DISPUTAS ENTRE PRESOS Y FALTA DE UNIDAD DE ACCIÓN

La tensión Puigdemont-Junqueras pone en jaque al independentismo

Sabido es que las relaciones del huido ‘expresident’ Puigdemont con su otrora ‘exvicepresident’ Oriol Junqueras nunca fueron muy fluidas. Pero se han deteriorado en el último año

Foto: Junqueras y Puigdemont, en una imagen de 2017. (Reuters)
Junqueras y Puigdemont, en una imagen de 2017. (Reuters)

Tras un año de cárcel y huida, los 22 imputados por el 1 de octubre no pasan sus mejores momentos en cuanto a relaciones políticas y personales se refiere. Aunque partidos, instituciones y entidades sociales se afanan por parecer unidos y formalizar actos conjuntos, lo cierto es que las rencillas, las enemistades, las críticas, los reproches y los recelos mutuos son la moneda de cambio entre todos los afectados.

Sabido es que las relaciones del huido ‘expresident’ Carles Puigdemont con su otrora ‘exvicepresident’ Oriol Junqueras nunca fueron muy fluidas. Pero sus relaciones se han deteriorado en el último año. Los republicanos acusan a Puigdemont de “traición” porque huyó a Bélgica sin comunicárselo a sus principales colaboradores del Govern. Aunque en las últimas semanas desde círculos cercanos a Puigdemont se ha intentado negar esa realidad, lo cierto es que Junqueras se enteró de que su jefe había huido cuando este lo comunicó desde Bruselas.

Pero no es solo eso: los republicanos se quejan de que desde que el ‘vicepresident’ está en la cárcel (y lleva un año justo), Puigdemont no intentó ni una sola vez comunicarse con él, ni le envió misiva alguna ni hizo un apoyo explícito personal sobre su situación. Desde círculos cercanos a Puigdemont se argumenta que “lo mismo ha hecho Junqueras. Aquí no hay un santo y un demonio. La tolerancia entre ellos se rompió en los días previos a la declaración unilateral de independencia (DUI)”.

Los de Puigdemont afirman también que Junqueras hubiera podido escaparse a Bélgica, “igual que hicieron otros de su partido, como los 'consellers' Toni Comín o Meritxell Serret. A Bruselas, pues, se fueron de todos los colores. Los que se quedaron fue porque quisieron, lo cual es una opción loable y lícita que comprendemos”. Desde las filas republicanas, no obstante, se echa en cara al ‘president’ que huyese por la puerta falsa sin avisar a otros miembros del Govern y, especialmente, al vicepresidente. Y no solo eso: a Comín le acusan de “traidor”, de haberse olvidado de Junqueras e incluso de acercarse al PDeCAT y a los de Puigdemont, pidiéndoles un sueldo a cambio de apoyo político. De hecho, ERC no cuenta con él para nada y lo consideran más hombre de Puigdemont que de ERC, pese a haber sido escogido en las listas republicanas.

Los reproches suben de tono cuando desde JxCAT se acusa a ERC de ser la principal valedora de la DUI hace un año. “Fue la que con más contundencia la exigió. Y recordemos las 155 monedas de plata de Rufián. Un año después, dicen que van por otro camino. ¿Dónde está la congruencia de ERC? Esto es lo que hay que denunciar”, acusan.

Jordi Turull y Josep Rull, en una imagen de archivo. (EFE)
Jordi Turull y Josep Rull, en una imagen de archivo. (EFE)


Desconfianza entre presos

El deterioro de la situación entre los bandos independentistas ha llegado hasta la cárcel. Y es que los mismos presos que están en Lledoners tienen sus relaciones maltrechas. Las relaciones de Junqueras con los convergentes Jordi Turull y Josep Rull, así como con Jordi Sànchez (el segundo de Puigdemont en la candidatura), están bajo mínimos. “Junqueras trata casi exclusivamente con Raül Romeva y apenas se habla con Turull y Rull”, dice a El Confidencial una fuente conocedora de los entresijos carcelarios.

En ERC, se acusó a Puigdemont sin tapujos de querer “crear presos de primera y de segunda”, pidiendo para su persona un trato especial. Eso fue lo que más ampollas levantó: que Puigdemont situase la pugna parlamentaria en la aceptación de un estatus especial sobre su persona, olvidando la de todos los demás. “Ya se vio de qué pie cojeaba. Lo que le interesaba era preservar su condición y no le importaba la de los demás. Los problemas parlamentarios que hubo no fueron por el rconocimiento de Junqueras o de otros presos, sino sobre si él podía ser o no ser investido. Y luego, en si podía conservar su voto o no. Ha jugado muy sucio con esta cuestión”, critican desde fuentes republicanas.

Pero en esta formación, la procesión va por dentro: el líder de Esquerra tiene incluso problemas con los suyos, ya que en estos momentos hay también tensión entre Junqueras y las presas Carme Forcadell y Dolors Bassa. El motivo parece ser que en algunos círculos se considera que Junqueras tiene demasiadas prerrogativas, muchas más que el resto de presos. Por algo ha convertido la prisión de Lledoners en una prolongación de la Generalitat, como si él fuera el ‘conseller fantasma’, no nombrado oficialmente pero en activo. O sea, que pasan más por su celda de la cárcel que por la oficina de Pere Aragonès, en la Rambla de Catalunya, sede de la Vicepresidencia.

Desde algunos círculos se admite que son los personalismos los que han acabado pasando factura al independentismo. “Estamos asistiendo a un juego de niños, a un juego simplista que no nos lleva a ningún resultado. Y los contendientes no es que engañen al pueblo: es que no dicen toda la verdad a la gente”, admite un dirigente soberanista.

Cartel con la imagen de Junqueras durante la Diada de 2018. (Reuters)
Cartel con la imagen de Junqueras durante la Diada de 2018. (Reuters)

Acusaciones mutuas

Pero de lo que no hay duda es de que, en este momento, se produce un pulso directo entre Puigdemont y Junqueras. Cada uno trata de sacar partido de la situación. ERC anunció que su encarcelado líder será el cabeza de lista en las próximas euroelecciones. Es una jugada maestra. “Cuando la gente escoja a Junqueras para votar en las europeas, le resultará más difícil coger otra papeleta que no sea la de ERC para votar en las municipales. Está bien pensado”, admiten desde el PDeCAT.

Pero hay todo un submundo de intereses personales tras la pugna. “El propio Puigdemont ha dicho que los partidos políticos ya están superados. ¿Y qué hace? Pues crear otro partido, la Crida. Pero se olvida de que un partido no puede crear estrategias para que su líder se mantenga en el poder”, critican. En otros círculos ‘indepes’, se afirma que “la ambición de ERC siempre ha sido la captura de poder. En estos momentos, ha optado por una línea de acción moderada para conquistar el espacio de centro, para atraerse a una masa de población que se siente huérfana. Pero su militancia es muy radical. Por tanto, Esquerra es un espacio frágil que cambia de estrategia a la velocidad del rayo”.

Todo ello ha ido creando arenilla en los engranajes de las relaciones entre ERC y Junts per Catalunya (JxCAT), hasta el punto de que en conversaciones privadas brotan palabras gruesas para referirse a los rivales, tanto desde un bando como desde el otro. Y eso no es todo. El sector de Reagrupament (el partido escindido de ERC y liderado en su momento por el consejero Joan Carretero) pide en su último boletín interno que Quim Torra expulse a ERC del Gobierno catalán.

Según los exrepublicanos, el partido de Junqueras se ha convertido, en estos momentos, en “un obstáculo para la consolidación de la república”. Acusan también a Esquerra de protagonizar episodios “vergonzantes y de deslealtad manifiestos” y de “bordear el colaboracionismo con los partidos del 155 con su estrategia liquidacionista”. Aprovechan para acusar al presidente del Parlament, Roger Torrent (ERC), de tener un pacto secreto con el PSC y de “falta de patriotismo”. Y todo porque, en base a los condicionamientos jurídicos, se alineó con los socialistas cuando estos pidieron acatar las órdenes judiciales y no permitir que los diputados de JxCAT suspendidos puedan contabilizar sus votos, como reclama Puigdemont. La pugna interna, pues, es la única estrategia meridianamente clara que sigue el independentismo en este momento, porque, como admiten varias de las fuentes consultadas por este diario, “jamás ha habido una auténtica unidad de acción del soberanismo, solo intereses puntuales de los líderes de los diferentes partidos”. Y no hay visos de que la cosa vaya a cambiar en un futuro próximo.

Cataluña

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