TRAS LA CRISIS DEL AQUARIUS

Aviso de Bruselas a las capitales: la pasividad ante la inmigración pone en riesgo la UE

"No podemos seguir jugando a un pin-pong político sobre quién es responsable: Lo somos todos", recuerda Bruselas tras la tensión surgida en torno a la nave 'Aquarius'

Foto: Avramopoulos en la nueva sede la Agencia Europea de Fronteras (Frontex), en Varsovia (EFE)
Avramopoulos en la nueva sede la Agencia Europea de Fronteras (Frontex), en Varsovia (EFE)

"No podemos seguir jugando a un ping pong político sobre quién es responsable. Lo somos todos". Así de claro se mostró este martes el comisario europeo de Migración e Interior, Dimitris Avramopoulos. La tensión surgida después de que Italia se negara a dejar atracar a la nave 'Aquarius' cargada con 639 personas, en sus puertos y la disputa abierta con Malta ha vuelto a poner en evidencia la incapacidad de la Unión Europea a la hora de gestionar la llegada de migrantes y sus fronteras exteriores. Y, aunque España ha salvado la situación al ofrecerse a acoger a los migrantes, las consecuencias del incidente, que el nuevo Gobierno italiano consideró una victoria, aún van a dejarse notar.

Bruselas capea como puede la situación. Trata de convencer. Trata de coordinar. Trata de hacer razonar por las buenas. Pero se niega a entrar en el "juego de los reproches", en palabras de Avramopoulos, quien ejecuta varios quiebros dialécticos para evitar señalar a Roma. La Comisión Europea, escarmentada tras el fracaso de las cuotas obligatorias de reparto de refugiados que trató de imponer a los países, recula. Y lanza una sola advertencia: la cuestión irresoluta de la migración "pone en riesgo a la Unión Europea".

No le falta razón al comisario europeo en su reflexión. La migración es una de las principales preocupaciones de los europeos y, por consiguiente, de sus gobiernos, temerosos de esta patata caliente que no saben cómo manejar y que temen que les estalle en las manos. Pero la desidia mostrada por la gran mayoría de los países europeos no solo durante la crisis de los refugiados de 2015, sino durante años en lo que concierte el reparto de los migrantes que llegan mayoritariamente a las fronteras sur de la UE se ha convertido en una olla a presión, que en Italia ha tomado forma de gobierno de populistas y ultras.

Bruselas tiene razones para evitar cualquier palabra que suene a orden para Roma: solo serviría para facilitarle el juego a los ultras de La Lega y los populistas del Movimiento Cinco Estrellas, empeñados en mostrar a la UE como un poder central autoritario, frente a ellos, la solución nacionalista libertadora. "La Comisión Europea no está aquí para dictar, está aquí para discutir y negociar, y eso es lo que estamos haciendo ahora, a través de argumentos muy convincentes y fuertes", aseguró Avramopoulos.

Pero los argumentos y advertencias llegan sucediéndose más de un lustro, sin que el problema se resuelva. Hace falta voluntad política para poner en marcha un nuevo sistema de reparto y gestión, que comparta los migrantes llegados entre los países. Algo de lo que ni en el centro-este de europea, con posiciones abiertamente xenófobas, ni el norte, con similares planteamientos pero discursos más moderados, están dispuestos a aceptar.

Uno de los 629 inmigrantes subsaharianos rescatados en el Mediterráneo por el buque Aquarius, es transferido a una patrullera de la Guardia Costera italiana. (EFE)
Uno de los 629 inmigrantes subsaharianos rescatados en el Mediterráneo por el buque Aquarius, es transferido a una patrullera de la Guardia Costera italiana. (EFE)

Italia y Grecia llevan años pidiendo a sus socios que colaboren. Malta también se queja de la saturación que sufre. España, hasta el golpe de efecto del 'Aquarius', se ha mantenido en un discreto segundo plano. Francia se ha desentendido, también en esta nueva crisis, pese a que la ONG SOS Mediterranée que rescató a los migrantes es gala. Y en Alemania, Angela Merkel aún es crititicada por su decisión de abrir las fronteras a los refugiados en 2015.

Avramopoulos ha mostrado su confianza en que el caso del "Aquarius" sea un incidente aislado, y no un cambio de política radical de Italia. Mientras, Matteo Salvini, líder de la Lega y ministro de Interior, mantiene su presión para "cerrar los puertos" italianos a los barcos que hayan rescatado migrantes. Sea o no una excepción, no cambia el problema de fondo: que no hay ni acuerdo, ni solución para resolver uno de los problemas que pueden dinamitar los lazos entre los socios europeos en un momento ya de especial tensión entre ellos.

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