la gran manzana acoge la 'putincon'

Terapia anti-Putin en Nueva York: “Rusia está dirigida por un terrorista”

El opositor ruso Garry Kasparov organiza en la ciudad la PutinCon, una jornada de ponencias explicativas sobre el peligro que representa el presidente ruso, que sirve de catarsis a sus detractores

Foto: El ajedrecista y líder opositor ruso Garry Kasparov, durante una entrevista. (Reuters)
El ajedrecista y líder opositor ruso Garry Kasparov, durante una entrevista. (Reuters)

A Garry Kasparov, opositor ruso y varias veces campeón mundial de ajedrez, no le gusta que se compare a Vladímir Putin con un ajedrecista. “En el ajedrez ves las piezas del adversario; es un deporte transparente. A Putin eso no le gusta”, dice el maestro. “Él prefiere el póker, donde puedes ganar marcándote faroles y subiendo constantemente las apuestas”.

Kasparov habla al inicio del PutinCon, un día de ponencias dedicadas al hombre que llegó al Kremlin hace 18 años y que este domingo ha sido reelegido para un cuarto mandato. El evento está organizado por la Human Rights Foundation, que dirige el propio Kasparov, y tiene lugar en un especio de conferencias de Hell’s Kitchen, en Manhattan.

El salón de actos, salvo el escenario, está completamente oscuro. Resulta difícil tomar notas y no hay turno de preguntas. Los ponentes desfilan uno tras otro para evocar una galería de los horrores, manipulación, mentiras, guerra, amenazas, ataques a la democracia. Todos los males directamente emanados de una misma persona: el presidente de Rusia.

El periodista David Satter fue corresponsal en Moscú desde 1976 a 2013, cuando fue expulsado por el Kremlin. Dice que el “pecado original” de Vladimir Putin son las bombas colocadas en varios bloques de apartamentos rusos en 1999, cuando este era primer ministro. Según Satter, fueron ataques organizados por los servicios secretos para echar la culpa a terroristas chechenos. “La evidencia es abrumadora e irrefutable”, reitera Sutter, y lo compara con el incendio del Reichstag de 1933. De la misma forma que el régimen nazi usó este incidente como excusa para suspender las libertades civiles, Putin habría usado los atentados para cimentar su imagen de hombre fuerte y llevarlo a la presidencia. “Rusia está dirigida por un terrorista”.

Arkady Babchenko también fue exiliado. De joven combatió en las dos guerras de Chechenia. Después se puso a escribir para exorcizar esos demonios y acabó siendo uno de los periodista más críticos del país. “La principal arma de Putin es la propaganda”, dice. “Goebbels aplaudiría desde su tumba”.

El PutinCon tiene algo de terapia de grupo. En total, más de la mitad de los 17 ponentes han huido de Rusia, según el panfleto informativo. A dos de ellos los envenenaron. Dos estuvieron en la cárcel. Todos han sido agraviados de alguna manera por el presidente ruso y comparten experiencias parecidas. Todo el mundo está de acuerdo respecto a Putin, también los asistentes. A la entrada del edificio hay “una exposición interactiva”: una serie de carteles con la cara de Putin y el lema “Putin 2018”, como si fuera un candidato estadounidense. Cualquiera que pasa por allí agarra un rotulador y le pinta un bigote a Putin, o unos cuernos, o las palabras “¡Asesino!” o “¡Abajo!”.

Opositores rusos y ciudadanos ucranianos protestan contra Putin en Nueva York, en marzo de 2014. (Reuters)
Opositores rusos y ciudadanos ucranianos protestan contra Putin en Nueva York, en marzo de 2014. (Reuters)

En la mente de Putin

El veterano periodista ruso Yevgueni Kiselyov, residente en Kiev, narra cómo Putin fue destruyendo todas las televisiones independientes de Rusia, incluida la que él dirigía: NTV. El expresidente de Estonia, Toomas Hendrik Ilves, repasa las armas digitales que sirven para manipular y debilitar a las democracias y que Rusia ha aplicado en una docena de países. “Todo el mundo es igualmente vulnerable. Necesitamos una Ciber-OTAN”.

El periodista británico Luke Harding describe la dramática escena ocurrida este mes en Salisbury, Reino Unido: el exespía Sergei Skripal y su hija Yulia, que estaba de visita, echando espuma por la boca en un banco, junto a un río. Envenenados. “Dos semanas antes de las elecciones rusas”, resalta Harding. Quizás para crear un clima de confrontación con Occidente y reforzar esa imagen de Rusia asediada. O “para enviar un mensaje” a otros exespías. A Harding también lo expulsaron en su día del país eslavo.

El neurocientífico James Fallon propone un viaje por la mente de un prototipo de dictador. No quiere ser categórico respecto a Vladímir Putin, por aquello de la “regla Goldwater” (que considera antiético diagnosticar a un individuo sin el proceso reglamentario de estudio, incluyendo entrevistas personales), pero ahí lo deja. El dictador medio sería alguien sin empatía emocional, carismático, narcisista, mentiroso, más bien bajo y con mal gusto para el arte y las mujeres (tienden a casarse con personas “menos brillantes, fáciles de dominar”).

El evento está recorrido por la noción de que Putin es un buen táctico, pero un mal estratega. Un depredador que roba, acumula y exige lealtad, y que desde hace un lustro aproximadamente ha pasado a un modo belicoso de hacer política: en Rusia, cercenando la oposición y el periodismo independiente. Fuera, minando las democracias occidentales con todas las armas a mano, especialmente las baratas: digitales y propagandísticas.

“Rusia está en guerra con Occidente”, dice Michael Carpenter, antiguo director de asuntos rusos del Consejo de Seguridad Nacional de Barack Obama. “Quiere debilitar las democracias, crear fisuras en la Unión Europea y la OTAN y deslegitimar las normas internacionales”. Según Carpenter, Occidente debe responder: fortalecer sus alianzas, acabar con las vulnerabilidades que permiten a los oligarcas lavar y almacenar dinero en lugares como Delaware o los apartamentos neoyorquinos, y castigar a Rusia con sanciones de verdad: similares a las que se han impuesto a Irán o Corea del Norte.

“Creo que Putin siempre quiso consolidar un régimen autoritario y cleptocrático en Rusia que lo enriqueciera a él y a sus amigos y le diera poder ilimitado”, declara Carpenter a El Confidencial. “Al principio sentía que tenía que trabajar con Occidente, pero creo que cuando regresó al Kremlin en 2012, después de las protestas, decidió que clavaría un cuchillo en la espalda de Occidente. Sentía que Occidente iba a por él, y se volvió más agresivo”.

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