movimientos, alianzas y un objetivo: pararles

Todos contra los ultras: la batalla del año en Europa

Quedan más de ocho meses para unas elecciones europeas en las que la ultraderecha espera dar la campanada y los demócratas y europeístas, cortarles el paso

Foto: 'Fascismo nunca más', la pancarta en protesta por la entrada de los ultras en el Gobierno austríaco el pasado diciembre. (EFE)
'Fascismo nunca más', la pancarta en protesta por la entrada de los ultras en el Gobierno austríaco el pasado diciembre. (EFE)

'No dejéis gobernar a los nazis'. Este lema fue uno de los más paseados por las calles de Viena el pasado diciembre, ante la inminente entrada de los ultraderechistas de FPÖ en la coalición de gobierno. Y también podría ser un eslogan coreado en prácticamente toda la Unión Europea de cara a las elecciones comunitarias que se celebran el próximo mes de mayo. Aún quedan más de ocho meses, pero la tensión ya se siente en el ambiente.

La ultraderecha espera dar la campanada y consolidar su avance en el viejo continente. Parece una contradicción, pero los ultranacionalistas, que suelen renegar de la Unión Europea, aspiran a fortalecer sus posiciones desde la Eurocámara. No creen en Bruselas, pero sí saben que es el altavoz perfecto —y una buena manera de asegurarse fondos—. Nigel Farage, el euroescéptico británico que se convirtió en una de las caras más visibles del Brexit, es buena prueba de ello. O Marine Le Pen, cuya popularidad la acercó peligrosamente al Elíseo.

Salvini, Le Pen, Geert Wilders y la exlíder de AFD, en una reunión de líderes de extrema derecha europea. (Reuters)
Salvini, Le Pen, Geert Wilders y la exlíder de AFD, en una reunión de líderes de extrema derecha europea. (Reuters)

El ejemplo de Matteo Salvini, uno de los políticos más amados y odiados, no solo en Italia sino en buena parte de Europa, insufla ánimos a los ultras. Salvini es hoy vicepresidente de Italia cuando hace apenas unos años se tenía a su partido, la entonces Lega Norte, como un socio menor condenado a vivir a la sombra del exitoso Forza Italia del 'premier' Silvio Berlusconi. Y no solo eso, sino que su política unilateral de 'puertos cerrados' ha puesto en guardia a sus socios de la UE y amenaza con ser solo un aperitivo, si finalmente se acaban convocando elecciones anticipadas y los votos le son tan favorables como las encuestas.

Salvini será clave en estas elecciones, como lo es Viktor Orbán, consolidado tras su clara reeleción pese a las protestas contra su paulatina conversión de Hungría en un sistema autoritario y al enfrentamiento abierto que mantiene con Bruselas. Ambos se reunieron la semana pasada en Milán, para certificar lo que cada vez es más evidente: la capacidad de los ultranacionalistas europeos para, paradójicamente, tejer alianzas internacionales. Ya lo avisaron a finales de 2017 en una reunión de líderes europeos de extrema derecha en Coblenza: "Va a ser el año de los patriotas". Esperan, ahora, extenderlo a 2019.

Contra el enemigo común, en frentes diversos

La buena salud de la que goza la ultraderecha en Europa, de Suecia —donde el 9 de septiembre los llamados Demócratas de Suecia podrían ser la segunda fuerza más votada— a Eslovenia, de Grecia a Francia, es visible. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, pese a todos los intentos de demócratas y la mayor parte de los repúblicanos —como el senador John McCain— para evitarlo, es una poderosa advertencia para los europeos demócratas. E Italia es su primer gran fracaso. Los partidos tradicionales, desde los conservadores a la izquierda, tratarán de pararles los pies.

Salvini y Orbán, en su encuentro en Milán, que generó protestas contra el húngaro. (Reuters)
Salvini y Orbán, en su encuentro en Milán, que generó protestas contra el húngaro. (Reuters)

“Dos visiones europeas se oponen", asegura Emmanuel Macron, el presidente de Francia que cabalga entre la socialdemocracia y el liberalismo. "El odio en las calles no tiene cabida en Alemania", ha advertido la conservadora canciller germana, Angela Merkel, tras una semana salpicada de episodios xenófobos jaleados por la ultraderecha alemana. "Orbán, (...) representas lo contrario de lo que significa para nosotros. Sois la Europa de los muros, de los egoísmos, del miedo", ha dicho el ex primer ministro italiano y socialdemócrata Matteo Renzi.

Macron incluso ha tratado de repetir la jugada que le llevó al Eliseo: crear un frente común al margen del eje izquierda-derecha para detener a los ultras. No lo ha conseguido. En Francia, el sistema de doble vuelta favorece ese antagonismo, pero en las elecciones europeas (con listas nacionales, una sola votación, parlamentarias y no presidenciales) es difícil replicarlo. Y no todos lo tienen tan claro. El Partido Popular Europeo (PPE) tumbó su proyecto de listas trasnacionales, receloso de que el Rey Sol republicano logre restarles votos en su propio terreno. Y la izquierda quiere dar también batalla contra el neoliberalismo y las medidas de austeridad recetadas durante la crisis.

Macron y Merkel han reforzado el eje franco-alemán, quebrado durante la crisis. (Reuters)
Macron y Merkel han reforzado el eje franco-alemán, quebrado durante la crisis. (Reuters)

El presidente galo cuenta con el apoyo del grupo de los liberales en la Eurocámara, sus potenciales aliados. Estos le cortejan y defienden abiertamente, desde la poderosa comisaria de Competencia y ex primera ministra de Dinamarca, Margrethe Vestager, al líder liberal en la Eurocámara, Guy Verhofstadt. “Los populistas de extrema derecha, como Orbán y Salvini, son una amenaza a nuestra libertad, derechos y prosperidad", ha asegurado esta semana el irreverente ex primer ministro belga, uno de los políticos de Bruselas que más resonancia tienen en las redes sociales.

Pero los liberales —Ciudadanos, que forma parte de este grupo, negocia por su parte tanto con En Marche de Macron como con el PD de Renzi— no son los únicos que están moviéndose y tejiendo alianzas de cara a las europeas. La izquierda también está en ello, como quisieron dejar claro Pablo Iglesias y Jean-Luc Mélenchon tanto en Madrid y París como en Lisboa, donde firmaron una declaración con otros cuatro partidos y los ojos puestos en los alemanes de Die Linke.

La guerra de los discursos

Esta batalla por Europa se decidirá en buena medida en el campo de las redes sociales, los medios y la comunicación, en general. Los populistas se mueven en este terreno con soltura y saben cómo lanzar mensajes atrayentes y claros. Orbán simbolizó su alianza con Salvini tildándole de "héroe", solo para momentos después dejarle saber que no piensa aceptar su petición de que el resto de países europeos se hagan cargo también de los inmigrantes que llegan a Italia. Mucho ruido, pero pocas nueces.

Macron, identificado por Orbán y Salvini como su némesis, tampoco se queda corto. En junio, proclamó ante la Eurocámara que estamos ante una “especie de guerra civil europea que reaparece”. El fantasma de la guerra ha sido también mostrado por Merkel, siempre más sosegada pero certera: "Cuando la generación que sobrevivió a la guerra ya no esté con nosotros, descubriremos si hemos aprendido de la Historia".

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