ante una gélida Alemania

El reformismo europeo, en la UCI: Macron trata de resucitarlo

Los ciclos políticos en la UE no acompañan a Macron ni a los europeístas. Lo desalentador es la debilidad de Francia para imponerse a Alemania y la de Merkel para imponerse a sus díscolos

Foto: El presidente francés, Emmanuel Macron, en la cumbre de líderes europeos que se celebró este marzo. (Reuters)
El presidente francés, Emmanuel Macron, en la cumbre de líderes europeos que se celebró este marzo. (Reuters)

Emmanuel Macron no se deja desanimar fácilmente. Ni siquiera cuando tiene motivos. El presidente francés aprovechará hoy su paso por el pleno de la Eurocámara para tratar de elevar el espíritu de los europeos y convencerles, quizás incluso convencerse, de que el impulso reformista no está perdiendo fuelle. Todo, apenas tres días después de que el ministro alemán de Finanzas, el socialdemócrata Olaf Scholz, dijera en voz alta lo que tantos piensan: la mayoría de las propuestas de Macron caerán en saco roto. Una jarra de 'realpolitik' fría.

Macron empezó 2018 prometiendo “transformaciones profundas”. Las huelgas que afectan al sector ferroviario francés estos días atestiguan que el presidente sabe que para forjarse una imagen creíble entre sus socios, tiene que empezar por hacer los deberes en casa. El político se ha mostrado consciente de que muchos de los cambios que preconiza para que Francia deje de perder terreno le van a costar un duro pulso con sindicatos y sectores tradicionales. Pero dice que esto no le detendrá.

Pero las fronteras galas no son suficientes para contener las ambiciones del presidente. Quien hace poco más de un año se presentó ante los franceses y el mundo literalmente envuelto en la bandera europea, no renuncia a su ambiciosa agenda reformista para la Unión Europea y la eurozona. Sin embargo, hasta el momento, sus envites han sido infructuosos.

Los ciclos políticos en la UE no acompañan a Macron ni a los europeístas. Primero hubo que esperar a las elecciones germanas y a una formación de Gobierno que llevó meses. Luego, la ultraderecha entró en el Gobierno en Austria. En España, la situación de Cataluña descarriló toda opción de que el Gobierno de Mariano Rajoy se volcara al fin en hacer Política Europea, así, con mayúsculas. Los italianos se decantaron por la incógnita de Cinco Estrellas y la derecha eurófoba de La Lega. Y en Hungría, Viktor Orban acaba de recibir carta blanca para continuar con su deriva autoritaria, para horror de Bruselas.

En Berlín se asienta la idea de que no es el momento de abrir discusiones difíciles. Agua de borrajas: en eso se han quedado los buenos augurios que supuso la victoria de Macron frente a Marine Le Pen y la formación de una nueva Gran Coalición comandada por una Angela Merkel dispuesta a dejar un legado en su última legislatura con Martin Schulz, quien abandonó la presidencia de la Eurocámara y una carrera de más de dos décadas centrada en Bruselas para volver a Alemania.

Un votante de Macron, en un mitin durante su campaña para ser presidente de Francia. (Reuters)
Un votante de Macron, en un mitin durante su campaña para ser presidente de Francia. (Reuters)

La realidad es poco prometedora. Merkel, que se dejó miles votos a manos de la ultraderechista Alternativa por Alemania (Afd), no tiene la fortaleza para imponerse a las voces más ortodoxas de su partido. Schulz, que trató de hacer lo propio, tuvo que admitir su derrota y dejar la primera línea política. La cautela de Scholz es muestra del poco apetito de Berlín: “No todas sus propuestas pueden ser llevadas a la práctica”. La pregunta es cuál sí. De momento, no hay respuesta.

Alemania no quiere un presupuesto para la eurozona. Tampoco dar un poder tal al fondo de rescate, el MEDE, que se convierta en un Fondo Monetario Europeo demasiado autónomo y sin control del Bundestag. Y se niega a poner en pie el tercer pilar de la Unión Bancaria, el Sistema de Garantía de Depósitos (EDIS), recelosa de lo que esconden los bancos italianos en sus balances. “No puede darse una situación desequilibrada en la que unos aporten los recursos necesarios y otros no cumplan con crear las condiciones necesarias”, ha dicho el ministro de Finanzas.

Que las ideas de Macron no son plato de gusto para los alemanes no es ningún secreto. Lo desalentador es la debilidad generalizada: la de Francia para imponerse a Alemania, la de Merkel para imponerse a sus díscolos, la del eje París-Berlín para imponerse a las capitales rebeldes —desde la escéptica Holanda a las eurófobas Polonia y Hungría— y la de la Unión Europea, en general, para avanzar en los múltiples frentes que tiene abiertos. Y todo, pese a que las dolorosas cicatrices de la crisis del euro, el Brexit y el avance del populismo recuerdan cada día lo frágil que es el proyecto europeo.

Quien hace poco más de un año se presentó ante el mundo literalmente envuelto en la bandera europea no renuncia a su ambiciosa agenda reformista

Macron ya ha perdido una batalla que, aunque al ciudadano de a pie le puede parecer menor, era central en su estrategia de 'conquista' europea: la creación de listas trasnacionales. La oposición del Partido Popular Europeo, al que pertenece la CDU de Merkel, quebró las aspiraciones de Macron de presentarse a las euroelecciones de mayo de 2019 con una misma lista europeísta en varios estados miembros.

Su discurso de hoy en la Eurocámara, que se encuadra dentro del ciclo de visitas de líderes europeos a Estrasburgo para pronunciarse sobre el 'Futuro de Europa', será un momento fundamental para evaluar si esta le ha hecho mella o si el político insiste en sus recetas para la UE. Se espera que el presidente francés se reafirme en sus tesis. Al fin y al cabo, tanto entusiastas como escépticos coinciden en que a día de hoy la UE, y muy especialmente el euro, está a medias. Y esto es peligroso.

Macron tiene una oportunidad de poner el dedo en la llaga. Y de mandar un mensaje claro a Berlín, adonde mañana se desplazará para reunirse con Merkel. Pero las palabras, de las cuales el presidente francés no anda corto, se las lleva el viento. Y Macron, que con su intervención en Siria junto a EEUU y Reino Unido ha vuelto a demostrar su hambre de actuar, lo sabe. También, que su futuro depende de mostrar resultados a los franceses. Y que el futuro de la UE pende del mismo hilo.

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