Lea Tsmel, abogada de los palestinos

La abogada 'del diablo' más odiada en Israel: "Estoy segura de que tengo razón"

Lleva 50 años defendiendo desde arrestados por tirar piedras hasta otros que intentaron hacerse volar en autobuses. Su éxito en los tribunales es relativo, su popularidad entre el público israelí cuestionable

Foto: Lea Tsmel junto a su marido. (Cedida)
Lea Tsmel junto a su marido. (Cedida)

Conocida como la “abogada de los palestinos”, Lea Tsemel, israelí de 75 años, lleva cincuenta defendiendo desde menores arrestados por tirar piedras hasta otros que intentaron hacerse volar en autobuses en Israel. Su éxito en los tribunales es muy relativo, su popularidad entre el público israelí cuestionable y su optimismo es total. Hace unos meses, se estrenó un documental sobre ella llamado ‘Advocate’; en él, se dibuja a una incombustible letrada intentando abrir alguna brecha en el sistema judicial israelí, que deja a un lado a los palestinos. Cuando empezó su carrera, en Israel la tachaban de "traidora", de "abogada del diablo", defensora de terroristas. Hoy, al menos internacionalmente, es una abogada de derechos humanos. "En Israel sigo siendo muy marginal. Pero con tanta razón que me hace sentir grande. Y muy optimista".

'Advocate' abre con una entrevista que Tsemel concedió en los años 90 a un programa de televisión israelí en el que la periodista le decía que la había imaginado más alta y amenazadora. A lo que la abogada contestó, “bueno, me dejé el rabo y los cuernos en casa esta vez”. El Confidencial se acerca a la abogada detrás de ese mito construido.

Tsemel vive en Jerusalén en una antigua casa de piedra con techos altos y paredes encaladas en un barrio del centro, con su marido y su perra. “Es una casa judía”, enfatiza, distinguiéndola de las muchas otras casas del mismo estilo pero que eran de propiedad árabe antes de 1948, cuando se creó el Estado de Israel. La suya, dice, no le fue arrebatada a nadie. Sin embargo, nos recibe en el muy moderno pent-house de líneas finas, suelo de madera y barandillas de acero de su hijo el arquitecto, en el centro 'hip' de Tel Aviv, donde Tsemel cuida a sus nietos más pequeños algunas veces al mes.

La abogada sale de sus largas jornadas entre los tribunales y su oficina en Jerusalén oriental, donde sus secretarias, colegas abogados y pasantes son palestinos, camina a paso muy rápido (siempre), se monta en su coche y conduce los apenas 50 kilómetros que, sin embargo, separan un mundo del otro: Jerusalén de Tel Aviv. “He traído humus de Jerusalén, muy rico. ¿Seguro que no quieres? ¿Por qué no quieres?, está muy rico”. Como otras abuelas y madres judías, según el estereotipo, a Tsemel le preocupa el bienestar de su interlocutora, que esté bien comida y bebida, más que la entrevista que está dando.

El hombre que mordió a un perro

Antes de ‘Advocate’, ganador en varios festivales nacionales e internacionales, ya se había filmado años antes otro documental sobre ella, titulado ‘Abogada sin fronteras’. “Bueno, lo hacen porque soy de esas personas que ellos consideran diferentes, como hombre que mordió al perro, y de vez en cuando los periodistas se acuerdan y se interesan”, dice, comiendo su pita con humus.

Lea cuenta que creció en una casa “sionista de izquierdas normal” en la ciudad norteña de Haifa. Durante la Guerra de los Seis días, de 1967, mientras estudiaba derecho, tras haber cumplido su servicio militar obligatorio, algo en ella cambió: dejó de creer en el sionismo y sus virtudes.

"Se me revolvieron los principios, con la ocupación cambió todo mi paradigma, y entonces empecé con la política, por un ataque de humanidad. A eso añádele el enfado, mucho enfado, humanismo y enfado, no puedo soportar a este sistema. Y por eso tengo esta voluntad tan fuerte de cambiarlo, de luchar en contra de sus decisiones".

¿Qué te hace ese enfado? “Me hace ser una rebelde”.

Una mujer palestina discute con soldados israelíes en Hebrón, después de que los militares detuvieran a su hijo en un control rutinario. (EFE)
Una mujer palestina discute con soldados israelíes en Hebrón, después de que los militares detuvieran a su hijo en un control rutinario. (EFE)

Le suena el teléfono móvil. Antes de responder mira a ver si de verdad tiene que atender. Y sí. “¿Qué la policía de fronteras os ha detenido? ¿pero qué tierra estabais pisando?”. Asiente, escucha, aconseja a su cliente que le llama desde Hebrón, en Cisjordania. Y al colgar, le lanza un piropo a su nieto de 10 años que pasa a su lado.

Relata que su quehacer laboral no siempre es muy emocionante, tiene muchísimos casos administrativos que dice son bien aburridos, de matrimonios de palestinos de los territorios ocupados con palestinos de otros lugares, como Jordania o Israel, o con extranjeros, a los que Israel les impide vivir juntos en Cisjordania. “¿Para qué Israel quiere extranjeros aquí que cuenten de verdad lo que está pasando?, prefieren que se vayan a otros países y ya, pero me tengo que ocupar de todos los casos que llegan al despacho”.

Salvo de un tipo de casos: "Colaboracionistas palestinos con Israel, esos no los cojo".

Tsemel argumenta que no condona la violencia palestina pero que la ve como el único recurso que les queda frente a Israel, por eso ha dedicado su vida a su defensa, “porque los entiendo”, afirma.

Tsmel no condona la violencia palestina, pero que la ve como el único recurso que les queda frente a Israel

A la pregunta de “¿ganas algún caso?”, Tsemel se ríe y responde: “Muy, muy difícil. La política de este país es muy clara. Si hay un agujero en el que puedo meter la pierna, la meto, y a veces tengo éxito. Yo creo que en las circunstancias presentes doy la mejor defensa que hay, que no es suficiente en muchos casos. Pero lo hago, y voy de buenas, y para adelante y exigiendo los derechos, no por debajo y rogándoles que nos perdonen la vida”.

PREGUNTA. ¿Suele pasar que la defensa palestina actúa así, rogando que les perdonen la vida?

RESPUESTA. Suele pasar, sí.

P. ¿Cuál ha sido tu última satisfacción laboral?

R. Hoy mismo la tuve. Dos jóvenes palestinos de 17 años fueron detenidos en la mezquita de Al Aqsa, encontraron un cuchillo de cocina en la mochila de uno de ellos, les interrogaron, obviamente de la manera no simpática, y dijeron los policías que los jóvenes confesaron que iban con la intención de acuchillar a soldados israelíes. Ahora bien, estos dos son chicos retrasados mentales, con sus carnets que lo certifican, van a un colegio de discapacitados, también tienen deficiencias físicas severas, y se les nota, difícilmente iban a acuchillar a nadie. Les interrogaron en la sección de menores, por menores y por retrasados. Y hoy, finalmente, los policías entendieron y les dejaron irse a casa. Esa fue mi alegría.

Rezos en la mezquita de Al Aqsa. (Reuters)
Rezos en la mezquita de Al Aqsa. (Reuters)

P. ¿Distingues entre individuos y sistema?

R. El sistema se está envenenando más y más, no oye, no ve, es cruel. Y hay jueces que de verdad intentan reducir penas, ver a la otra persona de verdad, entender, pero casi nunca funciona. El sistema es más fuerte que ellos.

P. ¿Por qué crees que el saldo es negativo?

R. Porque hay un ocupante y un ocupado. Hay árabes y judíos y este es el país de los judíos.

El sistema se está envenenando más y más, no oye, no ve, es cruel

P. ¿Lo que pasó hoy con los policías [el caso de los jóvenes con discapacidad que fueron finalmente liberados por la Policía] no es una muestra de comprensión por parte de los individuos que puede acabar cambiando el sistema, policías que se comportaron como un error en el sistema?

R. El error es que detuvieran a deficientes mentales durante una semana. Yo creo que el sistema es lo que es y la actuación de las personas, con su ratio de pérdidas y ganancias, es lo que lo conforma. ¿Qué tarta es esa?

La pregunta va dirigida a su nieto, que vuelve a pasar a su lado. “De banana”, responde él. “¿Quieres tarta de banana? ¿Por qué no? No te has acabado el café”. Y retoma:

Tengo un nuevo caso de un niño que fue a una manifestación, levantó la cabeza y recibió un tiro. Ahora casi no se mueve, está en el hospital en cuidados intensivos. Cosas así que son muy difíciles. Israel irá y le indemnizará, pero también dirá que era una situación de seguridad, tiraron piedras, los soldados se defendieron…

P. ¿Crees que los soldados tienen miedo y a veces disparan antes de haber procesado el peligro real?

R. No creo que tengan miedo, quieren demostrarles quien manda. Es el tipo de pensamiento colonialista.

No creo que los soldados israelíes tengan miedo, quieren demostrarles quien manda. Es el tipo de pensamiento colonialista.

P. ¿Crees que un soldado de 18 años después de pegarle un tiro a un niño puede vivir con eso?

R. Sí, al fin y al cabo, era un niño árabe. Ha pasado, mira el caso de Elor Azaria, mató a un palestino neutralizado, tirado en el suelo herido, ¿qué más quieres?

P. Conocí a un soldado en un tren que contó que sirvió en Cisjordania, que había llegado imbuido de patriotismo, ‘para mostrarles a los árabes quién manda’, y que, tras un incidente en un asentamiento judío, en el que una casa se incendió y los bomberos palestinos que vinieron a apagarlo fueron apedreados por los colonos, cambió totalmente de postura. Gracias a que fue a los territorios y vio ese tipo de cosas.

“Aleluya”, dice Tsemel.

La abogada, de corta estatura e hiperactiva, organiza regularmente cenas en su casa jerosolimitana con sus amigos, “solo que se me están muriendo poco a poco”, lamenta. A veces también viene su hija Talila, religiosa judía y activista de izquierdas.

P. ¿Se puede ser religiosa y antiocupación?

R. Claro que sí; yo represento a un grupo de rabinos por los derechos humanos, por ejemplo. Se llaman Torat Emet (la doctrina de la verdad). Estos religiosos defienden con sus cuerpos la ocupación de los colonos, llegan todos los días a los territorios ocupados, en los que no viven, y defienden a las cabras de los palestinos, por ejemplo.

P. ¿Algo te da miedo?

R. El futuro.

P. ¿Qué futuro te gustaría para este rincón del mundo?

R. Creo en un país solo con igualdad para todos los ciudadanos, pero si es necesario ir por el camino de los dos Estados, uno israelí y otro palestino, pues que sean dos Estados.

P. ¿Te sientes en un lugar marginal de la sociedad israelí o cada vez menos?

Sí, muy marginal, pero con tanta razón que me hace sentir grande. Y muy optimista.

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