Islamofobia: Cómo Holanda ha logrado frenar a la ultraderecha contra todo pronóstico
EL PAÍS ES DE LOS VERDES

Cómo Holanda ha logrado frenar a la ultraderecha contra todo pronóstico

Las elecciones municipales reflejaron una sociedad cada vez más dividida pero claramente contraria a la ultraderecha. ¿Por qué Wilders o Baudet no controlan el país, como auguraban las encuestas?

Foto: Thierry Baudet, líder de Foro para la Democracia, durante el recuento de votos en las elecciones locales, en Ámsterdam, el 21 de marzo de 2018. (Reuters)
Thierry Baudet, líder de Foro para la Democracia, durante el recuento de votos en las elecciones locales, en Ámsterdam, el 21 de marzo de 2018. (Reuters)

"Éramos el tercer partido más grande de los Países Bajos. Ahora somos los segundos. ¡La próxima vez seremos el número uno!", prometió el líder del Partido de la Libertad (PVV), Geert Wilders, usando un megáfono para elevar su voz a la de sus seguidores que acudieron a apoyarle a pesar de la fuerte lluvia que protagonizó la jornada en Rotterdam. En la televisión aparecía Thierry Baudet, de Foro para la Democracia (FvD), que es a día de hoy su principal rival: mantiene un discurso en defensa de la supremacía blanca del holandés y busca una salida urgente de todo el esquema europeo, incluido el euro y el sistema Schengen.

En Holanda se respira una gran indignación con los recortes exigidos por la UE y por el aumento de la inmigración. Sin embargo, la ultraderecha lo ha intentado en el país por activa y por pasiva, pero no ha logrado superar los sustos que ha dado en sus ascensos en las encuestas de intención de voto a lo largo de los últimos dos años. Eso sí, sus buenos datos en los sondeos presionaron a los otros 13 partidos existentes a adoptar un discurso un tanto xenófobo para no “desentonar” en un panorama político influenciado por el rechazo a la inmigración y a las políticas de la Unión Europea.

Frenando el ascenso de la ultraderecha y aprovechando el auge de una comunidad indignada con las políticas del liberal Mark Rutte (en el poder desde 2010), se encuentra la Izquierda Verde (GroenLinks), liderada por el joven Jesse Klaver, hijo de inmigrante y defensor de las políticas sociales, la protección del medioambiente y la entrada controlada de inmigrantes. Klaver, atractivo sobre todo para el público más joven, ha puesto freno a la ultraderecha con un discurso diferente al de todos sus competidores. Tanto, que el pasado marzo logró ganar en uno de los ayuntamientos más importantes del país, el de Ámsterdam, donde los Verdes cuentan 11 escaños, junto a otros 5 en Rotterdam, cuna del islamófobo Pim Fortuyn, asesinado en 2002 por un activista ambiental radical.

“Muchos de mis amigos votan a los liberales (VVD) porque odian el discurso de Wilders, pero no se dan cuenta de que Rutte usa los mismos términos racistas para hablar de la inmigración y está más preocupado por el interés de las grandes empresas, que por las políticas sociales. Apuesto más por las políticas de los Verdes porque, aunque tenga cosas criticables, me identifico con gran parte de su discurso”, explica a El Confidencial, Eliesabeth, de 30 años, doctoranda de Ciencias Políticas en la Universidad de Leiden.

El líder de ultraderecha Geert Wilders saluda a simpatizantes durante un evento de campaña, en Breda. (Reuters)
El líder de ultraderecha Geert Wilders saluda a simpatizantes durante un evento de campaña, en Breda. (Reuters)

Mientras Klaver se inspira en Barack Obama y Justin Trudeau en sus vídeos promocionales, tanto en estilo como en discurso, Baudet, de 35 años, se declaró ferviente admirador de Donald Trump y de Vladimir Putin, y tuvo diferentes afirmaciones machistas al considerar que las mujeres “carecen de ambición” en el mundo laboral o que “destacan menos” en diferentes profesiones. Unas afirmaciones como estas pueden llegar a un número mínimo de votantes, pero nunca a toda una sociedad que destaca por haber sido la primera en aprobar la ley del matrimonio homosexual (en el año 2000), por su tolerancia a las drogas, por legalizar la eutanasia y por normalizar la prostitución como una profesión más que debe ser respetada y protegida.

Baudet se olvidó de todo eso y se aprovechó del sentimiento antimigrantes, nacido especialmente tras los diferentes ataques terroristas en Europa relacionados por muchos con la llegada de refugiados desde Oriente Medio. "Trump ha convertido la ideología racista de extrema derecha en una corriente principal. En los Países Bajos tenemos a Thierry que propaga la misma filosofía. Una razón de preocupación. La extrema derecha se está poniendo en marcha y parece que hemos olvidado las lecciones del pasado”, señala la activista Anne Dekker, de Acción Antifascista de Amsterdam (AFA).

El partido FvD, que prometió cerrar todas las mezquitas una a una y se presentó como alternativa a Wilders (a quien Baudet considera poco defensor de la identidad blanca), entró por primera vez en la política local de Holanda, el pasado marzo, con tres escaños en Ámsterdam, mientras que el PVV no obtuvo el control de ningún municipio y solo ganó un número limitado de asientos en 30 diferentes consejos holandeses.

Ambos partidos, de ideología ultraderechista, concurrieron hace un mes a los comicios municipales, en los que pretendían hacerse con el control de un mayor número posible de ayuntamientos a lo largo y ancho de los Países Bajos y preparar terreno así para las generales de dentro de tres años. Se quedaron con las ganas. Los grandes triunfadores fueron los Verdes. Además, una suma de los votos que lograron los demás partidos, como el socialista (SP), los laboristas (PvdA), los animalistas (PvdD) o Unión Cristiana (CU), refleja una sociedad cada vez más dividida en lo político pero claramente contraria a la ultraderecha al frente del Gobierno de los Países Bajos.

Carteles de campaña de Thierry Baudet durante las elecciones locales de Ámsterdam, el 21 de marzo de 2018. (Reuters)
Carteles de campaña de Thierry Baudet durante las elecciones locales de Ámsterdam, el 21 de marzo de 2018. (Reuters)

¿Por qué la ultraderecha no logra hacerse con el control de Holanda? Si hay algo que odia el holandés es que se le llame “racista” o se diga, como hizo el actual embajador estadounidense en La Haya, Peter Hoekstra, que Holanda “tiene zonas prohibidas” controladas por los inmigrantes. Los políticos xenófobos han utilizado en varias ocasiones esta afirmación para justificar su argumento de que la identidad holandesa se está viendo en peligro por la “invasión del islam”, en palabras de Wilders o Baudet. Sin embargo, ni siquiera estos políticos aceptan la acusación de “racismo” porque se considera simplemente “un defensor de la cultura y los valores” de los Países Bajos.

¿Cuestiones de identidad o racismo? Diferentes analistas consideran que hay dos caras de una moneda que refleja la crisis de identidad a la que se enfrentan a día de hoy los países europeos. Holanda siempre se presenta como el Estado de la tolerancia y la multiculturalidad por excelencia y, a pesar de que sus barrios marginales demuestren lo contrario, este país no permitirá por ahora que un ultraderechista tome las riendas de la política. Las elecciones generales de 2017 y las municipales de 2018 tomaron un pulso a las calles y demostraron que el poder se debate entre el centro-derecha y la izquierda, pero nunca entre el Partido Socialista, con una ideología comunista rechazada en Holanda, o entre una ultraderecha antieuropea y contraria a la multiculturalidad que tanto enorgullece a este país.

El analista holandés Arend Jan Boekestijn recuerda la importancia de los cambios históricos y cómo afectan al significado de las ideologías dependiendo del contexto, y más en una sociedad tan polarizada como la holandesa. “Los términos políticos derecha e izquierda no siempre han significado lo mismo. Un liberal en el siglo XIX era representante de un partido reformista de izquierdas mientras los conservadores estaban apegados al antiguo régimen y contrarios a las reformas. A día de hoy, en el siglo XXI, un liberal lleva la etiqueta de derechas gracias al ascenso de los socialistas y socialdemócratas”, afirma. Además, añade que los laboristas “estaban ansiosos por generar igualdad de oportunidades, pero estaban dispuestos a restringir la libertad del individuo, por ejemplo con impuestos más altos”, algo que ya hacían los liberales, pero con una etiqueta de conservadores.

Sus palabras son especialmente relevantes en una sociedad poco aferrada a la ideología y que cambia de partido cada año, según las encuestas. "Es cierto que yo nunca voto por la definición de un partido porque pueden decir que son de izquierdas o derechas, pero luego defender cosas que nada tienen que ver con la definición histórica de esos términos. Mis padres votaban antes a PvdA (laboristas) pero durante la legislatura anterior gobernaron con los liberales y apoyaron cosas como la subida de la edad de jubilación o los recortes en Sanidad. Nada que ver", añade Eliesabeth.

Y en medio de toda esta división, aparece un partido joven y, por ahora, carismático como los Verdes, que al mismo tiempo que apuesta por las políticas sociales, exige no hacer tratos con los países del de África como Túnez, Egipto, Sudán, Somalia y Eritrea. Si se quiere frenar la inmigración, dicen, hay que apostar más por proyectos que promuevan el desarrollo y la creación de empleo en esos países para evitar que la gente quiera marcharse, pero no pagar a sus gobiernos para evitar la inmigración, explica a El Confidencial Bram van Ojik, político de GroenLinks.

En cuanto al asilo, añade, las autoridades locales de esos países “no son capaces de proteger” a los refugiados bajo su cuidado y, advirtió de que cualquier acuerdo hecho con los regímenes del norte de África será “muy difícil” de aplicar. “No enviaremos a nadie a países donde no estén seguros”, aseguró Klaver, en plena campaña electoral liderada por un discurso contrario a la inmigración y enaltecedor de la identidad y valores holandeses. Ante la negativa de los demás partidos a aceptar esta exigencia, los Verdes renunciaron a formar parte del Gobierno holandés y se aferraron a sus ideales, una alternativa por la que no optó ningún otro partido.

A día de hoy, liberales, socialdemócratas, progresistas y cristianos gobiernan juntos este país, apoyando medidas contrarias a su programa electoral en pro de la supervivencia del Ejecutivo. En cambio, fiel a sus principios políticos, Jesse Klaver logró llenar el 9 de marzo el Heineken Music Hall en Ámsterdam con 5.000 personas, algo que no se vía en un acto político desde los días posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial. Lo que es persuasivo para sus votantes holandeses es su petición de unidad social en una etapa divisiva y su determinación de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, crear un impuesto a los bienes de plástico o abolir los bonos para los directores de los bancos, subir los impuestos a los ciudadanos con mayores ingresos y cerrar todas las plantas de carbón. Cuando se trata de la Unión Europea, GroenLinks siempre ha apoyado una mayor integración, la misma que apoya a nivel nacional frente a la división que propone la ultraderecha.

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