merkel LE NECESITA PARA una legislatura turbulenta

La última misión de Schäuble: de señor de la austeridad a rompeolas de la ultraderecha

El hasta ahora ministro de Finanzas alemán aceptará ser el presidente del Bundestag para disciplinar a Alternativa para Alemania. Y su salida abre la puerta a una mayor integración europea

Foto: El ministro de finanzas alemán Wolfgang Schäuble durante La reunión semanal del Gobierno en la Cancillería en Berlín, el 13 de septiembre de 2017. (Reuters)
El ministro de finanzas alemán Wolfgang Schäuble durante La reunión semanal del Gobierno en la Cancillería en Berlín, el 13 de septiembre de 2017. (Reuters)

Wolfgang Schäuble tiene una última misión antes de dejar la política: contener a Alternativa para Alemania (AfD) en el parlamento. Su nombramiento como presidente del Bundestag persigue, además de facilitar las complejas negociaciones para una nueva coalición tripartita de gobierno, la de poner al frente del Legislativo a alguien ampliamente respetado en los sectores políticos más conservadores que pueda llamar al orden a la ultraderecha.

Tras sentar las bases de la reunificación alemana y el euro, este carismático y polarizante político de 75 años, conocido desde la crisis de la deuda como el impulsor de la austeridad germana en Europa, debe reinventarse de nuevo, como tuvo que hacerlo tras el atentado que le dejó en una silla de ruedas en 1990 y tras su dimisión como presidente de la Unión Cristianodemócrata (CDU) en 2000 por su implicación en las cuentas negras de su partido.

Pocos días después de las generales del 24 de septiembre Schäuble recibió una llamada. Era Angela Merkel. Su partido le necesitaba en una nueva tarea. Los resultados electorales -que habían golpeado especialmente a conservadores y socialdemócratas- habían dejado una sola puerta abierta hacia un gobierno estable. Y esa puerta, un inédito tripartito transversal entre conservadores, liberales y verdes precisaba guardar el Ministerio de Finanzas como moneda de cambio para la dura negociación que se avecina. Schäuble, a cambio, podía saltar a la presidencia del parlamento.

El cambio no es sólo una patada hacia arriba. El movimiento refleja la capacidad casi camaleónica del diputado alemán más veterano (accedió al Bundestag en 1972) y su fidelidad al partido por encima de personalismos. Pero también la percepción de Merkel -compartida por la mayoría de partido- de que esta legislatura que se abre va a ser de las más turbulentas de la República federal, con la ultraderecha por primera vez en el parlamento y con 93 escaños.

El ministro Schäuble con la Canciller Angela Merkel durante una reunión en el Bundestag, en julio de 2016. (Reuters)
El ministro Schäuble con la Canciller Angela Merkel durante una reunión en el Bundestag, en julio de 2016. (Reuters)

Autoridad entre los conservadores

El papel de presidente del Bundestag es protocolario. Pero va impregnado de autoridad. No en vano está considerado por la constitución alemana como el segundo cargo más importante del Estado, sólo por detrás de la presidencia del país. La canciller, de hecho, sería la tercera. De él se espera que ejerza una suerte de guía moral e imparcial. Que alce la voz de forma apartidista en momentos clave. Su papel puede ser fundamental en el parlamento alemán más dividido de las últimas seis décadas. Y que pueda llamar al orden a los parlamentarios de AfD si, como ellos mismos han amenazado, cargan contra el sistema.

Tampoco se puede descartar que algunos de sus diputados, como ya ha ocurrido en el pasado, aprovechen el altavoz que les proporciona el Bundestag para lanzar mensajes xenófobos, nacionalistas o revisionistas. Sus dos líderes en el grupo parlamentario, Alexander Gauland y Alice Weidel, se han señalado por declaraciones de este tipo. Gauland llamó a los alemanes a sentirse "orgullosos" de las acciones de los soldados nazis en la II Guerra Mundial. Weidel en un correo electrónico filtrado tachó a los miembros del Gobierno de Merkel de "cerdos" y "marionetas de las potencias vencedoras", y lamentó que Alemania estuviese siendo "inundada por pueblos de culturas extrañas como árabes y gitanos". Son sólo dos ejemplos.

La salida ministerial de Schäuble supone también un antes y un después en Europa. Abre un vacío, pero también una posibilidad. Vacío porque Schäuble ha sido una constante en el Eurogrupo desde que en 2009, iniciada ya la crisis global, accedió al Ministerio de Finanzas. Él ha forzado la implementación de la austeridad en Europa, subrayando la división norte-sur en la UE. Él ha puesto a Berlín como ejemplo de cuentas públicas sostenibles (con cuatro años consecutivos de déficit cero) y ha peleado para que no se abra la mano con la periferia endeudada. Él fue el único que se atrevió a esgrimir como opción la salida de Grecia del euro. Él ha sido el rompeolas alemán donde han fracasado todos los intentos de mancomunar la deuda pública europea. Con él se va un referente. Para bien o para mal.

Su salida también supone una posibilidad. Posibilidad de renovación, de avanzar hacia una mayor integración en las líneas propuestas por el presidente francés, Emmanuel Macron, y en los ámbitos fiscal y bancario, que Berlín ha frenado durante años. Aunque tampoco se pueden esperar grandes golpes de timón en Berlín. Merkel va a seguir siendo la canciller. Y lo más probable es que el próximo ministro de Finanzas de Alemania sea designado por el Partido Liberal (FDP), una formación que comparte en lo esencial las líneas de política económica europea de los conservadores. Al sucesor de Schäuble, eso sí, le faltará su experiencia, su peso específico. Y también su capacidad para imponer las tesis alemanas en la eurozona.

Wolfgang Schäuble llega en su característica silla de ruedas a un seminario en la Fundación Konrad Adenauer en Santiago de Compostela, en abril de 2012. (Reuters)
Wolfgang Schäuble llega en su característica silla de ruedas a un seminario en la Fundación Konrad Adenauer en Santiago de Compostela, en abril de 2012. (Reuters)

Gigante político

Los juicios sobre la figura de Schäuble varían sensiblemente, dependiendo de si se le mira desde Berlín o desde Bruselas, desde el norte o el sur de Europa, desde la izquierda o desde la derecha del arco político. En Grecia se le ha representado a menudo en pancartas vestido de soldado nazi. En Alemania puntúa de forma persistente como el político mejor valorado del país, por encima de Merkel. Sobre algo están todos sin embargo de acuerdo: es un gigante político.

Tras doctorarse en Derecho, Schäuble accedió al Bundestag en 1972, en donde ha permanecido sin interrupciones, elección tras elección, durante los últimos 45 años. En seguida empezó a despuntar dentro de la CDU y Helmut Köhl le nombró ministro para Asuntos Especiales en 1984, la cartera centrada en las complicadas relaciones de Bonn con la Alemania comunista. En 1989 pasó a ser ministro de Interior, puesto desde el que lideró la negociación para la reunificación. Kohl fue el canciller de la unidad alemana; Schäuble, el fontanero que la hizo posible.

Poco después, Schäuble sufrió un atentado a manos de un hombre con problemas mentales y quedó confinado a una silla de ruedas. Pero eso no detuvo su carrera política. Seis semanas después se reincorporó al trabajo y en 1997 fue uno de los ponentes de la posición alemana para la Unión Económica y Monetaria.

Ni siquiera le hizo descarrilar a Schäuble su implicación en las cuentas negras del partido. El escándalo financiero que acabó llevándose por delante al propio Kohl le hizo dar un paso atrás temporal. Pero con la vuelta de la CDU al gobierno de la mano de Merkel en 2005, Schäuble resurgió de sus cenizas para asumir el nuevo papel que le tocaba interpretar. Si en los años 90 vio desde arriba llegar a aquella "chica del este" de Kohl, el veterano político supo ponerse años después a sus órdenes para formar gabinete.

En la primera legislatura de la canciller Schäuble volvió a la cartera de Interior. Pero en la segunda, una vez desatada la crisis financiera global, asumió Finanzas, cargo de alto riesgo en el que se ha mantenido ocho años claves para la configuración fiscal de Alemania y la UE. Desde ahí ha mantenido a rajatabla la austeridad en su país, pero también en la eurozona. A la vez, ha limitado al mínimo la exposición del contribuyente alemán a los riesgos externos, se llamen eurobonos, fondo de rescate o fondo de garantía de la unión bancaria. Todo a costa de una verdadera integración europea.

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