agudización de los conflictos de clase

'Rastreadores de covid' | Los rebrotes de malestar social: empieza la contestación

Pablo Pombo se sumerge en la prensa internacional y selecciona los artículos imprescindibles para estar bien informado sobre la pandemia. Una 'newsletter' diaria solo para suscriptores

Foto: Imagen: Irene de Pablo.
Imagen: Irene de Pablo.

Un trabajo prospectivo nos llevaría probablemente a coincidir con Joel Kotkin. Las sociedades occidentales parecen encaminarse hacia el aumento de la polarización política, el repliegue nacionalista, la agudización de los conflictos de clase y la tensión entre el centro y la periferia. Veremos qué ocurre.

De momento, ya se distinguen algunos indicadores. Malestar. La severidad del impacto sobre la salud mental. La importancia estratégica del trauma. Contestación. La conjunción de paranoia y conspiranoia. La concentración del odio. Y la fractura geográfica, lo que se vive en Madrid y dejará huella.

Mente individual, inteligencia colectiva. La salud mental es una de las grandes olvidadas de esta crisis. En mayor o menor medida, todos salimos tocados de la primera ola y a todos nos cuesta afrontar lo que viene ahora. “Se ha repetido hasta la saciedad el mensaje de que hay que 'adaptarse a la nueva normalidad'. Pero… ¿cómo se adapta uno a una situación en constante cambio, en el que 'la nueva normalidad' significa incertidumbre indefinida? (...) Es importante reconocer que es normal sufrir estrés crónico, notarse sin energía, sentir altibajos o experimentar periodos de saturación”. Este texto, publicado en 'Medium', nos da algunas claves para afrontar la situación: “Entender la pérdida ambigua. Aceptar que la vida es diferente ahora mismo. Exigirnos menos a nosotros mismos. Reconocer los diferentes aspectos del duelo. Mantener y reforzar las relaciones importantes… Levantar poco a poco el banco de nuestra resiliencia”.

La fatiga es parte del proceso. Cristaliza en la manera individual de afrontar la pandemia, de protegernos frente a ella. Y tiene consecuencias colectivas, desde luego económicas, para cada país. Ese factor también puede ser determinante para explicar por qué los números de la segunda ola son tan distintos en países tan cercanos como Italia y España. El 'Wall Street Journal' sostiene en este texto que si Italia resiste mejor que otras naciones la llegada de la segunda ola, es porque el sistema de testeo y trazado ha sido mejor, pero también porque la responsabilidad y el civismo vienen siendo decisivos. El principio de prudencia importa. Importa y afecta a las perspectivas económicas. Allí, la gente no ha bajado la guardia.

El síndrome del combatiente. 'The Economist' abordó recientemente el sufrimiento psicológico mental global provocado tras la primera ola vírica. A destacar el foco sobre los más vulnerables al trauma: quienes han estado enfermos, los que han perdido seres queridos, quienes han estado expuestos a traumas anteriores —como los refugiados— y los que han estado en la primera línea de combate —personal sanitario—. “En España, casi un sexto de los infectados son trabajadores sanitarios, la mayoría muestra signos de estrés postraumático”.

Los médicos hemos salido golpeados, magullados y quemados”. Han pasado unas semanas desde que 'The Guardian' publicó que “Más de 1.000 doctores quieren dejar el sistema sanitario británico por el manejo de la pandemia”. Es probable esos números vayan a más durante los próximos meses. Palabras de un médico: “Siento que el Gobierno nos considera carne de cañón. Malos salarios. Malas condiciones. Equipamiento inadecuado. Endebles promesas hechas para obtener ganancias políticas. Después de más de 20 años en la primera línea, estoy agotado, no me siento apoyado”. Dos preguntas. ¿Cuántos profesionales del sector sanitario de nuestro país se sienten exactamente así? ¿Estamos protegiendo a nuestras tropas de élite?

La ensalada negacionista. Hemos visto movilizaciones negacionistas y anticonfinamiento en Estados Unidos y en muchas de las principales capitales europeas. Movimientos invertebrados, que recogen facciones aparentemente incompatibles: antivacunas y biólogos, neonazis y 'hippies', fundamentalistas cristianos y 'hare krishnas'. ¿Dónde está el punto de encuentro? El 'Financial Times' apunta a la paranoia, a la conspiranoia. ¿Son sostenibles estas movilizaciones? “Están articulando una cierta insatisfacción amplia en la sociedad que no creo que vaya a desvanecerse rápidamente. Podrán fortalecerse cuanto más se agudice la crisis económica y social del covid-19. Cuanto más dure la pandemia, más radicales se harán y más probable será que recurran a la violencia”.

La identidad, el odio. La 'trumpificación'. Con el coronavirus, vienen aumentando los mensajes de odio en las sociedades europeas. Dos artículos del 'New York Times' han tratado el tema recientemente. El primero de ellos se centra en Italia, donde los migrantes se convierten en un medio más para incrementar la polarización. Allí, la extrema derecha afirma que suponen una amenaza para el país porque llegan contagiados de covid-19 —aunque los datos oficiales no les den precisamente la razón—.

El segundo nos cuenta que “Trump emerge como una inspiración para la extrema derecha alemana”. "Entre los conspiranoicos alemanes, los ultranacionalistas y los neonazis, el presidente norteamericano está emergiendo como un 'grito de guerra' o, incluso, como un potencial libertador".

“Se estima que hay 19.000 'Reichsbürger' [ciudadanos del Reich] en Alemania, unos 1.000 de ellos clasificados como radicales de extrema derecha por el servicio de Inteligencia nacional. Muchos de ellos están armados”.

"En un momento en que algunas personas están decididas a destruir el discurso democrático por todos los medios posibles", dijo Konstantin von Notz, legislador y vicepresidente del comité de supervisión de inteligencia, "tenemos que tomarnos este fenómeno muy en serio".

La tensión entre centro y periferia. Las movilizaciones en los barrios confinados madrileños menos pudientes suponen un caso inédito en el mundo y probablemente una muestra anticipatoria. El virus no es ajeno a la clase social, a la geografía y a la capacidad de información. Muchas de las expresiones que se están utilizando estos días —'segregación', 'guetización'— reflejan la tensión entre el centro —elitista, privilegiado— y la periferia —precarizada, abandonada—. Brecha geográfica.

No es la primera vez que esa lógica toma las calles del viejo continente. Hay un latido no demasiado distante en Francia: los chalecos amarillos. Un movimiento ya enquistado, que parecía decadente pero que puede estar reactivándose. Nos lo contó 'Le Monde' hace unos días. París. Datos del Ministerio de Interior: 2.500 manifestantes y 275 detenidos en los Campos Elíseos. La cifra no es pequeña en las circunstancias actuales. También hubo movilizaciones en Marsella, Lyon, Lille, Nantes, Niza, Burdeos, Estrasburgo…

Testimonio: “Gano 135 euros al mes con 55 años. Mi hija tiene dos hijos dependientes, ha perdido su sueldo por culpa del covid. Ni siquiera puedo ayudarla. ¿Qué podemos decir a nuestros hijos? ¿Mañana será mejor? Sabemos que esto está mal, por eso estamos luchando todavía. Quizá cuando despidan a los que tienen buenos salarios, ellos se den cuenta de lo que estamos pasando nosotros”.

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