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LOS claroscuros del modelo holandés

Cadena perpetua irrevocable: Holanda, el país con las condenas más duras de Europa

Holanda es de los pocos países de Europa que aplican la cadena perpetua al pie de la letra: no hay una revisión obligatoria y es irrevocable: una vez dictada, no tiene posibilidad de apelación

Foto: Un guardia de seguridad hace ejercicio en un centro de detención para criminales de guerra, en La Haya. (Reuters)
Un guardia de seguridad hace ejercicio en un centro de detención para criminales de guerra, en La Haya. (Reuters)

Koos H. entró en 1980 en una prisión holandesa de máxima seguridad. Fue condenado por tortura, abuso sexual y asesinato de tres niñas de entre 11 y 18 años de edad. No se sabe si se ha arrepentido del daño que cometió cuando tenía apenas 30 años. Ni tampoco si es el culpable de otra decena de infanticidios, asesinatos y desapariciones no resueltas con las que se le ha relacionado. Sin embargo, tampoco importa. Koos murió en la cárcel en 2015, sin haber recibido ningún tratamiento a su enfermedad mental ni haber participado en actividades de rehabilitación. No tenía esperanza de salir en libertad. Holanda es de los pocos países de Europa que aplican la cadena perpetua al pie de la letra: no hay una revisión obligatoria de la condena, ese derecho del preso a salir en libertad condicional tras cumplir una parte determinada de la sentencia. La cadena perpetua es también irrevocable: una vez dictada, no tiene posibilidad de apelación.

“La prisión permanente existe en Holanda desde 1870 y la ley por la que se rige nunca ha cambiado. La política en ese entonces era perdonar a los condenados cuando fuera posible y cuando no eran un peligro para la sociedad. Esto fue así hasta el año 2004, cuando se dejó de recurrir en la práctica al indulto real, y la cadena perpetua se empezó a aplicar literalmente, hasta la muerte”, explica a El Confidencial Wiene van Hattum, la voz que pide en los Países Bajos cambios reales en la ley que rige la cadena perpetua. En 2005 puso en marcha Forum Levenslang, una organización que reúne incluso a familiares de víctimas de asesinatos, que exigen rehabilitación de los criminales y no su puesta en prisión de por vida, sin esperanzas de liberación. Van Hattum exige “más humanidad” y más “tratamientos psicológicos y psiquiátricos” para los presos porque no son todos son un caso perdido, dice.

Una sentencia del Tribunal Europeo llamó la atención a Holanda por no dar “una perspectiva” a los presos de su posible regreso a la sociedad

Solo desde septiembre de 2017, un convicto tiene una mínima posibilidad de ser puesto en libertad una vez cumplidos al menos 27 años en la cárcel. Pero esta opción ni de lejos garantiza su salida de prisión ni su derecho a ello. A los 25 años, un consejo consultivo especial, creado por el Gobierno, se ocupará de hacer un seguimiento de convicto, de determinar si puede iniciar un proceso de reintegración social y por ende, solicitar dos años después la libertad condicional otorgada por el perdón del Monarca. Esta posibilidad se ofrece únicamente cuando hay argumentos sustanciosos de que el criminal no volverá a reincidir y está totalmente preparado para reintegrarse en la sociedad. Esta novedad se incluyó hace unos meses debido a las presiones de diferentes organismos que exigieron adaptar las cadenas perpetuas a las normas de la Convención Europea de Derechos Humanos (ECHR). Una sentencia del Tribunal Europeo llamó la atención a Holanda por no dar “una perspectiva” a los presos de su posible regreso a la sociedad.

Si el preso no ha mostrado síntomas de arrepentimiento y ganas de rehacer su vida, entonces solo existen dos posibilidades que le libren de morir en un centro penitenciario: lograr un perdón real generalizado o convencer a un tribunal de que es inocente. Esto indicaría que la Justicia ha cometido un error y debe indemnizar al preso por los daños causados. En el primer caso, y mientras que la amnistía real se otorga en el extranjero por motivos del cumpleaños del monarca, o del nacimiento de un príncipe o princesa, Holanda demuestra mano dura. Hasta 1970, nueve de cada diez personas condenadas a prisión permanente lograban ser indultadas por su majestad, pero hace ya medio siglo que el Rey perdona a cuentagotas: solo hubo tres casos, en 1975, 1986 y en 2009. El indulto real, otorgado por el ministro de turno y firmado por el monarca, solo se justificaba cuando se trata de un preso con una enfermedad terminal.

Un carcelero vigila en un pasillo de la prisión Norgerhaven de Veenhuizen, Holanda. (EFE)
Un carcelero vigila en un pasillo de la prisión Norgerhaven de Veenhuizen, Holanda. (EFE)

Por ello, para van Hattum, experta en criminología y penología, los novedades introducidas el año pasado “son cambios en la política aplicada, y no en la propia ley” de la cadena perpetua. “Estos cambios consisten un poco en usar más y de nuevo el sistema de perdón real, pero no realmente ha sido un cambio de la ley. Por tanto, es una novedad relativa, y no es desde luego una mejora”, lamenta. Los criminales seguirán pasando 27 años de vida en la cárcel y, mientras tanto, recuerda que nadie habla de su rehabilitación ni de investigar los motivos que les llevó a esa situación. “Los que cometen delitos tan graves tienen un problema, y ponerlos únicamente en prisión no termina con el problema”, advierte. Como ejemplo, señala el caso de Cevdet Yilmaz, de 61 años, que mató a tiros a seis personas en un café de Delft. Esto ocurrió en 1983 y él sigue con vida en la cárcel, mientras lucha contra la Justicia para forzar su puesta en libertad.

Una sentencia a prisión permanente tampoco es algo muy recurrente en los Países Bajos, ni se aplica a la ligera, aunque su uso haya aumentado en las últimas décadas. A día de hoy hay unas 40 personas entre rejas, con una cadena perpetua a sus espaldas. Son todos hombres. La única mujer, Lucía de B., logró ser absuelta en 2010 tras un procedimiento de revisión por sospechas de que era inocente. Esta enfermera holandesa fue sentenciada a prisión permanente en 2003 por el asesinatos de siete pacientes en el hospital donde trabajaba. Murieron bajo su cuidado, pero la Corte concluyó que no era su culpa.

El Ministerio de Justicia, explica que esta condena severa se justifica en tres escenarios graves: asesinatos intencionados, participación en actividades terroristas y/o un ataque al Gobierno o al Rey de los Países Bajos. Un ejemplo es el caso del asesinato del cineasta antiislamista Theo van Gogh, un crimen que en 2004 impactó a toda la sociedad holandesa. El asesinato, el extremista Mohammed Bouyeri, cumple cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Si se trata de un único homicidio, normalmente se requiere un agravante para justificar la cadena perpetua. De lo contrario, a menudo se recurre a largas penas de prisión. Lo que muchos expertos exigen en Holanda no es ni siquiera la derogación de la cadena perpetua del sistema penal sino agregar la “revisión” obligatoria a esta condena porque una perspectiva de liberación resultará “menos tortuosa” y será un castigo “más humano” para el preso.

Pistas deportivas en el centro de detención para criminales de guerra del TPIY, en La Haya. (Reuters)
Pistas deportivas en el centro de detención para criminales de guerra del TPIY, en La Haya. (Reuters)

"No queremos que regrese a la sociedad"

El último caso donde se aplicó esta pena fue en octubre de 2012. Un tribunal condenó a Faig B. a cadena perpetua por un triple asesinato, un homicidio involuntario y un intento de homicidio. La misma sentencia exigida también por la Fiscalía. La Corte dictaminó que el asesino es un “peligro para la sociedad” y debe estar encarcelado de por vida. “Dada la crueldad con la que actuó y la forma en la que lo hizo, también debe considerarse capaz de cometer un hecho similar en el futuro. No queremos que este hombre regrese a la sociedad”, dictó el juez. Faig, nacido en Rusia, mató de un disparo a su exnovia de 20 años en Helmond en mayo de 2011 y cuatro días después, condujo hasta Zwijndrecht, donde acabó con la vida de otra exnovia suya, su hermana y su madre. También disparó al padre de la familia, quien sobrevivió al tiroteo. Este criminal ha reconocido los disparos pero niega “haberlos planeado” con antelación. Su objetivo, dijo, era la venganza y salvar su honor porque fueron ellas quienes terminaron con la relación. Los psicólogos afirmaron que tenía un trastorno de personalidad, pero el tribunal consideró que ese desorden no ha jugado un papel en la comisión de los asesinatos, lo que le hace completamente responsable de sus actos.

El abogado de Faig recurrió esta sentencia, alegando “incumplimiento” del Convenio Europeo de DDHH con la aplicación de esta pena. La Corte le contestó el pasado diciembre. El Tribunal Supremo consideró que a día de hoy es totalmente legal aplicar la prisión permanente en este país y recordó que tras los cambios, ese castigo ya no está en conflicto con el ECHR. Por lo que, a pesar de reconocer que en su momento, en 2012 cuando fue dictada la condena, podrían existir dudas, estas ya no tienen sentido con el establecimiento de los 27 para una revaluación. Estos cambios llegaron, según el entonces Secretario de Estado Klaas Dijkhoff, para evitar que la cadena perpetua se convierta “en una pieza de museo que nunca se vuelva a usar”, ya que muchos jueces dudaban en su aplicación por temor a contradecir al Tribunal Europeo de DDHH, quien dictaminó en 2013 que es “inhumano” encerrar a la gente sin una perspectiva de liberación.

Y si la tendencia de los jueves es imponer menos cadena perpetua, entonces la pena máxima de prisión temporal debe aumentarse desde los 30 hasta los 40 años, según los liberales, que exigen garantías para que los asesinos no sean liberados después de veinte años en la cárcel. “Hay que hacer cambios, especialmente porque con nuestro sistema de liberación anticipada, un delincuente ya está fuera de la prisión después de unos veinte años. La sociedad debe estar protegida contra las personas sin escrúpulos”, dijo el diputado liberal, Van Oosten. Por tanto, añade, la pena máxima por homicidio involuntario también debe aumentar, de 15 a 30 años. “Nadie se preocupa para intentar reintegrarlos en la sociedad y por darles herramientas de rehabilitación. Esto está contra todas las normas de derechos humanos y hace inútil el sistema de prisiones, que están precisamente destinadas a sacar al criminal de la sociedad para rehabilitarlo y después reintegrarlo”, concluye Van Hattum.

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