pekín tiene estrategias diseñadas hasta 2050

EEUU ya tiembla ante el rápido ascenso de China

El PIB chino crece el triple de rápido que el estadounidense, y la porción de la economía global bajo su control no deja de crecer. Inversores y militares de EEUU ya lo consideran la principal amenaza

Foto: Un policía chino custodia la Embajada de EEUU en Pekín, el 5 de abril de 2018. (Reuters)
Un policía chino custodia la Embajada de EEUU en Pekín, el 5 de abril de 2018. (Reuters)

Una imagen se ha vuelto viral en las redes sociales de China. Son dos fotos juntas, a modo de comparación. En ambas se ve a dos grupos negociando en torno a una mesa: uno de chinos y otro de occidentales. La foto antigua, de 1901, muestra a los chinos envejecidos, arrugados dentro de sus trajes tradicionales, frente a una selección de hombres blancos jóvenes y dispuestos. En la foto actual, sin embargo, son los chinos quienes reflejan vigor y juventud frente a unos señores blancos marchitos. El mensaje es obvio: China es hoy la que asciende veloz sobre los huesos cansados de Occidente.

La confiada actitud de Pekín, que negocia en estos momentos un acuerdo comercial con Estados Unidos, está justificada por las cifras. En el año 2000, China controlaba el 4% de la economía global y EEUU el 31%. Hoy China controla el 15% y Estados Unidos el 24%; su PIB crece el triple de rápido, invierte el triple en infraestructura y ha puesto en marcha fuertes inversiones en tecnología, empezando por la inteligencia artificial. Pekín también ha desplegado una activa política exterior. Y EEUU empieza a ponerse nervioso.

“China ha perfilado estrategias para 2018, 2025 y 2050, todas ellas diseñadas para desplazar a Estados Unidos como el superpoder económico y de seguridad nacional dominante”, escribe Jim VandeHei, CEO de Axios. “Mientras América pierde el tiempo y riñe, China está pensando a largo plazo - y actuando, ahora, en todas partes. No hay un equivalente en EEUU a un plan para 2025 o 2050 - ni realmente para el año que viene”.

VandeHei, que considera a China “la más grande y creciente amenaza para América”, sólo se hace eco de una opinión común. El máximo militar de EEUU, el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Joseph Dunford, lo ha hecho oficial: “China supone probablemente el mayor riesgo para nuestra nación para 2025”, declaró recientemente ante el Senado.

Con este trasfondo, Donald Trump intenta cumplir su promesa de parar los pies a China en el terreno comercial. El presidente de EEUU ha acusado a Pekín de imponer aranceles más altos que los demás, manipular su divisa para potenciar las exportaciones y obtener las patentes tecnológicas de empresas extranjeras como peaje por hacer negocios en China. Para “igualar el terreno de juego” con Pekín, Washington amenazó con imponer aranceles a productos chinos por valor de 150.000 millones de dólares. China respondió con amenazas parecidas y ambos países entablaron conversaciones.

El secretario del Tesoro de EEUU Steve Mnuchin, el viceprimer ministro chino Wang Yang y el secretario de Comercio estadounidense Wilbur Ross, durante una cumbre económica bilateral en Washington, en julio de 2017. (Reuters)
El secretario del Tesoro de EEUU Steve Mnuchin, el viceprimer ministro chino Wang Yang y el secretario de Comercio estadounidense Wilbur Ross, durante una cumbre económica bilateral en Washington, en julio de 2017. (Reuters)

El factor norcoreano

El pasado sábado, sin embargo, se suspendió la amenaza de aranceles y las negociaciones volvieron a su punto de partida: sin cifras ni acuerdos concretos. Salvo concesiones de impacto limitado, como el recorte de aranceles chinos a las importaciones de algunos vehículos, todo está por decidir. EEUU asegura que China comprará más productos agrícolas y energéticos americanos, pero de momento no se han comprometido cifras. Esto ha generado la sospecha de que China ha visto el órdago de Trump y este ha tenido que dar marcha atrás sin conseguir nada sustancial a cambio.

“Para aquellos en Wall Street y otros ejecutivos que viven de negociar, el trato alcanzado por el presidente que escribió ‘El arte del trato’ no es muy astuto”, escribió el columnista Andrew Ross Sorkin. “No sólo eso, el trato -en la medida de que haya uno- genera todo tipo de preguntas acerca de la habilidad del Sr. Trump para extraer concesiones en futuras negociaciones”.

El diálogo sobre comercio tiene otras variables. Una de ellas es Corea del Norte. El régimen estalinista depende casi totalmente del apoyo chino. Pekín absorbe más del 80% de las exportaciones norcoreanas y cubre más del 80% de sus importaciones, y es su paraguas geopolítico. Cualquier movimiento de Trump hacia Pyongyang tiene que contar con China. Una baza que Pekín podría haber usado en las negociaciones comerciales, según expertos. “La cancelación de la cumbre por parte de Trump puede dañar las relaciones entre EEUU y China”, declara Isaac Stone Fish, analista de Asia Society. “Muchos cargos de EEUU, y posiblemente el propio Trump, culparán a Pekín de interferir y posiblemente presionar a Kim [Jong-un] para que mantenga su distancia de EEUU”.

Pero lo que preocupa a algunos observadores en Estados Unidos va más allá de un acuerdo concreto de comercio o incluso de las negociaciones con el régimen norcoreano. Preocupa la volcánica tendencia de fondo en la que China recorta distancia a pasos de gigante. Una tendencia que se habría visto acelerada por las últimas decisiones del presidente Trump en política exterior.

Contenedores de un carguero chino en el puerto de Los Ángeles, destinados a la importación en EEUU. (Reuters)
Contenedores de un carguero chino en el puerto de Los Ángeles, destinados a la importación en EEUU. (Reuters)

La gran abdicación de liderazgo

“China está haciéndose más grande y su líder más fuerte, pero aún así habrían esperado a aceptar públicamente este liderazgo y responsabilidad, si no fuese por Trump”, declaró Ian Bremmer, CEO de la firma de análisis de riesgo Eurasia Group. “Entienden que, aunque en cinco o diez años serán más fuertes, nunca habrá una oportunidad global para tener una huella más grande y sin resistencia como hay ahora, con America First”.

Bremmer se refiere a que, cada vez que la administración Trump cancela o se retira de un tratado internacional, sea el Tratado de Libre Comercio con el Pacífico, el Acuerdo Climático de París o recientemente el pacto nuclear con Irán, China llena ese vacío: defiende estos acuerdos o los propone nuevos, usando los huecos que le deja la actitud arisca de Washington. Para el veterano diplomático Richard Haass, director del Council of Foreign Relations, la política de Trump es “la gran abdicación” de EEUU como líder global.

Un ejemplo de asertividad china es la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda, el “proyecto de infraestructuras más ambicioso de la historia moderna”, según Vox.com. El plan es unir el Lejano Oriente con África y Europa a través de una vasta red de carreteras, vías ferroviarias, puertos, gasoductos, refinerías, parques industriales y tramas de fibra óptica. Costará de cuatro a ocho billones de dólares y afectará a 65 países. El 60% de la población mundial. Esto haría de China el eje más importante del comercio global en 2050.

El proyecto faraónico no está exento de graves riesgos, entre ellos el de impago o inestabilidad política. Algunos de los socios están lastrados por la corrupción, la bancarrota y algunos (Iraq, Ucrania, Yemen, Afganistán) incluso por la guerra. Pero no todo es economía. Los proyectos servirían de puerta de entrada a la construcción de bases navales chinas por todo el Océano Índico. Y parafraseando a Robert D. Kaplan: de la misma forma que Washington dominó el Caribe a principios del siglo XX, Pekín cementa su poder en el Mar del Sur de China con la construcción de bases e islas artificiales.

Aunque Estados Unidos siga siendo, de lejos, la principal economía y potencia militar del mundo, con un presupuesto bélico dos veces y media mayor que el chino, 20 portaaviones contra 1 y cinco veces su fuerza aérea; aunque su PIB ronde otra vez el 3% de crecimiento, el paro haya bajado a mínimos desde los noventa, la Bolsa haya subido más de un 300% desde 2009 y la Casa Blanca esté dispuesta a proyectar la fuerza, su peso proporcional decreciente en un mundo multipolar y la victoria de un político revisionista como Donald Trump ha generado cierta sensación de Bajo Imperio.

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