crecen los rumores sobre la salud de kim

¿Qué pasa en Corea del Norte? Escenarios para un futuro sin Kim Jong-un

Tanto China como Corea del Sur podrían tener interés en mantener la calma ante un escenario para el que nadie está preparado, y ahora menos que nunca

Foto: Foto: EFE.
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Cuando hablamos de un país tan opaco como Corea del Norte, hay que andarse con pies de plomo: el régimen norcoreano, que se considera a sí mismo la auténtica Corea, la heredera del decimonónico Reino Ermitaño, ha hecho de la autosuficiencia uno de sus pilares, lo que en la práctica se traduce en un aislamiento que hace que sea muy difícil obtener información fiable. De modo que las informaciones sobre el delicado estado de salud de Kim Jong-un hay que tomarlas con cautela. Pero sean ciertas o no, nos recuerdan que, pese a su juventud y a lo que diga la propaganda norcoreana, también él, el Líder Supremo, es mortal. No solo eso, sino que no ha nombrado a ningún sucesor. ¿Qué pasa si fallece o si queda incapacitado de por vida?

Hay que recordar que los rumores infundados sobre enfermedades de los líderes norcoreanos han sido una constante desde el establecimiento de la República Popular Democrática de Corea en 1948. Durante años, se dijo que Kim Il-sung tenía un tumor cerebral debido a un extraño bulto en su cabeza, que en realidad se debía a la malnutrición durante su infancia. En 2014, el propio Kim Jong-un desapareció durante un mes y medio para reaparecer cojeando, sin que se aclarase nunca qué dolencia había padecido (algunos expertos creen que podría sufrir intensos ataques de gota, aunque la Inteligencia surcoreana lo atribuyó a un quiste en el pie).

Dicho esto, los problemas cardíacos parecen ser una cosa de familia: su padre, Kim Jong-il, falleció de un ataque al corazón en 2011. Y tanto China como Corea del Sur podrían tener interés en mantener la calma ante un escenario para el que nadie está preparado, y ahora menos que nunca.

Y si bien Corea del Sur y China afirmaron en un primer momento no tener constancia de que el estado de Kim Jong-un revistiese gravedad alguna ni haber observado ningún movimiento inusual, las cosas han cambiado en las últimas horas: según ha revelado Reuters, Pekín ha enviado una misión de especialistas médicos y funcionarios a Corea del Norte, y Kim no ha comparecido en público este sábado durante la celebración del 88º aniversario de la fundación del Ejército Revolucionario Popular de Corea, las fuerzas armadas del país, normalmente una cita obligada para el jefe del Estado. Sea lo que sea, algo pasa en Corea del Norte.

Varios medios han especulado con la posibilidad de que, si Kim Jong-un desaparece, la hermana pequeña del líder, Kim Yo Jong, podría convertirse en la regente del país hasta que se organizase una sucesión en condiciones. Ciertamente, Kim Yo Jong-, a quien a veces se ha denominado “la princesa de Corea del Norte”, es una figura de peso en el régimen y con experiencia política. Formada, como el propio Kim, en el extranjero, fue una de las directoras del Departamento de Agitación y Propaganda del Partido de los Trabajadores de Corea, y en los últimos años ha servido de canal diplomático con Corea del Sur. En 2018 formó parte de la delegación que participó en los Juegos Olímpicos de Invierno en Pyeongchang, y desde entonces ha jugado un papel cada vez más público.

“Kim Yo Jong será, por ahora, la principal base de poder con control del departamento de organización y guía, la judicatura y la seguridad pública”, explica Cho Han-bum, del Instituto para la Unificación Nacional de Corea.

No obstante, algunos especialistas consideran improbable dicho escenario. “Sí, Kim Yo Jong se ha convertido en uno de los miembros de confianza del círculo
gobernante de la RPDC, con muchos admiradores. Pero la historia muestra que cada gobernante de la familia Kim ha confiado en un pariente para llevar a cabo
misiones importantes. Hasta ahora, las cosas han acabado mal para ellos”, afirma el ruso Andrei Lankov, profesor de la Universidad Kookmin de Seúl y director del sitio
NK News, y uno de los mayores expertos del mundo en Corea del Norte.

“Kim Yo Jong es muy influyente”, indica Lim Jae-cheon, experto en la familia Kim en la Universidad de Corea en Seúl, pero “no puede ser líder. Es una mujer”. La
sociedad norcoreana, indica, se rige por principios confucianos jerárquicos y de predominio masculino que hacen casi imposible digerir que su jefe de estado sea
una mujer.

Sin una sucesión clara

El principal problema es que Corea del Norte nunca ha tenido ningún presidente que no perteneciese a la rama masculina de la familia Kim. El matrimonio Kim no tiene hijos varones, e incluso en el improbable caso que la conservadora sociedad norcoreana aceptase ser liderada por una mujer, su única hija, Kim Ju-ae, tiene apenas siete años. Si algún poder extranjero esperaba poder jugar la baza de su medio hermano Kim Jong-nam, la única opción relativamente realista de una sucesión dinástica, vio sus esperanzas truncadas por su truculento envenenamiento en el aeropuerto de Kuala Lumpur. Tras la muerte de Kim Jong-il, todos los análisis se centraron en hasta qué punto su heredero sería capaz de mantenerse en el poder, pero nadie dudaba de dicha transferencia de mando. La desaparición de Kim Jong-un, por causas naturales o por otro motivo, plantea una incógnita totalmente diferente.

O tal vez no tanto. En 2009, ante el evidente deterioro de salud del entonces mandatario Kim Jong-il y sin que todavía se hubiese perfilado la sucesión, el Consejo de Relaciones Exteriores de EEUU (CFR) preparó un informe especial llamado 'Preparativos para un cambio súbito en Corea del Norte'. En él, se abordaba la cuestión de la desaparición del líder. Entre los escenarios que dibujaba, se encontraban los siguientes: una sucesión dirigida con éxito (la opción que se impuso finalmente, como sabemos), otra que fuese cuestionada por algunos elementos clave del régimen y generase una lucha de poder y una que acabase en fracaso. Casi seguro, la misma situación que se presentaría hoy día.

El investigador de la Institución Hoover Paul R. Gregory, uno de los académicos que han reflexionado públicamente sobre qué ocurrirá en una Corea del Norte tras Kim, considera que el escenario más probable es algún tipo de liderazgo compartido por la cúpula del Partido de los Trabajadores de Corea, tal vez encabezado por un ‘primus inter pares’, al estilo de la vecina China.

Kim Jong-un.
Kim Jong-un.

“Paralelismos históricos con la URSS y China, opino, sugieren que a Kim le seguirá una forma más suave de gobierno colectivo”, escribe Gregory en la revista 'Forbes', y asegura que “el comportamiento de los círculos de poder soviéticos y chinos tras las muertes de Stalin y Mao (...) sugiere que un cambio de régimen en Corea del Norte no auparía a un líder peor sino que iniciaría un movimiento hacia un liderazgo colectivo menos beligerante”. Un vacío de poder sería un escenario muy peligroso para Corea del Norte, por lo que el resultado más probable es que los máximos responsables del régimen traten de actuar rápido para coparlo.

Pero ¿y si no se llega a un acuerdo en la cúpula? “Esto podría tentar a ciertos individuos o facciones a hacerse con el poder, lo que resultaría en una lucha potencialmente disruptiva e incluso violenta por el liderazgo. Cuál podría ser el resultado y qué rumbo podría tomar Corea del Norte en consecuencia es imposible de predecir, pero una competición prolongada y tal vez violenta por la supremacía en Pyongyang sin duda generaría una tensión enorme en el resto del país, dado el grado en el que el Estado es controlado desde el centro”, indica el informe del CFR.

Cualquier cataclismo político interno que bloquease los servicios básicos en Corea del Norte, donde todavía está reciente el recuerdo de la hambruna de los años noventa, generaría una oleada de refugiados tanto hacia China como hacia Corea del Sur. Y ahí la inestabilidad sería todavía mayor: la amenaza de una intervención surcoreana o estadounidense en el norte podría incluso llevar a Pekín a anticiparse y ocupar militarmente Corea del Norte.

“La perspectiva de que Corea del Norte sea absorbida por Corea del Sur y de que fuerzas estadounidenses sean desplegadas en la frontera nordeste de China son asuntos de gran preocupación [para Pekín]. Los mismos miedos ayudaron a provocar la entrada de China en la Guerra de Corea”, sostiene el CFR. “Moscú sin duda comparte las preocupaciones de Pekín, pero Rusia parece menos predispuesta a intervenir si la situación se deteriora”, añade el documento. La situación, en ese caso, sería la de una gran crisis internacional.

No esperen revoluciones

Lo que prácticamente podemos descartar de antemano es algún tipo de revuelta popular para derrocar la dictadura. El sistema represivo es tan eficaz que no existe ninguna posibilidad de organizar una oposición interna sin que sea inmediatamente detectada y desmantelada. Incluso en una situación de colapso, la probabilidad de que emerja un movimiento exitoso es casi nula.

La periodista neozelandesa Anna Fifield, autora de la biografía de Kim 'The Great Successor' ('El gran sucesor'), que ha viajado a Corea del Norte en una docena de ocasiones, describe la situación así en una entrevista: “Aunque muchos norcoreanos rechazan la idea de un líder de tercera generación y saben que lo que se dice sobre él es fantasía, sigue sin haber disidencia en Corea del Norte. No hay un Solzhenitsyn norcoreano, no hay literatura de ‘samizdat’ [los panfletos que circulaban de forma clandestina en la antigua URSS], no hay ni siquiera alguna pintada”.

Fifield añade: “Cuando le pregunté a una mujer que me había hablado de su desdén por el régimen por qué los norcoreanos no tratan de hacer algo al respecto, me dijo que si tú te opones al sistema no intentas cambiarlo, solo tratas de escapar. Esto se debe a que el sistema de castigo en Corea del Norte es absolutamente draconiano: si criticas al régimen, tres generaciones de tu familia podrían ser enviadas al gulag”.

En cambio, de producirse algún tipo de transición, llegaría en el mejor de los momentos. En Corea del Sur, el presidente progresista, Moon Jae-in, partidario del acercamiento a Pyongyang, acaba de ser reelegido con mayoría absoluta. Y la Casa Blanca se encuentra también en modo conciliatorio después de que el presidente Donald Trump escribiese a Kim Jong-un a finales de marzo para ofrecerle ayuda estadounidense en la lucha contra el coronavirus, lo que reduce la probabilidad de una reacción hostil. Un cambio moderado probablemente sería bien recibido en el exterior. Además, podría contar con apoyos desde todos los frentes, tanto entre los aliados tradicionales de Pyongyang como entre sus rivales.

“Es fácil equivocarse en esto”, afirma John Delury, profesor de relaciones internacionales de la Universidad Yonsei de Seúl, acerca de la situación de salud de Kim Jong-un en el artículo de CNN. Es probable que Kim se recupere —asumiendo que las informaciones sobre su cirugía sean ciertas, en primer lugar—, pero ahora mismo hay una opción de que eso no suceda. Podemos asumir que, en ese caso, la sociedad norcoreana se convertirá en una gigantesca plañidera que mostrará públicamente su dolor —real o pretendido— exageradamente durante días, como sucedió tras la desaparición de su padre y su abuelo. A partir de ahí empiezan las incógnitas, que el resto del mundo tal vez haría bien en empezar a plantearse.

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