OCTAVOS DE FINAL EN EL MUNDIAL DE FRANCIA

El fútbol femenino lucha por escapar de la precariedad económica

Pese al creciente calor de la afición y los patrocinadores, la estructura económica del fútbol femenino todavía no está en fase de madurez. La guerra civil en el sector no ayuda

Foto: Estadio del Mundial de Francia en Rennes. (Reuters)
Estadio del Mundial de Francia en Rennes. (Reuters)

España se prepara para hacer frente a Estados Unidos en los octavos de final del Mundial de fútbol femenino de Francia. Se celebrará este lunes y será un partido difícil, pero no tanto como el duelo contra la precariedad que vive actualmente la profesión. El fútbol femenino está ganando cada vez más músculo financiero, el trabajo de las jugadoras atrae cada vez más notoriedad y los patrocinadores se fijan en los potenciales beneficios. Pese a todo, con una estructura económica todavía en fase de maduración, el sector vive un enfrentamiento interno por los derechos de las jugadoras que, a su vez, marcará el futuro y gestión del balompié femenino tal y como los conocemos.

La falta de dinero en el fútbol femenino es generalizada. Por ejemplo, si en el Mundial de fútbol masculino de Rusia se repartieron un total de 702 millones de euros, las jugadoras de la Copa del Mundo de este año en Francia solo alcanzan a dividirse 44 millones de euros. Esto se traduce en un premio de 33,8 millones de euros a la selección francesa de fútbol masculino en 2018 —premio que dista con creces de los 3,5 millones que se llevarán a casa las vencedoras del Mundial femenino de este año—. Tanto es así que Ada Hegerberg, una de las jugadoras más reconocidas a nivel mundial, se ha negado a jugar esta Copa como muestra de protesta.

La visibilidad del fútbol femenino continúa estando lejos del de la categoría masculina. Mientras la final de la Copa de la Reina consiguió 1,6 millones de espectadores, la final de la Copa del Rey se mueve en una audiencia de 6,4 millones de personas. Además, pese a que los récords de asistencia registrados en el estadio del Wanda (Madrid) o San Mamés (Bilbao) de este año apuntan a un crecimiento de la afición de los equipos femeninos, los precios de entrada todavía distan con creces de los que se cobran en los duelos de los campeonatos masculinos.

En este contexto, las futbolistas todavía lidian con unas condiciones laborales muy pobres. Según un estudio de la Federación Internacional de Futbolistas Profesionales (FIFPro) a nivel global a cierre de 2017, el 49% de las jugadoras no perciben ningún salario por su trabajo y, de entre las que sí cobran, el 60% gana entre 1 y 600 dólares al mes. Además, el 28% de las jugadoras profesionales todavía no cuentan con un contrato escrito y el 61% de las jugadoras con hijos no disfrutó de la baja de maternidad. El estudio es a nivel global, pero refleja una realidad que también se da en España: en uno de los países más ‘futboleros’ del mundo, las jugadoras todavía no gozan de un convenio colectivo que les garantice una serie de derechos laborales.

Pese a todo, el Mundial de este año en Francia apunta a una mejora del panorama. Si al Mundial de 2016 se acreditaron solo cuatro periodistas españoles para viajar a la competición en Canadá, este 2019 la Copa ha registrado la llegada de 36. Lo mismo ocurre con los patrocinadores: si en 2016 las españolas llegaron a la cita mundial con el respaldo de un solo patrocinador, en la Copa de este 2019, las jugadoras ya cuentan con siete.

El partido China-España del pasado lunes en Le Havre (Francia). (Reuters)
El partido China-España del pasado lunes en Le Havre (Francia). (Reuters)

“Esto es una rueda que ha empezado a girar y difícilmente va a parar”, explica Alfredo Bustillo, director del área de patrocinios de CaixaBank. El banco lleva desde 2011 promocionando el fútbol masculino (así como toda una amplia gama de deportes) y este 2018 amplió su foco a toda la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) en un acuerdo fechado hasta 2024 pero con ánimo de continuidad a largo plazo, explican fuentes de dirección ejecutiva de comunicación, relaciones institucionales, marca y RSC donde está englobado patrocinios. Por ejemplo, si antes CaixaBank solo invitaba a futbolistas masculinos a participar de eventos promocionales de iniciativas 'money can't buy', ahora la entidad también quiere contar con las atletas femeninas dentro del mismo paquete.

Eso sí, Bustillo lo deja claro: “Patrocinar el deporte femenino no es un acto de responsabilidad social corporativa, es promocionar a la élite”. El objetivo es que la relación entre el patrocinador y los deportistas sea de 'win-win'. Por ejemplo, según explican desde CaixaBank, el banco refuerza la notoriedad de marca a través de la relación de sus clientes con el deporte, pero a su vez también generan negocio con la captación de nóminas y la financiación de abonos de los equipos. A su vez, el sector refuerza la financiación necesaria para iniciativas como la Copa Campeones, direccionada a alimentar el deporte de base entre las generación sub 13.

¿Qué ha ocurrido en los últimos años para que los patrocinadores se hayan fijado en el fútbol femenino? “Son ellas las que se lo han ganado”, zanja Bustillo. “El dinero de los patrocinadores es importante para que las deportistas puedan concentrarse únicamente en entrenar y no tener que pensar en ganarse la vida por otro lado; pero al final, las que han puesto la rueda a girar a base de esfuerzo y éxitos deportivos que posteriormente han atraído el interés de los medios y patrocinadores son ellas”.

Patrocinar el deporte femenino no es un acto de responsabilidad social corporativa, es promocionar a la élite

Celia Jiménez, defensa de la selección española y a su vez del Seattle Reign de la National Women’s Soccer League de EEUU, también le da un peso importante al esfuerzo de las jugadoras. Esta jienense de 24 años se mudó hace seis a Estados Unidos para perseguir dos objetivos claros: dar continuidad a su carrera como futbolista profesional y sacarse los estudios de ingeniería aeronáutica. “Siempre he tenido claro que quería compaginar ambas cosas a un nivel de élite, algo que he podido conseguir en Estados Unidos”.

El actual campeón mundial de fútbol femenino es el mercado más potente a nivel mundial en este segmento —de hecho, es tal la potencia de las mujeres en el balompié estadounidense que la federación del país norteamericano ingresa más con ellas que con ellos—. Según explica Carlos Cantó, consejero delegado de la consultora de publicidad y patrocinios SPSG, esta dinámica tiene mucho que ver con la calidad y estructura de los equipos y clubes del país norteamericano, así como el espacio que el fútbol tiene en la cultura deportiva de las niñas y jóvenes estadounidenses, que desde pequeñas optan por el fútbol como extraescolar.

“Es cierto que la Liga estadounidense tiene una estructura mucho más desarrollada y, por tanto, un bagaje mayor”, explica Jiménez. “Sin embargo, la Liga española también está creciendo mucho gracias al apoyo de las federaciones, instituciones y empresas”. La defensa española ve como punto de inflexión el Mundial de Canadá, donde España se clasificó por primera vez para la competición. “La selección española está cogiendo mucho nivel”, explica. “El movimiento de apoyo a las mujeres y el impulso de los patrocinadores ayudan mucho, pero las jugadoras también están trabajando muy duro para hacerse con estos hitos”.

La clave está en la visibilidad de las jugadoras como deportistas de élite. “Los patrocinadores buscan iconos deportivos a los que asociarse para así captar la atención de sus seguidores”, explica Cantó, que ejemplifica el caso de Carolina Marín en bádminton o Mireia Belmonte en natación. En este contexto, el experto percibe que el fútbol femenino está ganando más visibilidad en los medios tradicionales: “Nunca antes la selección femenina de fútbol había ocupado portadas de periódicos como este año”, matiza Cantó, que también ve como una oportunidad que se estén abriendo nuevas ventanas de difusión, como las redes sociales, que ayudan en la creación de esos iconos deportivos.

Jiménez, optimista sobre el futuro del fútbol femenino, cree que esta visibilidad de los éxitos deportivos seguirá creciendo gracias al esfuerzo de las jugadoras; aunque también avisa de que es esencial que se destinen recursos para ello. “Todo va de la mano”, asegura. “Es importante que las jugadoras consigan resultados pero también que tengan acceso a buenas instalaciones, material deportivo, un cuerpo técnico, etc.”.

La campaña de Rubiales

Uno de los puntos clave en la campaña de Luis Rubiales a la presidencia de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) fue el impulso del fútbol femenino. Así lo reconoce el propio presidente de la institución.

Tras un año al frente de la RFEF, Rubiales hizo balance en el España-China de Le Havre (Francia). El exjugador cree que se ha avanzado en tres aspectos: “Por un lado, hemos posicionado a más mujeres en puestos de poder, como es el caso de nuestra directora de Comunicación”, explica, asegurando también que “este año, las jugadoras han contado con todo un equipo —su propio cocinero, nutricionista, fisioterapeuta...— en el Mundial; para que estén bien equipadas y no se queden sin nada que puedan tener los chicos”. Finalmente, el presidente de la RFEF asegura que la institución ha estado trabajando en establecer un sistema que impulse la profesionalización y mediatización de la categoría femenina, y así se aumenten las ganancias.

Rubiales: "El objetivo es triplicar los ingresos de fútbol femenino para el año que viene"

“Nuestro objetivo es triplicar los ingresos del fútbol femenino desde los 3 millones de esta temporada a 9 millones la próxima”, explica Rubiales. Además, la RFEF también se ha propuesto conseguir en los próximos seis años que el fútbol femenino sea el más practicado por las jóvenes de menos de 14 años, actualmente dominado por el baloncesto y el golf.

¿Cómo? El presidente considera que uno de los pilares esenciales sería es impulsar el fútbol base fomentando este deporte desde una edad temprana, como en el modelo estadounidense. No obstante, Rubiales lamenta que para ello necesita el apoyo de la Administración, ya que esta es una competencia de las instituciones educativas. Por otro lado, el directivo de la federación apunta de forma más vaga a la creación de un sistema en el que los beneficios percibidos en los niveles más altos de las competiciones sean distribuidos también a las categorías más bajas y así reforzar la estructura general.

El presidente de la RFEF, Luis Rubiales. (Reuters)
El presidente de la RFEF, Luis Rubiales. (Reuters)

Todos quieren su parte

Pero el principal problema del fútbol femenino español es su división. La RFEF suele remar hacia un lado y la Asociación de Clubes de Fútbol Femenino (ACFF) hacia otro. Especialmente en cuestiones críticas, como los derechos televisivos. En marzo pasado, la ACFF adjudicó a Mediapro los de la Liga Iberdrola por 9 millones de euros, en un contrato de tres años. Sin embargo, la RFEF alzó la voz y puso por delante el artículo 4 de los estatutos de la RFEF. Y es que, según explica Rubiales, la Federación sigue negociando porque el contrato le parece poco, de cara a aumentar la inversión en las jugadoras (justo el viernes anunciaron una inversión de 20 millones de euros al fútbol femenino). “En este contrato televisivo, nosotros queremos que sea un 30% más por año, por encima de los 3 millones anuales”, explica. Esto dejaría la cifra en casi 4 millones de euros por ejercicio y en 11,7 al final del periodo trianual.

Además, el presidente especifica que quiere impulsar el deporte femenino a través de distintos grupos y presionar para que los partidos se retrasmitan en el primer canal por audiencia de cada grupo, y que no lo releguen a una cadena secundaria. Sobre si la Federación conseguirá o no acuerdos de ‘streaming’, Rubiales asegura que sería un paso clave, aunque también reconoce que son acuerdos más difíciles de alcanzar.

Por otro lado, están las cuestiones de la nueva Liga Iberdrola y el convenio colectivo. En marzo, la federación avanzó una serie de cambios a la Liga Iberdrola, con una categorización diferente de las divisiones y unos requisitos más estrictos en cuanto a retribuciones y regulación laboral a las jugadoras para los participantes. Esta competición renovada sería de aceptación voluntaria para los clubes.

Y la ACFF, de momento, parece no querer aceptarla. Ya en marzo, Rubén Alcaide, presidente de la asociación que representa a 14 de los 16 clubes de la Liga (excepto el Atletico de Madrid y el Barcelona), dijo que “no iban a contemplar otra Liga que no fuese la de Iberdrola”. Más allá de la incertidumbre que desde el punto de vista de los clubes generan estos cambios, otra de las preocupaciones es cómo afectaría esta nueva regulación a los equipos más pequeños y menos preparados financieramente para hacer frente a los requisitos.

Algo que también se sitúa en el centro de atención de las negociaciones por el convenio colectivo, donde las deportistas piden una serie de derechos básicos, como las bajas médicas, vacaciones, salario mínimo… Pero las negociaciones entre sindicatos, la federación y las asociaciones de clubes siguen atascadas. Por ejemplo, la ACFF ve inasumible económicamente la retroactividad propuesta por la RFEF, que pide que el salario mínimo suba de 14.000 euros anuales a 20.000 desde el 1 de enero de 2019. Las negociaciones por los derechos de las jugadoras están salpicados por el reclamo de control de las distintas partes respecto a la organización de la competición, donde los clubes no conciben una exigencia de deberes si a cambio no obtienen ciertos derechos de gestión que aseguren la viabilidad de estos requisitos. De momento, sin embargo, las conversaciones continúan congeladas, y las jugadoras siguen saliendo al campo sin amparo laboral.

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