LAS ELECCIONES, AL ACECHO

El país más seguro de sí mismo tiene miedo de volver a la normalidad

La Casa Blanca dice que el proceso de reapertura económica no se debería iniciar hasta que cada estado haya visto disminuir los contagios durante 14 días consecutivos

Foto: Donald Trump y una imagen del gobernador demócrata Andrew Cuomo. (Reuters)
Donald Trump y una imagen del gobernador demócrata Andrew Cuomo. (Reuters)

Estados Unidos inicia la semana con tensiones entre el Gobierno federal y los estados más afectados por la pandemia. “Hay protestas ahí fuera y creo que algunos gobernadores se han pasado”, dijo el presidente, Donald Trump, este fin de semana, refiriéndose a algunos de los 42 estados que han cerrado sus economías para frenar los contagios. “Realmente creo que no están siendo razonables”.

Un día antes el presidente había instado por Twitter a que los ciudadanos de Virginia, Michigan y Minesota se “liberasen” de estas restricciones. El magnate se centró en tres estados muy particulares: lugares con gobernadores demócratas pero, a diferencia de California o Nueva York, susceptibles de votar republicano en 2020. Las protestas a las que se refería Trump son aparentemente minoritarias. Algunos centenares de personas se manifestaron frente a las sedes gubernamentales de Michigan y Minesota para rechazar el confinamiento. Muchas iban armadas.

Las palabras de Trump, además, contradicen las medidas que ha recomendado su propia administración para volver potencialmente a la normalidad. La Casa Blanca dice que el proceso de reapertura económica no se debería iniciar hasta que cada estado haya visto disminuir los contagios durante 14 días consecutivos. Estas decisiones, según ha sido concretado, quedan en manos de los gobernadores.

“Está poniendo a millones de personas en peligro de contraer Covid-19”, declaró el gobernador de Washington, el demócrata Jay Inslee. “Sus inestables despotricaciones y llamadas a que la gente ‘libere’ los estados pueden llevar a la violencia”. Inslee acusó a Trump de “fomentar la rebelión doméstica”.

Trump ya piensa en noviembre

El motivo de fondo, como sugiere el manual de actuación del presidente, puede ser dominar toda la atención pública y así controlar la agenda político-mediática. Su capacidad de generar titulares y polémicas, entre otras consecuencias, está dejando fuera de foco al que va a ser su rival en las presidenciales de noviembre: Joe Biden.

Según los datos compilados por el portal Axios, la agenda o los planes de Joe Biden están teniendo poca o ninguna consecuencia en el debate público. Entre el 15 de marzo y el 15 de abril, pese a su práctica victoria en las primarias demócratas, Biden ha generado un volumen de comentarios en las redes sociales siete veces inferior al que ha arrastrado el presidente Trump. También ha sido mencionado tres veces menos en televisión y siete veces menos personas han buscado su nombre en Google.

El presidente, en medio de la creciente animadversión con China y después de suspender la contribución americana a la Organización Mundial de la Salud, también ha mencionado la posibilidad de que el coronavirus fuese creado en un laboratorio chino. “Mucha gente lo está investigando. Parece que tiene sentido”, dijo Trump. No obstante, fuentes de su Gobierno aseguraron a varios medios que, por el momento, no ha habido ninguna pista que apunte en esa dirección.

En el calendario de la pandemia, EEUU está unas dos o tres semanas por detrás de países como España y por ahora la vuelta a la normalidad sigue sin estar a la vista. Una encuesta conjunta de NBC y The Wall Street Journal revela que la mayoría de estadounidenses, 6 de cada 10, tienen miedo de que se levanten las restricciones demasiado pronto. Un miedo justificado por diferentes cálculos científicos.

¿La normalidad? muy lejos

Un estudio de la Universidad de Harvard estima que, para volver a la normalidad y reabrir la economía, Estados Unidos necesita triplicar el número de pruebas diarias de Covid-19. En la actualidad se hacen, cada día, 45 pruebas por cada 100.000 habitantes; para el 15 de mayo tendrían que hacerse 152 pruebas por cada 100.000 habitantes, lo cual implicaría realizar unos 700.000 tests al día: la única forma, según el estudio, de tener los ojos abiertos y controlar la evolución de la pandemia.

Los gobernadores de los estados más afectados, Nueva York y Nueva Jersey, han pedido ayuda al Gobierno federal para aumentar los tests. Según el gobernador neoyorquino, Andrew Cuomo, son “la manera de vigilar el ritmo de las infecciones”. Según Cuomo, la reapertura, de momento prevista para que empieza progresivamente el 15 de mayo, depende en gran medida de las pruebas.

A falta de suficientes tests, el número de casos reales continúa siendo un misterio, como también son un misterio las muertes totales. Las autoridades solo cuentan los fallecimientos de personas hospitalizadas que han dado positivo de Covid-19. Aquellas que se mueren en sus casas no son contabilizadas.

Y se mueren. En Nueva York, por ejemplo, los primeros cinco días de abril 1.125 neoyorquinos fallecieron en sus hogares: ocho veces más que en el mismo periodo del año pasado. El número de paros cardíacos también ha crecido, sobre todo en las zonas de Queens y Brooklyn con más afectadas por la pandemia. No se cuentan.

El estado de Nueva York, por el cómputo oficial, suma ya más de 17.500 fallecidos y 236.000 casos confirmados. Números comparables a los de España, pese a que Nueva York tiene menos de la mitad de la población. El número de hospitalizaciones diarias, sin embargo, continúa bajando, como baja también el ritmo de los fallecimientos. El gobernador Cuomo ha dicho que quizás ya se ha pasado el pico.

Ahora queda lo peor

Donde todavía no ha llegado el pico es en varios estados rurales, especialmente en los ocho estados que, a diferencia del resto, no han decretado medidas de confinamiento. En Dakota del Sur, el número de contagios aumentó más de un 200% en la última semana. En Iowa crecieron un 82% y en Nebraska un 74%. En Dakota del Norte, Utah y Wyoming, donde tampoco se han aplicado restricciones, los aumentos han sido más moderados.

El daño económico también es difícil de calcular. La economía estadounidense ha destruido 22 millones de empleos en un mes: la misma cantidad de empleos creados desde que se empezó a salir de la recesión hace una década. Pese a su tamaño, el número no recoge a aquellos nuevos parados que todavía no han solicitado el subsidio de paro o que no han podido recibir ayuda de unos servicios desbordados.

En ciudades como Nueva York, Baltimore o Chicago, las escuelas ya no solo alimentan a los alumnos desfavorecidos, sino también a sus familias

En Washington, demócratas y republicanos dicen estar “muy cerca” de firmar un segundo paquete de apoyo a los pequeños empresarios: una serie de préstamos por valor de 350.000 millones de dólares. El programa, a petición demócrata, incluiría también dinero para los hospitales y para costear las pruebas de Covid-19.

A nivel local, las ONGs y los servicios públicos tratan de movilizar todos sus recursos para ayudar a las legiones de necesitados. En los doce distritos educativos más grandes del país, en ciudades como Nueva York, Baltimore o Chicago, las escuelas han tenido que ampliar sus operaciones de manutención. Ya no solo intentan alimentar a los alumnos desfavorecidos, sino también a sus familias.

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