EL AUGE DE LOS LINCHAMIENTOS EN latINOAMéRICA

Cómo un falso wasap llevó a un pueblo mexicano a quemar vivos a dos inocentes

El fenómeno de las ejecuciones colectivas se extiende por Latinoamérica. Un linchamiento retransmitido en directo por Facebook, y que vio la madre de una de las víctimas, sacude México

Foto: La multitud graba el linchamiento de Ricardo y Alberto Flores en San Vicente Boquerón.
La multitud graba el linchamiento de Ricardo y Alberto Flores en San Vicente Boquerón.

"Todos alerta porque una plaga de secuestradores de niños entró en el país (...) Estos criminales están involucrados en el tráfico de órganos. En los últimos días desaparecieron niños de 4, 8 y 14 años". Este es el mensaje que se difundió a través de WhatsApp entre los habitantes de San Vicente Boquerón, un pequeño pueblo del estado mexicano de Puebla, una tarde del pasado agosto. Provocó que una multitud se agolpara frente a la comisaría de la población, convencida de que dos hombres detenidos por 'alteración del orden' eran en realidad secuestradores de menores. Su único objetivo era lincharlos.

Dentro de la comisaría se encontraban Ricardo Flores, de 22 años, que había crecido a las afueras del pueblo, y su tío, Alberto Flores, de 43, un granjero y albañil que había residido durante décadas en una pequeña comunidad cercana a esta población del municipio de Acatlán. La policía intentó convencer a la multitud de que los detenidos no habían rapatado a menores, sino que fueron arrestados cuando estaban ingiriendo bebidas alcohólicas en la vía pública, según el diario 'Proceso'. Pero Ricardo y Alberto habían sido vistos cerca de una escuela primaria local, así que la demencia colectiva los convirtió en secuestradores de niños.

La noticia de su arresto se difundió tan rápido como el mensaje falso de WhatsApp, gracias a Francisco Martínez, un residente del pueblo que comenzó a transmitir en directo por Facebook imágenes de lo que sucedía ante la comisaría. "Créanme, los secuestradores están aquí ahora. Gente de Acatlán de Osorio, Puebla, por favor, vengan a mostrar su apoyo", decía Martínez a la cámara mientras otro residente, identificado como Petronilo Castelán, usaba un altavoz para organizar una colecta ciudadana y comprar combustible para quemar a los detenidos, según recoge la BBC.

La multitud terminó derribando la reja de la comisaría, arrastrando a los detenidos al exterior y golpeándolos salvajemente antes de prenderles fuego. Los testigos citados por la BBC creen que Ricardo ya estaba muerto cuando le prendieron fuego, pero su tío Alberto aún estaba vivo. La retransmisión en directo del linchamiento continuó; recoge incluso el momento en que Alberto Flores, casi carbonizado, se incorporó e intentó sentarse. Uno de los lugareños le lanzó gasolina para avivar las llamas.

Su madre vio el linchamiento en Facebook

El asesinato de Ricardo y Alberto Flores fue difundido en directo a través de Facebook. Y una de las personas que vieron parte del linchamiento fue María del Rosario Rodríguez, madre de Ricardo y hermana de Alberto, que trabaja limpiando casas en Baltimore, EEUU, donde llegó a principios del año 2000 con la esperanza de ofrecer una vida mejor a los hijos que había dejado atrás. Inmediatamente colgó mensajes en Facebook en los que aseguraba que Ricardo era inocente. Nadie le hizo caso.

La impunidad de los delincuentes y la desconfianza en la policía y en el sistema judicial han dado paso a una oleada de linchamientos en México. Este domingo, indígenas mazahuas lincharon y quemaron a cuatro hombres acusados del secuestro de una niña en el estado de Michoacán, occidente de México. Desde enero, al menos 25 personas han sido linchadas en el país, a lo que se suman otros 40 intentos frustrados, según el recuento de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

El fenómeno de las ejecuciones colectivas se extiende por Latinoamérica. A la cabeza del mundo en linchamientos se encuentra Brasil, donde entre 1945 y 1998 hubo 2.579 intentos. Solo 1.150 personas (el 44,6%) pudieron ser salvadas. Otras 1.221 murieron a manos de la turba, según el estudio 'Linchamientos. La justicia popular en Brasil’, del sociólogo José de Souza Martins. Hubo casos extremos de extracción de ojos, extirpación de las orejas o castración.

La crisis y la inseguridad también van de la mano del incremento en la frecuencia de los linchamientos en Venezuela. No es un fenómeno nuevo, pero si antes delitos como el asesinato de mujeres o el abuso sexual de menores provocaban el asesinato de su responsable en favelas y zonas de estracto socioeconómico bajo, desde 2016 se pueden ver linchamientos en casi cualquier zona de Caracas provocados por delitos menores.

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