"¿Estos quiénes son?": cómo 27 desconocidos sin Twitter van a cambiar la historia de Chile
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"¿Estos quiénes son?": cómo 27 desconocidos sin Twitter van a cambiar la historia de Chile

Una lista de candidatos invisible para las encuestas tendrá un papel clave en la nueva Constitución chilena. El Confidencial entrevista a Claudia Heiss, experta en la política del país, para entender las claves del proceso

placeholder Foto: Miles de personas se manifiestan durante una protesta en plaza Italia en contra del Gobierno de Sebastián Piñera, en Santiago, el 16 de octubre de 2020. (EFE)
Miles de personas se manifiestan durante una protesta en plaza Italia en contra del Gobierno de Sebastián Piñera, en Santiago, el 16 de octubre de 2020. (EFE)

A mediados del pasado mes de marzo, Tres Quintos, una de las consultoras políticas más prestigiosas de Chile, publicaba tres pronósticos distintos para las inminentes elecciones constituyentes del país, en las cuales se seleccionaría a los redactores de la nueva Constitución. Las diferentes proyecciones sobre el reparto de 155 escaños entre las principales listas electorales escondían una única similitud que, para la gran mayoría, pasó desapercibida, un pequeño nombre situado siempre en último lugar y acompañado en todas las iteraciones por un mismo cero: “Del Pueblo”. Tres meses después, ese cero se convertiría en un 27 y esa relativamente desconocida lista, en la tercera más votada del país.

El proceso constituyente chileno es, por varios motivos, único en el mundo. Entre otros factores, por su estricta paridad de género —77 mujeres y 78 hombres—, por su inclusión obligatoria de 17 representantes de pueblos indígenas —un 11% de los escaños, aproximadamente el mismo porcentaje de la población que procede de poblaciones originarias— y por su surgimiento de un proceso revolucionario —el estallido social de 2019, una ola de protestas que forzó la mano del Gobierno—. Pero, ante todo, el proyecto de la nueva Constitución de Chile va a estar marcado por la enorme cantidad de redactores procedentes de listas independientes: 48, un tercio del total. Una mayoría de ellos se encuentran aglomerados en La Lista del Pueblo, un movimiento político izquierdista que defiende un Estado ambientalista, igualitario y participativo.

Foto: Trabajadores electorales cuentan votos en Valparaíso, Chile. (Reuters)

El descalabro de las proyecciones de Tres Quintos no fue una excepción, sino la norma. Todas las encuestas erraron porque, para ellas, estas 27 personas eran invisibles. No realizaron campaña en televisión, radio o prensa escrita; no aparecían en los medios, en las encuestas o en Twitter, la única red social a la que prestan atención la mayoría de los periodistas; apenas poseían financiamiento, y no son especialmente carismáticos ni populares. Lo que sí poseían es dos grandes bazas. La primera era su extensa red territorial, una atomización del movimiento esparcida de punta a punta del alargado país que incluía a un gran número de dirigentes con amplia experiencia de trabajo en las localidades donde se presentaron. La segunda, para la que la anterior era un requisito, era una estrategia ganadora.

En gran medida, el éxito de La Lista del Pueblo se debió a su capacidad de darle la vuelta por completo a un mecanismo electoral que en España conocemos bien: la Ley d’Hont. Igual que aquí, el método matemático para la asignación de escaños era frecuentemente conocido por favorecer a los grandes partidos y a aquellos que tienen mucha representación concentrada en distritos electorales concretos. Sin embargo, el sistema chileno de listas abiertas permitió a los independientes formar coaliciones masivas, constelaciones de decenas de candidatos locales que, sumando todos sus votos, lograron que una o dos personas de la coalición resultaran electas en cada distrito.

placeholder Un manifestante protesta durante el estallido social de 2019 junto a la estatua de Caupolicán, líder de la resistencia Mapuche, a la cual simbólicamente le pusieron la cabeza del busto de Pedro de Valdivia, militar y conquistador español. (EFE)
Un manifestante protesta durante el estallido social de 2019 junto a la estatua de Caupolicán, líder de la resistencia Mapuche, a la cual simbólicamente le pusieron la cabeza del busto de Pedro de Valdivia, militar y conquistador español. (EFE)

¿Cómo coordinar una lista de estas dimensiones? “Abrimos una página web, la difundimos por nuestras redes (principalmente Facebook, Telegram y YouTube) y llamamos a las organizaciones sociales del país a participar. Recibimos cerca de 6.000 correos”, explicó Rafael Montecinos, fundador y vocero de La Lista del Pueblo, en una entrevista en 'El Desconcierto'. Sus requisitos: el respaldo de los lineamientos públicos del movimiento y la no militancia en ningún partido político. La estrategia fue todo un éxito, logrando presentar candidatos en 27 de los 28 distritos y obteniendo representación en 19 de ellos.

La derecha solo podrá mirar

El éxito de los independientes de izquierda vino de la mano del colapso generalizado de la derecha. Unida bajo el eslogan 'Vamos por Chile', la lista única con la que el presidente Sebastián Piñera esperaba alcanzar cómodamente más de un tercio de los escaños (lo que le hubiera permitido vetar cualquier cambio constitucional que no le gustara) unicamente sumó 37 escaños. ¿Las consecuencias? “Allá donde los grupos de izquierda logren acuerdos transversales, la derecha no va a tener ninguna posibilidad de frenarlos”, apunta Claudia Heiss, autora del libro '¿Por qué necesitamos una nueva Constitución?' y jefa de la carrera de Ciencia Política del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile. En entrevista con El Confidencial, la experta habla de cómo la particular composición política del experimento constituyente chileno puede cambiar el futuro del país.

Foto: El nuevo presidente de Bolivia, Luis Arce, en un acto institucional. (EFE)

PREGUNTA. ¿Cómo logró La Lista del Pueblo cosechar ese éxito tras haber pasado bajo el radar de encuestas y analistas?

RESPUESTA. La Lista del Pueblo fue la gran sorpresa porque no tenía ninguna presencia en los principales medios de comunicación y una muy pequeña en redes sociales. Son personas que ni siquiera usan Twitter. Cuando sacaron 27 representantes la gente se sorprendió muchísimo: “¿Estos quiénes son? ¿De dónde salieron?”. El ‘mainstream’ chileno no conocía a La Lista del Pueblo, ni siquiera habían visto el nombre. Hay otra lista de candidatos independientes [Independientes No Neutrales, 11 escaños] que era mucha más conocida y sacó menos de la mitad de sus representantes. Funcionó por una política que no es de arriba hacia abajo, sino de abajo hacia arriba. Una cosa impresionante de este resultado es que las campañas que más recursos económicos invirtieron no fueron las que obtuvieron mejores resultados. La Lista del Pueblo hizo su trabajo cara a cara, con un gran conocimiento territorial. Y eso le permitió, con relativamente pocos votos, pero muy bien repartidos, conseguir esta impresionante cantidad de representantes constitucionales.

P. Veintisiete personas que hasta hace poco nadie conocía tienen un papel más decisivo a la hora de escribir la Constitución que el Gobierno de Sebastián Piñera.

R. La derecha, que iba en una sola lista, sacó 37 representantes. Para poder vetar normas se requieren 52. Allá donde los grupos de izquierda logren acuerdos transversales, la derecha no va a tener ninguna posibilidad de frenarlos. La razón por la que la derecha está tan golpeada es, principalmente, el pésimo manejo de la pandemia que hizo el Gobierno, tratando de mantener los equilibrios macroeconómicos y de no gastar un céntimo del dinero público chileno mientras la gente se estaba muriendo. La pobreza que está viviendo hoy Chile no tiene precedentes en la historia democrática del país, pero el Gobierno siguió funcionando con su lógica tradicional de no abrir la billetera pública y pasó un año sin dar ayudas económicas sustantivas a la gente. Por otra parte, el desencanto con la política tradicional no ha sido aprovechado en absoluto por ese lado del espectro político. En la izquierda hubo dos opciones: los partidos tradicionales o las alternativas independientes 'antipartidos'. En la derecha eso no se dio, no hubo ninguna lista independiente de esa ideología. Ahí hubo votos que se perdieron.

Foto: Protesta contra el Gobierno chileno en Valparaíso. (Reuters)

P. ¿Existen precedentes en el mundo del actual proceso constituyente chileno?

R. Todas las asambleas constituyentes tienen particularidades propias, pero hay dimensiones del proceso chileno que lo hacen único en el mundo. Su principal particularidad es la combinación de un proceso revolucionario, una explosión popular desde abajo, con una reacción institucional desde el Congreso, una capitulación desde arriba. El proceso no existiría sin el estallido social de 2019, eso fue lo que forzó la mano del sistema político; pero fue el propio sistema político el que reaccionó ofreciendo una salida institucional que le hizo perder el control del proceso. Paralelamente, la convención constitucional no se parece en nada a cualquier otro órgano de representación política que hayamos tenido en Chile en ningún momento histórico.

Esta convención, producto de la forma en la que se creó, ha abierto el poder a sectores que estaban totalmente silenciados y excluidos del sistema político. Primero, con la regla de paridad de género estricta, que es también única en el mundo; además, con los 17 escaños reservados para pueblos indígenas, que nunca habían tenido representación política; finalmente, con una enorme diversidad de clases sociales, que incluye a mucha más gente procedente de sectores pobres y rurales.

Foto: Chile "renace" y sale en masa a celebrar fin de la Constitución de Pinochet. (EFE)

P. En la redacción de la nueva Constitución no habrá cinco o seis voces, como habría sucedido si los partidos tradicionales se hubieran hecho con todos los escaños, sino más de 50. ¿Será posible lograr acuerdos mayoritarios?

R. La política constitucional es distinta a la política ordinaria. Por ejemplo, la extrema izquierda y el centro izquierda no van a tener muchos problemas a la hora de ponerse de acuerdo sobre la necesidad de un estado social de derecho o del establecimiento de normas de inclusión en el sistema político. No se trata de hacer una legislación específica donde puede haber detalles en los que surjan más divergencias. En temas de derechos sociales, de participación ciudadana, seguramente vaya a haber consenso, así como en establecer más mecanismos participativos. Chile es uno de los pocos países que en las últimas décadas no ha incorporado mecanismos de democracia directa o de revocatoria de mandato o consultas ciudadanas, como en otros países de América Latina. Esto va a ser una suerte de puesta al día de la Constitución chilena frente al inmovilismo de las últimas décadas, que sostuvo a través de las instituciones heredadas de la dictadura un sistema súper rígido e impermeable a las mayorías políticas.

P. ¿Le preocupa la baja participación, un 43%, que hubo en un proceso tan clave para el futuro del país?

R. Por un lado si me preocupa. Creo que un proceso tan importante debería haber tenido una participación más grande. Sin embargo, al mismo tiempo creo que es injusto comparar la participación de estas elecciones de mayo con la del plebiscito del año pasado (que tuvo un 51%). El plebiscito era un hito diferente. En primer lugar, era binario: apruebo o rechazo. Convención electoral o convención mixta. Muy fácil de entender. En cambio, la elección de mayo requería de informarse mucho más. Algunas papeletas eran gigantescas y muy complejas, con decenas de candidatos. Por otra parte, otros proyectos constituyentes, como el colombiano, contaron con una enorme movilización social y una gran legitimidad, pero solo un 30% votó en la elección de los constituyentes.

Foto: Décimo tercer día de protestas en Chile (EFE)

P. Al mantra del 'modelo chileno' para explicar el crecimiento económico del país le ha seguido ahora el mantra de la “desigualdad chilena” para explicar el estallido social.

R. Hay muchos problemas con la explicación de la desigualdad como detonante de la crisis política. La desigualdad ha sido más o menos constante desde el retorno de la democracia, no es que haya aumentado. Lo que sí es cierto que Chile es un país que no ha reducido sustantivamente su desigualdad a pesar de décadas de gobiernos que, supuestamente, eran de izquierdas y tenían el mandato popular para ello. Lo que ha pasado en los últimos años es que se ha producido una politización de la desigualdad que no estaba presente en los comienzos de la transición. Por aquel entonces, teníamos un crecimiento anual del 7% del PIB y logramos una reducción de la pobreza del 40% al 10%. Son cifras impresionantes, pero la riqueza aumentó todavía más, por lo que no se redujo la desigualdad.

En Chile también hay mucha desprotección social, por lo que incluso en los tiempos de mayor bonanza las familias se veían obligadas a endeudarse para satisfacer las necesidades básicas de vivienda, alimentación, educación y vestuario. El crecimiento en los últimos seis años se ha reducido hasta tasas del 2-3%. Eso significó que para satisfacer esas mismas necesidades básicas las familias se tuvieron que endeudar más todavía. Hoy en día en Chile, la deuda total de las familias, calculada como porcentaje del ingreso disponible, supera el 75%, la más alta de Latinoamérica. Esto es para gastos corrientes, y ha llevado a situaciones muy indignantes en tema de clasismo y de la relación microsocial. Si alguien se enferma, hay que hacer una lotería para recaudar fondos. Todo recae en los individuos. Eso empezó a producir mucha indignación en los últimos años. Conforme subió el endeudamiento privado, esta desigualdad dejó de ser tolerada.

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