Noticias de Italia: Las nuevas amistades de la Cosa Nostra en Albania, la Colombia de Europa
EL PAÍS es un gran proveedor DE CANNABIS

Las nuevas amistades de la Cosa Nostra en Albania, la "Colombia de Europa"

Hasta ahora se desconocían los contactos entre la mafia siciliana y los grupos criminales del país balcánico. Nuevas operaciones policiales han vuelto a poner el foco en este país productor de droga

Foto: Miembros de la policía especial albanesa vigilan las carreteras durante una operación antidroga en Lazarat, el 16 de junio de 2014. (Reuters)
Miembros de la policía especial albanesa vigilan las carreteras durante una operación antidroga en Lazarat, el 16 de junio de 2014. (Reuters)

En noviembre de 2016, la Policía de Estado de Italia publicó una esquela sobre el desmantelamiento de una red mafiosa con sede en Milán que importaba droga desde Perú y Albania, para luego venderla en Sicilia y Países Bajos. Parecía una más de las tantas operaciones policiales que se realizan en Italia a diario. Sin embargo, la operación, empezada en 2013 y apodada ‘Rubens’, escondía una primicia. Meses después, en julio pasado, la Dirección de Investigación Antimafia (DIA) lo revelaba en su informe semestral sobre los asuntos mafiosos en Italia: durante su operativo, los investigadores habían documentado la participación de un representante de la familia mafiosa de los Carollo de Palermo, hijo de un importante 'boss' de la mafia siciliana, que escondía una amistad inédita de la Cosa Nostra con los grupos criminales de Albania.

La DIA, en su habitual lenguaje técnico, escribía que se habían registrado “señales de actividad” de la Cosa Nostra también en el país balcánico. Como referencia, los investigadores añadían que, pocos días después del operativo ‘Rubens', otro despliegue policial había llevado al arresto de otras seis personas en Mascali, en la provincia siciliana de Catania, y la incautación de una tonelada de marihuana, también proveniente de territorio albanés.

Las explicaciones de los agentes aclaraban las maniobras de los sicilianos. La droga, producida en el país balcánico —al que en los últimos años varios observadores han apodado la “Colombia de Europa” por el creciente papel de sus bandas en el tráfico internacional—, había navegado por la antigua ruta marítima del contrabando de cigarrillos balcánicos hasta las costas de la región italiana de Apulia y luego desde ahí había sido transportada por tierra hasta Calabria, feudos respectivamente de las mafias de Sacra Corona Unida y de la poderosa ‘Ndrangheta. Desde Calabria, los estupefacientes finalmente habían sido enviados a Sicilia.

Esas eran las “señales” de que algo nuevo se estaba experimentando. “Hay que entender que históricamente la criminalidad albanesa no ha tenido una relación directa con la Cosa Nostra, como ha ocurrido con la Sacra Corona Unida de Apulia y con ‘Ndrangheta calabresa”, recuerda Antonio Ingroia, antiguo fiscal con una veterana experiencia en asuntos mafiosos. Algo que remite también a la geografía, pues las costas de Albania y de la región de Apulia se encuentran a escasa distancia, separadas únicamente por el angosto mar Adriático, mientras que Sicilia está a mayor distancia.

Añade Ingroia: “Se podría llegar a pensar que se está gestando una mayor integración entre las mafias italianas”. En efecto, a pesar de que también hay otras lecturas, parece difícil pensar que “las mercancías” de la Cosa Nostra transitaran por los territorios de la Sacra Corona Unida y de la ‘Ndrangheta sin el plácet de estos. Algo que apuntaría asimismo a la necesidad de la Cosa Nostra de hacerse con nuevos socios, después de los múltiples golpes del Estado italiano en los últimos años a sus redes tradicionales.

Porque, además, los hallazgos de las policías italianas no se han detenido. En octubre, la Guardia de Finanzas desmanteló otro entramado, pero esta vez no en Palermo, sino en Catania, otra ciudad siciliana. Hubo cuatro italianos y tres albaneses detenidos y para otros cuatro se emitió una orden de captura. Según las investigaciones del operativo —apodado "Rosa de los Vientos”—, el grupo, “en los últimos años, había logrado transportar, desde Albania [a Sicilia], marihuana y fusiles Kalashnikov, (…) por un volumen de ingresos estimado de 20 millones de euros”, informó la Guardia de Finanzas.

Fusiles kalashnikov incautados por la policía a grupos criminales en Tirana, en noviembre de 2015. (Reuters)
Fusiles kalashnikov incautados por la policía a grupos criminales en Tirana, en noviembre de 2015. (Reuters)

Y, en diciembre, la Dirección antimafia siciliana incautó bienes, por un valor de 5 millones de euros, al clan de los Morabito, también de Catania. “Solo les digo que golpeamos a una organización criminal que opera en el tráfico internacional de drogas y que demostró que puede interactuar con una organización europea como la albanesa y hacerlo eludiendo a la Ndrangheta”, dijo al respecto el jefe de la DIA siciliana, Renato Panvino. “Es una señal que no debe pasar inadvertida”, añadió.

Vigilancia italiana en Albania

Que los agentes italianos hayan olfateado este nueva maniobra de la mafia siciliana no parece extraño. Las policías italianas, desde los años 50 del siglo pasado, se han esforzado por tener presencia en los Balcanes. Y esto vale especialmente para Albania, un país en el que una parte significativa de la población sabe expresarse en italiano y que algunos hasta consideran la “vigésimoprimera región de Italia”, como le dijo un policía italiano a esta periodista. Una presencia que no se ha interrumpido incluso durante los años en los que este país era uno de los más aislados de Europa, durante el régimen comunista de Enver Hoxha (1944-1985), y que se ha intensificado en los últimos años, coincidiendo con el rol más activo del crimen organizado albanés en Italia y Europa y el peligro del regreso de los yihadistas extranjeros.

Preguntado sobre el asunto, Hako Çako, jefe de la policía albanesa, evita aclarar cuál es hoy el estado de salud de la relación entre el crimen organizado albanés y las mafias italianas, pero responde de la siguiente manera: “Solo le puedo decir que han aumentado las operaciones conjuntas [con la policía italiana]”, dice a El Confidencial. “Entre las principales preocupaciones que nos manifiesta la policía italiana está el control migratorio y el narcotráfico”, precisa. “Ellos [los criminales], lo sabemos, también se han organizado”, añade.

Hace dos semanas, Çako, junto con los jefes de las policías de Bosnia, Bulgaria, Croacia, Grecia, Macedonia, Moldavia, Montenegro, Rumania Serbia, Eslovenia y Hungría, además de representantes de Europol, Interpol y Selec (Southeast European Law Enforcement Center), se encontraba en Roma, para participar en la quinta reunión desde 2013 del llamado Foro de Roma. “Esta reunión reafirma nuestro interés por una región que es estratégica para la Unión Europea y en particular para Italia”, dijo allí el prefecto Marcello D’Angelo, director de la Policía Criminal italiana, al aclarar que entre los temas a debatir estaba el crimen organizado.

D’Angelo se refería a las múltiples operaciones, algunas de ellas llevadas adelante con suma discreción, por las policías italianas en la región. Lo que, en el caso de Albania, se resume en operativos como Pameca 5, que Italia presenta como una misión de entrenamiento y suministro de equipamientos a la policía local. Está también en el operativo de erradicación de plantaciones de cannabis en Albania, en pie desde 2012 y que ha visto aviones de la italiana Guardia de Finanzas —sufragados también con dinero de la Unión Europea— patrullar los cielos de Albania para rastrear los campos de cannabis en ese país.

La actividad italiana está relacionada, según la explicación oficial, con que Albania anhela entrar en el club de la UE. De ahí también que, bajo presión europea, el Gobierno albanés de Edi Rama haya aceptado emprender en los últimos años una guerra pública contra los traficantes de drogas en su país. Su ejemplo más visible ha sido lo sucedido en el aislado pueblo de Lazarat, que hasta 2013 era considerado la capital de la marihuana de Europa, puesto que allí se producían 900.000 toneladas de droga gracias a las 130.000 plantas de cannabis distribuidas en sus montañas, según datos de Roma.

Un policía albanés observa la quema de 1,6 toneladas de Cannabis en un valle al sureste de Tirana, el 21 de marzo de 2014. (Reuters)
Un policía albanés observa la quema de 1,6 toneladas de Cannabis en un valle al sureste de Tirana, el 21 de marzo de 2014. (Reuters)

Un problema europeo

Aquel año, sin embargo, 800 agentes de la policía albanesa se presentaron en la ciudad y arrasaron los cultivos. El operativo duró cinco días, y después de eso el negocio criminal jamás se ha vuelto a recuperar. “Nuestras acciones están dando sus frutos. Tenemos una deuda con la Guardia de Finanzas italiana y sus sofisticados sistemas de patrullaje aéreo para rastrear los campos de marihuana. El año pasado, esos vuelos ubicaron 2.086 plantaciones en toda Albania. Este año, en el que los vuelos se han extendido y el control ha sido potenciado, encontraron solo 88”, dijo, un triunfante Rama, en una carta enviada al Financial Times en noviembre.

Otros, incluida la oposición albanesa y varios periodistas del país, son más escépticos y dicen que los cultivos han sido movidos a otros lugares dentro del país y que los narcotraficantes gozan de la protección de la clase política y empresarial del país. Al mismo tiempo, los datos disponibles sobre el fenómeno son todavía ambiguos, como también reconocen varios observadores internacionales.

“Albania sigue siendo un significativo proveedor de cannabis, el cual se distribuye a través de la compleja red de los grupos criminales organizados albaneses”, se lee en el informe de 2017 del Consejo Asesor de Seguridad en el Extranjero (OSAC) de Estados Unidos. “A pesar de que el Gobierno dice que han aumentado los arrestos y la destrucción de plantaciones en 2016, otras fuentes sostienen que la producción de cannabis ha aumentado”, continúa OSAC.

“Esta historia no ha llegado a su fin, bajo ningún concepto”, ha reconocido incluso Rama, quien, acto seguido, ha extendido el dedo hacia los Gobiernos europeos. Puesto que, dijo Rama, “estos criminales no trabajan solo en Albania. Están en conexión con el crimen organizado de los países consumidores de cannabis. Los Gobiernos de estos países también tienen el deber de llevarlos ante la justicia”, añadió, en un nota titulada de manera suficientemente elocuente. “El crimen de Albania es ahora un problema europeo”.

En esta línea, un reciente informe titulado “Albanian Criminal Groups” y realizado por el investigador independiente Besfort Lamallari y Fabian Zhilla, catedrático de Harvard, indicaba que los grupos criminales albaneses son cada vez más sofisticados y están aumentado su influencia en el sector público albanés y en la sociedad. En particular, los clanes afincados en la región de Vlora (sur), forman parte de redes internacionales, principalmente en Italia y España, que se dedican al tráfico de drogas y de armas.

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