Adiós al auge de la derecha latinoamericana: superciclo electoral apuntando a la izquierda
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en 2021

Adiós al auge de la derecha latinoamericana: superciclo electoral apuntando a la izquierda

La región se enfrenta a un nuevo ciclo electoral que podría afianzar la recuperación de las fuerzas izquierdistas después de un lustro marcado por las victorias del centroderecha y la ultraderecha

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El nuevo presidente de Bolivia, Luis Arce, en un acto institucional. (EFE)

América Latina se enfrenta a un nuevo y frenético ciclo electoral en 2021 que podría afianzar la recuperación de las fuerzas izquierdistas en la región, después de un periodo de un lustro marcado por las victorias del centroderecha y la ultraderecha.

El 24 de noviembre de 2019 se produjo un punto de inflexión. El centroderechista Luis Lacalle Pou ganó las elecciones en Uruguay, poniendo fin a tres lustros de gobiernos del izquierdista Frente Amplio, el partido comandado por Pepe Mújica y el fallecido Tabaré Vázquez. La victoria de Lacalle, en un país donde la izquierda era popular, certificaba el óptimo ciclo electoral de las fuerzas derechistas.

Iván Duque en Colombia, Sebastián Piñera en Chile y Jair Bolsonaro en Brasil habían dado continuidad a la tendencia de victorias derechistas espoleada en 2016 con la victoria de Mauricio Macri en Argentina. El líder brasileño había acabado con 16 años de gobierno del Partido de los Trabajadores y el chileno con ocho años de gobierno socialista. También en Ecuador gobernaba el centrista Lenín Moreno, apoyado por la derecha tras romper con Rafael Correa, el izquierdista que gobernó Ecuador durante una década.

Foto: Evolución del Ibex en las pantallas de la Bolsa de Madrid. (EFE)

En Bolivia se habían celebrado unas fallidas elecciones en octubre de 2019. La oposición denunció fraude y se iniciaron fuertes manifestaciones. Evo Morales denunció un golpe de Estado y dejó el país tras renunciar a la presidencia. Tomó el mando, en un polémico nombramiento, la conservadora Jeanine Áñez. Pero el 24 de noviembre de 2019 llegó también el cambio de tendencia, intuido dos años antes con la victoria en México del izquierdista Andrés Manuel López Obrador.

Alberto Fernández, aupado por la expresidenta Cristina Fernández Kirchner, ganó las elecciones en Argentina. A pesar de su crisis, fuerzas izquierdistas iban a controlar dos de los países más importantes de la región, además de Venezuela, Nicaragua y Cuba, estados que son considerados autoritarios por la mayor parte de naciones occidentales.

El ‘correísmo’, con serias opciones de volver

Ese impulso tuvo continuidad el pasado octubre con la victoria en primera vuelta, inapelable, de Luis Arce, el delfín de Evo Morales, en la repetición de las fallidas elecciones bolivianas; y podría ser ampliado en 2021, un año que se presenta con citas electorales en Ecuador, Perú, Chile y Nicaragua, donde algunos de los favoritos son fuerzas izquierdistas o más izquierdistas que las actuales.

“El primer ciclo de gobiernos progresistas demostró que es posible edificar economías sociales que mejoran sustancialmente las condiciones de vida y de trabajo de la población”, explica a El Confidencial el ecuatoriano Juan Paz y Miño, doctorado en Historia en la Universidad de Santiago de Compostela.

Su país celebrará, en febrero, la primera cita electoral del año. No hay un favorito claro, a tenor de las encuestas, algunas de ellas realizadas con interés partidista. Varios de los sondeos ponen, eso sí, en cabeza al candidato ‘correísta’ Andrés Aráuz, que se medirá en la cita electoral a los conservadores Guillermo Lasso y Álvaro Noboa.

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Una ciudadana de Ecuador durante una concentración política en septiembre. (EFE)

Protestas generalizadas en América Latina

El país vivió fuertes protestas antigubernamentales en 2019, después de que el Gobierno de Moreno realizase recortes presupuestarios para enfrentar la crisis económica. Dejaron cinco muertos.

No fue una situación exclusiva de Ecuador. Las explosiones sociales masivas se han repetido en Latinoamérica desde 2018, cuando estallaron fuertes manifestaciones contra el Gobierno nicaragüense del excomandante guerrillero Daniel Ortega, que dejaron, al menos, 325 muertos, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). El año 2019 se inició con un nuevo ciclo de protestas en Venezuela contra el Gobierno de Nicolás Maduro, tras la irrupción del opositor Juan Guaidó en la escena política.

A principios de octubre estalló Ecuador y, apenas dos semanas después, la subida de las tasas del metro de Santiago de Chile propició una masiva protesta social en el país austral, dirigida no solo contra el Gobierno de Piñera, sino contra el sistema económico de Chile, en reclamo de mejores condiciones de vida, que se extendieron por semanas y dejando 36 muertos.

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Manifestantes contra las medidas económicas tomadas en Ecuador tras la pandemia. (Reuters)

En noviembre de 2019 estalló Colombia; y recientemente, incluso en pandemia, se produjeron fuertes manifestaciones en Perú —tuvo tres presidentes en una semana— y Guatemala. También ha habido protestas masivas, durante estos dos años, en Honduras, Puerto Rico —el gobernador conservador dimitió— y República Dominicana.

Incluso en Cuba, aunque en mucha menor escala, se han producido recientemente inéditas movilizaciones espoleadas por los artistas de la isla. Esas protestas —algunas de ellas continúan— marcarán también el ciclo electoral de 2021 y el año posterior. La cercanía de las elecciones, además por supuesto de la pandemia, parece, eso sí, haberlas atenuado tanto en Ecuador como en Chile.

“Hubo una profunda desmovilización social que no provino solo del coronavirus, que obligó a una serie de restricciones para reunirse, trasladarse y articular protestas; sino que provino, igualmente, de la judicialización y amenaza penal contra una serie de dirigentes y activistas de aquella jornada”, destaca el ecuatoriano Paz y Miño en el caso de su país.

Ganar en los tribunales

La oposición izquierdista del Estado andino denuncia represión gubernamental y judicial, después de que Correa fuese condenado a ocho años de cárcel —no los cumplirá, al residir en Bélgica— por corrupción. La candidatura del ‘correísta’ Aráoz ha sido, además, objeto de varias denuncias legales, hasta el punto de llegar prácticamente a la inhabilitación, aunque finalmente podrá presentarse a los comicios.

Disputar las elecciones en los tribunales, controlados en mayor o menor medida por los gobernantes de turno, parece estar convirtiéndose en una triste costumbre en América Latina. Ecuador amagó con la inhabilitación de Aráoz, mientras los tribunales en Venezuela inhabilitaban, de una forma u otra, a la mayor parte de la oposición política de cara a las presidenciales de 2018 y a las legislativas de finales de 2020. Esa situación podría volver a repetirse en las elecciones nicaragüenses del próximo noviembre.

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El candidato del Centro Democrático (CD), Andrés Arauz (c), mientras participa en una actividad política en Quito. (EFE)

“Recientemente se ha hecho público un anteproyecto de ley que restringe la participación en futuros procesos electorales a los opositores que hayan solicitado o avalado las sanciones internacionales contra el Gobierno de Daniel Ortega o hayan participado en las acciones de protesta a partir de abril de 2018”, comenta el analista político nicaragüense Carlos Pérez Zeledón, impulsor de una plataforma opositora conocida como Propuesta Ciudadana. Ese texto, de ser aprobado, inhabilitaría a la práctica totalidad de la oposición del país centroamericano.

Favorito en Nicaragua

“El Gobierno ha dictado nuevas leyes que dificultan, cuando no imposibilitan absolutamente, el ejercicio de la oposición política. Continúa la represión de las fuerzas policiales en contra de contrarios al Gobierno y se han creado figuras jurídicas penales para intimidar y controlar a la ciudadanía”, destaca Pérez.

La oposición nicaragüense, como la venezolana, está, además, poco cohesionada, y corre el riesgo incluso de ruptura a pesar de los llamados a la unidad de varios sectores, con lo cual el único y gran favorito para imponerse en los comicios de noviembre es Ortega, que denunció estar siendo víctima de un golpe de Estado en 2018.

Foto: Una mujer realiza compras en una tienda de abarrotes mientras en la pantalla de un televisor aparece el presidente de Nicaragua (EFE)

“Creo sinceramente que es un error asumir que estamos frente a una lucha ideológica en los términos tradicionales de izquierda contra derecha, mucho menos podemos asumir que hay una suerte de identidad común en los procesos que viven nuestros países que no sea la pura y dura voluntad de ciertos grupos por permanecer en el poder, a toda costa y a cualquier costo”, critica Pérez.

Chile contra Piñera

También en noviembre de 2021 celebrará sus elecciones presidenciales Chile. Es meridianamente claro un aspecto: el conservador Sebastián Piñera, con apenas un 10% de aprobación, no seguirá en el cargo.

“Ninguno de los candidatos presidenciales con capacidad de ganar los comicios va a identificarse con el actual mandatario. Aunque sean de derecha, van a ser, en cierto modo, de oposición o se van a tratar de distanciar de Piñera y van a tratar de plantear ideas distintas. El ánimo en Chile es de castigar al Gobierno. La pregunta es quién va a recibir ese castigo. No sabemos qué tipo de alternativa van a escoger los chilenos y por cuál de las distintas opciones de izquierda y de centro se van a acabar decantando”, comenta el politólogo chileno Patricio Navia.

La derecha probablemente acudirá a la cita electoral en coalición. Parece que la tendencia, de momento, es una cierta ventaja de las fuerzas inclinadas al centro y la izquierda política.

Ciclos de gobierno más cortos

“Yo creo que es equívoco sugerir que hubo una tendencia de victoria de la izquierda y después de la derecha. Lo que hemos visto en América Latina en los últimos seis o siete años es que quienes están en el poder son castigados en las elecciones y los reemplaza la oposición”, explica Navia. En efecto, los ciclos de gobierno en la región parecen estar acortándose de manera vertiginosa. En la gran mayoría de países, las fuerzas y coaliciones gobernantes han sido sustituidas en el último ciclo electoral, pero en muchas de ellas los nuevos gobernantes son también criticados y tendrán difícil su futura reelección.

En abril de 2021 celebra elecciones el ahora convulso Perú. El país andino cambia casi siempre de opción política –está prohibida la reelección– pero con una tendencia clara: los peruanos han optado, desde la salida del autócrata Alberto Fujimori en 2000, por el centro liberal de forma clara.

Las fuerzas que se mueven en ese espectro político son de nuevo favoritas en un país que sufrió una grave crisis en noviembre, cuando el muy cuestionado Legislativo, repudiado por corrupto por la mayoría de la población, decidió sustituir al expresidente Martín Vizcarra, acusándole de corrupto y provocando una explosión social que acabó con tres presidentes en una semana.

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Las protestas en Perú tras la destitución del presidente Martín Vizcarra. (Reuters)

Corrupción, tema de las elecciones en Perú

Los peruanos están hastiados de los tejemanejes ilegales de sus políticos, certificados en la caída en desgracia de sus expresidentes.

Alan García (85-90 y 06-11) se suicidó en 2019 cuando la policía se presentó en su casa para detenerlo tras ser acusado de recibir coimas de la constructora brasileña Odebrecht. Fujimori (90-00) está en prisión por delitos de lesa humanidad. Su sucesor, Alejandro Toledo (01-06), se encuentra en busca y captura internacional por recibir supuestamente millonarios sobornos. Ollanta Humala (11-16) pasó por prisión provisoria también por la sombra de Odebrecht, que provocó igualmente la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski (16-18) y la prisión provisional de la líder opositora Keiko Fujimori, hija del autócrata.

La mitad de los miembros del actual Congreso peruano están, además, siendo investigados por casos que van desde el lavado de dinero hasta el asesinato. Los peruanos, por ende, no confían ya en casi nadie. “Por ahora no hay favoritos, aunque quienes aparecen en las encuestas con ciertas opciones son el exfutbolista y exalcalde de un distrito limeño, George Forsyth; Keiko Fujimori; Julio Guzmán, del centrista partido Morado; y Verónica Mendoza, lideresa de un frente de izquierda”, cree el politólogo peruano José Alejandro Godoy.

La mitad de los miembros del Congreso peruano están, además, siendo investigados por casos que van desde el lavado de dinero hasta el asesinato

Si continúa la tendencia, se impondría un líder centrista en un país que es, a la vez, el más estable —su economía crece a gran ritmo desde hace dos décadas, indiferente a las crisis políticas— y uno de los más inestables de una región que podría ver cambios también en 2022.

Aunque el horizonte es todavía lejano, parece posible que tanto el ‘uribismo’ como el ‘bolsonarismo’ sean desalojados del poder en Colombia y Brasil. Iván Duque, el presidente conservador colombiano, está desgastado por unas protestas que, eso sí, han bajado de intensidad y enfrentará alternativas fuertes tanto por el centro como por una izquierda liderada por Gustavo Petro, muy fuerte en las urnas aunque con un antivoto considerable.

En Brasil se produjo recientemente un gran avance de las fuerzas centroderechistas en las elecciones municipales y locales ante el hundimiento casi total del Partido de los Trabajadores del expresidente Lula da Silva. La fortalecida centroderecha presentará una alternativa fuerte –se especula con el ex ministro de Justicia, Sergio Moro; o el gobernador paulista, Joao Doria– contra un Bolsonaro que, después de parecer hundido y a pesar de no tener partido, ha visto su popularidad aumentar recientemente debido, según parte de los analistas, a las ayudas económicas unipersonales firmadas por su Gobierno para frenar la crisis generada por la pandemia.

EEUU se suma a la inestabilidad

Todo en una región influida decisivamente por la situación de EEUU, un país donde la estabilidad ha sido la norma durante décadas pero cuya política se parece más ahora a la de algunos de los países más convulsos de América Latina. La polarización imperante en EEUU polariza también América Latina. No solo se han producido masivas protestas al sur del Río Grande. También en territorio estadounidense han estallado monumentales manifestaciones.

Ni siquiera las acusaciones de fraude electoral de los perdedores oficiales en las urnas, algo común en el continente, se hunden ya en la frontera con México. La política parece haberse “latinoamericanizado” en EEUU –situación que se vislumbra también en Europa– en un momento de alta explosividad social.

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