el presidente cuenta con un 82% de aprobación

Fuerza, rublos y mucha Segunda Guerra Mundial: por qué los rusos aún aman a Putin

Un territorio tan inabarcable como el de Rusia, con 17,1 millones de km2 y 22.400 kilómetros de fronteras, demanda casi inconscientemente un liderazgo fuerte, o eso parecen pensar los rusos

Foto: Un vehículo lanzamisiles Yars desfila durante el ensayo final para el Día de la Victoria, el 6 de mayo de 2018. (Reuters)
Un vehículo lanzamisiles Yars desfila durante el ensayo final para el Día de la Victoria, el 6 de mayo de 2018. (Reuters)

Los días de sol y temperatura casi veraniega se alternan a principios de mayo en Moscú con cielos grises y lluvias espóradicas. La inestable meteorología tiene un reflejo análogo en las reacciones de la población rusa respecto a su presidente, Vladímir Putin. Si el pasado sábado más de mil personas eran detenidas en todo el país por protestar contra el mandatario y su régimen personalista y despótico, el desfile militar del 9 de mayo en la Plaza Roja, que celebra el Día de la Victoria en la Segunda Guerra Mundial, imbuirá de éxtasis patriótico a una buena parte de la sociedad.

El centro de análisis Levada cifró en abril el apoyo a Putin en un 82%. La capacidad de liderazgo del presidente ruso permanece incólume entre una abrumadora mayoría de sus conciudadanos.

La psicóloga Niguina Babiyeva, catédratica de la Universidad Pedagógica Estatal de Moscú, explica así a El Confidencial esa identificación casi mística de los rusos con los gobernantes poderosos: "Vladímir Putin tiene un modelo de comportamiento que proyecta una imagen de mandatario fuerte y seguro de sí mismo. En este sentido, es obvio por qué muchos consideran que el presidente ruso es un líder coherente y capaz de garantizar la seguridad", señala. "La agresión por parte de un grupo externo –'outgroup', en psicología social– da como resultado la percepción favorable dentro del propio grupo –'ingroup'–. Es decir, cuando las potencias extranjeras ejercen presión sobre un país, los ciudadanos de este último se solidarizan y empiezan a seguir sin fisuras a un líder fuerte", prosigue la psicóloga.

De esta manera, las medidas de presión económica y diplomática contra Rusia puestas en marcha después de la anexión de Crimea, en 2014, o tras el reciente envenenamiento del exespía ruso Serguéi Skripal y de su hija Yulia en Salisbury (Reino Unido), por poner dos ejemplos, no sólo no han conseguido dividir al pueblo ruso, sino que más bien han espoleado el liderazgo de Putin, refrendado con el mejor resultado electoral de su carrera el pasado 18 de marzo. "La mentalidad rusa está más basada en el colectivismo, mientras que Occidente 'profesa' en mayor o menor medida el individualismo. En otras palabras, los rusos piensan más en el bienestar de la sociedad en su conjunto, mientras que el individualismo preconiza el bienestar de cada individuo sobre el del colectivo", resalta Niguina Babiyeva como tercer factor.

Putin, el presidente de la Corte Constitucional de la Federación Rusa, Valery Zorkin, y la presidenta del Senado ruso, Valentina Matviyenko, atienden la sesión de investidura del dirigente ruso en el Kremlin, el 7 de mayo de 2018. (EFE)
Putin, el presidente de la Corte Constitucional de la Federación Rusa, Valery Zorkin, y la presidenta del Senado ruso, Valentina Matviyenko, atienden la sesión de investidura del dirigente ruso en el Kremlin, el 7 de mayo de 2018. (EFE)

Luces y sombras tras 18 años en el poder

Cuando Putin fue investido por primera vez en el año 2000, el PIB de Rusia superaba por poco los 281.000 millones de euros, mientras que el PIB per cápita se situaba en los 1.921 euros, según datosmacro.com. En 2012, el Producto Interior Bruto era de 1,72 billones de euros y el PIB per cápita rozaba los 12.000 euros. Entre 2000 y 2012, la pobreza se redujo de los 42,3 millones de personas a los 15,4 millones. El dinero regaba toda la maquinaria estatal y los rusos vislumbraban un futuro bañado en oro.

El Euromaidán forzó en 2013 la caída del presidente pro ruso de Ucrania, Víktor Yanukovich, y desencadenó pocos meses después la crisis en Donbás y en la península de Crimea. A partir de ese instante, las sanciones y la depreciación del petróleo ahogaron la economía, que ha ido tratando de salir a flote a trompicones con un rublo cada vez más débil.

Bogdán, un moscovita de 26 años, se muestra crítico con la opacidad de las administraciones. "Quienes participamos en manifestaciones contra la Administración Putin no estamos de acuerdo con el deterioro del nivel de vida en nuestro país. Además, uno de los problemas principales es la arbitrariedad del sistema judicial y la actuación de las fuerzas del orden", denuncia.

Entre 2012 y 2017, el número de rusos bajo el umbral de la pobreza ha aumentado considerablemente, pasando de los 15,4 millones de personas a los 20,3 millones. Además, Bogdán pone el foco en otro problema clave que el país no ha sabido atajar: la corrupción. "A veces los altos cargos gubernamentales que habían sido cazados en flagrante delito quedan en libertad, como es el caso del exministro corrupto de Defensa Anatoli Serdiukov", sentencia.

A diferencia de Bogdán, Igor, de 25 años y también moscovita, prefiere centrarse en los logros del jefe de Estado ruso, que ha vuelto a ser investido este 7 de mayo para el que será su último mandato. "Putin es un líder carismático con un punto de vista firme. Cuenta con el respeto de mucha gente de distintos rincones del mundo. Desde que Putin accedió a la Presidencia de Rusia, el nivel de vida y la economía de nuestro país han mejorado ostensiblemente en comparación con el Gobierno de Yeltsin de la década de los 90", asegura Igor. "Gracias a Putin también ha mejorado la situación demográfica, en particular la esperanza de vida, que había caído en picado tras la disolución de la URSS", insiste.

Policías rusos detienen a un manifestante durante las protestas contra la investidura de Putin, en San Petersburgo, el 5 de mayo de 2018. (Reuters)
Policías rusos detienen a un manifestante durante las protestas contra la investidura de Putin, en San Petersburgo, el 5 de mayo de 2018. (Reuters)

'Merchandising' irreverente y músculo militar

La calle peatonal Arbat, en pleno centro de Moscú, es un excelente termómetro para medir el bullicio aparejado a la llegada de la primavera. Los turistas pasean por allí buscando algún 'souvenir' en las múltiples tiendas de regalos que se erigen a ambos lados de la calle. Son un clásico los gorros rusos, pero lo que más llama la atención es la irreverencia de algunos productos.

"Gracias por Crimea": un imán blanco con la cara de Putin y esta escueta frase pintada en rojo da una idea aproximada de lo que nos podemos encontrar. Los calendarios y las camisetas con el rostro del presidente ruso, unas veces a lomos de un oso y otras con unas simples gafas de sol y aspecto de villano de película de James Bond, son también piezas codiciadas entre los visitantes.

Ya se analice desde una perspectiva seria o bien desde la mera parodia, es de justicia reconocer que, para los rusos, la imagen de su líder tiene un peso sustancial en su cultura. Mientras los misiles Kinzhal y todo tipo de armas modernizadas serán exhibidas este 9 de mayo en la Plaza Roja de Moscú para conmemorar el 73º aniversario del Día de la Victoria contra la Alemania nazi, Vladímir Putin observará el desfile desde la tribuna presidencial sabiendo que ejerce un poder casi omnímodo sobre su territorio.

Desde el desmoronamiento de la URSS, cuando el modelo económico transfiguró por completo las raíces mismas del Estado, Rusia ha librado una batalla entre libertad y seguridad que, centímetro a centímetro, ha ido ganando siempre la segunda.

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