rápido.

También irán con Sánchez varios periodistas españoles. Pese a que el mandatario tiene planeadas entrevistas con medios estadounidenses, a la hora de escribir estas líneas no había ningún encuentro pactado con los reporteros de España. Puede que suceda como les sucedió a los periodistas norteamericanos que acompañaron a Biden durante su gira europea: que terminaron enterándose de los contenidos de la reunión de Biden y Recep Tayyip Erdogan gracias a los tuits del Gobierno de Turquía.

Después de asistir a su charla de inmigración en la NYU, en 2018, donde el entonces candidato socialista parecía un profesor asociado más haciendo su ponencia, volví a ver a Pedro Sánchez ese otoño. Su moción de censura había rasgado las frágiles alianzas políticas de la España pentapartita y la situación era distinta. En la Residencia del Embajador de España ante la ONU, el bien más preciado era la atención del presidente. La competencia era feroz. Afuera, en las señoriales calles del Upper East Side, la vida continuaba en la gran pecera neoyorquina.

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