una operación en el aeropuerto de kuala lumpur

"Mamá, los norcoreanos me engañaron": los secretos del asesinato de Kim Jong-nam

La justicia de Malasia ha fallado en contra de las dos jóvenes detenidas por rociar al hermano del dictador norcoreano con agente VX, una trama cuyos principales detalles son aún oscuros

Foto: Kim Jong-nam habla con personal del aeropuerto de Kuala Lumpur tras su contacto físico con una mujer, que le produjo el envenenamiento que le mataría horas después. (Reuters)
Kim Jong-nam habla con personal del aeropuerto de Kuala Lumpur tras su contacto físico con una mujer, que le produjo el envenenamiento que le mataría horas después. (Reuters)

Durante el último encuentro con sus padres, Siti Aysiah les aseguró que iba a convertirse en actriz en un programa de televisión y que su papel consistía en gastar bromas a la gente. “Al final salió por la tele, pero no de la forma que esperaba”, afirma su madre, Benah: unos días después de su visita, los progenitores descubrieron con horror que su hija de 26 años era una de los dos mujeres que habían rociado con una sustancia venenosa a Kim Jong-nam, medio hermano del dictador de Corea del Norte Kim Jong-un, en el aeropuerto de Kuala Lumpur, provocándole la muerte de forma casi instantánea. La indonesia Aysiah y otra joven vietnamita, Doan Thi Huong, han comparecido hoy ante un juez por aquel crimen, que ha fallado en contra de su puesta en libertad. Ahora, ambas deberán probar su inocencia en los tribunales.

Las autoridades de Malasia aseguran que las jóvenes fueron cómplices de pleno derecho en aquel asesinato, pero ambas afirman haber creído en todo momento que estaban participando en un concurso de televisión. Y numerosos investigadores y periodistas que han indagado en el caso se inclinan a pensar que así era. La historia de la ejecución de Kim Jong-nam cuenta con numerosos aspectos oscuros que, se espera, sean desvelados hoy por la justicia.

La trágica historia de este malogrado miembro de la dinastía Kim es, ante todo, la de la relación con su hermano, dispuesto a todo con tal de destruirle. Kim Jong-nam parecía llamado a suceder a su padre al frente de Corea del Norte, pero después de que Kim Jong-il tuviese otros dos hijos con una nueva esposa, fue despachado a una escuela de lujo en Ginebra, donde probó las mieles del mundo occidental. Obligado a regresar a su país tras terminar sus estudios, nunca se acostumbró a la rigidez del estado norcoreano.

En 2001 fue arrestado mientras intentaba entrar ilegalmente en Japón con un pasaporte falso: como explicación, afirmó que solamente pretendía visitar Disneylandia. El escándalo internacional generado fue la gota que colmó el vaso, y Kim Jong-il empezó a formar a otro de sus vástagos como futuro líder de la nación asiática, el mucho más despiadado Kim Jong-un.

Ya antes de la muerte de su padre, empezaron los atentados contra la vida del joven caído en desgracia. En 2010, un taxista chino fue sobornado por un agente norcoreano para que provocase un accidente que acabase con Kim Jong-nam, pero este no se presentó en el lugar esperado. Tras el cambio de liderazgo en 2011, Kim Jong-nam –que ya vivía en el extranjero, en Macao, bajo la protección de las autoridades chinas- vio cómo su hermano le retiraba los fondos para su manutención. En un correo electrónico, le dijo a un periodista japonés que el nuevo líder norcoreano era “una broma para el mundo exterior”, y que su régimen no duraría mucho. Al año siguiente escapó por poco de otro intento de asesinato.

Poco después le escribió una carta a su hermano suplicando por su vida: “Por favor, retira la orden de castigarme a mí y a mi familia. No tengo dónde esconderme. La única forma de escapar es optar por el suicidio”. Unas palabras que, como se vería, no conmovieron a Kim Jong-un.

La noticia del asesinato de Kim Jong-nam, en un informativo surcoreano. (EFE)
La noticia del asesinato de Kim Jong-nam, en un informativo surcoreano. (EFE)

¿Contacto de la CIA y de la inteligencia china?

El 13 de febrero de 2017, Kim Jong-nam caminaba por el aeropuero de Kuala Lumpur cuando dos mujeres se le acercaron y le manosearon la cara antes de salir corriendo. Kim, alarmado, se acercó a hablar con el personal del aeropuerto, que se lo tomó con cierta indiferencia. Pero a los pocos minutos, cuando las piernas y los órganos del viajero empezaron a fallar, quedó claro que algo sucedía. Un cuarto de hora después estaba muerto. Pronto se descubrió que su documentación era falsa, y que su verdadera identidad era explosiva.

En su bolsa se encontraron 120.000 dólares que, según algunos miembros de la comunidad de inteligencia, le habrían sido entregados por un operativo de la CIA en una reunión de dos horas mantenida ese mismo día, a cambio de información sobre el régimen. Kim Jong-un, además, podría haber tenido otras razones para quererle muerto: algunos expertos especulan con que China podría haber estado barajando la posibilidad de utilizarle como baza en un golpe de estado, si su hermano se volvía demasiado incontrolable.

La autopsia determinó que había sido asesinado con agente VX, probablemente una versión de la sustancia denominada VX2, que separa los componentes en dos partes que de por sí son inocuas y solo se convierten en letales al entrar en contacto. Eso permite que alguien pueda ser ‘marcado’ por dos personas por separado sin que la vida de éstas corra peligro, y a menudo sin que pueda determinarse el origen de la agresión. En el mundo de los servicios de inteligencia, esto se conoce como un “ataque binario”.

Gracias a las cámaras de seguridad, las dos mujeres fueron identificadas rápidamente y detenidas con facilidad. La policía malasia identificó también a varios sospechosos más, casi todos operativos norcoreanos que operaban bajo pasaporte diplomático. Pero pronto estalló un conflicto diplomático: Malasia se negó a repatriar el cadáver, que Corea del Norte reclamaba, y se produjo un intento de robar el cuerpo en la morgue (probablemente para tratar de evitar que se identificase el VX). Pyongyang retuvo forzosamente a todos los ciudadanos malasios en su territorio durante un mes y medio, hasta que Malasia aceptó entregar los restos de Kim Jong-nam y permitió que varios de los sospechosos encerrados en la embajada norcoreana regresasen a su país. Los jueces se encontraron con sólo dos de las perpetradoras entre rejas: Aysiah y Thi Huong.

Las dos eran jóvenes de baja extracción social que se ganaban la vida mediante la prostitución. No se conocían: según la declaración que ambas prestaron por separado, habían sido convencidas por un grupo de “asiáticos” de que todo era parte de un show televisivo, y a ambas se les dijo, en el último minuto, que la otra también participaría en la broma. “Me dijo: mamá, todo esto es una encerrona, he sido engañada”, afirma la madre de Aysiah en una entrevista con The Guardian. Las chicas, según dicen, ni siquiera sabían que los hombres para los que trabajaban eran norcoreanos. Mucho menos que el objetivo fuese asesinar a nadie.

Muchos les creen. El periodista Doug Bock Clark investigó durante meses el caso en varios países del Sudeste Asiático, y llegó a la conclusión de que las dos jóvenes habían sido engañadas. Incluso llegó a determinar el momento en el que empezó todo: a las 3 de la madrugada del 5 de enero de 2017, en la puerta de un bar de dudosa reputación en Kuala Lumpur, donde Aysiah ofrecía servicios sexuales a clientes. Allí, un taxista que hacía de intermediario le ofreció contactar con un “japonés” que buscaba chicas jóvenes para un trabajo, a quien le presentó al día siguiente.

Doan Thi Huong y Siti Aisyah en imágenes difundidas por la policía de Malasia. (EFE)
Doan Thi Huong y Siti Aisyah en imágenes difundidas por la policía de Malasia. (EFE)

"Un programa de cámara oculta"

El hombre, que se presentó como James, le explicó que estaba produciendo un programa de cámara oculta que sería visto a través de YouTube en China y Japón. Allí mismo, le pidió que arrojase una sustancia que parecía aceite para bebés al rostro de una mujer mientras él lo grababa con el móvil. Como había dinero de por medio, Siti Aysiah lo hizo sin dudar. Entusiasmado, James le pidió que lo repitiesen al día siguiente en el aeropuerto.

Durante los meses siguientes, Siti practicó una y otra vez en numerosos lugares públicos –principalmente aeropuertos- de Malasia, Indonesia y Camboya. En Phnom Penh, James le presentó a un colega, un supuesto ciudadano chino que se hacía llamar Chang y quien, a diferencia de aquel, hablaba fluidamente bahasa, el idioma natal de Aysiash y la principal lengua de Indonesia, Malasia y el sur de Tailandia. En todo este tiempo, en conversaciones con amigos y parientes, Siti presumió constantemente que estaba a punto de convertirse en una estrella televisiva.

A principios de febrero, Chang le dio 4.000 dólares a Siti para que preparase un viaje a Macao, pero al día siguiente lo canceló abruptamente. La razón, según se supo posteriormente, es que Kim Jong-nam había viajado a Malasia, donde se encontraba el equipo en esos momentos. Cinco días después, Aysiah llevó a cabo lo que, según asegura, ella pensaba que era “la broma final” en el aeropuerto de Kuala Lumpur.

La investigación ha determinado que el tal James era en realidad un ciudadano norcoreano llamado Ri Ji-u, y Chang era un operativo de inteligencia norcoreano llamado Hong Song-hac, antiguo estudiante de bahasa en una universidad indonesia y posteriormente diplomático acreditado en la embajada norcoreana en Yakarta. La duda que persiste es si, como aseguran las autoridades malasias, las chicas sabían lo que se traían entre manos.

El Gobierno de Indonesia cree que, al menos en el caso de Aysiah, no era así. “Las cuatro primeras veces que funcionarios indonesios visitaron a Siti tras el arresto, creía que estar en la cárcel era parte de la broma”, ha declarado Andreano Erwin, el embajador indonesio en Malasia. Cuando le enseñaron los periódicos con el rostro de Kim Jong-nam y le dijeron que estaba muerto, se echó a llorar.

“Creo que será liberada porque no es culpable. Nunca intentó matar a nadie. Es mi hija y le creo”, afirma su madre. A su favor juega el hecho de que, para que sea considerado asesinato, la legislación malasia requiere que exista intencionalidad en un homicidio. De creer a las chicas, no habría sido el caso. Pero no está claro que la justicia vaya a pensar lo mismo. De ser así, lo que les espera es la horca.

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