"el viento fiscal vendrá de frente en 2020"

¿Hasta cuándo durará la expansión económica de Estados Unidos?

Todos los indicadores están por los cielos, a niveles de pre-crisis, como si Lehman Brothers nunca hubiera existido. ¿Hasta cuándo va a durar esta racha que se extiende ya casi una década?

Foto: Pantallas muestran noticias sobre las elecciones de medio mandato en EEUU en la bolsa de Tokio. (Reuters)
Pantallas muestran noticias sobre las elecciones de medio mandato en EEUU en la bolsa de Tokio. (Reuters)

Hay una cosa que muchos progresistas no suelen entender: que a los votantes, por lo general, no se los conquista por el raciocinio. Que las cifras, los porcentajes y las bondades del plan X o de la iniciativa Y tienen un recorrido limitado. Que pueden gustar, pero no arrastrar a la calle. Quizás por eso el presidente Donald Trump, en estas legislativas, ha tocado los mismos tambores de la inmigración y la criminalidad y las historias llenas de sangre y nombres propios. Apenas ha usado la baza de su presidencia: una economía al rojo vivo, como una máquina que silba y echa humo. Si hubiera hablado de números, quizás no hubiera tenido que mentir una media de 30 veces diarias.

La única vez que Donald Trump ha incidido en el tema económico ha sido en el rifirrafe con su antecesor y némesis, el expresidente Barack Obama. Los dos se arrogaban las medallas de una economía sana. Según el economista jefe de Estados Unidos en 'Bloomberg Economics', Carl Riccadonna, los dos son responsables, pero no en la misma medida. “Es más fácil presidir una economía que funciona con fuerza”, dice por teléfono. “El presidente Obama tuvo la difícil tarea de reanimar una economía que estaba atrapada en la peor recesión que hemos visto desde la Gran Depresión de los años 30. Lo cual no significa que el presidente Trump no merezca ningún crédito: la desregulación y la política fiscal han ayudado a acelerar el crecimiento bajo su presidencia”.

Sea como fuere, todos los indicadores están por los cielos, a niveles de pre-crisis: el paro en el 3,7%, los salarios, por fin, avanzando a buen ritmo, el PIB expandiéndose de forma sostenida por encima de los tres puntos, la inflación tranquila y las tasas de consumo y de confianza bollantes, como si Lehman Brothers nunca hubiera existido.

Incluso la “América olvidada”, por usar el término populista, está despuntando. En 2016 Donald Trump ganó las elecciones en 2.600 condados, frente a los 500 condados (urbanos, con más población) que votaron a Hillary Clinton. Pese a estar en minoría, los condados de Clinton concentraban dos tercios del PIB estadounidense. Los territorios de mayoría trumpiana venían arrastrando 20 o 25 años de graves problemas: desindustrialización, despoblación y epidemias sociales como la adicción a los opiáceos.

Pero la marea económica también se está notando en muchos de esos lugares. La minería ha pasado, en dos años, de echar trabajadores a contratarlos, igual que el sector maderero: en 2016 expulsó a un 11% de sus plantillas; este año las ha aumentado un 7,4%. Parecido en construcción y manufacturas. De hecho, al sector manufacturero le falta mano de obra y se ve obligado a subir los sueldos para atraer gente. Según la Asociación Nacional de Manufactureros, hay un déficit de medio millón de empleados en el sector. De manera que, por ejemplo, el 28,5% de las compañías han tenido que renunciar a contratos porque no tenían la gente suficiente para cumplirlos.

La pregunta que vibra en cualquier discusión de economía es: ¿hasta cuándo va a durar esta buena racha que se extiende ya casi una década? “El principal desafío va a ser extender el ciclo económico”, dice Carl Riccadonna. “Ya tenemos la segunda expansión más larga desde la Segunda Guerra Mundial; si llegamos al año siguiente sería la mayor. Este es un paisaje problemático, porque tenemos este fuerte impulso fiscal del recorte de impuestos de principios de año. Esos recortes empezarán a difuminarse en 2019-2020 e incluso empezarán a dar marcha atrás. Así que el viento de cola fiscal de este momento se transformará en un viento de frente en 2020 o 2021”.

Mineros cierran un ascensor antes de descender a una mina de la American Energy Corporation Century, en Beallsville, Ohio. (Reuters)
Mineros cierran un ascensor antes de descender a una mina de la American Energy Corporation Century, en Beallsville, Ohio. (Reuters)

Otra fuente de incertidumbre es la política comercial del presidente: sus tira y afloja con Canadá y México ha dejado un NAFTA nuevo, algo más proteccionista y con un claro beneficio para las automovilísticas establecidas en Estados Unidos. La Casa Blanca ha firmado un tratado con Seúl y negocia con la Unión Europea y China. Y es aquí, en su relación con China, donde pueden surgir, y de hecho ya se notan, turbulencias económicas. Los aranceles americanos a 250.000 millones de dólares en productos chinos han encarecido las importaciones, lo cual se nota en las cadenas de producción y en el precio final del producto. China ha respondido con tarifas a bienes como la soja, lo que ha obligado al Gobierno a subvencionar a sus productores.

Es en su relación con China donde pueden surgir, y de hecho ya se notan, turbulencias económicas

La Bolsa de Wall Street, esa entidad psicológica más cercana a la superstición que a la ciencia, ha cuadruplicado su valor (en el caso del índice S&P 500) desde febrero de 2009. Pero se llevó un buen tropiezo en octubre. Los tres índices principales de Nueva York borraron todas las ganancias que habían acumulado durante el año y entraron oficialmente en el terreno de la “corrección”; luego salieron, en las últimas sesiones, por muy poco margen.

“Fue una reacción a las preocupaciones por la guerra comercial”, estima Carl Riccadonna. “Esto vino con la temporada de resultados empresariales, que fueron los primeros que realmente empezaron a reflejar las presiones en la economía de las fricciones comerciales. Dicho esto, la economía está bien posicionada para continuar creciendo”. Según el economista, tenemos muy pocos ejemplos recientes de guerras comerciales y no está claro cómo evolucionará el diálogo entre los presidentes de Estados Unidos y de China, que se encontrarán en la cumbre del G20, en Buenos Aires, en diciembre.

El resultado de las elecciones legislativas no tiene por qué afectar directamente a la economía estadounidense. Ni a la Bolsa. Desde 1938, el índice S&P 500 ha crecido una media de un 12% en el periodo posterior a unos comicios donde la oposición se hace con una de las cámaras. El nuevo poder de los demócratas podría echar algo de arena en la agenda económica del presidente: denunciar, por ejemplo, el recorte fiscal, y hacer que se discuta en el Tribunal Supremo. Pero las medidas llevan meses en vigor, rodando, desarrollándose; y es posible que algunos demócratas apoyen los planes presidenciales que no habían convencido a los conservadores. Como las inclinaciones proteccionistas o un inversión masiva en infraestructuras.

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