para la ue, el riesgo es que españa se confíe

¿Le puede salir mal la jugada presupuestaria a Pedro Sánchez?

Que Bruselas te envíe una carta, por mucho que el Gobierno se empeñe en restarle importancia, no es una palmada en la espalda. El riesgo es que España se confíe

Foto: Pedro Sánchez y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, sellan el acuerdo de Presupuestos el pasado 11 de octubre en La Moncloa. (EFE)
Pedro Sánchez y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, sellan el acuerdo de Presupuestos el pasado 11 de octubre en La Moncloa. (EFE)

En esta era de exaltación del individualismo, de la autodeterminación, de la ruptura del multilateralismo, es muy tentador saltarse las normas. ¿Cuáles? Las que sean. Es casi un acto de auto-reafirmación, una proclama rebelde. La crisis hizo sentir a mucha gente que el sistema les había traicionado. Es probable que no se equivoquen. En lo que sí podrían equivocarse es en la solución: en lugar de exigir reglas y controles más contundentes, tienden a desconfiar de la democracia liberal para ponerse en manos de hombres fuertes o visionarios que preconizan soluciones fáciles. Como saltarse las normas.

En estas se encuentra Italia. Hace no tanto, Grecia estaba en la misma situación. ¿Y España? España, no. La apuesta presupuestaria del Gobierno de Pedro Sánchez no pone al país en ninguna situación cercana a la de estos dos países. Aunque el líder del PP, Pablo Casado, advierta —jugando con fuego cuando un país vecino como Italia está en llamas— que la Comisión Europea va a tumbar los presupuestos y que, si esto no sucede, las cuentas tumbarán al país, la alarma no se corresponde con la realidad.

Sin entrar a valorar su contenido, ni su tramitación, a día de hoy los presupuestos generales para 2019 no ponen en riesgo a España de cara a la UE. En primer lugar, porque España sí está jugando conforme a las normas, a diferencia de Italia. Todo, pese a que el Gobierno no va a aplicar un esfuerzo estructural del 0,65 %, sino —afirma— del 0,4 %, aprovechando las cláusulas de flexibilidad que incluye la disciplina fiscal comunitaria.

Si estos son los presupuestos con los que Sánchez va a financiarse una "campaña electoral de dos años", la jugada la ha aprendido de sus antecesores

No obstante, la CE no tiene claras las cifras. "No podemos excluir un riesgo de cierta desviación del esfuerzo requerido", afirma en su carta. Normal. Los ingresos incluidos en los presupuestos son, por decir algo, ambiciosos. Pero incluso si las cuentas a día de hoy no están claras, no hay muchas opciones de que la Comisión Europea "los tumbe": España podría reducir su esfuerzo estructural hasta el 0,15 % este año sin chocar con Bruselas. Aunque, eso sí, quedándose sin margen para el año que viene, cuando tendría que aplicar el 0,65 % sí o sí.

La apuesta por inflar los ingresos no es nueva: El Gobierno de Mariano Rajoy jugó consistentemente a ello, escudándose en buenas recaudaciones que propiciarían un mejor crecimiento. Sobre la expansión económica, Bruselas solía pecar de precavida y acababa dando la razón a España. Pero sobre la recaudación, no tanto. España se quedó corta en sus previsiones de ajustes e ingresos, y tuvo que pedir cuatro prórrogas porque no llegaba a cumplir con sus objetivos de déficit. Aun así incumplió todos los años menos en dos. De hecho, se acercó a una multa por el gran desvío acumulado —pese al crecimiento del 3 %— en 2015, en pleno año electoral. Si estos son los presupuestos con los que Sánchez va a financiarse una "campaña electoral de dos años", como denuncia Casado, la jugada la ha aprendido de sus antecesores.

El riesgo, tal y como se ve desde Bruselas, es que España se confíe. Por ejemplo, relajándose este año y no siendo capaz de afrontar el siguiente los ajustes necesarios para ese esfuerzo del 0,65 %. En parte también es culpa de la propia Comisión, por haber permitido al Ejecutivo anterior jugar anteriormente con las normas, cuando se le ahorró a España el pago de millones por incumplir con la disciplina fiscal —la famosa "multa cero"— por la particular situación política y confiando en las promesas de que se mantendría en el buen camino.

Sede de la Comisión Europea en Bélgica. (EFE)
Sede de la Comisión Europea en Bélgica. (EFE)

Por ello, es normal que haya nerviosismo, especialmente en los mercados. Que Bruselas te envíe una carta, pidiéndote que despejes las dudas, por mucho que el Gobierno se empeñe en restarle importancia y decir que es un mero diálogo "técnico" abre un resquicio de incertidumbre. No quiere decir que el presupuesto vaya a ser rechazado, pero tampoco es una palmada en la espalda.

Parece, además, que el Gobierno de Pedro Sánchez no ha aprendido de los errores pasados en comunicación: negar la mayor solo produce mayor preocupación y pérdida de confianza. No es una buena señal que te envíen una carta pidiéndote explicaciones del presupuesto. Ni es normal. Solo cinco cartas han salido de los despachos de la Comisión Europea a otras tantas capitales, cuestionando parte del contenido de sus presupuestos.

No es "normal", como afirma Pedro Sánchez, pero sí está convirtiéndose en algo "habitual" para España. En cualquier caso, puede conseguir el visto bueno de la UE. Para ello, el Gobierno tiene que reaccionar como se espera, reafirmando su compromiso ante Bruselas con la reducción del déficit con medidas como los decretos leyes aprobados este viernes, así como comprometiéndose a tomar nuevas iniciativas si fuera necesario. Pero, además, necesitará lograr la aprobación en el Congreso, sin grandes modificaciones. Y eso no será tarea fácil.

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