¿LOGRARÁN ALGÚN ACUERDO?

La 'misión imposible' de Noruega: las claves del diálogo entre chavismo y oposición

Noruega tiene una larga -y exitosa- tradición de mediar en conflictos internacionales desde Israel y Palestina, pasando por Colombia o Sri Lanka. ¿Logrará acercar a chavismo y oposición?

Foto: Nicolás Maduro en un mítin en Caracas. (Reuters)
Nicolás Maduro en un mítin en Caracas. (Reuters)

Noruega tiene una larga -y exitosa- tradición de mediar en conflictos internacionales. Sus expertos negociadores lograron sentar a la mesa a israelíes y palestinos en 1993, consiguieron un alto al fuego entre las autoridades de Sri Lanka y el grupo rebelde Tigres Tamiles en 2002 y fueron anfitriones hace siete años de las primeras conversaciones directas entre el Gobierno de Colombia y las guerrillas de las FARC en una década. Ahora que han puesto a dialogar a chavismo y oposición, muchos se preguntan: ¿lograrán algún acuerdo?

Representantes del Gobierno de Nicolás Maduro y de la oposición, liderada por el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, iniciaron esta semana una nueva fase de conversaciones en la isla caribeña de Barbados. Esta es la cuarta ocasión en que ambas partes se sientan desde que a finales de mayo se conociera que Oslo había iniciado "reuniones exploratorias" para buscar una salida negociada a la crisis política, económica y social que vive el país petrolero. Pero esta no es la primera vez que se habla de “diálogo” en Venezuela.

No en vano, al menos en tres ocasiones distintas (2014, 2016 y 2017) chavismo y oposición se han sentado para tratar de buscar salitas a la eterna encrucijada ideológica. En la última ronda, la oposición se levantó de la mesa cuando el Gobierno anunció elecciones presidenciales para mayo de 2018 sin otorgar los plazos y condiciones de transparencia que exigían los detractores de Maduro. Así que las esperanzas en un acercamiento en las posiciones son bajas. Estas son las claves del diálogo.

Contexto macabro

Las negociaciones bajo el paraguas noruego ya han tenido su primer 'impasse'. La cita en Barbados, programada originalmente para la semana pasada, se canceló tras conocerse la muerte del capitán de corbeta Acosta Arévalo, presuntamente torturado a manos de la Contrainteligencia venezolana. Esa misma semana Naciones Unidas publicó el informe de la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, que señala al Gobierno de Nicolás Maduro como responsable de torturas, desapariciones y ejecuciones extrajudiciales, así como del decrépito estado de la economía, la salud y el suministro alimentario.

Este contexto, un sector de la oposición considera incomprensible sentarse a negociar en estas condiciones, mientras que el núcleo duro del chavismo critica un acercamiento contra los que solo quieren destruirlos. Pero, pese al sentir de las bases, ambas partes han cedido a la presión internacional, cada vez más hastiada con el bloqueo.

“A diferencia de lo que pasaba en febrero y marzo, cuando se inició la fase exploratoria de este nuevo diálogo, ahora casi toda la comunidad internacional favorece una salida negociada y electoral. No es solo una posición de la Unión Europea, que actúa con el Grupo de Contacto. Lo dice el Grupo de Lima, la Organización de Estados Americanos (OEA) y hasta el país que era más reticente, Estados Unidos, parece que tampoco va a obstaculizar nada. Incluso, entre los socios de Maduro hay consenso, al menos así se ve con Rusia”, opina el politólogo Ricardo Sucre.

Negociación tabú

Negociación es una palabra casi tabú entre la oposición. Cuando se filtró en la prensa que enviados de Maduro y de Guaidó se reunirían en Olso, enseguida se encendieron las alarmas entre los sectores más radicales del antichavismo que creen que la vía del diálogo se agotó hace años y que la única solución pasa por una intervención militar extranjera.

Esto podría agrietar aún más la endeble unidad opositora, donde algunos critican que se le está salvando la cara al Gobierno en su momento más débil. Sin embargo, pese a que la reunión sirve a los intereses de Maduro, también está alineado con los de Guaidó.

“El Gobierno (de Maduro) necesita el oxígeno del diálogo y puede poner sobre la mesa propuestas que pudieran ser digeribles para la oposición. Además, el margen se les ha ido reduciendo internacionalmente y en su seno interno”, explica la analista internacional Elsa Cardozo. Al mismo tiempo, Cardozo considera que el diálogo va acorde al mantra que Guaidó, reconocido como presidente encargado del país por medio centenar de naciones, ha repetido durante estos meses: “Mantienen como punto fundamental que haya unas elecciones”.

Adiós al golpe de Estado

Un elemento clave en esta nueva ronda de careos es -como apunta Sucre- que “la realidad política se impuso a los sueños”. La oposición ha podido comprobar que la vía de provocar un cisma en el seno militar del chavismo fracasó, como mostró la asonada de finales de abril.

El resultado es que ambas partes reconocen que no hay salida a corto plazo y “esto lleva a que la exploración y la negociación se retome

“La tesis del quiebre de las Fuerzas Armadas como catalizador, que fracturara todo y llevara a una crisis y una transición, no ha ocurrido. Más bien pareciera que los altos mandos se han cerrado aún más”, apunta Sucre. En el otro bando también aplica, dado que la situación económica es cada día más grave y arrecian las incertidumbres. Esto los pone más contra la espada y la pared. “Nicolás Maduro está ahí, pero no en las condiciones que él quisiera estar”.

El resultado es que ambas partes parecen reconocer que, en este momento, no hay salida a corto plazo y “esto lleva a que la exploración y la negociación se retome, a pesar de las altas y las bajas”, explica Sucre.

Presión e ¿intervención?

A la vez que se sabía de estas nuevas reuniones, Guaidó ha insistido en que mantener la presión en las calles es necesario para torcer el brazo a Maduro, pese a que el poder de convocatoria de la oposición está seriamente comprometido ante la frustración de sus bases. Por ello, el líder opositor también busca apretar más las tuercas a la presión internacional y anunció que solicitaría que Venezuela forme de nuevo parte del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR o conocido también como Tratado de Río).

Este pacto regional firmado tras la Segunda Guerra Mundial por los integrantes de la Organización de Estados Americanos (OEA) es un sistema de ayuda militar mutua en caso de que un país americano sea atacado por una nación de otro continente. Este mecanismo contempla la posible intervención militar en una nación en caso de tener una situación que ponga en riesgo a la región, que es el punto que podría esgrimir Guaidó para pedir una intervención militar. Algunos analistas consideran este recurso como un mero símbolo, ya que ha sido invocado varias veces, pero no se ha aplicado nunca.

“Es un acuerdo de otros tiempos, para otras situaciones. Lo asumo no literalmente sino como gesto político, para mostrar que el tema de Venezuela rebasa las fronteras nacionales”, dice Cardozo. “El gran fracaso del TIAR llegó con la guerra de las Malvinas. La gente se olvidó del pacto y empezó a darlo por muerto. México fue el primero en abandonarlo”, apunta. Venezuela salió en 2012, cuando aún gobernaba Hugo Chávez.

Para Sucre, invocar el TIAR o los devaneos con el diálogo se debe a que la oposición se ha quedado sin un centro de gravedad estratégico al desvanecerse la posibilidad de una fractura interna a través de las Fuerzas Armadas. “Ahora pasan a una lógica que es muy de la oposición: la de jugar en todos los tableros. Así, complaces a un público que pide intervención, negocias y dejas la puerta abierta a más sanciones. No hay centro de gravedad y sí una suerte de ensayo-error a ver qué estrategia da resultado”.

¿Acuerdos? ¿Elecciones?

¿Cuál será el resultado de las conversaciones? “Hay que entrevistar a un brujo para eso”, bromea Sucre, quien cree que las negociaciones para un tema tan complejo como Venezuela pueden llevar años. “Se podría esperar que al menos se consensúe una vía en la que el conflicto pueda enfrentarse al menos en grandes rasgos. Por ejemplo, acordar una hoja de ruta sobre el tema constitucional o el electoral”, se atreve a vaticinar.

Cardozo considera que los resultados dependerán más de lo que ocurra fuera de la mesa que dentro, "de las presiones e incentivos para negociar” entre dos bandos que no logran avanzar. De nuevo, la salida electoral está en el horizonte. Pero Maduro no está dispuesto a ceder en los puntos clave de la oposición, como renovar a las autoridades electorales y permitir unos comicios bajo control y escrutinio internacional.

Mientras los políticos conversan en Barbados, la situación empeora por momentos. Prima la urgencia. “Ya la gente está cansada, harta de ver que esto no camina", dice Sucre-. "Para Maduro, un fracaso más abre acciones de fuerza en su contra y remueve más la situación interna. Y para Guaidó, es ponerlo en la disyuntiva de pedir ayuda internacional militar”.

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