Rohrabacher, "el amigo americano de putin"

El independentismo catalán pierde a su principal aliado en el Capitolio de EEUU

El republicano Rohrabacher, valedor de procesos secesionistas, era considerado por el independentismo catalán como su mejor amigo en EEUU. Acaba de perder su escaño

Foto: Carles Puigdemont junto a Dana Rohrabacher en Washington. (Presidencia de la Generalitat de Cataluña)
Carles Puigdemont junto a Dana Rohrabacher en Washington. (Presidencia de la Generalitat de Cataluña)

El independentismo catalán, y en especial Carles Puigdemont, ha perdido a su principal aliado en el Capitolio de Estados Unidos, el republicano Dana Rohrabacher. Hasta ahora miembro de la Cámara de Representantes, Rohrabacher no logró ser reelegido por el distrito 48 de California (en el Condado de Orange). Con algo menos de 2.700 votos de diferencia, se impuso el demócrata Harley Rouda con un 50,7% de los sufragios. Debido a tan exigua diferencia, sale del legislativo estadounidense un político que destaca por su apoyo a los procesos secesionistas en general, su afinidad con Vladimir Putin y su simpatía por el polémico presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro.

Rohrabacher era considerado por el independentismo catalán como su mejor amigo en EEUU. Dado que ocupaba el cargo del presidente del subcomité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes encargado de Europa, esto le daba una relativa relevancia en lo relacionado con España. El republicano se reunió en dos ocasiones con Puigdemont cuando el ahora prófugo era el presidente de la Generalitat de Cataluña.

Rohrabacher fue clave para que Julian Assange se convirtiera en un activista a favor del secesionismo

El primer encuentro tuvo lugar el 29 de marzo de 2017 en Washington. A la reunión acudieron además los también congresistas Francis Rooney (republicano) y Elliot Engel (demócrata). Tras la reunión, Rohrabacher comunicó a través de su equipo que apoyaba la secesión de Cataluña, si bien no se consideraba un “instigador”. La segunda cita tuvo lugar días después en el Palau de la Generalitat, donde Puigdemont le agasajó, al igual que al demócrata Brian Higgins, con una cena de gala. Al evento también acudieron Oriol Junqueras y Raül Romeva.

Poco después de la cena, y tras ser llamado a capítulo por la Diplomacia estadounidense, Rohrabacher matizaba tan sólo parcialmente su postura. En un comunicado aseguraba que no había defendido la independencia de Cataluña, pero añadía que “los catalanes deberían decidir eso por sí mismos”. Apoyaba además un referéndum “cuyo resultado debería ser aceptado”. En la misma nota afirmaba que “mi posición con respecto a Cataluña es coherente con mis puntos de vista sobre Escocia, el Brexit. Kosovo, Crimea, e incluso California”.

Más allá de las reuniones mantenidas con Puigdemont y otros líderes independentistas, el estadounidense ha hecho otros servicios a favor del separatismo catalán. Se considera que fue clave para que el fundador de Wikileaks, Julian Assange, se convirtiera en un activista a favor del secesionismo. Le habría convencido en una reunión que ambos mantuvieron en la embajada de Ecuador en Reino Unido el 16 de agosto. Se trató de un largo encuentro, más de tres horas, cuyo contenido no se ha hecho público.

Imagen del encuentro entre Rana Rohrabacher y Carles Puigdemont en Barcelona. (Presidencia de la Generalitat de Cataluña)
Imagen del encuentro entre Rana Rohrabacher y Carles Puigdemont en Barcelona. (Presidencia de la Generalitat de Cataluña)

Una trayectoria cargada de polémicas

Rohrabacher tiene una larga carrera política a sus espaldas. Fue asesor de Ronald Reagan (que gobernó de 1981 a 1989) en la Casa Blanca. En aquella época escribió discursos del mandatario, pero su influencia en la Presidencia de EEUU fue más allá. Fue uno de los impulsores de la estrategia estadounidense de armar y apoyar a los muyahidines que combatían a los soviéticos en Afganistán.

Su implicación en la lucha contra la URSS en el país centroasiático fue más allá de lo intelectual y lo político. Él mismo estuvo como “empotrado” en una unidad de muyahidines durante una semana. Durante esos días llegó a combatir y a participar como un miliciano más en la toma de una posición soviética en la ciudad de Jalalab (a 150 kilómetros al Este de Kabul). Como recuerdo de aquella época, en la pared de su despacho ha colgado durante años una foto en la que él aparece con barba, luciendo el atuendo de los combatientes afganos y portando un AK-47 Kalashnikov.

La inteligencia rusa intentó reclutarle como lobista no oficial de Moscú en Washington

En aquellos años, Vladimir Putin arrancaba su carrera como joven y prometedor agente de la KGB, los terribles servicios secretos soviéticos. El ahora presidente ruso era, por tanto, un enemigo natural de un Rohrabacher que destacaba entre los partidarios de la línea dura frente a la URSS. Pero las tornas han cambiado, y el republicano es ahora un firme defensor del inquilino del Kremlin.

Buena prueba de ello es la inclusión de Crimea junto a Cataluña y Escocia en la lista de procesos de secesión que nombraba en el comunicado que emitió sobre su postura ante el reto separatista en España. La Península de Crimea formó parte de Ucrania hasta 2014. Tropas rusas ocuparon ese año el territorio, en el que se celebró un referéndum que condujo a la anexión al gigante euroasiático que se hizo oficial en 2015. Esta situación de facto, sin embargo, no está reconocida por la comunidad internacional.

La historia de amor del ahora excongresista con el presidente ruso dura ya bastantes años; lo suficiente como para que la prensa estadounidense le haya dedicado epítetos como “el mejor amigo americano de Putin” o el “el chico de Putin en Estados Unidos”. El año pasado, 'The New York Times' publicó que en 2102 el FBI había advertido al congresista de que la inteligencia rusa estaba tratando de reclutarle como lobista no oficial de Moscú en Washington.

Dana Rohrabacher antes de una reunión con Donald Trump en la Casa Blanca, el 18 de junio de 2018. (Reuters)
Dana Rohrabacher antes de una reunión con Donald Trump en la Casa Blanca, el 18 de junio de 2018. (Reuters)

En 2017 se filtraron unas grabaciones (de junio de 2016) en las que se oía al también miembro de la Cámara de Representantes por California Kevin McCarthy decir “pienso que hay dos personas a las que paga Putin: Rohrabacher y Trump”. McCarthy se desdijo posteriormente y afirmó que se había tratado tan sólo de una broma que fue malinterpretada. No hay prueba alguna de que el polémico político haya recibido dinero procedente de los servicios secretos rusos.

Aunque no haya dinero de por medio, Rohrabacher se ha destacado por su defensa de los intereses de Moscú en EEUU. Rechaza que los servicios de inteligencia de su país investiguen la posible interferencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016. Pero no sólo eso. Una conocida ley anticorrupción estadounidense lleva el nombre de Sergei Magnitsky, un abogado que murió en una cárcel de Moscú tras denunciar el robo de 230 millones de dólares por funcionarios de su país.

EEUU impuso sanciones a los supuestos implicados en esa muerte, a los que prohibió entrar en su territorio. Cuando en 2016 se debatía ampliar esas sanciones, Rohrabacher viajó a Moscú, donde se reunió con un hombre de confianza de Putin. Tras el encuentro dio por válida una documentación oficial rusa según la cual Magnitsky era un simple ladrón y que además eximía a las autoridades del país euroasiático de cualquier relación con su muerte.

Pero los intereses de Putin y Rohrabacher no siempre son coincidentes. El Gobierno ruso tiene a los ayatolás iraníes y a Nicolás Maduro entre sus principales aliados internacionales. Por el contrario, los regímenes de Irán y Venezuela no cuentan con la simpatía del republicano estadounidense. Al contrario, ha llegado a acusarles, al igual que al grupo terrorista libanés Hizbollah, de querer atentar contra la vida de Jair Bolsonaro en la campaña electoral brasileña.

Bolsonaro comparte la firmeza de gran parte de los gobiernos latinoamericanos frente al chavismo, pero es rechazado por esos mismo ejecutivos y gran parte del resto de la comunidad internacional por su autoritarismo y algunas de sus posturas. Sin embargo, cuenta con la simpatía de Rohrabacher. En octubre de este año, en plena campaña electoral brasileña, el todavía congresista estadounidense envió un escrito a Donald Trump solicitando que colaborara con la seguridad del candidato derechista ante un posible atentado organizado por Irán, Hizbollah y Venezuela.

Las polémicas protagonizadas por el veterano político no terminan ahí. Ha protagonizado numerosos titulares por negar el cambio climático, apoyar que los dueños de una vivienda puedan negarse a venderla si los potenciales compradores son homosexuales y por su defensa de la legalización de las drogas.

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