"venecia ya es un hub del narcotráfico"

El agitador invisible de las elecciones en Italia: la droga

En Mestre emerge un desconocido supermercado de la droga del rico noroeste de Italia. La inseguridad es uno de los temas más mencionados en la campaña para las generales del 4 de marzo

Foto: Alrededores de la estación de trenes de Mestre. En la esquina un cartel reza “Venecia para los venecianos”. (I. Savio)
Alrededores de la estación de trenes de Mestre. En la esquina un cartel reza "“Venecia para los venecianos”. (I. Savio)

Enero de 2017. Tres y media de la tarde, distrito de Mestre, periferia de Venecia. “Ahí están. Que nadie se espante. Esto ocurre desde hace diez años, aunque ha empeorado en los últimos 3 o 4 años. Centenares de jóvenes, algunos de traje y corbatas, compran droga a esos traficantes. ¿Los ve ahí? Se pasean arriba y abajo a plena luz del día. Nadie ha hecho nada. La policía lo sabe. El alcalde lo sabe. Han desplegado algunos policías más, pero ellos siguen ahí. Se esconden solo cuando ven a las unidades antidroga. Luego, reaparecen”, cuentan tres vecinos que piden no revelar el lugar exacto donde nos encontramos para evitar represalias.

A pocos metros de distancia hay una comisaría. El ritual del trapicheo diario comienza por las mañanas, continúa en las tardes y prosigue por la noche. Ocurre a todas horas en medio de los ciudadanos que esperan el autobús o acuden al trabajo y el tráfico de los turistas menos pudientes, que llegan aquí en los autobuses de bajo precio que hacen los recorridos más largos entre ciudad y ciudad. A poca de distancia se ven letreros en mandarín y otro que reza “El Véneto primero”, en un parafraseo del más famoso discurso xenófobo de Donald Trump, presidente de EEUU.

Una lengua de tierra de cuatro kilómetros bajo un puente y una carretera separa los dos mundos de Venecia, la capital de Véneto. De un lado, la meca del turismo italiano, el centro renacentista, las góndolas, las hordas de turistas. De otro, las calles Fogazzaro y Capucchina, la vía Piave y Trento, en los olvidados alrededores de la estación de trenes de Mestre, municipio anexionado a Venecia en 1926.

Es en este distrito donde vive la gran mayoría de los venecianos: 200.000 habitantes de los 260.000 que hay en toda la circunscripción administrativa, según el censo más reciente. También es el distrito que no ven los ojos de los extranjeros y donde emerge un desconocido supermercado de la droga del rico noroeste de Italia. “Ha habido un aumento de los drogadictos que vienen de otras ciudades, lo que confirma que Venecia, y sobre todo Mestre, se han convertido en un 'hub' de la droga”, escribió el instituto forense veneciano Aulss 3 Serenissima en un informe de 2015.

Quienes viven en las zonas afectadas dicen saber cómo se llaman los camellos, dónde residen, cuándo venden, quiénes son sus proveedores... Incluso les han puesto apodos. Hablan de mafias nigerianas, magrebíes e italianas; de yonquis que llegan en los trenes, compran y se van; de paquetes de heroína y cocaína escondidos en los patios de sus edificios; de ancianos que por miedo ya no salen de sus casas... “La venden por 30, incluso 20 euros. Los he escuchado yo mismo, varias veces”, dice Massimo D’Onofrio, uno de los portavoces de Cittadini di Venezia (Ciudadanos de Venecia). Asociación que, hace dos años, mientras el barrio ya se iba haciendo gueto, empezó a manifestarse.

Desde entonces, cada mes envían una carta al alcalde para recordarle que el problema sigue sin resolverse. También se reúnen, aunque rechazan organizar patrullas ciudadanas y no quieren ni oír hablar de racismo. “¿Le parecemos unos exaltados? Otros grupos han propuesto hacer patrullas ciudadanas. Nosotros nos oponemos. Aquí se trata de que el Estado intervenga para poner fin a este tráfico, nada más”, cuenta Mauro Salin, otro vecino. “Faltan las políticas adecuadas”, zanja Paolo Zabeo, director del centro de estudios CGIA de Mestre, “el Estado debe recuperar el control”.

Un asunto clave en la campaña

Es la otra cara que contradice las estadísticas oficiales, esas que afirman que la seguridad ha mejorado progresivamente en Italia desde los años noventa. Una cara fácilmente manipulable que aumenta la sensación de inseguridad de la población, uno de los temas más mencionados en la campaña electoral en curso para las generales del 4 de marzo. “La verdad es que estamos desesperados. Ni siquiera podemos irnos porque los precios de las viviendas se han desplomado”, dice el vecino Mario Dea, quien pide que no se revelen más datos sobre su identidad. “Sabe, yo vivo aquí”, explica.

No hay cifras claras sobre el consumo de los estupefacientes en Italia, pero recientemente abundan las crónicas que hablan del regreso de la heroína, como ya había advertido también la ONU, analizando el mercado europeo en su conjunto, en su Informe Mundial sobre las Drogas de 2016. El precio de la heroína en Italia ha disminuido un 75% en los últimos 20 años, cuando era considerada una emergencia social, ha escrito, por su parte, el semanario italiano 'L’Espresso'.

Dos traficantes en los alrededores de la estación de trenes de Mestre. (I. Savio)
Dos traficantes en los alrededores de la estación de trenes de Mestre. (I. Savio)

“Los datos confirman un repunte en el consumo de heroína en Italia entre 2008 y 2014. Además, en 2015 las autoridades sanitarias han descubierto un aumento en el consumo por parte de personas muy jóvenes”, señala el último informe de la Dirección Central para los Servicios de la Antidroga de Italia, de 2016. El estudio también indica que la principal ruta de acceso de esta droga son los Balcanes. Otros observadores indican que el fenómeno ha sido subestimado.

Los muertos por sobredosis en Italia ese año ascendieron a 266, según las organizaciones que siguen de cerca el problema. Un uso de la heroína que se suma al consumo -estable pero entre los más altos de Europa- de cocaína. Solo durante el verano una decena de drogadictos murieron en Mestre víctimas de una heroína que aún no se sabe de dónde viene y que en los lugareños han llamado de “heroína amarilla” o “heroína asesina”, que, según el instituto Aulss 3, sería una substancia más pura y más letal que la común. Otros casos se han producido también en otras ciudades del norte de Italia, Ferrara, Vicenza, Belluno, Treviso, Verona y Macerata.

El ataque racista de Macerata

Sábado 3 de febrero de 2017. Once y pico de la mañana. En Macerata, Luca Traini, neofascista y simpatizante de la xenófoba Liga Norte, abre fuego desde el coche en el que circula, un Alfa 147 de color negro, desatando el pánico en la ciudad con uno de los peores tiroteos en años en Italia. Seis personas resultan heridas antes de que Traini sea capturado por la policía. Son todos inmigrantes africanos. Traini, cuyo acto enciende de inmediato la polémica política, reivindica su gesto.

“Lo hice por Pamela”, dice, ya en la comisaría, refiriéndose a Pamela Mastropietro, una joven toxicómana de 18 años que días antes, tras escaparse de un centro de rehabilitación, había contactado con un traficante nigeriano que la llevó a una casa, donde se perdió su rastro. El cuerpo de Pamela aparece días después descuartizado en dos maletas de viaje. La policía detiene a tres nigerianos, supuestamente implicados en el crimen pero cuyo papel no acaba de aclararse.

El asunto entra de lleno en la campaña electoral por las elecciones generales. La xenófoba Liga Norte grita al mito de la ‘invasión’ de migrantes -en un país donde los no italianos suman unos 5 millones de un total de 60 millones, y aportan el 8,8% del PIB-. El progresista Partido Democrático intenta desactivar la polémica, haciendo hincapié en la necesidad de aumentar la seguridad callejera; los colectivos de izquierda organizan (es el 10 de febrero) una protesta en Macerata contra el fascismo. Pero así también los movimiento neofacistas CasaPound y Forza Nuova, que también envían delegaciones a la ciudad.

Mientras, los menos se concentran en el consumo de drogas en Italia, que ha ido en aumento, según las reiteradas denuncias de los expertos. “Las historias de Pamela y Jessica Valentina Faoro (otra joven asesinada los pasados días en Italia) nos imponen la necesidad de reflexionar sobre la prevención y el tratamiento derivado del abuso de sustancias, asunto que ha desaparecido de la agenda política”, denuncian Simone Feder y Pietro Maria Farneti, presidentes de dos ONG especializadas en la ayuda a drogadictos. “En nuestro territorio hacen como si nada, pero las drogas nos han inundado”, clama un educador social, Josè Berdini, del centro Pars de Corridonia, del cual huyó Pamela Mastropietro.

Davide Scano, consejero del Movimiento Cinco Estrellas (M5S) en el Ayuntamiento de Venecia, tiene claras las consecuencias del tráfico de drogas en Mestre. “Si le pregunta a un veneciano que vive en el centro cuáles son sus preocupaciones, le dirá el trabajo, que es precario y falta, o los excesos del turismo, por el que ha habido tantas manifestaciones. En Mestre, en cambio, toda reclamación gira en torno a la seguridad”, afirma. “Muchos inmigrantes intentan ganarse la vida honradamente, y se han instalado en las zonas más deprimidas por los bajos precios de las viviendas y comercios. De ahí el riesgo de que se conviertan en guetos”, añade Scano.

Según él, el problema también remite a otro asunto: una planificación urbanística que ha permitido que los grandes centros comerciales que han abierto en la última década le pasasen factura a los pequeños comercios locales. “En los alrededores de la estación de Mestre, muchos comerciantes han cerrado, lo que ha dejado desprotegidos a algunos barrios”, dice, subrayando la pauperización de las clases medias en el origen del deterioro de los barrios.

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