futbolista estrella, lesbiana y activista

¿Heroína del fútbol o "niña mimada"? La victoriosa capitana que divide a EEUU

El regreso triunfal de la delección de fútbol femenino a Estados Unidos, con la Copa bajo el brazo, ha polarizado a la sociedad estadounidense en torno a la figura de su capitana

Foto: La futbolista Megan Rapinoe. (Reuters)
La futbolista Megan Rapinoe. (Reuters)

La futbolista Megan Rapinoe, co-capitana de la selección estadounidense de 'soccer' femenino, entró en Nueva York como un general de la antigua Roma. Solo que, en lugar de oro y líderes bárbaros encadenados al carro, llevaba una Copa del Mundo -la segunda consecutiva- y un discurso fervoroso.

"Tenemos el pelo rosa y morado, tatuajes y rastas, tenemos chicas blancas y negras, heterosexuales y gays", dijo frente a unas 300.000 personas, después de recorrer el Cañón de los Héroes, como el general Eisenhower tras vencer al fascismo en Europa. "Tenemos que ser mejores. Tenemos que amar más, odiar menos".

Sus palabras no se daban en el vacío. Días antes, en un programa de televisión, Rapinoe declaró que si ganaban la Copa del Mundo no iría “a la puta Casa Blanca”. La futbolista, una ardiente crítica del presidente Donald Trump, se negó a cantar el himno nacional en los partidos, y llegó a hincar la rodilla durante el mismo, en solidaridad con los jugadores de fútbol americano que protestaban contra la brutalidad policial.

¿Presidenta Rapinoe?

La mecha prendió y Rapinoe, de 34 años, lesbiana y militante de la paga igualitaria entre hombres y mujeres en el fútbol, icónica en su estilo y campeona mundial, dio la vuelta por todos los platós de televisión. Su imagen se multiplicó por el ciberespacio y varias voces trataron de aprovecharse de su fama.

"Mi primera acción [como presidente] será pedir a Megan Rapinoe que sea mi secretaria de Estado", dijo el gobernador de Washington y precandidato a la Casa Blanca, el demócrata Jay Inslee. “Creo que lo que dijo, y que nos inspiró tanto, es una clara antítesis a la política exterior del presidente”.

La propia Rapinoe bromeó con una posible carrera presidencial. "Lo siento, estoy ocupada", dijo sobre el escenario neoyorquino. Quizás no se le escapaba el hecho de que una encuesta de Public Policy Polling le daba una intención de voto del 42%: por encima del 41% de Donald Trump.

Algunos fueron más allá y dieron a Rapinoe el estatus de leyenda. Merecía un hueco ya no en el 'prime time' del momento, sino en el Panteón de los Dioses del Deporte y la Protesta, junto a Kareem Abdul-Jabbar, Martina Navratilova, Athea Gibson o Jesse Owens, que humilló a la raza aria en las narices de Hitler. Incluso algunos la comparan con el boxeador más famoso del mundo.

"Megan Rapinoe es la Muhammad Ali de su generación", escribió Franklin Foer en The Atlantic. “Como su antecesor pugilístico, con quien comparte un humor pillo y un pavoneo irresistible, la jugadora estrella del equipo de fútbol nacional femenino de EEUU ha evolucionado en una heroína de la resistencia. A través de su ejemplo, Rapinoe ha enseñado al mundo cómo jugar al fútbol y cómo disentir”.

Megan Rapinoe es la Muhammad Ali de su generación. A través de su ejemplo, Rapinoe ha enseñado al mundo cómo jugar al fútbol y cómo disentir

"Campeona quejica"

Los pistoleros más rápidos de la derecha, sin embargo, no tardaron en disparar. "Los atletas, como grupo, están imbuidos de más autoconfianza de la que la mayoría podamos imaginar", escribió Kyle Smith en The New York Post. "Pero el truco de ser un atleta-activista es representar humildad. Peyton Manning y Michael Jordan eran brillantes en esto. Si no, intenta un pavoneo exagerado y desternillante, como Muhammad Ali. Lo que ningún atleta debe de hacer es convertir una victoria en victimismo, ir de campeón atleta a campeón quejica".

Rapinoe se ha colocado en la diana de los conservadores, como hizo Colin Kaepernick, el jugador de fútbol americano que se hizo célebre por hincar la rodilla durante el himno. El gesto de Kaepernick para llamar la atención sobre los casos de brutalidad policial contra los afroamericanos causó una fuerte indignación; una polémica que el presidente Donald Trump no dudó en usar de munición en sus mítines.

Megan Rapinoe ha sido recibida en Nueva York en medio de una oleada de entusiasmo. (Reuters)
Megan Rapinoe ha sido recibida en Nueva York en medio de una oleada de entusiasmo. (Reuters)

Otros han recordado que 2019 no es 1966. El contexto es diferente, y también el precio a pagar por defender unos principios. Muhammad Ali se ganó con su militancia y su oposición a la guerra de Vietnam la pérdida del pasaporte, de su título y del derecho a boxear (en el auge de su carrera), además de una multa, una condena de cárcel, y lo que quizás fuera lo peor: un escarnio generalizado.

"No han sacrificado ni conseguido nada cercano a lo que logró Ali durante su vida", escribió el columnista Cheesy Bruin, en referencia a Rapinoe y a Kaepernick. Otro opinador reconoció que Rapinoe "tiene habilidades futbolísticas, sin duda, pero su actitud mimada, frívola y antipatriótica es el epítome del privilegio primermundista".

El locutor ultraconservador Rush Limbaugh fue más allá y acusó a Rapinoe de buscar un beneficio con su activismo. “Quiere un ‘acuerdo Kaepernick’ con Nike”, declaró. "Está demostrando a Nike que puede ser tan anti-americana como Kaepernick. Dadme una oportunidad. Dejad que cubra el ángulo LGBTQ".

Limbaugh se refería al acuerdo publicitario que firmó Kaepernick, en la cresta de la indignación, con la mayor fabricante de ropa deportiva del mundo. Un acuerdo del que no conocemos la cifra, pero cuya cantidad ha sido estimada, entre varios expertos, en torno a unos 40 millones de dólares. También había otros deportistas en la campaña de Nike, pero Kaepernick era el único que ya no ejercía.

Además de las críticas, la imagen de Rapinoe en los pósters del metro de Nueva York fue profanada con insultos homofóbos. La profesora Bonnie Morris, en declaraciones a la BBC, explica parte de la reacción a Rapinoe como un rasgo de machismo. "Mucha gente preferiría que ella marcase un gol y no dijera nada, porque no quieren lidiar con una heroína americana que es una orgullosa ídola bollera".

El verbo de Rapinoe, su descaro y sus demandas progresistas, sólo han caído en la vorágine política de un país partido en dos mitades, con un sentimiento de confianza y orgullo nacional en mínimos jamás registrados, según esta encuesta de Gallup. Un lugar que no se pone de acuerdo ni en una Copa del Mundo.

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