Secretismo en los detalles

Un recorrido por el imposible mapa de Cisjordania en vísperas de la anexión israelí

La complejidad de las voluntades opuestas más la aparente deliberada falta de transparencia se suma una cartografía no siempre clara de los territorios

Foto: El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en un asentamiento israelí en Cisjordania. (Reuters)
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en un asentamiento israelí en Cisjordania. (Reuters)

El conflicto israelopalestino lleva 72 años en nuestras televisiones, radios y diarios. Aunque solo fuera por lo repetitivo, deberíamos entenderlo ya. Sin embargo, lo cierto es que, como la física cuántica, a todo el mundo le suena, pero pocos saben qué de verdad está pasando. El argumento político más convincente es que es “complejo”, y sobre esa complejidad y dos narrativas opuestas con su espectro de grises en el medio, se han desarrollado décadas de historia, ataques terroristas, lucha armada, negociaciones y, sobre todo, noticias.

Sin embargo, algo está cambiando: para el 1 de julio de 2020, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, había prometido llevar a cabo la anexión del Valle del Jordán, en Cisjordania, territorio ocupado por Israel tras la guerra de los Seis Días en 1967. El anuncio generó la oposición de los palestinos y de la comunidad internacional, pero, muy significativamente, se encontró con una respuesta tibia por parte de la prensa nacional y con la indiferencia casi total de la ciudadanía israelí. “Es agotador, y si casi ni a mí me conmueve, que voto a la izquierda y quiero dos estados, uno israelí y otro palestino, ni te cuento lo que debe resbalarle a la gente en general”, dice Lilaj Shtern, una contable de Jerusalén.

Para la “gente en general”, esto es, para los israelíes dentro de la Línea Verde, la que demarca la frontera de Israel con la de Cisjordania, la anexión es una prioridad solo para el 3,5%, según una encuesta del Geneva Initiative group. Pero la situación es diferente para los habitantes del territorio en disputa en el Valle del Jordán, tanto colonos judíos como palestinos.

“No me digas anexión, para mí es soberanía”, corrige Menashe Zugman, guía turístico que vive en el asentamiento israelí de Maale Mijmash. “En mi asentamiento hay debate, hay gente que piensa que un 30% de soberanía es un sueño y que hay que tomarlo, y otra gente que dice que el mapa del que se está hablando deja asentamientos aislados y crea un enorme problema de tránsito para llegar de un lugar a otro y si tienes que pasar por un lugar cien por cien palestino no es seguro para nosotros”, explica.

“No me siento segura si tengo que pasar por asentamientos judíos de camino al trabajo”, afirma por su parte Amal Jarwawi, palestina. “Y si ahora los israelíes toman más tierras, primero que no sé qué tierras tomarán, ni cómo me afectará y tampoco sé si nos vamos a quedar más aislados o si nos van a construir otro muro o qué”, agrega.

¿Nadie sabe nada?

La anexión prometida por Netanyahu a su electorado está auspiciada por el plan de paz entre israelíes y palestinos propuesto el pasado mes de enero por EEEU, bajo el nombre “Visión de paz y prosperidad”.

En "el Pacto del siglo", como lo apoda su promotor Donald Trump, se establecen intercambios territoriales y concesiones políticas, como la creación de un Estado palestino (necesariamente en Cisjordania o en partes de ella y Gaza). Pero lo relativo a la cartografía no está recogido de manera pragmática sino “conceptual”, en palabras del yerno de Trump y principal negociador de EEUU, Jared Kushner. Así que nadie sabe de verdad de qué se trata, salvo el comité que lo está diseñando, un grupo de políticos y asesores israelíes y estadounidenses.

"Lo más triste es que, aparte de unas pocas manifestaciones anti-anexión en Israel, a nadie le importa porque nadie sabe qué pasa, y Netanyahu se apoya en esa ignorancia del público”, afirma Arieh Kacowicz, profesor de relaciones internacionales en la Universidad Hebrea de Jerusalén, a El Confidencial.

La complejidad de las voluntades opuestas más la aparente deliberada falta de transparencia se suma una cartografía no siempre clara de los territorios, ya estén bajo autoridad palestina, ocupados por Israel, o de autoridad mixta. En diferentes puntos de Cisjordania hay grandes carteles rojos que indican en árabe, hebreo e inglés que una carretera lleva por ejemplo a la zona A, bajo la Autoridad Palestina (ANP), y advierten que la entrada está prohibida para ciudadanos israelíes porque “es peligroso para sus vidas y contrario a la ley”, es muy fácil no saber si el árbol de enfrente pertenece a un asentamiento judío o a la ANP.

Y no solo los habitantes de la zona se enfrentan a falta de claridad y arbitrariedad cartográfica, también miembros del Ejército israelí no siempre lo tienen claro; ha habido casos de soldados que se extraviaron y entraron en territorio bajo control palestino. En 2018, una pareja de militares israelíes se extravió fuera de sus zonas, y la Policía palestina tuvo que socorrerlos de una multitud que los pretendía atacar.

Por su parte los habitantes de pueblos palestinos como Fasayil y Aluya, en el Valle del Jordán, pertenecientes a la zona A, bajo control palestino, no pueden utilizar pastos a unos pocos metros de sus casas porque pertenecen a la zona C, bajo control israelí. “Y yo cada vez que voy a visitar a mis padres al pueblo no estoy seguro de qué país estoy pisando cuando salgo a los campos”, comparte Mwafak Ali, un estudiante de física que vive en Israel.

Un palestino tira de su burro mientras camina por el Monte del los Olivos, en Jerusalén Este (EFE)
Un palestino tira de su burro mientras camina por el Monte del los Olivos, en Jerusalén Este (EFE)

En este confuso escenario, que muchos dudan el "Plan de Paz" pueda aclarar, incluso muchos colonos residentes en asentamientos israelíes en Cisjordania dicen preferir mantener el statu quo y no hacer exigencias territoriales maximalistas.

“En mi comunidad somos cuidadosos con esto”, cuenta Yosef Neira, guardia de seguridad del asentamiento de Beit El. “Yo personalmente no necesito ninguna declaración política, las cosas funcionan bien como están, palestinos e israelíes trabajamos juntos, hay un Estado palestino de facto, nosotros vivimos aquí pacíficamente, ¿para qué provocar? No queremos otra intifada”.

Cisjordania o Judea y Samaria

¿Qué hace tan complicado dividir ahora el territorio en dos estados (viables)? Cisjordania es un territorio en el que viven más de 3 millones de personas, alrededor de 2,7 millones son palestinos y unos 460.000 judíos. Se comenzaron a edificar asentamientos judíos en ese territorio de paisaje levantino, rocoso y arenoso con olivos, cítricos y árboles frutales, en 1970. Un proceso que se intensificó con los sucesivos gobiernos israelíes de derechas.

Los asentamientos judíos, algunos legalizados por el parlamento israelí a lo largo de los años (132) y otros muchos no (124), son todos ilegales a ojos de la comunidad internacional y están diseminados por todo el territorio ocupado. “Jordania ocupó Cisjordania como consecuencia de una guerra de agresión contra Israel en 1948, después Israel ocupó Cisjordania no como agresor sino a consecuencia de una guerra defensiva, la del 67”, explica el profesor Kacowicz. Y agrega: “Es malísimo que una ocupación militar dure 50 años, aunque no es ilegal. Lo que es ilegal son los asentamientos, porque la potencia ocupante no puede transferir población suya al territorio ocupado”.

“En las zonas A y B (de control total o parcial palestino) hay 169 bloques de asentamientos y eso no es algo accidental”, afirma Yehuda Shaul, cofundador de la organización de exsoldados israelíes Rompiendo el Silencio, que critica la ocupación dando testimonio de sus años de servicio militar en los territorios ocupados. “Desde el 75 existe una clara intención de fragmentar el territorio palestino para dificultar la creación de un Estado, es una estrategia a largo plazo. De hecho, menos con Rabin en 1992, y estoy siendo generoso, no hubo ni un minuto en el que Israel quiso algo diferente en Cisjordania”, argumenta.

La propuesta de Trump incluye la creación de un Estado palestino en un 85% del terreno (el 70% de Cisjordania más casi un 15% del desierto del desierto del Neguev que ahora pertenece a Israel) y a la anexión israelí de un 30% de Cisjordania.

La propuesta de Netanyahu es anexionar el Valle del Jordán, en Cisjordania, que supone un 22% del área (habitada por un 3% de judíos), obviando en cambio la parte de la creación de un país palestino.

Una protesta en Gaza contra la anexión de Cisjordania y contra Netanyahu y Trump, este 9 de julio (EFE)
Una protesta en Gaza contra la anexión de Cisjordania y contra Netanyahu y Trump, este 9 de julio (EFE)

En cualquier caso, la anexión propuesta se traduce en implementación de la ley israelí en el territorio y se sospecha que la intención no es otorgar derechos de ciudadanía sus habitantes palestinos, ya que tanto Netanyahu como el plan de Trump son ambiguos al respecto. “Con lo cual se crearía una situación efectiva de Apartheid”, señala Kacowicz.

Maniobra política

Kacowicz, como la mayoría de los analistas israelíes, entiende la declaración de anexión como una inoportuna maniobra política del primer ministro: “Este capricho de Netanyahu es al divino botón, que se diría en lunfardo [jerga]. Debe tener algún motivo ulterior para hacer esto, o porque sabe que está llegando al final y como Sansón en el templo de los filisteos prefiere que se vaya todo al diablo, o porque imagina que con esto puede entrar en la historia de algún modo, o porque quiere distraer de sus cargos frente a la justicia”, señala el profesor.

“El plan de Trump también dice que una anexión del 30% de Cisjordania entraña la devolución a los palestinos del 14% del Neguev. ¡Y eso es un gran lío!”, asegura Kacowicz. “Porque tal intercambio debe ser aprobado por el parlamento israelí y no es un proceso expeditivo ni con garantías de pasar. Es decir, nadie se ha leído ese plan de verdad como para hacer las preguntas pertinentes o las críticas a este despropósito de anexión”, lamenta.

"El problema de la promesa férrea de Netanyahu del pasado mes de marzo sobre la anexión con el plan Trump es que se olvidó de que la anexión es a cambio de la creación del Estado palestino", asevera el profesor de ciencias políticas Mario Sznajder, profesor emérito de la Universidad Hebrea. “Y como ni él ni la mayoría de su partido están por la labor de permitir un Estado de los palestinos, parece que todo esto va en dirección a la nada. Es un gran espectáculo sobre nada”, concluye.

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