si gana en 2018, estará 25 años al timón del país

Rusia aislada, Putin reforzado: la estrategia del Kremlin para sobrevivir al presidente

Putin participa por cuarta vez en una campaña como candidato presidencial. Ahora el contexto es distinto: el viento de la economía no sopla a favor y se puede pronosticar una atmósfera de fin de ciclo

Foto: Vladimir Putin y el primer ministro Dmitry Medvedev durante una visita a Istra, en las afueras de Moscú. (Reuters)
Vladimir Putin y el primer ministro Dmitry Medvedev durante una visita a Istra, en las afueras de Moscú. (Reuters)

Vladimir Putin dijo una vez que ser el líder de Rusia le impide ser amigo de determinadas personas: entre ellas, el presidente de EEUU. Otra cosa es que los rusos necesiten un 'padre', una posición de líder protector que no quedará vacante el año que viene. El anuncio de que Putin se presentará de nuevo a presidente en 2018 era esperado pero estaba tardando demasiado y los rumores iban subiendo de tono.

La anterior vez que anunció su candidatura, en 2012, lo dijo con seis meses de antelación: fue el inicio de las protestas más intensas que ha vivido Rusia. Esta vez quedan poco más de tres meses para recorrer el país y apuntalar una victoria incontestable, así que la campaña va ser un poco más corta. Pero la 'acción' empezó hace semanas. Primero Putin anunció el mes pasado, por segunda y penúltima vez, el fin del grueso de las operaciones en Siria. Después, otro lunes gris de noviembre, trascendió que habría nuevas ayudas por el primer hijo.

Eran mensajes para el electorado, que empieza a despertar con las primeras nieves. La élite, en cambio, lleva con los ojos bien abiertos desde antes del verano. “La vida política ha vuelto a Rusia”, explica Gleb Pavlovsky, presidente de la Fundación Política Eficaz, pues la 'casta' gubernamental rusa ha pasado los últimos meses hablando más de lo que pasará cuando se vaya Putin que de lo que hará con su nuevo mandato. La estructura de poder en torno a él, encarnada formalmente por la Administración Presidencial, está asumiendo la “gestión” del país poco a poco.

Algunos medios aventuraban que Putin está cansado, pero lo cierto es que tiene todas las de ganar: su índice de aprobación está a una distancia abismal del resto de los aspirantes, en torno a un 80%. Deberá enfrentarse en las presidenciales a los candidatos del Partido Comunista y de los nacionalistas del LDPR. También tendrá frente a él a la estrella de televisión Ksenia Sobchak, cercana a la oposición y que espera atraer los votos de los rusos descontentos con la situación del país.

La periodista y candidata a la Presidencia rusa Ksenia Sobchak (c) formula una pregunta durante la rueda de prensa anual del presidente Putin, en Moscú. (EFE)
La periodista y candidata a la Presidencia rusa Ksenia Sobchak (c) formula una pregunta durante la rueda de prensa anual del presidente Putin, en Moscú. (EFE)

Sin embargo, en la carrera electoral falta Alexei Navalny. El bloguero anticorrupción organizó este año dos sonadas manifestaciones antigubernamentales de gran alcance. Su futuro político sigue sin estar claro: la comisión electoral excluyó su participación en las elecciones debido a una condena por malversación de fondos que él denuncia como falsa y fabricada para alejarlo de la carrera al poder.

Putin es el político más conocido por los rusos. Participa por cuarta vez en una campaña electoral como candidato presidencial. Pero ahora el contexto es distinto: el viento de la economía no sopla a favor y por primera vez se puede pronosticar una atmósfera de fin de ciclo. Pavlovsky enmarca dentro de esos síntomas la creciente “rivalidad” entre las distintas agencias de seguridad, que ha provocado algunos arrestos en la élite.

“Rusia va a seguir adelante, y nadie la va a detener”, gritó Putin el día del anuncio de su candidatura delante de los trabajadores de una fábrica. Por un instante, pareció uno de ellos: el jefe de la cadena de montaje de un país que sabe resistir y avanzar cuando es su momento. Los comicios se presentan con un importante componente patriótico de cara a la galería: no es casualidad que la fecha de las elecciones se haya retrasado unos días para que coincida con la anexión de Crimea.

Los últimos acontecimientos favorecen una campaña menos basada en los hechos propios y más en las actitudes ajenas. La decisión del Comité Olímpico Internacional de vetar la participación de la selección rusa en los Juegos Olímpicos de invierno del año que viene ha dado pie a la élite rusa, empezando por el propio presidente, a presentar el castigo al dopaje como otro intento de "aislar" o "contener" a Rusia. Dimitri Trenin, presidente del Centro Carnegie de Moscú, recuerda la reconocida habilidad de Putin para convertir las afrentas en el exterior en una coyuntura favorable dentro del país: "La presión desde fuera, si se presenta como motivada políticamente y dirigida por EEUU, puede servir para cohesionar más el país".

Vladimir Putin durante una visita a una base rusa en Latakia, Siria. (Reuters)
Vladimir Putin durante una visita a una base rusa en Latakia, Siria. (Reuters)

De hecho hasta el último líder de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov, ha celebrado la decisión de Putin de repetir en el cargo: “La sociedad está hoy a favor de que Vladimir Putin siga siendo presidente, y eso tiene una gran importancia”, dijo, según la agencia TASS. Pero esa narrativa de 'fortaleza asediada' puede variar en función de cómo sople el viento. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en enero rebajó notablemente la contestación rusa a Occidente durante unos meses.

"Entre enero y febrero recibíamos órdenes de esperar y ver, no sabían que postura adoptar ante un presidente tan distinto", explica a El Confidencial un responsable de una cadena de televisión pública rusa que prefiere no dar su nombre. Solamente después, con la bola de nieve de revelaciones sobre la injerencia rusa en los comicios que perdió Hillary Clinton en 2016, el Kremlin recuperó el tono vital en su contrapeso a Occidente: EEUU intentaba de nuevo, según Moscú, acusar a Rusia para debilitarla antes el esto del mundo. El mismo argumento que siguió a las sanciones por la anexión de Crimea, a la crítica internacional por el derribo del MH17 o a las sombras de duda arrojadas tras el asesinato del opositor ruso Boris Nemtsov.

En caso de victoria, ocupará el cargo de jefe de Estado por otros seis años, de 2018 a 2024: él mismo el que ha modificado la ley para que los mandatos ya no duren cuatro años sino seis. Sus detractores le reprochan un claro retroceso en los derechos humanos y las libertades. Pero no hay sucesor a la vista: estará un cuarto de siglo al timón de Rusia. Su entorno sabe que Putin no puede durar para siempre, pero el sistema forjado en torno a él va adquiriendo entidad propia para sobrevivir al 'putinismo' y heredar una Rusia más poderosa y estable que la que dejó Boris Yeltsin.

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