LOS MUERTOS AUMENTARON UN 500% EN 2017

Sangre y lujo en Los Cabos: la ciudad más peligrosa del mundo es una joya turística

Esta localidad, una de las más turísticas del país, ha visto con sobresalto cómo ha pasado de la noche a la mañana a encabezar las listas de mortalidad violenta a causa de las guerras entre narcos

Foto: Un grupo de turistas en la bahía de La Paz, en Los Cabos, México. (Reuters)
Un grupo de turistas en la bahía de La Paz, en Los Cabos, México. (Reuters)

“Al menos un muerto al día”, recuerda Jesús, “era raro que no tuviéramos un baleado o herido, incluso a veces con algún miembro amputado”. Jesús -nombre falso- es médico en un hospital en Los Cabos, uno de los destinos turísticos más ‘cool’ de México. Ubicado en el punto más meridional de la Península de Baja California, Los Cabos es famoso por ser donde celebridades como Leonardo Di Caprio o George Clooney disfrutan de una segunda residencia. Es también donde Gwyneth Paltrow o Michael Phelps pasan sus vacaciones. Y, además, es conocida por ser en 2017 la ciudad más peligrosa del mundo, tras aumentar el número de asesinatos un 500% comparado con 2016.

365 muertos -aproximadamente- entre 328.245 habitantes (multiplicado luego por 100.000), da la tasa de homicidios/población más elevada del mundo, según la ONG Seguridad, Justicia y Paz; que anualmente produce un ranking con las 50 ciudades más peligrosas del mundo. Los Cabos se sitúa, así, por encima de clásicos como Caracas en Venezuela, San Pedro Sula en Honduras o Fortaleza en Brasil. “Nos sorprendieron mucho estas cifras”, dice José Antonio Ortega, presidente de la ONG. “Era la primera vez que entraba en el ranking. Fue totalmente inesperado”, añade.

¿Cómo se convierte un destino popular entre las celebridades en la ciudad más peligrosa del mundo? La respuesta, una vez más en México, está en la guerra que mantienen los grupos del crimen organizado por hacerse con el control de la plaza a raíz de escisiones y nuevos cárteles que aparecen. Y Los Cabos no es una plaza cualquiera. “Esto es la gallinita de los huevos de oro”, ríe Luis, taxista desde hace 30 años en este municipio. “Los gringos llegan con dólares y buscan cosas que en su país no les dejan o les es más difícil conseguir, ya me entiendes”.

Son unos 2,4 millones de turistas -el 70% estadounidenses, miles de ellos ‘spring breakers’- los que cada año llegan a este lujoso destino para disfrutar de la playa durante el día y de la fiesta por la noche. Los adultos se deleitan con los paseos en barco, la pesca deportiva y los 15 campos de golf esparcidos por este desértico municipio -apenas llueve tres meses al año-. Y, del otro lado, los más jóvenes guardan fuerzas para reventar las decenas de exclusivas discotecas que alberga el destino, al más puro estilo Ibiza o Santorini y a sólo dos horas en avión de Los Ángeles. Pero en México.

“A mí nunca me ha pasado nada. Pero ves ese hotel” -Luis extiende su índice-, “ahí entró un güey y le disparó en la nuca a otro. Eso fue hace menos de un año”, añade.

Un grupo de soldados patrulla una bahía en Baja California durante una operación antinarcóticos, en marzo de 2018. (Reuters)
Un grupo de soldados patrulla una bahía en Baja California durante una operación antinarcóticos, en marzo de 2018. (Reuters)

Sangre: el narco lucha por el control

“460 homicidios llegamos a contar nosotros en 2017, cien más de los que estimó el estudio”, dice Jorge Castañeda, periodista independiente en Los Cabos. Castañeda, con más de 20 años de experiencia como periodista en Los Cabos, dirige una pequeña web, El Mundo Digital, en la que sigue la actualidad en Baja California Sur, estado al que pertenece el municipio. “Había hasta 5 y 6 ejecuciones diarias, cifras que para Acapulco o Ciudad Juárez eran comunes, pero aquí nunca habíamos visto algo así”, matiza.

Empezaron a aparecer cabezas cortadas dentro de hieleras. Narcomantas con mensajes. Cuerpos descuartizados y fosas comunes. Personas desaparecidas. Y, con este nivel de violencia, las cifras de homicidios se dispararon de un año a otro. En toda Baja California Sur hubo 560 asesinatos en 2017, frente a los 191 homicidios que ocurrieron en 2016, según datos de la Secretaria de Gobernación (el Ministerio del Interior mexicano). Ningún turista entre las víctimas.

“Se dice que se matan entre ellos, pero eso no es cierto. Mucha gente inocente fue asesinada, en varios casos simplemente por estar en el lugar inadecuado en el momento inoportuno”, dice Silvia Lupián, presidenta del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal en Baja California Sur, un grupo civil que trata de reunir a los tres niveles de gobierno -federal, estatal y municipal- para coordinar mesas de diálogo para fortalecer la seguridad. “Es un tema que nunca les ha interesado, aunque las autoridades digan lo contrario”, concluye.

Baja California Sur es una plaza atractiva para el crimen organizado. Los Cabos, debido a los miles de dólares que llegan cada día, es uno de los mejores mercados en México para negocios ilegales como la venta de estupefacientes o el control de las redes de prostitución, dos fuentes de ingresos importantes para las organizaciones delictivas. Pero, además, es un punto estratégico para transportar narcóticos hacia Estados Unidos por mar o con avionetas. “El Golfo de California está poco vigilado. Es un sitio de trasiego y así lo evidencian las varias pistas clandestinas que se han inhabilitado en las zonas rurales del estado”, dice Lorella Castorena, politóloga de la Universidad Autónoma de Baja California Sur.

Sinaloa está a pocas horas en lancha, por lo que este territorio ha estado tradicionalmente bajo el Cártel del mismo nombre. Pero la tercera captura en 2016 de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán provocó una lucha interna que fue aprovechada por diversos grupos. Plazas consagradas para esta organización, como Los Cabos, estuvieron de repente en disputa. La pelea en el estado era entre tres grupos: (A) Cártel de Jalisco Nueva Generación, (B) el Cártel de Sinaloa dirigido por los hijos de ‘El Chapo’ y (C) una escisión del de Sinaloa fiel al ‘Licenciado’ y el ‘Mini Lic’ junto con el Cártel de Tijuana. Los muertos empezaron a acumularse durante todo 2017.

“Y, de pronto, en febrero o así todo se calmó. Como después de pasar un huracán”, dice Castañeda. “Nadie sabe muy bien qué pasó para que la situación se medio-normalizara”. Todas las fuentes señalan que la tormenta de violencia que llevó el año pasado a Los Cabos a ser la ciudad más peligrosa del mundo amainó hace tres meses. Las autoridades aseguran debe a la llegada del Ejército y de la policía federal al destino, pero los ciudadanos especulan sobre posibles arreglos con las organizaciones para calmar la situación de cara a las próximas elecciones presidenciales.

Y es que, casualmente, el descenso de la violencia en Los Cabos en los últimos meses coincide con el inicio del periodo electoral en México. El próximo 1 de julio los mexicanos elegirán a un nuevo presidente hasta 2024. Pero, además, en Los Cabos decidirán si el actual alcalde es reelegido en su puesto para otros seis años, objetivo para el cual es necesario que descienda la violencia. “Siento que vivimos una especie de paz pasiva, como si todo se hubiera frenado por las elecciones”, dice Lupián. “Pero no sabemos qué pasará del 1 de julio en adelante, ¿volverá a ser cómo antes?”, se pregunta.

Playa El Medano en Los Cabos. (Cristo Vlahos/Wikimedia Commons)
Playa El Medano en Los Cabos. (Cristo Vlahos/Wikimedia Commons)

Lujo: el paraíso turístico de las celebridades

Los Cabos es sinónimo de lujo. Su localización es única: “El fin del mundo”, reza uno de los populares lemas para promocionar el destino. Además de los campos de golf y lujosas villas, los turistas disfrutan de espléndidos restaurantes a precios más cercanos a los de Estados Unidos que a los de México. Pagar 85 dólares por ir en un barco para ver ballenas y delfines o hacer snorkel en el idílico Cabo Pulmo son de los espectáculos más populares que disfrutan los extranjeros en Los Cabos.

Una noche por persona ronda los 300 dólares, la tarifa promedio más alta de México, el doble que Cancún, según Rodrigo Esponda, director del Fideicomiso de Turismo de Los Cabos. “En Cancún la tarifa promedio noche/persona es de 150 dólares la noche”, dice Esponda, quien dirige esta organización que busca promover el destino. “No hay publicidad exterior, la restricción de alturas en edificios es de seis pisos y los cruceros no pueden atracar. Todo está cuidado para crear una experiencia diferente, única”, agrega. Es un paraíso para los turistas.

En cambio, los ciudadanos de este idílico lugar viven en ‘otros Cabos’. Además de un flagrante problema de seguridad, sufren unas infraestructuras públicas insuficientes y un sistema precario de suministro de agua en los hogares. “Hay dos Cabos: el turístico y el que viven sus habitantes”, dice Hernando Vidales, delegado en Los Cabos de Coparmex, la patronal mexicana. Cada nuevo hotel, calcula Vidales, genera aproximadamente unos 1.000 empleos directos, lo que demanda la llegada de mano de obra de otras partes de México. Personas de zonas más deprimidas como Oaxaca o Chipas (sur) emigran a Baja California Sur. Sin embargo, la construcción de vivienda no crece al mismo ritmo que la de hoteles, lo que provoca que muchos de los inmigrantes recurran a hogares con servicios precarios, pero de bajo costo.

Son cientos las casas que hay hechas de cemento y madera con tejados de latón, lonas y materiales desechados de construcción. Castañeda, el periodista, asegura que hay hogares sin agua potable y sin electricidad donde viven algunos empleados de los hoteles. Y es que un trabajador en Los Cabos gana 180 pesos diarios (unos 8 euros), el doble del salario mínimo en México que son 90 pesos diarios, estima Vidales. “Un empleado de hotel gana como mucho 5.000 pesos al mes [300 dólares] en una de las ciudades más caras del país”, dice Castañeda. “Vas a un restaurante y una cena te vale 2.000 pesos. ¿Cómo se puede llegar así completar el mes?”

Y es que el sol es el petróleo de Los Cabos, la fuente de ingresos que sustenta toda la economía del municipio. Por eso, Esponda rechaza frontalmente los resultados del estudio que calificó a Los Cabos como la ciudad más peligrosa en 2017. “Es una irresponsabilidad sacar un informe así cuando el turismo genera miles de empleos”, brama, “de hecho el Inegi -INE versión mexicana- ha sacado en 2018 un estudio que dice que somos el tercer municipio de México donde mayor percepción de seguridad ciudadana hay. Ahí se refleja el descenso de la violencia este año”, añade. Asimismo, Esponda critica la metodología utilizada por la ONG al basar su ranking en estimaciones sin “ningún rigor estadístico”.

“Siempre pasa lo mismo, tratan de descalificar los resultados cuando suben las cifras, luego cuando bajan las autoridades se enorgullecen. Pero se trata de la misma metodología que utilizamos de hace más de 10 años”, indica Ortega, de Seguridad, Justicia y Paz, organización que con este estudio trata de exponer las poblaciones sufren una mayor crisis de seguridad para logar la intervención por parte de las autoridades. “No es sostenible tener un destino turístico de primer mundo con ‘los otros Cabos’ de tercer mundo”, concluye Vidales.

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