tras el impacto de la acogida del aquarius

¿Golpe de efecto o de timón? Ocasión para España de situarse en primera fila de la UE

El caso del Aquarius ha tenido un gran impacto internacional, y muy especialmente en la UE. Queda por ver si Sánchez aprovecha la ocasión

Foto: Ante Pedro Sánchez se abre un horizonte de oportunidades —y retos— europeas. (Reuters)
Ante Pedro Sánchez se abre un horizonte de oportunidades —y retos— europeas. (Reuters)

El barco Aquarius ya navega con cientos de personas rescatadas hacia Valencia. El gesto anunciado por Pedro Sánchez —y su estudiado movimiento para llevarlo al puerto de una ciudad comandada por uno de los suyos, Ximo Puig, en lugar de dejar a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, marcarse el tanto— da cuenta de que Sánchez no se ha dormido en los laureles después de la moción de censura.

El gesto del presidente no solo es para consumo interno, todo lo contrario: ha tenido un gran impacto internacional y, muy especialmente, en la Unión Europea. Tampoco ha pasado desapercibida la composición de un gabinete claramente europeísta. Y Teresa Ribera, la nueva ministra de Transición Energética, precedida por su fama en los foros internacionales climáticos, se permitía estrenar la presencia del nuevo Ejecutivo en los foros comunitarios afirmando que “España está de vuelta”.

¿Lo está de veras? Esa es la gran pregunta que planea ahora sobre el Gobierno liderado por Pedro Sánchez. Los golpes de efecto han sido, hasta ahora, espectaculares para una Unión Europea que no pasa por su mejor momento. La cuestión es si, más allá de los gestos y de iniciativas puntuales, Sánchez es ahora capaz de hacer girar el timón de la política europea de España, que lleva prácticamente seis años anclado bajo el 'shock' del rescate financiero que lo convirtió en deudor de sus socios.

Se abren ahora ante el Ejecutivo español dos semanas clave, que culminarán con el estreno de Sánchez en Bruselas como presidente del Gobierno. Será el 28 y 29 de junio, en la cumbre que reunirá a los líderes europeos, una esperada cita en la que se abordarán temas fundamentales para la Unión Europea: desde el futuro del euro a la migración, pasando por el próximo presupuesto europeo o la seguridad y la defensa. Sánchez tendrá la oportunidad de mostrar entonces sus intenciones.

Sánchez y el ajedrez europeo

El momento es propicio para España. La formación de un Gobierno de marcados tintes eurófobos y populistas en Italia, la cuarta economía de la Unión Europea, pone al país en fuera de juego. La Francia de Emmanuel Macron, empeñada en sacar adelante reformas de calado que frenen el avance populista en esta “guerra contra los nacionalismos” de la que advierte el presidente francés, necesita aliados para empujar a la Alemania de Angela Merkel a moverse de su reticente prudencia.

Mariano Rajoy ya fue invitado hace un año a volver a sentarse con las grandes potencias europeas: Italia, Francia y Alemania. Corrían otros tiempos cuando se celebró aquella Cumbre de Versalles: Macron acababa de ser elegido, corría una ola de optimismo en la UE, se esperaba que Merkel volviera a la cancillería con ánimo de dejar un gran legado europeo y el partido socialdemócrata tenía al razonable Paolo Gentiloni en el Quirinale. Sin embargo, la crisis catalana dejó en fuera de juego al Gobierno de Rajoy, que centró sus esfuerzos internacionales en contener el impulso independentista.

Macron y Sánchez: ambos necesitan aliados

España y Francia son aliados naturales que tienden, sin embargo, a rivalizar. Pero hoy París necesita amigos, ante el riesgo creciente de que el 'efecto Macron' se quede en nada. Y pese a que su equipo ha trabajado en los últimos meses vínculos con Ciudadanos, Sánchez puede ser un buen socio.

El presidente galo, Emmanuel Macron, necesita aliados para hacer realidad su visión europeísta. (Reuters)
El presidente galo, Emmanuel Macron, necesita aliados para hacer realidad su visión europeísta. (Reuters)

Es más lo que les une que lo que les separa. No hay que olvidar que Macron llegó al poder tras rebelarse contra su propio partido, el socialista, y sus mentores (en su caso, por propia iniciativa, no como en el de Sánchez). Los dos están en la cuarentena y representan un nuevo modo de hacer política. Ambos han apostado por el europeísmo como el rasgo definitorio de sus gobiernos. E, ideológicamente, parten de planteamientos similares.

En Alemania, Sánchez tiene vínculos, si no con Merkel, sí con los socialdemócratas, con los que la canciller formó una nueva gran coalición. Con Portugal, liderada por el socialista António Costa gracias a una coalición de fuerzas de izquierda, no podría ser mayor la proximidad. En Grecia, Alexis Tsipras sigue juntándose con los socialdemócratas. Malta tiene un Gobierno —ahora agradecido a Sánchez tras la crisis del Aquarius— de signo socialdemócrata.

Todo esto, por no hablar de los socialistas que pueblan las instituciones europeas y se han quedado huérfanos tras la debacle de sus partidos en casa —desde la italiana Federica Mogherini, jefa de la diplomacia europea, al comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, pasando por el vicepresidente primero de la CE, Frans Timmermans—, quienes, a un año de las elecciones europeas, estarán abiertos a facilitar la vida a un nuevo líder de su familia política. Buenas cartas para Sánchez, que tiene que jugar ahora la partida.

Dos semanas para marcar posturas

De aquí a finales de mes, varios ministros tendrán la oportunidad de darse a conocer ante sus homólogos europeos. En algunos casos, como el de Nadia Calviño, Josep Borrell o Ribera, no necesitan carta de presentación, pero sí tendrán que plantear —al igual que el resto de sus colegas— cuáles serán las líneas maestras de su departamento en lo que resta de legislatura. Interesa y mucho qué postura adoptará la quinta economía de la UE ante los muchos retos abiertos: del Brexit a las tensiones comerciales con EEUU, pasando por los enfrentamientos a cuenta del futuro de la eurozona, la migración, el desarrollo de una defensa común, la seguridad y la lucha contra el terrorismo, entre otros.

En el caso de Calviño, ministra de Economía, el nuevo Gobierno tendrá que decidir si mantiene la tibia posición que España había adoptado de cara a las discusiones sobre la reforma del euro bajo su predecesor, Román Escolano. El PSOE presentó hace menos de un mes en el Parlamento Europeo un documento con su propias reformas, mucho más ambiciosas, pero Calviño no tiene carné del partido y sí la experiencia suficiente en asuntos europeos como para tener su propia visión.

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