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UNA NUEVA GRAN COALICIÓN

¿Qué significa para Europa el acuerdo entre Merkel y Schulz?

El SPD tendrá que luchar por su supervivencia, y la CDU tratar de no desangrarse en la batalla por la sucesión de Merkel. La ultraderecha, mientras tanto, puede verse reforzada

Foto: Merkel y Schulz escenifican su acuerdo en Berlín. (EFE)
Merkel y Schulz escenifican su acuerdo en Berlín. (EFE)

El acuerdo sellado este viernes en Berlín por los conservadores de Angela Merkel y los socialdemócratas de Martin Schulz es el saque de una partida de billar. La bola blanca va ahora a provocar múltiples movimientos en el resto de bolas sobre la mesa. Las repercusiones de este pacto se van a sentir en el seno de los partidos concernidos. Pero también en el resto de fuerzas del arco parlamentario. Los analistas esperan una fase tormentosa en el Partido Socialdemócrata (SPD), una época dorada para la ultraderecha en el Bundestag y una batalla intestina en la Unión Cristianodemócrata (CDU) por hacerse con la corona de Merkel tras esta su última legislatura. Las derivadas van a alcanzar también a los socios europeos de Alemania, especialmente a los de la Eurozona.

El SPD cosechó en las elecciones generales de septiembre su peor resultado desde 1949. Apenas el 20,5 por ciento de los votos. Entonces Schulz afirmó con insistencia que su partido había sido castigado por participar en la gran coalición previa y que marchaba a la oposición a renovarse. Luego, tras el fracaso de las negociaciones entre conservadores, liberales y verdes, Schulz se vio obligado a operar de forma dramática un giro de 180 grados. Por la creciente presión institucional y el miedo a nuevas elecciones, abogó por abrir los contactos que han culminado en este acuerdo, que ha defendido como "excepcional". Por el camino se ha dejado la credibilidad.

Su partido es reticente a una nueva gran coalición. La dirección dio este viernes luz verde al texto pactado, pero aún tiene que dar su visto bueno al documento base un congreso extraordinario que se prevé, cuando menos, controvertido. Si dan el 'sí' y conservadores y socialdemócratas cierran el acuerdo definitivo en una segunda ronda de negociaciones, aún quedará otra reválida. Un referéndum vinculante de toda la militancia del SPD. Unas 450.000 personas. Si el proyecto descarrila la primera víctima será, esta vez sin escapatoria, el propio Schulz.

El líder de los socialistas alemanes, Martin Schulz. (Reuters)
El líder de los socialistas alemanes, Martin Schulz. (Reuters)

Y si el proceso concluye en una nueva gran coalición —la tercera en cuatro legislaturas—, la espada de Damocles penderá sobre el SPD, que teme alienar a sus votantes al ir habitualmente de la mano de los conservadores. Se arriesga a seguir desdibujando su perfil como socio minoritario y sufrir una hemorragia de apoyos hacia su izquierda y hacia la abstención. La crisis de la socialdemocracia alemana no es un hecho aislado. El Pasok griego y el Partido Socialista Francés se han desplomado en los últimos años.

El protagonismo de AfD

Una gran coalición en el actual Bundestag es la mejor opción para la ultraderechista AfD. Es la fórmula a la que sacará más rentabilidad su discurso xenófobo y nacionalista. Como tercera fuerza en el parlamento con el 12,6 por ciento de los votos, la alianza entre las dos primeras, le deja como líder de la oposición. Obtendrá más visibilidad, mayor financiación y una serie de privilegios protocolarios. Además, podrán seguir con su discurso de que los grandes partidos tradicionales son iguales y están minando Alemania en favor de las élites. Un gobierno débil y dividido, como podría tener el país en los próximos años, también les beneficiaría políticamente.

La crisis de la socialdemocracia alemana no es un hecho aislado. El Pasok griego y el Partido Socialista Francés se han desplomado

En un escenario de gran coalición podrían verse también beneficiados Los Verdes, como única alternativa de gobierno viable de izquierdas. Sus esfuerzos por que saliesen adelante las primeras negociaciones para formar gobierno —las que llevaron a cabo conservadores, liberales y ecologistas—, aun a costa de sacrificios políticos, les han proporcionado un notable espaldarazo en los últimos sondeos.

La batalla por la sucesión de Merkel

El acuerdo es también, de alguna forma un clavo más en el ataúd político de la canciller. Esta va a ser, tras el mal resultado electoral y la erosión de los últimos meses, su última legislatura. Si antes esta era la opción más probable (en Alemania no hay limitación de mandatos), ahora es la única que se baraja. Su perfil se ha resentido muchísimo. De hecho, muchos analistas consideran que no va a poder acabar los cuatro años. Algo más de la mitad de los alemanes piensa, según una encuesta publicada esta semana, que no agotará la legislatura.

La canciller alemana y líder de la Unión Cristianodemócrata, Angela Merkel. (EFE)
La canciller alemana y líder de la Unión Cristianodemócrata, Angela Merkel. (EFE)

La batalla está servida. Está por ver si Merkel tratará de promocionar a un candidato o candidata o si, como han hecho hasta ahora todos los cancilleres alemanes, dejará el asunto en manos de su partido. En las filas conservadoras hay varios políticos que dan el perfil. Entre el grupo de los más continuistas destacan los actuales ministros de Interior y Defensa, Thomas de Maizière y Ursula von der Leyen. Aunque quizá dentro de cuatro años se encuentren ya en la recta de salida de sus trayectorias políticas y la necesidad de renovación haga buscar rostros nuevos.

Entre los candidatos algo más jóvenes y con un perfil algo más diferenciado se encuentra el actual ministro en Cancillería, Peter Altmaier, hombre de confianza de Merkel que ha sido encargado de cuestiones tan delicadas como la gestión de la crisis de los refugiados o la coordinación de los servicios secretos. Entre las jóvenes promesas de la CDU sobresale el actual secretario de Estado de Finanzas, Jens Spahn, un político aplaudido dentro de los sectores más conservadores y apadrinado por el exministro de Finanzas Wolfgang Schäuble, un peso pesado dentro del partido.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el presidente francés, Emmanuel Macron, han aplaudido el acuerdo alcanzado en Alemania


Rebajando la ambición integradora en la UE

El presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, y el presidente francés, Emmanuel Macron, han aplaudido el acuerdo alcanzado en Alemania. Pero tampoco tenían muchas opciones. La parálisis berlinesa no favorece al proyecto comunitario, que necesita de un revulsivo en un momento de incertidumbre. Mejor poco que nada.

Porque el texto acordado no es muy prometedor para quienes apuestan por profundizar verdaderamente la integración. El documento apunta, como ya había insinuado el gobierno previo, que Berlín está a favor de ampliar el actual fondo de rescate, el MEDE, para convertirlo en una especie de Fondo Monetario Internacional (FMI) pero para la UE. Pero es evidente, pese a que se subraya la necesidad de cooperar con París, la calculada ambigüedad en torno a las dos propuestas claves de Macron: la creación de un presupuesto y un ministro de Finanzas comunes para la Eurozona. El acuerdo avanza con pies de plomo por este asunto para luego recordar que, aunque la solidaridad es esencial en el bloque, que los firmantes no quieren ningún tipo de mancomunización de los riesgos. Esto cierra la puerta al fondo de garantía bancario, la pata pendiente de la unión bancaria, y a cualquier tipo de deuda común.

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